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Amor a la autodestrucción


¿Soy la única que piensa que nos gusta autodestruirnos? 5, 4, 3, 2, 1 y ¡PUM! Llega el momento que tanto preveíamos y ansiábamos de alguna manera, ese instante en el que todo se parte, se esfuma, se monta tal y como temíamos y no queríamos sufrir.

Es el fin del cuento de hadas que permanece en nuestro inconsciente. La aniquilación de todos esos deseos que nos gobernaban desde hacía tiempo y que ahora se han ido para ser sustituidos por otros, porque de ellos vivimos permanentemente de forma irremediable.

¿Impulsos reprimidos o soltados al exterior con toda su fuerza y máxima expresión? Después de cuatro documentales en torno a Freud, el psicoanálisis, Eduard Barneys y la manipulación de las masas, ya no sé ni con qué quedarme. ¿Qué será lo correcto? ¿Controlarse (bueno, intentarlo) a sí mismo para que su peligrosidad no repercuta cíclicamente o explotarlos sana, lujuriosa y orgullosamente?

Da igual, porque al final harán lo que les dé la gana, sobre todo en función de cada persona. El caso es que, de alguna manera, acabamos autodestruyéndonos, tanto física como psicológicamente.

La semana pasada me entró una especie de ansia una tarde por un paquete de Ruffles jamón jamón. Pero un anhelo terrible, tanto que salí a las 9 de la noche a pillármelo, y cuando una tiene en sus manos un paquete de esos, es para fundírselo entero. Al acabar, la sensación de saciedad era un poco extraña, tirando a sucia, como si se notaran en todo el organismo las calorías que se extienden e implantan donde más jode. Eso no ocurre cuando se consume un vaso de salmorejo o media piña.

Entonces, pensé en las posibilidades del cuerpo, todo lo que se podría hacer con él a lo largo de la vida a modo de experimento para comprobar sus reacciones, sus consecuencias, explorarse a uno mismo y, en general, entretenerse de una forma más profunda, personal e implicada que yendo al cine, leyendo un libro o echando un polvo mismamente.

¿Y si probara a tomar un paquete de Ruffles diario durante una semana? Me pregunté, centrándome en si así me hartaría de ellas y no volvería a tomarlas en mucho tiempo. Pues deduzco que acabaría con tantos kilos de más que no sé si mi mente decidiría pasar brutalmente de mi cuerpo o si alcanzaría tal punto de repugnancia que caería de lleno en una de esas dietas milagrosas, continuando con un bucle de autodestrucción que no tendría nada de aburrido.

Proyecto desestimado, prefiero proseguir con la lucha enfocada en el adelgazamiento. Total, ahí tenemos ya el documental Super Size Me. Por otra parte, tampoco resulta viable dejar de comer, me parece dificilísimo, no entiendo cómo existe la anorexia, con lo desagradable que es pasar hambre. Aquí vuelve a brillar la peligrosidad de la mente y sus impulsos. Entonces, ¿qué? ¿hay que controlarlos? ¿El ser humano no está preparado para ser libre?

Imágenes: exacto, de El Club de La Lucha.

  1. No-Soy-Freud
    marzo 15, 2011 de 4:11 pm

    Es un buen post -desde luego, de los mejores que he leído en tu espacio- aunque creo que te estás metiendo en un enfangado teórico de mucho cuidado. El impulso de autodestrucción es bastante más complejo, y de hecho, está considerado parte teórica de lo que consideramos el “freud más oscuro” (¿a que mola?). Por si te interesa, el libro donde lo desarrolla con bastante profundidad es “Más allá del principio del placer”, que es la llave para hablar de lo que creo que tú estás hablando, que no es tanto el tánatos (o impulso de muerte) o lo que Lacan llama “goce”, que es otro concepto que se las trae. Si quieres más info, mándame un correo y te indico bibliografía o te despejo algunas dudas que veo en tu post. ¡Felicidades, en cualquier caso!

    • marzo 15, 2011 de 5:25 pm

      ¡Muchas gracias!

      Correo enviado. Bienvenida sea toda aclaración, aunque de momento sigo viendo algo grande todo este tema para mí (no tengo la menor duda de que el impulso de autodestrucción irá mucho más allá de estos parrafillos), a ver si me introduzco poco a poco en ello :).

      ¿El “Freud más oscuro”? Suena genial xD.

  1. marzo 23, 2011 de 9:45 am

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