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El aburrimiento


Tengo una amiga que se lió con un chaval y no entendía por qué, ya que el muchacho, a decir verdad, muy atractivo no era (en absoluto) y tampoco es que ella sintiera mariposas ni hostias, así que concluyó que “estaba aburrida”.

Este título y primera frase llevan guardados en los borradores del blog desde hace meses, literalmente. Me daba pena borrarlo así que he preferido lanzarlo hoy que, en realidad, no tengo mucho que decir. O más bien nada. El título iba a ser “Me das pereza”, seguido de una introducción del rollo “sí, tú, me das una pereza increíble, no me aguanto ni yo de la desgana que llevo encima”, bla, bla, bla pero bueno, ya que estaba el borrador por aquí, ya era hora de publicarlo, salga como salga.

Pero sí, me aburro. Como ya dije en algún momento, el 2010 fue un año brutalmente movido, frenético, alucinante. Por contraposición, los dos meses que llevo de 2011 están resultando completamente diferentes, y no ha dependido de mi exterior, no, sino de mí misma. Inconformismo a tope, supongo, siempre acaba volviendo. Las cosas que antes me llenaban han ido directas a la basura, necesito más, distinto y mejor.

Me apetece acabar la carrera. Me apetece mantener una conversación interesante y trascendental con alguien. O estúpida, en realidad no importa mientras varíe un poco de la costumbre, solo por innovar, por sentir que la vida no se repite tanto. Como si no supiera que su destino es ser cíclica.

Me apetece tirarme en la playa, cerrar los ojos y pasar calor un rato. Suena muy relajante, aunque tampoco creo que durara mucho, me mata perder el tiempo vagamente.

Me apetece encontrar alguna comida de la que pueda hartarme sin engordar. Esto ya es menos probable que exista. La dieta, la infinita porculera vital. Me apetece mandarla a la mierda para siempre pero sé que me acompañará eternamente.

Me apetece ir al cine. Pero un huevo, muchísimo, y no dispongo de con quién. O tal vez sí, pero ni ganas de preguntar. Como si las palabras cansaran, las frases, las conversaciones vanas. Escuchar. Uf, qué pereza.

Vale, ¿por dónde iba? Me he quedado en blanco. Eso, el aburrimiento, la pereza, la desgana, la desmotivación. Este mes me estoy portando fatal con el blog. No quiero dejar sin actualizar ni un día y mira qué calendario tan lamentable. Pero me temo que el cuerpo últimamente no me pide escribir. Ni escribir ni escuchar ni relacionarme ni motivarme. Por no pedir, más bien se asquea.

Vacío. Del más profundo. Antes todavía daba vueltas por las redes sociales. Inicio (Tuenti), Perfil (Facebook), Menciones (Twitter), Recibidos (Gmail), Estadísticas (blog) y vuelta a empezar, con el Messenger acompañando. Ahora todo el ordenador es el Messenger y a las redes sociales les pueden dar por saco, a menos que sea para decir algo en concreto o para seguir un evento que me interese en Twitter. Mejor que no, porque menuda fiebre con la Ley Sinde para que al final se aprobara.

Tengo que dejar de arrancarme el labio. Es mi manía. Otra gente se come las uñas. Pero desconozco las consecuencias de arrancarse el pellejo del labio a lo largo de los meses.

Se me pasan muchas ideas fugaces por la cabeza, pero creo que ya está bien.

¡Ah, no! Una pequeña reflexión.

Ojeando mi viejo blog y recibiendo opiniones sobre algunos de sus posts, acabé replanteándome si ahora soy más optimista que antes. Jamás lo habría imaginado pero eso me dijeron. Digamos que ahora siempre introduzco contenidos “happy” entre temas afligidos, mientras que, hace tres años, lo “happy” era “happy” y lo triste era triste. Pero triste, ¿eh? Penoso, desgarrador y desesperanzador como ello solo.

Aún así, no creo. Me veo realista, sin más, solo que soltar todo tipo de letras virtuales sin importarme su interpretación puede llevar a todo tipo de conclusiones, claro. Siguen sin importarme, la verdad.

Vamos, y es que es completamente imposible. Con 19 años era un manojo de encanto, inocencia y ausencia impoluta de maldad, aparte de que siempre estaba a gusto. Quizá no radiante de alegría, pero pasaba por la vida como las nubes, amoldándome sin pensar mucho.

Las cosas han cambiado.

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  1. marzo 9, 2011 en 9:31 pm

    Eso son cambios, cosas por las que hay que pasar, momentos de tránsito, una gran jodienda, pero todos, al menos los que somos más o menos normales, pasamos por ahí, a veces más de na vez…está llegando la primavera y eso se nota ^^
    Un consejo, haz lo que te apetezca, a lo mejor te paras a pensar y crees que has perdido el tiempo o lo estás perdiendo si no haces nada, pero a veces hay que pararse a no hacer nada, reflexionar, encauzar tu propia vida y bueno… crecer… ¡¡lo siento Peter Pan!! xD

  2. Natalia Vidal Blanch
    marzo 9, 2011 en 9:39 pm

    Este estado de ánimo es normal después de desfasar a tope 😉 Pero también tiene que ver con el fin de la carrera, la incertidumbre que vendrá después, la desgana general con la gente, el hacerse mayor… No sé, pero hay que intentar salir de casa con una sonrisa, buscarle lo positivo a las cosas e intentar distraerte. Si pasas minutos, horas, pensando, mal 🙂 Pero esa es solo mi humilde opinión 😀

  3. marzo 9, 2011 en 11:13 pm

    Jajajaja, cachis, yo que no quería crecer :P…

    Muchas gracias por vuestros consejos :), ambas tenéis razón. En realidad, lo veo más cuestión de tiempo que de mí misma porque ni siquiera me paro a pensar en mi situación, solo me he habituado a sentirme así últimamente, un poco vacía y desganada, pero bueno, ya volverá sola la motivación o aprovecharé para captarla las veces que tenga la oportunidad ^^. Tampoco estoy amargada xD, ni he dejado de verle el sentido a la vida, por supuesto. Dejémoslo en un proceso de tránsito.

    Muchos besos, se agradecen profundamente los comentarios 😀

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