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Camino de Santiago (II), La Caridad-Ribadeo


Para empezar, en el otro post me equivoqué de hora para levantarse: era a las 5:30, no a las 6:30, eso ya se considera tarde. Pero comencemos por el principio.

El viernes 16 de julio, después de organizar el camino durante solo los tres días anteriores prácticamente (ida, vuelta y cosas necesarias, ningún tipo de reserva en Santiago, por supuesto, para qué), salimos temprano para el aeropuerto a recoger el coche alquilado. Primer susto: no aparecía la reserva en el ordenador. No os preocupéis, solo fue torpeza del empleado. Total, nos retrasó un ratillo hasta que la encontró, pasamos un segundo susto pensando que no nos aceptaría ninguna tarjeta (aceptó la mía, así fui todo el camino: de pasta hasta arriba correspondientes a lo que me debían los demás entre el avión de vuelta y el alquiler del coche), tardamos otro ratillo en encontrar el coche en el parking y al fin nos montamos. Era un BMW no sé qué más. Aquí debería caer la primera foto del viaje, la cual nos hicimos en plan cani para homenajear a tal autocar, pero como no la tengo habréis de aguardar tan pacientemente como yo a que me la pasen un día de estos ¬¬. A cambio, os enseño las primeras fotos que hice con el móvil, que luego explicaré.

Total, fui la tercera en conducir. Valga decir que salimos desde Jerez y tardamos unas 9 horas en llegar Oviedo, por donde debería haber llevado el coche V (os recuerdo que para los nombres uso iniciales), ya que estaba a su nombre y se supone que los menores de 25 no podían conducirlo. Bueno, pues no pudo ser, no va a hacerse el muchacho solo los ochocientos y pico kilómetros, lógicamente.

Fui bien. Tenía un sueño de tres pares de cojones pero por mis huevos que casi ni parpadeaba. Aire, música (gran fallo no haber pillado el disco de Offspring) y palante. Después de un rato a buena velocidad, tocó un largo tramo de curvas, en el que cabe destacar la presencia de un loco al que se le iba el coche. El mayor lapsus se dio cuando iba a adelantarle y el muy gilipollas se me iba a poner delante. Le pité y me eché para atrás, y cuando le vimos bambolearse un poco para los lados decidí sabiamente permanecer detrás. Menos mal que se quitó pronto de en medio.

Llegamos a Oviedo, comimos algo y cogimos el autobús en dirección al primer pueblo desde donde íbamos a comenzar el camino: La Caridad. Entre conversaciones enfermas, chistes y la llamada de algún amigo al móvil se pasó el viaje, y era ya de noche cuando nos bajamos. Preguntamos en un bar y justo se nos ofrece un amable hombre a llevarnos al albergue. Nos montamos, A se presenta y le da la mano, atravesamos unos kilometrillos, le damos las gracias… “¿Gracias? Tenéis que pagarme, yo soy taxista”. Esto, ¿cómo? Pues sí, el buen hombre vivía de llevar a los peregrinos en su furgoneta, valiente cara de paletos se nos quedó. Total, era un euro por persona pero imaginaos el planchazo y la primera impresión de los gallegos, porque luego la señora del albergue también manda huevos, que encendió todas las luces para enseñarnos la estancia y los pobres peregrinos intentando dormir. Pero el que se llevó la palma fue un ser falto de expresión en el rostro cuya función consistía en mirarte y, tras rellenar los datos, decirte la palabra “donativo” señalando un cartel en el que se explicaba que el donativo consistía en cinco euros. Maravilloso recibimiento…

¡Primera etapa! La Caridad-Ribadeo. Se supone que era una marcha de costa y de unas 5 horas. Pues se transformó en una vuelta brutal, acompañada de indicaciones de viejos pueblerinos que no debían de tener ni puñetera idea (destaca la Conan, una señora muy agradable y charlatana a la cual le gustaría crear su propio restaurante típico gallego en Granada, imagináos si nos charló…) y 7 horas, durante las cuales vimos el mar, esto… ¿5 minutos? Sí, justo los que me bastaron para aprovechar y hacer estas preciosas fotos, y menos mal que no esperé encontrar más agua por delante que si no… Eso sí, el paisaje es alucinante, bellísimo, son las imágenes que más me gustan de todo el camino.

Pues llegamos por fin, tras ese puente eterno, y resulta que el albergue tenía 12 plazas… No entramos, claro, nos tuvimos que mover a la tarde un par de horas más (7 kilómetros) hasta el siguiente, lo cual fue una decisión más que acertada en vez de pagar 5 euros por el suelo del primer albergue, ya que teníamos para nosotros todo el espacio del mundo y acabamos el día brindando con unas mahous en un bar tipo taberna irlandesa muy chulo. Allí conocimos a un curioso y guiri personaje llamado Ernesto, con una risa muy característica, y nos hicimos una foto con el dueño del bar, Pedro, un pedazo de ser humano cuyo hijo fue el que nos sirvió las bebidas. Si comento esto es porque el niño debía de tener unos 11 años y me llamó la atención verlo detrás de la barra tan puesto en el tema. Será lo que tiene encargarse de un bar a tomar por culo de la civilización, podrían poner hasta a un niño de cinco años a servir copas, que ningún poli lo vería :P.

En fin, no pasa nada, la noche había acabado bien y quieras que no la tarde (me la he saltado, y puede que haga mucho esto mientras escribo porque se me vienen así las cosas a la cabeza, se siente) estuvo agradabilísima, porque lo que hicimos fue bajar a la playa, repleta de piedras U_U, y mientras V, A y F dormían la siesta tirados en la arena, yo escribía en el cuadernito (si no fuera por él no os contaría ni la mitad, mi memoria es nefasta), miraba el paisaje, dejaba que me la brisa me acariciara y el sol me tostara un poco a la vez, y me encontraba a gustísimo entre el cansancio, la satisfacción y la emoción.

Sí, está torcidísima, pero me gusta.

Hombre, tampoco os voy a negar que en algunos momentos sintiera que había tomado la decisión de embarcarme en esta aventura demasiado rápido, incluso una sensación en el pecho a la que he acabado por llamar “presión agónica”… No se sabe cómo pueden responder cuerpo y mente en determinados momentos, sobre todo levantándome día tras día a las 5:30 durmiendo regular unas 6 horas y asimilando las caminatas y teniendo que relacionarme con gente las 24 horas del día, pero vaya si valió la pena, sobre todo ahora que lo miro desde la distancia y libre ya del sufrimiento xD.

Hala, ya están contados los dos primeros días y he de bajar corriendo, que ya está llegando la familia para merendar y me he empezado a agobiar viendo que no acababa de cuadrarme el post. Anda que no me queda ná…

Os dejo con la cuevita esta, que casi me hizo sentir como una exploradora, aunque no tuve huevos de adentrarme mucho xD, tampoco es que ahondara más de lo que se ve. Cosas como esta es lo que tiene no dormir siesta y empezar a mirar alrededor en una playa perdida de la mano de Asturias.

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