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Días de reflexión; ¿días de cambio?


Hay días en los que te sorprendes a ti mismo preguntándote qué estás haciendo con tu vida.

Hay días, los menos pensados, que te ves, por ejemplo, volviendo a casa tras una hipotética buena noche pero te encuentras con que a las 8:00 de la mañana te sientes raro. Reflexivo, insatisfecho, vacío, emparanoiado perdido.

Hay días que te hacen pensar sobre el camino que llevas recorrido y si es el correcto, si es lo que quieres, lo que deseas para ti en este preciso instante, lo que más te llena, en vez de otro. Otras opciones, otros caminos. Quizá conforme creces y maduras y van aumentando las cicatrices y la sabiduría, esos caminos se van alejando de la sociedad, del trato global, de esa fiebre que tenemos todos por comernos el mundo de alguna forma, por dejar alucinados a los demás, por sentirnos reconocidos, queridos, admirados.

Creo que cuando caminas hacia adelante, vas alcanzando ese punto en el que cada vez dejas más de lado ese egocentrismo falso, amargante y triste para pasar a otro ego-yo. A un egoísmo que no tiene nada que ver con descuidar en sí a los demás para dedicarse exclusivamente al placer de uno mismo, sino en decir: aquí estoy yo y esto es lo que quiero hacer, y no me importa lo que piense nadie ni necesito que lo sepan porque es para mí.

Y si tienes unas pocas personitas especiales con las que compartirlo, siempre mejor, pero nunca dependiendo de ellas. A ciertas edades, uno ya sabe perfectamente con quién puede contar y con quién no, quién te escucha, quién te ama, a quién no le importas un carajo (a la inmensísima mayoría de las personas), quién sabes que siempre te va a sacar la mejor de tus sonrisas, quién está pendiente de ti, quién te mira mal, quién te desprecia y te critica sin conocerte. Quién se cree superior, quién es humilde, quién es un amargado, quién quiere dar pena, quién trabaja muchísimo sin quejarse.

Otro asunto es que la imaginación, la negación de la realidad, las expectativas, las ilusiones, nublen tu perspectiva, pero eso solo ocurrirá porque tú lo has permitido y te has dejado llevar sin importarte el resultado, sin considerarlo, sin evitarte tu propio mal.

Pero no… la realidad te vuelve a golpear, a situar, a hacerte reflexionar, a replantearte tu vida y tus decisiones, a observar y a conocer a la gente que te rodea tal y como es.

Y lo mejor es que sigues sabiendo a quién necesitas de verdad en esta vida, aparte de alternar mucho, cambiar, explorar, disfrutar, explotar. Por eso me sienta genial ir a Jerez una vez al mes aproximadamente, para reencontrarme con viejas amistades, cambiar de aires, mezclar recuerdos con nuevas vivencias.

Por eso este verano ha sido increíble, porque me he movido más que nunca y he aprovechado cada una de las oportunidades que se me han presentado… Y sin embargo, solo acabo de empezar el curso y siento como si me faltara algo, como si fallara algo en este puzzle, como si no acabara de montármelo del todo bien. O igual es simplemente el propio inconformismo humano que siempre nos persigue.

Lo que sé es que ahora mismo se me humedecen los ojos de emoción ante el convencimiento de que soy consciente de quién piensa en mí de verdad todos los días y no puede contenerse a llamarme un día cualquiera a una hora cualquiera al móvil para decirme algo tan simple, hermoso y sincero como… eres maravillosa.

  1. septiembre 27, 2010 de 11:13 am

    Y es que los eres, tontorrona 😉

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