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Roma (V), Fontana di Trevi y para casa


Pues sí, ha llegado el momento de cerrar este capítulo viajero, el cual he tardado más de lo que pensaba en contaros. Será cosa de estar esperando continuamente al momento y la motivación adecuados, pero basta con ponerse en cualquier instante para que luego los dedos vayan solos.

Por tanto, tras ver El Vaticano durante la mañana del lunes 31, el resto del día se sucedió más relajado que el anterior, destacando el paseo por las proximidades de la Fontana di Trevi (extraordinaria, para observarla durante horas) y los increíbles helados que compramos por allí. Una mitad de helado de nata con trocitos de nutella y otra mitad de mus de chocolate en mi caso. ¿Empalagoso? Para nada, de lo más placentero que he consumido en mi vida.

Ya que estamos con el tema alimenticio, he de confesar que las pizzas que pedí no fueron gran cosa (de hecho, la del Telepizza creo que me habría apasionado más), pero una lasaña de uno de los almuerzos y, en especial, unos espaguetis a la carbonara se merecen, como mínimo, un gran aplauso. DELICIOSOS. Así que, si vais, os recomiendo pedir más pasta que pizzas, aunque lo mejor es que probéis de todo para juzgar por vosotros mismos, claro, seguro que más de uno no está de acuerdo conmigo y tampoco lo voy a defender a muerte, ya que no me dio demasiado tiempo como para probar muchas pizzas.

Simpatiquísima señal de tráfico que nos encontrábamos por doquier. La primera vez, pensé en que habría sido algún gracioso (con un resultado bastante clavado y cómico), pero cuando la imagen del hombrecillo abrazando la línea se nos fue apareciendo repetidamente, ya no cupo duda de que era algo bien extendido.

Por si no lo he dicho, y en tal caso lo repetiré: los italianos conducen fatal. Bueno, tampoco voy a afirmar eso como tal, concretaré que no se paran jamás frente a los pasos de peatones, aunque sí que nos permitieron el paso varias veces cuando NO había paso de peatones. Todo un misterio.

El martes 1 de febrero sería un día algo más “tonto”, en el sentido de volver a pasar por la Fontana, repetir aquel maravilloso helado, buscar regalos y detallitos para familiares y amigos (de los que aún no he entregado ni uno, ahora que lo pienso…) y tirar para el aeropuerto.

Me despido de esta aventura con muy buen sabor de boca y enseñándoos un edificio próximo al hotel que me gustó mucho. En realidad, se trataba de un “simple” banco, pero yo nunca había visto tal solemnidad de construcción destinada exclusivamente a un servicio público de ese tipo, cuanto más me llamó la atención.

Visto más que bueno, superando lo sublime, para la ciudad de Roma, su arquitectura, su pasta y sus helados :D.

Espero que hayáis disfrutado del viaje, ¡hasta la próxima!

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Categorías:Viajes Etiquetas: ,
  1. abril 14, 2011 en 11:04 am

    Tu primer párrafo describe a la perfección mis ganas de escribir en mi blog XD Y en cuanto a la comida, te diré que a mí lo que más me gustó cuando estuve en Italia fueron también unos spaghettis carbonara, y sobre todo unas pizzas que pedimos en Milán que tenían cosas raras, como una de 4 quesos con manzana, ¡estaba buenísima!

    • abril 14, 2011 en 11:33 am

      Jajaja, es cuestión de ponerse, cuanto menos se retrase mejor!
      Pufff, menudos espaguetis… Habrá que volver en plan exclusivamente gastronómico xD. De pizzas en mi caso ya te digo, no fueron para tirar cohetes, tendré que explorar un poquito más 🙂

  1. marzo 2, 2011 en 10:32 pm
  2. marzo 5, 2011 en 7:34 am

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