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El maravilloso arte de conocer a las personas


Debería acostarme de una puñetera vez pero no puedo evitar un remolino brutal de sensaciones recorriendo mi cabeza ahora mismo. Y es porque estoy pensando en las críticas. Las constructivas y las destructivas. Y pienso en la gente que las escucha o no, y que puede elegir (aunque parte de ella no se da cuenta o no lo quiere ver) entre aprender de algo o tacharlo por imposible, ya que la primera impresión no es buena.

Cuando no te encuentras predispuesto a aprender de lo que te aconsejan, que será tanto sobre lo que haces bien como lo que haces mal, es que no has alcanzado la madurez suficiente como para siquiera escuchar y empezar a cumplir con la definición de adulto, que para nada tiene que ver con el aburrimiento, la monotonía o la sobriedad.

En muchísimas ocasiones en la vida te dirán lo que deberías hacer, y a nadie nos gusta. Bueno, hay personas que sí necesitan más que les den un empujoncillo hacia un camino u otro, pero en general incluso saltamos cuando alguien pretende dirigir el gobierno de nuestras actitudes y formas de pensar. Y no hay por qué. Por muy mal que te siente, siempre es bueno pararse aunque solo sea un segundo a considerarlo, por muy disparatado que suene, por muy prejuzgada que tengamos a esa persona, por muy convencidos que estemos de todo lo que hay en nuestra mente, dentro de nuestro ilimitado egocentrismo.

Entonces, en ocasiones, te sales del “yo”, del “ego-yo”, y exploras la mezcla de confusión e intento de organización de pensamientos enfrentados que se sucede en el cerebro (porque nos cuesta dar la razón), y ves que, por encima de toda esa superficialidad victimista y amor propio, todas y cada una de las personas que te rodean están ahí para enseñarte algo. Algo o muchas cosas, pero principalmente para enseñarte todo lo que TÚ les permitas.

Y descubrir eso provoca un alivio increíble, una alegría interior extraordinaria, una vertiginosa sensación de estar flotando entre verdades absolutas (y mira que me convence mucho más la relatividad que lo categórico) y, acompañada de un chute de impulsos nerviosos actuando a toda velocidad, una renovada confianza hacia el (decrépito) ser humano.

  1. agosto 23, 2010 de 9:11 pm

    Me ha encantado tu entrada, muy profunda y contradictoria a la misma vez, al fin y al cabo tenemos nuestro pequeño universo en nuestra mente y en nuestro corazón 😉 un bacio enorme, cariño!

  2. noviembre 9, 2010 de 3:43 pm

    Tienes razón en lo que dices. Cada gente es un mundo. Yo lo he pasado muy mal en ese arte de conocer a las personas, me han decepcionado y traicionado muchas veces. Y es la peor sensación que puedes tener. Como se dice, es mejor solo que mal acompañado.
    Y eso me pasa a mi. Aunque tengo pocos amigos y muy buenos. Apenas los veo.

    Espero verte pronto. Chulas reflexiones.
    Saludos,
    Estilovesyourstyle

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