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Roma (II), día intenso: del noroeste al sureste


Como os comenté en el primer post sobre este viaje, el día de la llegada no fue especialmente productivo, ¡pero eso se remediaría enseguida! Con las ansias que me entraron por ver toda Roma a saco a raíz de haber perdido bastante el sábado, nos dirigimos el domingo 30 de enero medianamente temprano a la ciudad del Vaticano, situada al noroeste del centro. La idea era partir desde el hotel, en el noroeste, hacia allá en metro y luego volver caminando en diagonal hacia el sureste, recorrido a través del cual había tropecientos monumentos.

Pues el Vaticano se nos truncó porque, aparte de ir en festivo, nos enteramos (ya allí) de que el domingo último de cada mes era gratis acceder a los museos de dicho estado, por lo que había una cola de aproximadamente cinco horas. Tras el ZAS en toda la boca, una mujer que pasaba por allí quiso timarnos brutalmente ofreciéndonos una visita guiada por 45 euros cada una.

Pasando del tema, comenzamos el recorrido noroeste-sureste by patas, ¡y vaya si cundió! En primer lugar, y alejándonos de la zona tan solicitada, disfrutamos de unas maravillosas vistas al pasar al lado del fiume Tevere (río Tíber). Vista atrás…

¡Vista adelante! Ese el puente de Sant’Angelo, acompañado por un porrón de esculturas, y en cuyo extremo, por el lado por el que estábamos caminando, nos encontraríamos con…

¡El Castel Sant’Angelo! Por su parte frontal, acompañado de una de las estatuas del puente. Ya, no sé cómo pude torcerme tanto, debí de guiarme más por el ángel que por la edificación.

El castillo por el lateral, más señorial y bonito que de frente, la verdad.

Y una pequeña muestra más cercana de las bellezas amarmoladas (supongo) que te miraban desde las alturas en aquel puente. Fue alzar la mirada y convencerme para inmortalizarla, con el inmenso cielo azul semi-nublado y una leve intuición del castillo de fondo.

Continuamos con el paseo. Próxima parada, a poca distancia (como todo): Palazzo di Giustizia.

Impresionante. El comienzo del recorrido auguraba un no parar de vistas extraordinarias. Por este puente, ya pasamos al otro lado, no sin antes admirar de nuevo el paisaje que quedaba a la espalda, con la Basílica de San Pedro destacando siempre. La imagen se ve terrible y asquerosamente mal pero bueno, se siente, no voy a cargar con una cámara, teniendo el móvil me basta y me sobra.

Llegamos entonces a la Piazza Navona, de la cual os ofrezco una primera perspectiva espacial amplia.

Aunque pueda parecer lo contrario, ciertamente y a pesar del nubarrón enorme, apenas nos llovió. Hizo un tiempo espectacular, bastante menos frío que en Madrid. Vamos, que se estaba a gustísimo.

A continuación, apreciemos mejor la primera fuente que hallamos en la Plaza Navona. Nótese la presencia “gaviotil” sobre la cabeza de la figura central. Me resultó cómico que algo así se posara encima de un ser de tal calibre corporal y fulminantemente facial.

Independientemente del ave, he de decir que la capacidad de precisión escultural de determinadas manos y mentes privilegiadas me deja constantemente alucinada. Un arte de los grandes.

Unas pocas calles estrechas más y, seguidamente, el Panteón. La anécdota en la puerta de esta construcción consistió en divisar a un “simpático” hombre vestido de legionario, y pensamos: “¡mira! Una foto con él estaría graciosa”. Le hicimos una señal con un dedo, a modo de “¿qué tal un euro?”, y nos saca los cinco con una cara de tres carajos. WHAT THE FUCK???

Una mierda pa ti, romano de pega. Más tarde, nos enteraríamos de que esos personajillos son denunciables por sus precios abusivos incluso a través de los medios, por aprovecharse de turistas y demás, hasta el punto de ser multados. Pero vamos, que por ese precio me tomo dos helados más buenos que el pan, ¡borde desgraciao!

Anda, anda, tiremos para el Monumento a Víctor Manuel II… ¡Que no veas si lo parte! Creo que es una de las cosas que más me gustó. Era tremendo, imponente, brillante, enganchaba la mirada a lo bestia. Lógicamente, en directo dice mucho más. Por aquí es lo que hay, signores.

Aquí tenéis la plaza que había enfrente de este monumento. Ya recuerdo, en este momento sí que estaba chispeando, sobre todo por el panorama ultra grisáceo.

A un lado, nos cruzamos con la Columna de Trajano, que no acabo de entender por qué hay una réplica falsa en otro punto de la ciudad pero bueno, también ocurre con algunas esculturas importantes.

¡Y hasta aquí hemos llegado por hoy!

Para la próxima, completaremos este domingo con el Coliseo y el foro romano, y quizá introduzca (esta vez sí entramos) la visita al Vaticano del lunes 31 de enero, pero todo a su tiempo. Espero que hayáis disfrutado de la ruta :).

Pd: no os preocupéis, que ya caerán también críticas en cuanto a la comida ;).

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  1. Aún no hay comentarios.
  1. febrero 16, 2011 en 9:01 am
  2. febrero 19, 2011 en 8:36 pm
  3. marzo 2, 2011 en 10:28 pm

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