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Morid, hijas de puta (II)


Primer paso de la noche: jodérseme el plan y cagarme en todo el género masculino, exceptuando amigos y novios de amigas.

Segundo paso: calmarme, incluso reírme, quitarle toda esa importancia ficticia promovida por la gilipollesca mente femenina y desvaríos varios personales propios de todo ser humano.

Tercer paso: seguir conversando por msn con la gente, mayormente con dos parejas de amigas, que me han saludado los dos esta noche por tuenti, mira tú qué bien.

Cuarto paso: intercalado con el tercer paso, rajar a gusto con ellos, ya que tengo confianza, y, tras machacar a un bicho no identificado que andurreaba por las proximidades y hacia el cual me he lanzado cual gacela, casi ansiar (metafórica y virtualmente) que apareciera alguna cucaracha para hundirla brutalmente y seguir desahogándome.

Quinto paso: intercalado con el tercer y el cuarto paso, ¡deseo concedido! Ni una ni dos, TRES putas cucarachas han surgido de la puta nada en menos de diez putos minutos. Por si no se ha notado, cuando me siento violenta tengo muchas ganas de soltar tacos. Bien, pues yo me hallaba considerando el ir a hacerme un colacao o no, porque estaba muerta de sed y ahora un chocolate fresquito se iba a agradecer, y la pereza me seguía venciendo hasta que ha aparecido ante mi vista uno de esos jodidos bichos con sus veloces patas. Allá que me he levantado de inmediato (nada como una cucaracha para separarse rápidamente del sofá), y la he pateado. Bien, fíjate por dónde, aprovecho para ir a la cocina.

Sexto paso: la felicidad ha durado poco. Abro la puerta del salón y aparece otra corriendo, ¡me cago en la puta, esto ya no me gusta tanto! Se escabulle por la puerta del comedor. Me asomo y se ha quedado en la esquina. Estupendo, quédate ahí, no te muevas. Me hace caso. ¿Dónde coño está el spray de cucas? Ni zorra. Pues nada, el de mosquitos, aunque sé que no hace nada. Me acerco, fsssss, mierda, ¡no sale el puto potingue!, y la cuca empieza a correr hacia mí, ¡aaaaah, nooo, hija de putaaa! (exterminándola bajo la chancla y con algún ronquido de fondo procedente de lo alto de las escaleras, porque no os he dicho que to Diox está sobando en esta casa mientras yo desempeño mi pequeña, vomitiva y obligada cacería personal).

Séptimo paso: hala, tiesa, a por papel higiénico a recoger cadáveres. Voy a empezar a usar más papel pa limpiar estos delitos que pa limpiarme otras cosas, manda cojones. Vuelta al sofá. Escucho ruidillos. No me lo puedo creer, ¿otra? Permanezco en silencio. Más silencio. Vale, falsa alarma. A los pocos segundos, miro a la derecha, ¡carajo, otra más! Machacada al instante, directamente a la cabeza. Mueve las patas, qué asco. Cabrona, se está girando y todo, encima me voy a tener que levantar otra vez para recogerla. Al carajo, venga, a rematarla. Lo fuerte es que están todas las puertas abiertas y aquí nadie se ha presentado en el salón a ver qué estaba pasando, la familia más sobá que un bebé y yo aquí comiéndomelo to U_U.

Octavo paso: me voy dando cuenta de que debería acostarme, sobre todo porque estoy viendo todas las fotos de tuenti de un muchacho de 15 años, aunque creo que más que nada buscando una en la que se le vea bien la cara porque con los pelos que me lleva, aunque le queden bastante bien, no hay manera de visualizarlo claramente. Total, el aburrimiento, no soy una asaltacunas, sería como pretender algo con mi hermano y noooo-eeees-plan. (Paréntesis, Mierda, Mierda, MIERDA, he escuchado otro ruido y me he levantado acojonada, ya no sé dónde meterme, no quiero ni subir a mi cuarto porque como me empiece a encontrar cosas ya sí que no me duermo, me he trasladado del sofá al medio de la mesa del salón, alejada de toda pared y suelo, esto es peor que a partir de la mitad de Psicosis). Cuidao, que el octavo paso no ha acabado. Noto algo en el pie derecho, ¡¡¡¡¡¡YO ME CAGO EN LA PUTA!!!!!! Muerte y destrucción sobre una cuarta infiltrada.

Noveno paso: al borde de la histeria. Cruzo las piernas sobre el sofá procurando ocupar el más mínimo espacio. Quiero despedirme, apagar el pc y largarme a dormir rápidamente antes de encontrarme con nada más y sobre todo que SE ME ACERQUE TANTO. Se empieza a desconectar la gente pero acabo liándome en una conversación ultra interesante en la que, sin embargo, no me puedo concentrar del todo a causa de la paranoia cucarachil que me ha entrado. Todavía me da asco mi pie derecho, y mira que lo levanté rápido en medio del pánico. Menos mal que me voy ya al camino de Santiago, así al menos cambiaré de aires, y de bichos, joder.

Décimo paso: momento de acostarse. Y gracias a Danny, con una sonrisa, porque me ha alegrado tanto el final de la noche como gran parte del último rato, más o menos entre la tercera cuca y el término de este post.

Conclusión (en verdad, esto es lo primero que he escrito, antes de contar toda la aventura y de que la última conversación por internet se volviera tan atractiva): yo me cago en los muertos de la ley de causa-efecto, porque tanta mierda junta no es posible que sea tan espontánea, tiene su origen y sus consecuencias. Joder, qué… puto… ¡¡asco!! ¿Por qué digo esto? Porque si no se me hubiera jodido el plan de hace miles de horas, no me habría encontrado con tantas mierdas enanas seguidas, sino que habría llegado a casa contenta (o no, yo qué carajo sé), y me habría acostado directamente para que pasara este puñetero día, que tampoco es que haya ido mal, pero ahora bufff… Me da cosa hasta levantar el cojín para coger el móvil.

Todo, naturalmente, desde el más puro humor, porque desde luego para tener la desvergüenza de contaros esto es evidente que me estoy partiendo el culo. A ratos. Ya hace su media hora, aprox. Hasta la última víctima concretamente, tras la cual me he visto abocada ya a escribir y ponerme a despotricar de inmediato porque no podía más, vamos.

3:30 de la mañana (esto también lo escribí antes, porque ahora que releo son las 3:47). Geeeenial, y mañana a las 10:30 en planta, que hay que hacer mandados… Por suerte y como os he contado (suspiro), ha acabado bien :).

Pd: había titulado al principio a este post “Casualidades o causalidades”, pero he decidido cambiarlo. Demasiado profundo como para dejarlo en un texto que fundamentalmente habla de esos putos bichos… Para más inri, entre la segunda y la tercera apareció otro no identificado, como el primero. Al menos esos son más pequeños, aunque dan un mal rollo que te cagas…

Buenas noches, mamones, sentíos afortunados si lo único que os ha acompañado es algún inocente y diminuto mosquito, más quisiera yo.

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