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Melancolía


La verdad es que no soy muy dada a sentirme afectada tristemente por la mayoría de las cosas, me resulta mucho más fácil y automático pasar a la euforia, la pereza, el enfado… pero hoy es distinto.

Fin de semana familiar, como pocos se tienen. En Madrid, han venido a verme tanto padres como hermanos. Una reunión de cinco personas que, a partir de esta mañana, no se sabe cuándo volverá a repetirse. El mayor de mis hermanos, ya sabéis, Tsutomu, tira para Japón en abril. Por mi parte, el curso que viene espero irme lo más lejos posible o, como mínimo, fuera de España. Si acabo estancada en Madrid también lo sabréis, así que don’t worry.

El caso es que estos dos días han transcurrido tan lentos como veloces, exactamente por igual, pero cuando sí que se ha parado el tiempo ha sido en un par de los últimos momentos: durante el abrazo de despedida con mi hermano mayor, al tomar plena conciencia de que era el adiós más largo e indefinido hasta ahora en nuestras vidas; y, el segundo momento, mientras veía desaparecer, posteriormente, a la vuelta de la esquina el coche con mis padres y mi hermano pequeño tras dejarme en la puerta de mi casa.

Aquí, especialmente, he permanecido quieta en medio de la acera, sin saber muy bien por qué me sentía así. Vale, era normal, pero a mí me la suelen repanpinflar bastante estos temas. No por nada, sino porque veo la vida tan limitada y ajustada a sus propias etapas, que el hecho de que se cierre una solo puede ir a dar a la siguiente, con sus más y sus menos, sus avances y sus tropiezos, sin remedio, sin motivo para oponerse, retenerla ni ansiarla.

No obstante, me habrá pedido esta vez el cuerpo ponerme un poco más melancólica de lo normal. Supongo que también influirá el que sea domingo, ese maravilloso día tan injustamente prejuzgado. A mí me gustan, aunque presiento que hoy va a ser un poco más pesado, al igual que el anterior.

De todas formas, qué más da. Demasiado fugaz todo. Quizá sea un buen día para retomar la lectura. O Cómo conocí a vuestra madre… ¡Gran opción!

En fin, un fin de semana diferente y apacible junto a las personas que más quiero en este mundo, precediendo a un mes de marzo que pinta bastante bien. Eso sí, para la ocasión, no hubo guerra de almohadas. Menos mal, me habrían machacado.

Espero que lo hayáis disfrutado también, que para eso era carnaval ;).

Pd: he echado una ojeada a fotos del carnaval del año pasado pero son tan horribles la inmensa mayoría que casi se me ha puesto mal cuerpo, así que os pondré una muestra y punto.

Este es el disfraz que llevé, y que habría repetido ayer de haber salido, lo cual no me importó en absoluto porque llevo encima un resfriado increíble. Naturalmente, pasé del gorro, y los zapatos consistieron en unas bailarinas que, desde aquel fin de semana, permanecen al fondo del armario y mucho menos blancas que cuando las adquirí…

Hala, ¡feliz domingo!

Pd2: uf, aún así, a pesar de todo, tan extremadamente fugaz que cuesta recordar y asimilar…

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  1. abril 14, 2011 en 11:08 am

    Da gracias a que nos apiadamos de ti con las almohadas, de hecho hasta a mí me acojona, que nos pilla Kiko y nos revienta XD

    • abril 14, 2011 en 11:34 am

      Jajajajajaja, ¡pues imagínate vosotros dos contra mí! Moriría sin siquiera haber levantado mi almohada xDD

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