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Camino de Santiago (VIII), Palas de Rei-Arzúa


Una marcha diferente. Ya estábamos a viernes 22 de julio y se trataba de la penúltima etapa, al final de la cual nos encontraríamos con PA, MC y AR, que llevaban un par de días viniendo por el norte en una especie de “camino express”, ya que no tenían tiempo suficiente como para dedicar dos semanas al viaje.

Cabe destacar que desde el martes no sentía presión agónica ni de ningún tipo :D, ya todo fluía conforme al sentimiento peregrino… y al incremento del dolor de pies.

¿Por qué fue esta una marcha diferente? Porque la hice sola. O casi. Os explico: me despierto, me levanto, hostialaputa, cómo me duelen los pies. Igual que durante la tarde del día anterior, claro, horroroso, un comienzo de la marcha para hincharse a llorar. Y eso hice, mientras les decía a los chicos que se fueran adelantando, que yo iría a mi ritmo, y menos mal que me hicieron caso, no era plan dar muestras de debilidad gratuitas.

Al rato de echar lágrimas hasta que no pude más, acordándome de todo tipo de cosas chungas que me habían pasado en otros tiempos con el objetivo de descargar aún más y mejor el dolor (puede sonar masoca pero ya que empecé, lo terminé a saco), me sentí como nueva. De espíritu sobre todo, los pies tardaron un poco más en calentarse pero por suerte a su vez fueron adelantándome, aparte de otros cientos de peregrinos, los alemanes que nos habían acompañado la noche anterior, y resultó que le pregunté qué tal estaba a uno de ellos y el muchacho, llamado Moritz, (“mo”, dicho como el camarero de los Simpson para los amigos, porque no veas para pronunciar su nombre completo) se quedó conmigo ya durante como dos horas, durante las cuales adelantamos tanto a mis amigos, que habían hecho una parada y a los que dejé allí (me acojonaba solo de pensar en pararme, que se me enfriaran los pies, reanudar la marcha y pasar otra vez por aquella tortura) y nos encontramos también a los amigos de este chico, y ya se quedó con ellos. 19 años tiene y hablamos en inglés (¡yupi, a practicar el idioma otra vez! Me acordé mucho de mi padre, pensé que se alegraría de que hubiera mantenido conversaciones normales en inglés, con las pullas que me ha soltado un par de veces este verano sobre ese tema :P), muy majo. Opina que el francés es una lengua de gays. Normal, el contraste entre alemán y francés tiene que ser ultra exagerao, vamos.

Esta es de otro día pero la pongo para amenizar tanta letra ;).

Después de ese par de horas acompañada, seguí. Solo me paré a buscar un baño provisional y ni siquiera me senté. Creo que tenía tal miedo a mis pies que si se me hubiera interpuesto por el camino un toro lo habría saltado antes que pararme a pensar en buscar otra ruta. No hombre, es broma, pero para que os hagáis una idea. No sabía ni cómo caminaba, sabía que me estaba haciendo un montón de daño pero tenía que aprovechar el adormecimiento del dolor hasta el final. Así que nada, de 7 de la mañana a 13 del mediodía, seis horas sin parar, alguna llamada de PA, otra para mi madre, y el resto solo la naturaleza y yo. Durante un buen rato consistió en tierra y alrededor un porrón de árboles, dando lugar a un camino fresco y tranquilo, reflexivo, relajado.

Creo que fue A el que había dicho hacía unos días que el camino sirve para pensar en todo lo que no piensas durante el resto del año. Lo intenté pero no me salió bien, porque todo lo que se me venía ya lo había pensado en realidad. Lo diferente para mí era donde estaba en el presente, lo que había hecho esos días, y alguna que otra posibilidad para un futuro incierto. Quizá en esto último sí que cupo algo más nuevo, pero lo realmente innovador eran las sensaciones exteriores que me acompañaban. Y muchas renovadas ganas de viajar y comerme el mundo.

Y a lo largo de la última media hora y 2 kilómetros, finalizados con la eterna avenida del puñetero pueblo, también venía conmigo un cansancio y la impresión de estar ya maltratando mi cuerpo, pero junto con el deseo irrefrenable de no parar y llegar hasta el albergue. Allí estaban ya PA y MC, a los que abracé y besé para acto seguido postrarme en el suelo y quitarme los deportes y el doble par de calcetines que llevaba. Que, por cierto, me los dejé olvidados allí. Hay que ser Gilipollas, vamos, y mira que me los colocó PA sobre los zapatos, pues toma Retrasada Mental. Esperamos a los demás, llegaron A, V y F, y AR, también había por allí granadinos y demás gente que llevábamos viendo desde Triacastela.

Por fin, cabrón (el cartel).

No quedó sitio, así que nos fuimos al polideportivo, que no veas si estaba lejos, o se me hizo a mí así por la reventaera que llevaba encima. Bueno, debajo, en las plantas de los pies. No me gusta tanto repetir la misma palabra pero no sé qué sinónimos emplear y es que estos días se merecen esa palabra: PIES, seguido de SU PUTA MADRE incluso pero esto ya no queda bonito.

Se me saltaron las lágrimas otra vez, por Dios, ya sí que no pegaba, coño, que ya se había acabado. Me vino a recoger la maleta PA, porque iba lentísima, y se pensó que me pasaba algo más. “No había visto a nadie llorar solo por dolor físico”, me dijo. Pues nada, siempre hay una primera vez. Yo creo que tampoco lo había hecho nunca por esa causa exclusivamente. Me tiré la tarde en cierto modo medio encabroná conmigo misma y con mis pies, qué mal lo hice para acabar así, joder, pero después de la ducha y de entablar conversación con uno de los granadinos mientras lavábamos la ropa, la mar de simpático (y guapo), me sentí mejor.

Además, llegó Fréderic, me curé las pompas mientras hablábamos un ratillo, me reuní con mis amigos y el porrón de granadinos, que se hallaban en círculo pendientes del pique de chistes entre uno de ellos y V (no veas qué hartón de reír), y ya luego procedimos a cenar, a recoger y a organizarnos un poco el horario del día siguiente, última etapa, 40 kilómetros de un tirón.

Antes de acostarnos, Fréderic me ofreció irnos al día siguiente caminando juntos para charlar tranquilamente y tal, cosa que me emocionó un huevo, pero como él es hippie y va a su ritmo siempre desistí, porque se pensaba levantar a las 8 o cuando se le abrieran los ojos felizmente mientras que mis amigos iban a despertarse a las 5 de la mañana, lo cual era lo más lógico teniendo en cuenta el porrón de horas que había que caminar.

Así que nada, salí afuera, que estaba el francés sentado en un banco junto a una pareja sudamericana muy agradable, le dije que no podía ir con él, lo comprendió y vimos un rato las estrellas. Momento precioso, a gustísimo, una de esas burbujas en las que se para el tiempo porque solo nos pertenece a nosotros…

No tardé en meterme de nuevo en el polideportivo y acostarme porque había que madrugar. Pero menuda última etapa me esperaba, me cago en tó.

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  1. agosto 11, 2010 en 4:49 pm

    Esa etapa para mí también fue muy rara, creo que es la que más me costó, V y yo (F) nos perdimos xD hicimos unas cuantas trastadas contra el Karma, mientras A se distraía conociendo nuevas… acompañantes del camino :p hasta que al final, decidí correr un camino final, estaba cansado, necesitaba romper con el ritmo…etc, pero fue una bonita etapa, un poco agridulce en el polideportivo, pero todo forma parte de la experiencia, y más aún: compartida contigo ^^

  2. agosto 11, 2010 en 6:31 pm

    Ayyy, que te quiero yo, joé!! Qué bien nos complementamos en el camino para compartir opiniones sobre todo y todos :D:D
    A saber lo que hicisteis contra el Karma que no me has contado, jajaja 🙂

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