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Buscando la sombra


Este calor es infernal. Llevo dos días saliendo a la calle al mediodía (como buena subnormal), y es llegar a casa y no parar de sudar en un rato, como si el cuerpo tuviera que expulsar todo lo que ha sufrido durante ese rato en el exterior.

El plan de esta mañana de dormir hasta las tantas se me ha fastidiado debido a la (puta) máquina corta-césped, así que me levanté y, ante la perspectiva de tirarme al sofá una vez más, decidí encaminarme a algún centro comercial para mirar agendas. Pues bien, asomo la nariz, hostia,  vaya flama, bueno, da igual… A ratos se está mejor, cuando no da el sol de canto, claro. Venga, nuevo juego: no estar más de un minuto sin pasar por alguna sombra.

Premio para la calle más a cubierto del camino de hoy: Pintor González Agreda.

Comentario de un amigo: no te puedo entender nunca, de verdad, qué poco aprecio tienes por tu integridad física.

El motivo de salida matutina de ayer fue ir a sacarme el pasaporte. No es que me vaya a ningún sitio fuera del continente pero nunca se sabe cuándo puede hacer falta. ¡20,20 euracos! Los llevaba por los pelos, no pensaba que costaría tanto. Pues dio la casualidad de que el día que tiro para la comisaría, se les va la luz, al carajo ordenadores, ¡fantástico! Pero bueno, tenía hora a las 12:00 y me atendieron a las 12:40, no está mal del todo…

Total… ¡y hoy! a raíz de la caminata de ayer hasta el centro y vuelta, también toca una triste despedida… Uno de tantos hechos que hay que afrontar en la vida y que me jode soberanamente consiste en dejar atrás unos zapatos. En mi caso, unas Zooyork anchas que me han acompañado durante no sé cuánto (siempre menos de lo que me gustaría, un par de años como mucho supongo) y a las cuales se les ha fastidiado ya considerablemente la parte del talón. He intentado alargarles la vida lo máximo posible, hasta que incluso la planta del calzado izquierdo ha comenzado a casi hacerme estragos en el pie, marcando su finiquito. Así pues…

¡Adiós, Zooyorks! Y…

¡¡¡Hola, DCs!!!

Aún están por estrenar :D, hacía tiempo que no tenía unas tan oscuras. Allá por 4º de ESO, hace ya sus añitos, tenía unos de no sé qué marca también negros… Creo que fue el derecho el que acabó en una ocasión, y por culpa de un graciosillo, flotando en la fuente del Mamelón (Jerez). Aún me resulta raro que no mutara en alguna criatura terrible y maquiavélica, tal como se ven las condiciones de esa agua… Han sido las zapatillas de las que más me he enamorado, ¡eran enormes! ¡inmensas! Desde aquí les rindo el tributo que se merecen, y que sepan que no las he olvidado :).

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