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Erin Brockovich


Se trata de una peli bastante entretenida, sentimental, predecible y, en muchas escenas, divertida, gracias al papel y a la interpretación de Julia Roberts, que me recuerda un poco a su estilo en Pretty Woman. A sus pintas, vamos, su vestimenta y posición social. Está bastante bien para echar un rato contemplando una historia en torno a realidades sociales, con su pequeño aporte un pelín flipadillo en ocasiones típico del mundo cinematográfico (como por ejemplo, la actitud de la protagonista para con su jefe), aunque últimamente no paro de escuchar la frase La realidad supera la ficción y cada vez estoy más de acuerdo con ella así que… Ya que opine cada uno lo que quiera.

Pues, en verdad, lo que vengo a comentar es justo una escena determinada en la que Erin (véase la fotografía de la portada para hacerse una idea de cómo va la mujer… exacto, con todo muy bien puesto), es observada de arriba abajo por otro actor masculino. Este momento, que pone fin a la secuencia, solo dura como mucho un par de segundos, pero deja perfectamente claro al espectador la mirada que le echa el hombre. Y es gracioso porque el público lo entiende, lo da por hecho, lo ve carismático viniendo de un personaje que no pegaba tanto que actuara así pero que confirma la naturaleza del ser humano llevando a cabo ese gesto.

Todos miramos de arriba abajo, o alguna parte en concreto, claro. Antes, después, durante, pero siempre. La diferencia está en que no tenemos enfrente una cámara que nos grabe durante ese cortísimo proceso, pero anda que no nos pillaría veces si la hubiera. Unos ojos, un peinado, un culo, unas tetas, un torso, vamos, ¡de tó!

Aunque, por otra parte, como más de uno habrá comentado en una playa nudista: “Miro hacia los lados y se ven ya tantos pechos que acaba por dar igual”. Tú sabes, más o menos, pero creo que captáis la idea.

En fin, qué más da, seguiremos ojeando y juzgando por los siglos de los siglos (Amén), porque cuando algo abunda, aburre, pero cuando escasea, nunca pierde la atención. Y eso es lo más normal y corriente, ya que la vida no consiste en una eterna cala costera ataviada hasta los topes de gente en bolas, ¿verdad?

————

Un diálogo que me ha gustado y que os redacto no literalmente pero con lo que recuerdo sobra:

– Debería revisar su vestuario.

– ¿Por qué?

– Las chicas se sienten algo incómodas.

– … Pues da la casualidad de que yo creo que me queda bien. Y mientras no tenga el culo de una foca seguiré llevando lo que me dé la gana. [Mirada escandalizada y rauda retirada del otro hacia la salida] Debería usted revisar sus corbatas.

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