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Me encanta Jeré


Un buen fin de semana, como dicta la norma “salir sin expectativas para no llevarse decepciones” y confirma que es lo mejor para, si acabas pasándotelo bien, se convierta en una sensación “de puta madre”.

Tras una semana apacible, destacando la sesión de cine de Origen y una buena tarde de piscina y charla con mi amiga ER, llegó el viernes, que se caracterizaría (como de costumbre este verano) por una maravillosa cena con mis padres en La Carboná, restaurante estiloso, de calidad y con unos camareros sudamericanos muy salados, situado en la calle San Francisco de Paula. Plato crucial: ¡pechuguitas de codorniz!, tras unos pimientos y unas croquetas de entremeses y finalizando con un helado de cítrico IMpresionante. También tendría lugar esta noche, sin duda, el par de horas de rigor en el bar El Rubio, adonde ya ha vuelto de vacaciones el “rubio” como tal, el dueño, cuyo color de pelo se corresponde con el nombre del bar, claro. ¡Más majo! Cuando un camarero te parece simpático acaba convirtiéndose en una persona susceptible de comentarios favorables mucho más a menudo de lo que se podría imaginar. Así es como acaba enganchando a la clientela que cada fin de semana acude fiel a sus mesas y servicios.

Así me ocurrió una temporada con el Café Arenal (véase la imagen), situado en la Calle Caballero, saliente de la plaza del Arenal. Un pedazo de pub era aquel, con su penumbra, su barra, sus estanterías con todas las botellas correspondientes y, en lo alto, filas de botellines con un contenido rojo que nunca supe lo que era, el techo altísimo típico de las casas antiguas, sus mesas y sillas de madera, las fotos estrambóticas de las paredes mostrando anuncios, eventos políticos o culturales, conciertos, objetos variados, incluso creo que figuras y rostros humanos… Las iban cambiando de vez en cuando. Buah, su música, desde luego, el mayor aliciente para ir junto con el ambiente, muy buena mierda para los oídos. Un local que se recuerda con cariño y cuyos camareros no podían ser más simpáticos porque no podían.

No sé ni si sigue abierto, lo comprobaré algún día de estos en cualquier paseo vespertino.

Pues eso, y a la 1 y pico del viernes me dije a mí misma que no podía irme a casa antes de la hora a la que me suelo acostar entre semana, así que llamé a mi querido amigo del colegio AA y tiré para el bar en el que lleva trabajando ya su tiempo uno de los chicos de este otro grupo, FS, quien me invitó a un gin-tonic :). Una agradable velada hasta las 4 de la mañana aproximadamente que me dejó en mi casa AA, y por su séptima vez que cogía él el coche. Iba bien, poco que objetar.

Mmm… He buscado algo relacionado con las nuevas tecnologías en Google y esto me ha llamado la atención. Sé que Forges es archi-conocido por sus viñetas pero yo, al menos a esta, sigo sin encontrarle mucha gracia. En fin, es por amenizar el post, ya sabéis, que mucha letra echa para atrás y hay que adornar con dibujitos de vez en cuando. Impacto/atractivo visual forever (¡tema para otro post!)

El sábado consistió en levantarse y ordenador. Mucho ordenador. Mi vida ronda continuamente en torno a las nuevas tecnologías… y las redes sociales, cómo no. Comer y cuatro horas incombustibles y seguidas de messenger con aquel chico que conocí de Logroño en Salou, ¿os acordáis? ¡Tan mono! (no, no te estoy peloteando, ¡listillo!). Pues ya finalizada la extensa, entretenida y hermosa conversación virtual, cada uno con la cabeza como un bombo de la pantalla procedió a lo suyo, en mi caso salir un poco al exterior a mirar a la lejanía, al cielo, a los árboles, y a cenar en El Olivo, restaurante más asequible, económicamente hablando, que La Carboná, con muy buen servicio y platos ricos. Pasaron por la mesa de entrantes un paté y unos payoyos de queso que están brutalísimamente buenos y una ensalada de pasta, y de postre una “andana” de chocolate, que eso ya sí que sabía or-gás-mi-co.

Me volvieron a dar, al igual que el viernes, las 23 de la noche hasta que me enteré del plan nocturno: ir al Puerto. Estuvo bien, nunca había salido por aquella zona, que se me antojó bastante amena entre el ambiente y la cantidad de bares. En el primero en que paramos, que tenía aire de taberna, echamos un rato charlando y cayeron dos cubatas de “no-sé-qué-35”. Pedí Legendario pero no había (no me lo explico) y el camarero me ofreció la bebida esa diciendo que sabía parecido. Total, estaba bueno. Luego pasamos a otro más espacioso todavía donde bailoteamos algo y me pedí el último cubata, aquí sí había Legendario. Ni tenía dinero para más cubatas ni pensaba gastarme más en ellos. Creo que aprendí que para salir de copas, mejor ir pidiéndose cervezas. Más barato y mismos efectos. Probé la Guinness esa, podría tener éxito en el futuro, no me supo tan amarga como otras.

A las 4 y poco ya estábamos volviendo, después de una larga despedida en el parking todos en círculo (hay que ver lo que les cuesta despegarse a esta gente, como si no se hubiera tenido todo el rato anterior para conversar xD, en fin, me da lo mismo, soy la persona que menos prisa tiene siempre por irse), y como aún no me parecía una hora digna de acostarse para ser pleno fin de semana, volví a llamar a AA, como la noche anterior, y él se hallaba camino del Comedia, ¡no podía ser más perfecto! Me dejaron allí y estaba petadillo, la verdad es que me agobié al principio viendo tanta peña pero bueno, se me pasó enseguida. Estuvo genial. La gente que lleve en Jerez toda la vida estará hasta los huevos de ir al Comedia finde tras finde pero para mí es fantástico cada vez que voy, que es con mucha menos frecuencia, ya que me encuentro a un montón de amigos y se trata de un local que en general es completito, con su barra, mesas y sillas, futbolines (gané 2 partidas de 3, ¡sííííí, por fin! ¡Llevaba un montón enmonada de jugar!), zona sin techo y sala de discoteca. Y baños, claro, en uno de los cuales había una curiosa pota, menuda puntería, hija…

Dos botellines de Cruzcampo, cero euros y hora de acostarse: 7 y pico. Y nada, para hoy, domingo (madrugada del lunes para ser exactos, ¡qué forma de echárseme la hora encima!), más messenger (me quedo con la frase: tengo una sonrisa pero estás loca), y tarde en La Muralla, playa pequeña donde tienes que caminar casi un kilómetro para que te cubra el agua entero, seguida de una ultra apetecible y calórica cena: kebab + tarrina pequeña de vainilla con cookies. En realidad no soy muy de kebabs, no es en absoluto una de las opciones que suelo plantearme a la hora de salir a comer con los amigos pero a estos les encanta así que nada, en pequeñas dosis todo sabe bien.

Ya por hoy solo queda una ducha caliente, ahora que no estoy muerta de calor; arrancarme las lentillas, que a estas horas empiezan a dar mucho por saco, y a dormir, que comienza la última semana de mis vacaciones. ¿Qué me deparará? Probablemente nada llamativo pero se intentará explotar al máximo, como siempre :).

————

Jajááá, ¡ya me han dicho cuál es la canción! ¡Gracias, PA! (Inserción desactivada por solicitud; Ver en Youtube… si de todas formas se puede ver en el portal, ¿quién coño solicitará desactivar la inserción en los blogs?)

Así que nada, a escuchar la canción hasta que la acabe detestando. Al oírla, como dicen los chicos de la PTP: ¡TE VIENE ARRIBA!

Lo que daría por coger ahora el coche, ponérmela fortísima y conducir durante horas a toda velocidad (bueno, ciento y pico, la permitida, vamos) hacia ninguna parte…

Y esta, del mismo autor, también mola.

Pd: uno de los temas de conversación en la playa ha tratado sobre el miedo que le tenemos a los pasillos a oscuras, a quedarnos solos en casa… Aludían a las películas, y es evidente que estas tienen buena parte de culpa, pero intervine (hostias, de repente me ha costado un montón sacar este verbo en pasado, lapsus brutal, señal definitiva de huida hacia la cama) porque al pensarlo para mí que es como un acto reflejo que nace con nosotros, ya que de pequeños también tememos esas situaciones sin haber pasado aún por ninguna experiencia cinematográfica. Me he acordado porque hace un ratito ha pasado alguien por la puerta, me imagino que mi hermano porque mis padres ya están acostados, y me he acojonado viva porque el mamón al llamarle no me ha respondido. Supongo que no se habrá enterado, no es que pase de mí ni nada. Encima ahora me voy a giñar subiendo las escaleras, mejor que me largue de una vez, que hasta con los cascos y la música puesta me estoy montando de todo, claro, como no me entero de nada más pero sé que la casa está en completo silencio…

En fin, ¡buenas noches y feliz semana!

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