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Counter Strike


Claramente, hay un problema de autoridad muy gordo que empieza con la familia y acaba con ella. Es la diferencia entre estar escuchando durante toda la tarde a un hermano gritar eufórico enfrente de la pantalla del ordenador, pegando tiros y con sus cascos puestos e intentar inútilmente que se calle la boca de una puñetera vez, porque quieras que no… ¡Tío, estás hablando solo! A mí me da cosa hablar por el messenger con mis padres delante por las caras que pueda yo poner, pero a él se la sopla, toma, ole, dale candela, pim pam, escucho más su voz a través de la puerta del comedor que las noticias en la tele que tengo a tres metros.

Como iba diciendo, que ya me he ido por las ramas: es la diferencia entre el concepto explicado en el párrafo anterior y la situación tan distinta que se da durante el descanso de nuestros progenitores. ¿Qué ocurre? Que cuando empieza la hora de la siesta, más conocida como el momento “no quiero escuchar ni una mosca” (Sir Padilla dixit), todo es silencio. Qué alivio, lujo, gustazo, descanso para los oídos, caaaaaarajo. ¡Mamón, por qué no haces eso el resto del día! Casi prefiero la batería, cuyo ruido tiene todo el sentido del mundo.

Aún así lo escucho murmurando. ¿Hablará con gente realmente? Supongo que sí, pero ¿cuánta? ¿Cómo se organiza un equipo hablando solo a través del micro y escuchándose solo a través de los auriculares para no pisarse unas voces con otras? Le preguntaré algún día de estos, si es que coincide con que no los tiene puestos y no estamos comiendo o alguno en la calle, porque por lo demás se me reducen las posibilidades de establecer la comunicación xD.

Acabo de ir a preguntarle qué juego es (tras abrir una puerta, decir “Kiko” varias veces sin éxito y tener que abrir la otra puerta, que hace un ruido que se caga la perra): Counter Strike. Ya lo he oído antes. Yo es que me quedé en el Unreal Tournament. Pero en la primera fase, la de todos contra todos, que molaba más; la siguiente de jugar por equipos ya no tenía tanto jugo para mí. Salir, a leñazos con to Diox, miembros saltando en pedazos, saltar, correr, cambiar de arma (ninguna era una inocente pistolita, en todo caso con la que comenzabas pero como no pillaras una más decente rapidito anda que ibas listo).

Hace años que no juego. En verdad lo comprendo, el muchacho se integra en cuerpo y alma con la emoción asesina que no se puede (o no se suele) poder llevar a cabo a la vuelta de la esquina con el notas al que le darías más de una guantá. Cualquier tarde de estas voy y lo retomo :D.

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