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Archive for 28 junio 2011

Entrevista de candidatos al empleo de una empresa

No soy partidaria de las cadenas estúpidas y amenazantes en masa de e-mails, pero hay que admitir que alguno que otro resulta bastante simpático, como el siguiente que os voy a pegar (punto de vista subjetivo, como de costumbre).

1º) Candidato formado en YALE:

Director: – ¿Cuál es la cosa más rápida del mundo?

Candidato: – El pensamiento.

Director: – ¿Por qué?

Candidato: – Porque un pensamiento ocurre casi instantáneamente.

Director: – Muy bien, excelente respuesta.

2º) Candidato formado en HARVARD:

Director: – ¿Cuál es la cosa más rápida del mundo?

Candidato: – Un parpadeo de ojos.

Director: – ¿Por qué?

Candidato: – Porque es tan rápido que ni nos damos cuenta de que lo hacemos.

Director: – Óptimo.

3º) Candidato formado en OXFORD:

Director: – ¿Cuál es la cosa más rápida del mundo?

Candidato: – La electricidad.

Director: – ¿Por qué?

Candidato: – Al accionar el interruptor, encendemos una lámpara situada a 5km de distancia instantáneamente.

Director: – Excelente.

4º) Candidato formado en la UCA (Universidad de Cádiz):

Director: – ¿Cuál es la cosa más rápida del mundo?

Candidato: – Una diarrea…

Director: – ¿Cómo? ¿Está bromeando? Explique eso…

Candidato: – Verá usted. Ayer por la noche tuve una diarrea tan fuerte, que antes de que pudiera pensar, parpadear o darle al interruptor, ya me había cagado encima…

Director: – ¡El empleo es suyo!

MORALEJA:

Los fundamentos técnicos y los conocimientos académicos no lo son todo…

lo que el mundo empresarial español de hoy precisa es alguien que entienda de cagadas.

Rihanna – Man Down

No suele ser el estilo musical que exploto normalmente, pero esta canción me parece la mar de bella artísticamente, tanto por su interpretación audiovisual como por la increíble voz de esta mujer, potente y hermosa. Por otra parte, creo que la letra se podía haber proyectado de otra manera para dar lugar a una historia más justiciera, en vez del malestar tan sufrido que parece exponer la protagonista, como si se arrepintiera desesperadamente (al menos yo, en su situación, no lo haría). A ver qué opináis vosotros, teniendo en cuenta las imágenes.

I didn’t mean to end his life
I know it wasn’t right
I can’t even sleep at night
Can’t get it off my mind
I need to get out of sight
Before I end up behind bars

What started out as a simple altercation
Turned into a real sticky situation
Me just thinking on the time that I’m facing
Makes me wanna cry

‘Cause I didn’t mean to hurt him
Could’ve been somebody’s son
And I took his heart when
I pulled out that gun

Rum bum bum bum
Rum bum bum bum
Rum bum bum bum
Man down
Rum bum bum bum
Rum bum bum bum
Rum bum bum bum
Man down

Chorus
Oh, mama, mama, mama
I just shot a man down
In central station
In front of a big old crowd
Oh why, oh why
Oh, mama, mama, mama
I just shot a man down
In central station

It’s a 22, I call her Peggy Sue
When she fits right down in my shoes
What do you expect me to do
If you’re playing me for a fool
I will lose my cool
And reach for my fire arm

I didn’t mean to lay him down
But it’s too late to turn back now
Don’t know what I was thinking
Now he’s no longer living
So I’m ‘bout to leave town

‘Cause I didn’t mean to hurt him
Could’ve been somebody’s son
And I took his heart when
I pulled out that gun

Rum bum bum bum […]

Chorus

Look, I never thought I’d do it
Never thought I’d do it
Never thought I’d do it, oh gosh
What ever happened to me
Ever happened to me, ever happened to me
Why did I pull the trigger
Pull the trigger, pull the trigger, boom
And end a nigga, end a niggas life so soon
When me pull the trigger, pull the trigger, pull it ‘pon you
Somebody tell me what I’m gonna, what I’m gonna do

Rum bum bum bum […]
Me say wah man down (A weh me say)
Rum bum bum bum […]
When me went downtown

‘Cause now I am a criminal, criminal, criminal
Oh lord have mercy now I am a criminal
Man down
Tell the judge please give me minimal
Run out of town,
None of them can see me now, see me now

Chorus

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Acaban de pegar a una mujer

Puede que sea un título algo tremendista, pero para nada lejos de la realidad. Hace una semana y poco, una mujer lloró a mi lado en el metro. Me quedé petrificada, no sabía qué hacer, y no me habría dado cuenta si no hubiera llegado a mis oídos un sollozo entre canción y canción del iPod. Pero no le dirigí la palabra. Lo pensé, me entró bastante ansia, experimenté de todo… mas no llegué a decirle nada, solo esperé a que el trayecto terminara rápido.

Cuando ves a alguien llorar, lo único que puedes deducir es que debe de necesitarlo mucho como para hacerlo en público (o tener ganas de llamar la atención, posibilidad tan válida como cualquier otra), pero no sabes si querría recibir algún consuelo o que le dejaran en soledad. Probablemente, lo más correcto habría sido preguntarle algo a la pobre mujer, solo que me pudo el pensamiento de que quizás la incomodaría mucho más. Se cubría el rostro, cabizbaja. ¿Qué habríais hecho vosotros?

Esta situación me recordó a una tarde situada escasos días antes, cuando tuve una conversación telefónica con una amiga. Una de sus primeras frases fue “le ha pegado”. A su novia. Un año y pico de relación aproximadamente. Muchos celos y ningún motivo para tenerlos. ¿Qué dice la chica? “Dos bofetadas, no fue nada”. Según mis últimos datos, por suerte se acojonó lo bastante como para poner tierra por medio.

Veamos… ¿Dónde está el límite? ¿En qué momento se cumple con la definición de “maltrato”? Dicen que el maltrato psicológico es peor que el físico. Yo creo que tanto uno como otro te destruyen de igual manera. El psicológico duele como una sarta de guantazos, y el físico te mina el cerebro de mierda. En fin, entonces, como íbamos diciendo, ¿cuántas bofetadas hacen falta para cruzar la línea? Yo os lo diré: media.

Me horroricé cuando me lo contó. Rogué (rezar poco) por que esa muchacha pensara, reflexionara, actuara en consonancia con el respeto que su vida y su integridad merecen. Por ahora, está perfectamente decidida. Sigamos rogando para que no se arrepienta, no entre en paranoias, no quiera volver. Porque tras las peleas verbales y las primeras “dos bofetadas de nada”, bien puede venir el pico de una mesa en la frente o un puñal en el pecho. ¿Demasiado explícita? Realidades como templos, señores.

Ayer, en otra ciudad, otro ambiente, otras circunstancias y con distintas compañías, me volvieron a decir que habían pegado a una chica hacía poco. Sigo sin concebir el derecho con el que se cree nadie de asestar un golpe a otro ser humano. Repudio el feminismo exacerbado, pero ante esta perspectiva tampoco me extraña que un determinado grupo de mujeres decidan intentar tomar las riendas de la sociedad de ese modo. No se trata de poner al género gemenino por encima del masculino, en superioridad infinita e idolatrada; no creo que necesitemos en absoluto que se nos trate “como a reinas”, pero… ¿Qué tal si empezamos a procurar ser simplemente personas?

A esas chicas las conozco de muy poco. A una de una sola noche. Tiene una sonrisa preciosa y una alegría la mar de contagiosa. La segunda es algo más cercana, aunque prácticamente igual de desconocida. Vivaracha, agradable, igual de risueña. Y yo me pregunto… ¿y los miles de millones que no conozco? ¿Y las que no sonríen tanto? ¿Las que están encerradas? ¿Las que continúan fingiendo una felicidad inexistente? ¿Las que permanecen atrapadas en un bucle tortuoso del que no son ni conscientes? ¿Las que lo asumen como algo natural? ¿Las que no conocen el cariño ni creen merecerlo?

¿Cuántas de las que he tenido sentadas a mi lado habrán sido golpeadas? ¿Cuántas desconocidas? ¿Cuántas conocidas? ¿Cuántas amigas? … ¿A cuántas ni siquiera se les ve nunca el rostro, sumidas en su dolor, escondiéndose de las miradas, u obligadas a ocultarlo (ya sea de manera psicológica o estéticamente)? … ¿A qué nivel ha quedado la expresividad de las lágrimas? ¿Y el tono de los moratones? ¡Ah! Sí, a la altura del betún del zapato, idónea para darles puntapiés.

Lo más espeluznante es que, mientras me estás leyendo, en este preciso momento, otra mujer está siendo golpeada (probablemente más de una) en este mundo. Y, hasta que esto no cambie, a mí la sociedad nunca me parecerá ni avanzada ni “moderna” ni “contemporánea” ni nada, por muchos títulos que se le quiera poner y por mucha ciencia y tecnología que se estén desarrollando.

Porque, cuando la parte social del ser humano falla, todo lo demás solo sirve para despistarse de su propio horror.

Los ojos amarillos de los cocodrilos, de Katherine Pancol

Podría hacer una reseña perfectamente pensada y estructurada, pero he decidido escribir lo que me apetezca sobre esta maravilla de libro, lo que se me vaya viniendo libremente a la mente a escasos minutos de haber pasado su última página.

En primer lugar, copio la sinopsis de la propia contraportada, bien ilustrativa aunque muy escasa para la turbulencia de sensaciones que provoca ir descubriéndolo por uno mismo, sobre todo a medida que se avanza:

Esta novela sucede en París, pero nos encontramos con cocodrilos.

Esta novela habla de hombres. Y de mujeres. Las mujeres que somos, las que querríamos ser, las que nunca seremos y aquellas que quizás seamos algún día.

Esta novela es la historia de una mentira. Pero también es una historia de amor, de amistad, de traición, de dinero, de sueños. Esta novela está llena de risas y de lágrimas. Esta novela es como la vida misma.

Más clavada imposible la descripción. Historias reales y paralelas que se unen y se separan como gotas de lluvia cayendo sobre el cristal de la ventana. Unas más lentas y reflexivas; otras, rápidas y decididas. Dubitativas, atascadas, estrelladas al instante, partidas en mil pedazos. Rectas, inexorables, impiadosas, crueles.

Una serie de personajes a los que conoces desde el primer momento y desde lo más profundo de su ser a raíz de la narración subjetivo-omnisciente. Es decir, que con cada intervención, y con la posibilidad de mezclar varias perspectivas en un mismo capítulo, la autora te descubre cada pensamiento, reflexión, crítica, forma de ver la vida, opinión de los demás, etc, de cada uno de los personajes.

Por tanto, lo conoces todo, pero quieres averiguar más, cada vez más. Sabes que a este personaje no le podrá ir bien, que el otro merece un cambio, que a un tercero le detestas, que aquel debe de esconder un gran secreto… pero, en realidad, no sabes nada, y empiezas una página y ya te llama la atención el diálogo que empieza en la siguiente a media página, se te van los ojos, pero vuelves para no perderte lo más mínimo, como cuando te gustaría adelantar o acelerar una película, completamente intrigado por el desenlace pero, obviamente, te la tragas entera.

Consta de cinco partes. Las dos últimas me las he bebido como el agua en verano. Admitiré que las dos primeras las llevaba de una forma menos eufórica, más tranquila, nutriéndome poco a poco, calando a los personajes pero, una vez arrancan intensamente los conflictos, los encontronazos, los problemas, las torturas interiores más profundas, ya el ritmo que se coge es brutal. Sin perder de vista a la protagonista, desde luego, pero trasladándose de unos ojos a otros en un agradabilísimo, vertiginoso y sutil vaivén, cual ardilla de árbol en árbol.

No puedo deciros más porque seguiría quedándome corta. Os invito a experimentarlo por vosotros mismos. Una novela realista, creíble, palpable, entretenida y apetecible. La segunda parte se llama El vals lento de las tortugas y dad por hecho que en muy breve lo estaré abriendo también, que me han dicho que es, incluso, aún mejor.

¡Que disfrutéis del día festivo en Madrid por el Corpus y toda España por San Juan, noche de hogueras!

El Chojín – Únete a mi bando

Han comentado en las noticias que esta canción se está convirtiendo en un símbolo del movimiento 15m. Probablemente haya catorce mil millones de canciones más igual de “transgresivas”, críticas y directas, pero me he decidido a buscarla. Nunca escucho al Chojín y me ha dado la impresión de que habla con música más que entona/canta, pero proyecta bien su voz, grave y profunda, y la letra no está nada mal, algunos versos la clavan bestialmente. Os invito a escucharla.

Parecían muertos pero estaban observando
hip hop maleducado en correcto “Únete a mi bando”
vuelven las capuchas, los gestos serios y el cuello en alto
aquí no bailamos, los fallos los crucificamos.
Así es como lo hacemos, pesado,
cabezas musculosas cuando el rap es el gimnasio,
poco se nos pasa por alto,
deportamos ideas peligrosas como Sarkozy a los gitanos.
Si quieren guerra intelectual, nos peleamos,
huele a K.O. en el primer asalto,
en la prensa insisten en el cuento de que somos muy malos,
debemos serlo, traficamos con ideas de cambio.
Nos quieren convencer de que está controlado
pero no lo está, lo estamos.
En los aeropuertos nos descalzamos templos del gran hermano
somos culpables por dejarnos, “Únete a mi bando”.

[Estribillo]
Únete a mi bando
Únete a mi bando
Prometo lucha nada más, únete a mi bando
Únete a mi bando
Únete a mi bando
No habrá glamour, no habrá champán, únete a mi bando
Únete a mi bando
Únete a mi bando
No garantizo ganar, pero únete a mi bando

Yeah, ¡esto no quieren escucharlo!
Segundo párrafo, ¡Vamos!

Podría sonar machista y luego fingir
pero soy el Chojin, no el alcalde de Valladolid.
Los políticos no saben dimitir
resignación aquí, cólera para Haití,
injusto, hoy no hay palabra más vacía
injusto es, justo el, color que define la vida.
Representamos la penúltima esperanza,
así que vamos, únete a mi bando.
La crisis es una coartada, recortan gastos, en lo social
pero siguen fabricando balas.
Gastan más en seguridad, ponen más cámaras,
¿seguridad? Dame un empleo y una casa.
En los barrios se hunden mientras que los bancos suben,
no cuadra.
Se hacen ricos, con nuestra pasta.
Las cosas cambian cuando el pueblo se une y está cabreado,
así que únete a mi bando.

[Estribillo]

Yeah, ¡esto no quieren escucharlo!
Tercer párrafo, ¡Vamos!

Dejarse ir donde va el río o remar,
remar es duro, muchos se dejan llevar.
Nos dijeron que todo estaba tranquilo,
nos dijeron un montón de cosas mal,
mientras veamos enemigos en el hincha del otro equipo,
no habrá cura para esta sociedad.
Ateo, cristiano, judío, musulmán,
lo dice el refrán, vivir y vencerás.
Los problemas son los mismos
todos queremos pan,
tiran migajas y se ríen viéndonos pelear.
Yo propongo un juego nuevo,
dejar las migas y asaltar la panadería.
Que sea difícil no implica que sea imposible,
que sea imposible no implica que vaya a rendirme,
están ante la (…) que rompió el cristal a cabezazos, vamos,
únete a mi bando.

[Estribillo]

Yeah, ¿a que no quieren escucharlo?, ven… ¡Y únete a mi Bando!

¿Ciego?

Ludopatía enfermiza que impregna las esquinas, las aceras, tus andares. Persigue a tu sombra. Esta decide escapar, se volatiliza. Ya no tienes presencia sobre suelo y paredes por mucho que te dé el sol. Y lo miras. Te quemas la retina. Lo sigues mirando. Retiras la mirada. Estás ciego.

¿Ciego de qué? Daba igual. Ya no podía caminar saltando de baldosa en baldosa, pero qué más daba, luego le provocaba dolor de cabeza mirar tanto para abajo.

La sangre, que no corre. Que se reparte por todo el cuerpo, que fluye cuchillo en vena. Textos que corren a la vez. O una cosa u otra. Si la sangre corre, los ojos se nublan. ¡Ah! ¿Pero no estaba ya ciego? Quizás no. Aunque hay un leve resplandor que no se va. Qué hijo de perra, da más por saco que…

Y se estrella, corre, vuela, se estrella otra vez, vuelve a correr. No llega a volar. Le duele. Ha vomitado. Qué asco, hasta el desayuno de ayer. Un par más como esa y adelgaza cinco kilos. ¿Por qué bebe cerveza? Hala, otra vez, totalmente de esperar.

¡Oh, no! ¡Una barra de metal en la cabeza! Se le aproxima, directa a la frente. Pim. Casi vizco se ha quedado. Pero no denota mucha expresividad. A ver cómo se la sacamos ahora. Aunque se le ve cómodo con ella. Podría llegar a vivir así como estado natural, me parece a mí. ¿Tú crees? Bueno, en verdad debe de ser un coñazo.

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Motivos para vivir en Madrid

Lo que voy a exponer es total y absolutamente subjetivo, por supuesto, son MIS motivos, razones que he ido encontrando a lo largo de los dos últimos días (además de todas las que las preceden durante los cuatro años anteriores) para ansiar establecerme en esta ciudad (en la capital; en la provincia ya vivo, concretamente Villaviciosa de Odón, y ahora que he terminado la universidad es el momento de huir por fin de aquí a la gran ciudad), pequeñas bellezas imprevisibles y maravillosas.

Para empezar, la exposición de la que os hablé ayer. El placer de ir caminando despreocupadamente y encontrarte de pleno con una exposición, como quien no quiere la cosa, de cuadros.

Curiosamente, ahora que me doy cuenta, la mayoría de mis motivos van a rondar en torno a una zona en especial: el Retiro. Así pues, el segundo motivo es lo que ofrece la siguiente imagen.

Exacto. Además del placer en sí de estar tirado en el césped a una temperatura celestial (al sol no, por favor), un diminuto componente animal se introdujo en mi reflexiva velada natural como quien no quiere la cosa. ¡Esa ardilla que va por el césped! Porque aquí nadie pensará en estos bichitos habitualmente pero SIEMPRE que pase alguno por al lado, ¿quién no lo sigue con la mirada y exclama para que lo vean los demás acompañantes?

Muy bien. A continuación, otra imagen.

No se aprecia del todo claro pero se intuye. Os explico: en medio de mi deleite corporal y mental tirada en el césped, me sorprende de repente una musiquilla. Y resulta que ese hombre de en medio de la fotografía iba en monociclo tocando con un acordeón una de las canciones más famosas de la BSO de Amelie. ¡Para no quedarse prendada de la situación! Ganas me han dado de ir al Retiro todos los días.

Pero la cosa no se queda aquí. Paseo casual por la zona e inmersión literaria en la Cuesta Moyano (famosa por su feria del libro permanente). Diviso en una mesa un cartelito de “1 euro”. Naturalmente, me paro. Tropiezo con unos tomos enormes, en el primero de los cuales se puede leer “Humphrey Bogart”. Su filmografía. Me acuerdo de Robert de Niro y empiezo a pasar los libracos con distintos actores sin previsión ninguna de tal posibilidad. Al toparme con Dustin Hoffman dudé por un momento (jum, este no es tan viejo). Y, abajo de todos… ¡voilá!

¿Se puede tener más clase? Voy hacia el señor del puesto. Ingenuamente, le pregunto si todos los libros de esa mesa costaban un euro. La respuesta fue no, claro, absurdo pensarlo. “8 euros”. ¡8 euros! ¡Como para replanteármelo! En la Fnac un libro de ese estilo me habría pretendido clavar una puñalada de entre 30 y 40 euros que nunca habría desembolsado. ¿Pero 8 euros? Pastas duras, más de 200 páginas tamaño A4 de un blanco reluciente (poca pinta de papel reciclado) y sus imágenes en color magníficamente repartidas… ¡Pa’ la saca!

Por último, alejándonos ya de las inmediaciones del Retiro, os muestro la fotografía que tomé el lunes por la tarde en una Plaza de Sol que nada tenía que ver con la de las tres semanas anteriores, dejando cierto halo brutal de melancolía. Una sensación extraña de pérdida. Pero aquella visión dejaba bien claro un mensaje muy importante.

Sobran las palabras.

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