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Camino de Santiago (V), Triacastela-Sarria


La marcha de este día, martes 20 de julio, estuvo genial, aparte de algunas cuestas al principio, pero vamos, muchísima vegetación alrededor en todo momento, apenas había carretera, bastantes caminantes y sin agobiar… Llegamos prontísimo a Sarria y parando solo un par de veces; la primera, junto a unos caballos pastando apaciblemente en un amplio prado, y la segunda para dejar bien ambientados los baños de un bar, al parecer extraordinaria y estratégicamente posicionado para nuestros intestinos. Pobre del que entrara después de nosotros.

Este fue el comienzo de una nueva amistad, o al menos un futuro fichaje para el camino de Santiago de la PTP (el grupo de estos chicos, por las dudas). Su nombre es Boris y es un personaje cuanto menos curioso. Nos había pedido tabaco por el camino y, subiendo las escaleras del bar ese, A me dijo que me había mirado de arriba abajo y yo “¡oh!”, bien, por fin un poco de civilización normal y corriente. Luego descubriríamos que ese hombre era de todo menos corriente pero todo a su debido tiempo.

Pues nada, con unos 50 kilómetros a cuestas del norte, ya teníamos hechos unos 20 más en la primera etapa del camino francés. En el mapa podéis ver lo que nos quedaba por delante, girando un poco el cuello. Entre paréntesis, los kilómetros que faltaban para Santiago. Mientras no tenga fotos, poco más puedo poner para amenizar los relatos.

Resulta que llegamos a Sarria bastante pronto, sobre las 10:30, pero el albergue no abría hasta las 12-1 del mediodía, así que allí nos tiramos, esperanzados y contando una y otra vez la gente que había en la cola. Nos precedían unos italianos y una señora pelirroja con trenzas y amargada que miraba a todo el mundo con cara de mala hostia, sobre todo a los italianos, ya que el día antes, según contó, no había podido acceder al albergue de turno porque se habían colado los que habían llegado más tarde al resto del grupo. Hubo una pequeña trifulca porque una mujer que pasó en coche le soltó a uno de los pobres chicos guiris que se podía haber levantado antes y V se prestó raudo a soltarle a la señora unas cuantas cosas, a las que siguieron borderías e insultos por parte de ambos hasta que la mitad de la cola se puso a despotricar contra la conductora, que por fin se largó. También es verdad que los gallegos igual están un poco hasta los huevos de los peregrinos pero coño, la provincia se sustentará bastante gracias a ellos así que… Acto seguido, el pique tuvo lugar entre V y la vieja pelirroja porque esta se puso siesa con un par de italianas y nada, poco más, menuda espera más entretenida xD.

Al final no entramos en este albergue a falta de una sola plaza, y como no íbamos a dejar a uno tirado, nos fuimos al polideportivo y dejamos esas tres plazas a tres catalanes bastantes majos. Me pasé por la Cruz Roja para que me miraran la planta del pie izquierda, porque no era normal la molestia que sentía, pero fue para nada, aproveché para que me quitaran alguna ampolla (cosa que yo ya sabía hacer pero bueno), compramos la comida y nos la tomamos en el exterior del polideportivo, acompañados de una familia de Barcelona, padre, madre e hija de 16 años, de Boris y de Fréderic, hippie francés al que escuchamos tocar la mini-guitarra que llevaba y cantar por primera vez, y que calaría algo profundo en mí posteriormente. También nos acompañaban unas cuantas cervezas, claro.

Esa noche, tras una ducha, otra vez fría pa sus ganas, y después de fliparlo al ver que había un par de policías postrados en la puerta como para vigilar que no entrara quien no había pagado (¿qué clase de profanación del peregrinaje es esta?), echamos un rato charlando antes de dormir y sin imaginar lo que nos esperaba… Valiente concierto de ronquidos. Escuchaba un par que parecía que se habían puesto de acuerdo para lucirse cual orquesta sinfónica y alucinaba de pensar en cómo lo estarían pasando los que durmieran justo al lado de ellos, si a mí me sonaban fortísimos a pesar de tenerlos en la otra esquina del espacio.

En fin, una bonita noche conociendo a R, la chavala dieciseisañera, y a Boris, que nos contó un poco su historia: llevaba desde el 1 de junio caminando, venía desde Alicante, lugar de donde procede, y digamos que estaba redescubriendo con gran pasión la vida y sus posibilidades, ya que había pasado un par de años muy difíciles a causa de problemas sentimentales. Eso no quita que en muchas ocasiones diera la impresión de estar medio zumbao y de tener un tirito dao pero en fin, todo sin maldad, supongo. Podéis saber más sobre su experiencia del camino en http://perebohistoriadeunperegrinoconganas.blogspot.com/

Y ya os contaré en el siguiente post sobre Fréderic y demás. Lástima que por mucho que yo os transmita, nunca lo vayáis a sentir como yo. Por ello, os recomiendo embarcaros vosotros mismos en el camino si se os presenta la oportunidad o decidís empezar a planearlo. Siempre que os guste un mínimo la naturaleza y caminar, porque si no despídete. Tampoco hace falta tanto pensar, solo coger lo necesario y tener muchas ganas :).

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