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Sangría gratis


He cometido un asesinato. No uno normal y corriente, sino brutal, cruel, despiadado y sanguinario. Haciendo sufrir, para que me entendáis, nada de una muerte rápida. Le he aplastado, triturado, destripado, rebanado los sesos y hecho prácticamente explotar todos sus miembros hasta que dejaran de escupir sangre y fluidos a borbotones. Pero todo, al menos en un principio, siguiendo un orden, una organización, un equilibrio entre todas las partes para hacer del rato algo placentero para ambos. Naturalmente, he procurado que se encontrara cómodo en las silla y que no le apretaran demasiado las cuerdas ni la mordaza, lo justo para que a medida que dejara de resistirse fuera tornándose la piel oprimida de un pálido tono azulado. No soy de los que aman oírles gritar, solo me interesaba mirarle a los ojos una y otra vez durante el proceso. Lástima que al final se le hayan gangrenado los cristalinos.

En primer lugar, he hecho que le crujiera el cuello, y luego la cabeza, pero sin rematarle del todo, naturalmente, para que pudiera ser consciente del resto de su cuerpo, aunque ya en un estado semi-vahído, cual subnormal. Por suerte, en cada momento clave la mirada perdida se esfumaba y volvía a resurgir la expresividad desde lo más profundo de sus pupilas con toda la intensidad que le corresponde.

En segundo lugar, las extremidades. Una por una, torturada de distinta manera. Martillo, serrucho, navaja, destornillador. Saw y Hostel temblarían ante tal depravación para la vista. Una mano deforme, un codo desarticulado, una rodilla girada en sentido contrario (a las pierna derecha le ha tocado martillazo)…

En tercer lugar, columna vertebral y costillas, idóneas para hacer sonar unos cuantos chasquidos de látigo, mientras el resto del cuerpo se iba casi dejando caer a trozos, se descompone, se amorata y empieza a ser mascado por ratas y carcomido por insectos de este humilde, ensombrecido y terrorífico rincón, ambientado para la más explícita corrupción de los sentidos y la destrucción física de todo cuerpo hermoso. Aquí ya he empezado a divagar de unas zonas corporales a otras, para variar un poco y no aburrirme. A veces hay que romper los esquemas iniciales para no fomentar la monotonía.

En cuarto lugar, vértebra y ojo izquierdo depositados en el interior de órganos pertenecientes al sistema digestivo (os permito imaginarlo, para no ponerlo todo tan fácil), comienzo a experimentar de nuevo exteriormente. De haberse tratado de una mujer, me habría encargado de los pezones, pero como en este caso me he decantado por un hombre, las tenazas han ido destinadas al miembro viril, que aún estaba intacto. Zas, rápido y sin vacilar. Aquí ha perdido el conocimiento, vaya por Dios. Mejor será terminar de cortarle en pedazos y acabar de estrujarle el cerebro, antes de que siga manchándome el suelo.

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Pd: evidentemente no he matado a nadie, solo me he acordado de la cucaracha que exterminé al volver anoche, de la cual no me esperaba que se abriera en canal al arrastrar la sandalia sobre ella. Y he dejado llevar los dedos. Vaya escenita.

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