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Camino de Santiago (XI), fin de la aventura


Nos situamos ya en el lunes 26 de julio. Recuerdo que la noche anterior me había acostado a las 8 de la mañana. Pues este día lo dedicamos a un poco más de lo mismo: levantarnos, pasar un rato bastante divertido porque V, A y AR se habían quedado encerrados en su habitación: almorzar (pizzas!), ducha, y siesta. Yo no me la eché porque me dijeron que nos íbamos a ir pronto, que si acaso iban a descansar un ratito, así que me puse a escribir. Un carajo para María. Al cabo de dos horas y pico seguían más sobados que un bebé y yo seguía escribiendo, que llevaba varios días de retraso.

Esta tarde-noche descubrí que tenía un cacho de la planta en carne viva. Un buen cacho, vaya, normal que llevara días viendo las estrellas. Total. Queríamos ir a Finisterra pero solo había un coche y el horario de autobuses era una tremenda basura, así que no pudo ser :(. Nos fuimos a dar una vuelta y acabamos en un local de degustación, cuyas camareras nos embaucaron lo suficiente como para que compráramos y tomáramos allí un par de botellas de vino O´Horreo (coloquialmente llamado entre nosotros “O´chorreo”). Yo adquirí de paso un típico queso de tetilla, aunque posteriormente me he quedado con la sensación de que el ahumado estaba mejor pero bueno, ya no queda ni del primero en mi casa.

Entonces volvimos al mismo pub de la queimada y algunos la repetimos. Me di cuenta de que tomar eso no me hace lo más mínimo sin llevar antes la dosis correspondiente de cubatas pero bueno. Literalmente escribí en el cuadernito: En realidad no sabe mal pero da la sensación de que te estás metiendo algo potencialmente oscuro dentro, como si en un rato te fuera a empezar a corroer el estómago, si fuera físico, o el alma, si fuera… ¿psicológico? No sé, veneno. xD.

Mi qué grupo…

Así que nada, después de un día relajado y algo pendiente del correo electrónico a través del iPhone de PA, esperando novedades de Fréderic que no llegaron, y tras una noche apacible, me despedí de PA y MC (AR ya estaba tirado sobre el colchón en modo off), que a la mañana siguiente partieron “temprano” en el coche para Sevilla, mientras que los demás nos levantamos a una hora prudente para abandonar el piso.

Tocaba ir a buscar regalitos y recuerdos para familiares y amigos, y situamos el “campamento” a un lado en sombra de la plaza enfrente de la catedral. Nada más volver, me dice V: “ha estado aquí Fréderic”, y, cuando ya lo había dado por perdido, se me iluminó la cara: “what?? ¡dónde!” y apareció al ratito, ¡yupi! Me sonrió, me agarró por unos segundos la mano y al minuto, observando que estaba todo Dios medio expectante, le ofrecí ir a dar un paseo. Y nada, andurreamos, se compró una empanada vegetal (es vegetariano), nos reímos, cambiamos de sitio para sentarnos tres veces porque en el primero empezó a haber un ruido de cojones por unas obras o algo y en el segundo pegaba el sol con to sus ganas.

Cree en “God”, pero en el “God” del amor, el “love” que está en todas partes, en cada uno y entre las personas, no el notas con barba larga de ahí arriba que nos mira, “that´s bullshit” xD.

Entonces hubo que volver y pasar por eso que a nadie le gusta: la despedida. Abrazos fuertes, sintiéndolos, adioses con la mano y besos tirados a distancia (con un cariñoso corte de mangas para Boris en medio). Supongo que no los volveré a ver en la puñetera vida pero quién sabe, igual Fred se pasa por Madrid y me avisa por e-mail, si es que le da por abrirlo. Vaya imagen más cómica la de un hippie navegando por internet. Pero me da lo mismo, porque la historia que ya he vivido no me la quita nadie. Quién me iba a decir a mí que al final el camino sí que tiene mucho más sentido espiritual del que pensaba y me contaban.

El viaje en avión se pasó rápido. Por un vergonzoso momento y a causa de un anuncio por megafonía creí que haríamos escala en Madrid pero evidentemente no podía ser, y no fui la única que lo pensó, que conste. El paisaje desde las alturas era admirable. Las curvas de las montañas, el mar, la estructura de las ciudades… Y por fin se me destaponaron los oídos. Aterrizamos en Málaga y nos recogieron mi madre y mi tía, que muy voluntariosamente se dieron el viajecito en coche a por nosotros desde Jerez.

Y se acabó la aventura, a la 1 de la mañana del miércoles 28, lo que se puede considerar todavía como la noche del martes 27 de julio de 2010.

Cada vez que lo pienso me cuesta volver a asimilarlo todo.

Demasiado Grande. Demasiado Fugaz. Comprimido. Del dolor a lo indescriptible. Del comienzo del disfrute a la vuelta ya entre nubes. De un viaje completamente inesperado y planeado en tres días a su término, con un balance final tan bestialmente chocante como fantástico. ¿Un antes y un después? No lo sé, supongo, o no porque en verdad todo sigue igual… pero sí, vaya tela. Muy Fuerte. Intenso. Me llegó en todos los sentidos. No tengo nada más que decir, me he quedado brutalmente bloqueada, no se puede explicar, sin más.

🙂

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  1. Aguilera
    agosto 17, 2010 en 3:21 pm

    jajjaaja me he descojonao con las fotos y las frases siguientes. Bonita cronica, un buen curro, pero ahi queda para recordar. Deberias imprimirla con más fotos y hacer como un librito =)

  2. agosto 17, 2010 en 4:48 pm

    Buah, eso estaría genial, lo tendré en cuenta 😀

  3. A
    agosto 20, 2010 en 10:11 am

    Viva tu mare y tu tía, de la que nos libró. 😛
    Bendita nuestra cama que nos esperaba para soñar con todos y cada uno de nuestros recuerdos…

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