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Archive for 28 julio 2011

Del traslado cama-sofá-sofá-cama a Amy Winehouse

Se presenta un dilema. Frecuente corriente la de saltar de un componente físico-casero a otro, varias veces de hecho a lo largo del día, innumerables en toda la vida. Absténganse hiperactivos y culos-inquietos, pero también están invitados aunque no apreciarán igual este arte, bautizado personalmente como “sofing”.

Suena la voz de Kurt Cobain por la ventana. Además de un niño repelente llorando y chillando sin parar. Ignoro si yo poseía de pequeña tal torrente de voz, pero no me veo capaz de aguantar los ajenos cerca durante muchos minutos, a riesgo de que me exploten, primero, los tímpanos; seguidamente, el cerebro.

Como íbamos diciendo: cama-sofá-sofá-cama. Pero… ¿Qué pasa cuando no hay sofá? Sí, sí, exacto, NO hay sofá. Es decir, que nuestra querida tendencia denominada “sofing” se nos ha ido al garete.

Kurt Cobain se ha callado pero el niño no, maldita sea, habrá que ponerse algo escandaloso porque la opción de cerrar la ventana aún no es viable a estas horas y temperaturas en Madrid, a riesgo de calcinarme lastimosamente. Flo Rida mismo. Ojalá tuviera altavoces. Grititos de fondo. Así acojona más, como si lo estuvieran acribillando y yo ignorándolo cruelmente. Náh, no es para tanto. Serán las 18 de la tarde pero no sé por qué le permiten expresarse tan abiertamente en medio de un patio cuyos sonidos se propagan por todo el edificio como si se estuviera allí mismo. Como para contar un secreto.

Entonces, si no hay sofá, ¿qué pasa? Está la silla… La mesa… ¿Lo alto del armario? Esto empieza a parecer una búsqueda de espacios donde echar un polvo. ¿Entonces? Viajes a la cocina… Paseos perdidos buscando un motivo para la semi-desdicha de adónde catapultar el culo fuera de los límites de la cama. ¿Volver a ella? No sé si es buena idea, por muchos cojines que se le añadan. Espalda, piernas, postura, pero, sobre todo, mentalidad.

Mentalidad dormida frente a relajada, ausente frente a desinhibida, tirada frente a bohemia. Punto en común desvirtuado por las circunstancias. ¿Solución? Huir. Repartir las horas. Escapar todo lo posible. Alternar y engañarse, dar de lado al “sofing” a pesar de decepcionarlo, de apartarlo, de retirarse de su maravilloso halo que tan feliz y gratuitamente se nos brinda y nos hemos visto obligados a rechazar.

¿Quién dijo que las cosas pequeñas no dan por saco importan?

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Hablando de Cobain… Pensaba que había muerto a los 28. Aún así, vaya coincidencia. El Club de los Malditos. ¿Qué tendrán los 27 años? Relacionar una edad con la muerte y el estrellato no acaba de resultar agradable. Kurt Cobain, Jimmy Hendrix, Jim Morrison, Brian Jones, Janis Joplin y la nueva integrante, Amy Winehouse. La verdad es que al enterarme no advertí el más mínimo cambio en mi estado, pero cuando me dio por ponerme ayer su disco ya me entró cierta extrañeza. Ya la había escuchado alguna vez, solo que no me encuentro en ese amplísimo grupo de fans que se han sentido afectadísimos.

Sin embargo, ayer quizá me tocó enfrentarme demasiado directamente a la siguiente afirmación: esta tipa está muerta. Desde hace cinco días. Una voz prometedora, una chica que empezó su carrera lozana como una flor, de estética rompedora y cultura musical innovadora… Ahora inerte.

No me gustaba la sensación. Quité el iTunes. Una cosa es saber que alguien ha fallecido y otra pararse a pensarlo y, encima, escucharle. No estamos preparados para la muerte. Para ninguna, ni la de Amy (por muy esperada que fuera) ni la de nadie. De ahí la foto elegida. Maquillando la realidad.

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Cual payaso triste que ríe, cual payaso alegre que llora

Y te pierdes. En esos versos, estrofas, melodías. En esa inmensidad casera, frustrante y relajante a la vez. Impenetrable y transparente, permitiéndote soñar hasta límites insospechados pero manteniéndote encerrado entre estas cuatro paredes. La inmensidad al exterior, la universalidad más amplia y menos apreciada, infinita, insatisfactoria.

Tiempo que se va (y sobra decir que no vuelve, jamás). Un suspiro, un beso, un abrazo, una mirada. Una persona, dos, diez, treinta, cien, cuatro millones. Un payaso en medio de la puerta del sol que hace reír. ¿A cuánta gente le dan miedo los payasos? ¿Con cuántos payasos tristes nos hemos encontrado? Hacer reír debe de ser de los dones más extraordinarios.

Te traquetea en los oídos la emoción. La expectativa, la fantasía, los sueños, los príncipes azules, las películas ñoñas. Te rozan los oídos dejándote con las ganas, la miel en los labios, una boca exuberante de placer, diversión y experiencia por repartir y recibir, escasa de medios y motivaciones. Enclaustrada por las circunstancias. Sedienta de aventuras, limitada por sí misma.

Viene una canción melancólica. Para incrementar aún más la nostalgia de los trenes que se van, de los vagones que no sabes si coger, de las puertas que se cierran frente a tu incertidumbre.

Yann Tiersen – Le Moulin

¿Qué pasará un buen día (o malo) dentro de un rostro arrugado que solo conserve el color de los ojos en pie? ¿Cuánta vida verá realmente viva mirando hacia atrás? ¿Cuánto disfrute? ¿Cuánta pena? ¿Cuánto tiempo auténticamente lleno y cuánto inevitablemente vacío? ¿Cuánto esfuerzo pudo haber en tantos ratos muertos como exige la existencia? ¿En qué momento se perdió el sentido de la dicha y la felicidad frente a los instantes que sí se advierten excepcionalmente excelsos, huidos en cuestión de segundos como pólvora malgastada?

¿Y hasta cuándo se puede soportar la presión, la ignorancia, la duda, el desasosiego, la tristeza, la añoranza?

Quizá nunca. Quizá mañana. Quizá ahora. Quizá a ratos. Por épocas, en rachas permanentes de “ahora sí, ahora no”. En temporadas amargas y dulces, en el dolor placentero, en la alegría llorosa, en los segundos que corren. En una llamada de teléfono.

O en una hamburguesa del McDonald’s. Capitalismo, autodestrucción, consumismo, sentimiento de pertenencia. Comunas hippies que se extinguen, se ocultan. Paraísos por descubrir. Algún día. Malditas palabras. La Finisterre que no llegué a ver.

Miles de millones de cuentas pendientes que se pierden…

Yann Tiersen – Les Jours Tristes

De turismo por Madrid (II)

En el post anterior, os describí el recorrido Plaza de España-Gran Vía-Callao-Preciados-Sol-Plaza Mayor, ¿verdad? Pues vamos a ver cómo me sale este y por dónde acabo tirando. Partamos, ya que pasamos por allí, desde Callao, esta vez continuando con la Gran Vía hasta topar con la Fuente de Cibeles. Mítica. Os recuerdo que estas imágenes no me pertenecen, básicamente porque no hice fotos (y tampoco las tendría, me robaron el móvil).El edificio ha dejado por los suelos a la fuente pero hay que reconocer que El Palacio de Comunicaciones es imponente y digno de incluir, ya que está allí enfrente.

¡Hablando de móvil! En De turismo por Madrid (I) también comenté que la pérdida del susodicho me brindaba la oportunidad de adquirir un iPhone. Pues rectifico totalmente: le pueden dar por saco. Sabía que era caro, bastante caro, ¡pero no tanto! Nada, nada, un HTC más ancho que Pancho.

Prosigamos: a partir de Cibeles, vamos a dirigirnos hacia el sur por el Paseo del Prado, avenida bastante arbolada y apacible, para llegar a la Fuente de Neptuno.

Naturalmente, el Museo del Prado se encuentra más que visible y disponible en este Paseo para todo amante (y no tan amante) de la pintura.

Avanzando aún más hacia el sur, por un momento vemos a la derecha la calle Huertas, por la que no cogimos pero conozco de alguna caminata pasada y os recomiendo debido a sus citas y versos plasmados en el mismo suelo de la calle cada varios metros, pertenecientes a autores de la talla de Quevedo, Góngora o Juan Ramón Jiménez.

Más adelante, vemos, también a la derecha, el CaixaForum (con su jardín vertical al lado), donde a menudo se muestran exposiciones de lo más curiosas (como aquella de Isabel Muñoz que os comenté; disculpadme si el post sale algo trastocado, no sé por qué se me rebela su maquetación).

Atención ahora: ya viendo la rotonda frente a la Estación de Atocha, giramos hacia la izquierda por la Cuesta Moyano, famosa calle conocida por su feria del libro permanente (¡de donde me llevé a Robert de Niro!) cuyo final, tras una buena subida, culmina en una de las entradas al Parque del Retiro. ¿Puede haber ruta más bohemia?

Y hala, a pasear por el parque y a bordear sus construcciones más emblemáticas (el Palacio de Cristal, el Palacio de Velázquez, la macro edificación de enfrente del lago repleto de barcas, cuyo nombre desconozco ahora mismo si es que lo tiene…). En fin, enorme, hay que verlo (118 hectáreas, 1,18 km cuadrados, según la Wiki).

El Palacio de Velázquez nos sorprendió en su interior con una exposición un tanto extraña de dibujos explícitos, bélicos, difusos, retratos… En una pared destacó, en especial, la visión de siete u ocho estampas evolutivas de Franco, desde un estado bastante decente hasta uno altamente deplorable. Vamos, muerto, pero seguían siendo dibujos. Sin más.

Así pues, la ruta de hoy nos ha quedado así:

En el próximo post, ya solo quedarán un par de hermosos y monumentales parques por detallaros, si no recuerdo mal.

¡Que disfrutéis del fin de semana!

De turismo por Madrid (I)

¡Queridos lectores míos!

Efectivamente, es una auténtica vergüenza la manera en que he desaparecido del mapa bloguero durante los últimos 15 días, pero todo tiene su explicación en una simple y significativa palabra: verano. Concretamente, un par de acontecimientos me han mantenido ausente de la vida digital: la visita de alguien especial y el FIB. La primera me va a permitir postear sobre los sitios que considero más turísticos de Madrid a pie de calle (dejaremos museos y lugares más raros para otro momento, sobre todo cuando me de por investigar estos). La segunda, el Festival Internacional de Benicasim… Sencillamente ya llegará, vayamos por partes.

¿Qué visitar por Madrid? La ruta es fácil, sencilla e indolora (y algo desordenada pero bueno, siempre queda el metro para moverse a alguna zona olvidada o más lejana). Las fotos tendré que cogerlas de internet porque no hice, aparte de que si hubiera hecho ya no las tendría debido a la incautación de mi dispositivo móvil. Vamos, que algun hijo de la grandísima puta me lo robó en el FIB pero bueno, gran excusa para adelantar la adquisición de un iPhone.

Aquí tenéis, en primer lugar, el recorrido que os voy a contar hoy. No sé qué haría sin el Google Maps. Podéis hacer click en él para verlo mejor.

Comenzamos por la Plaza de España. Fotaza. El edificio del fondo pertenece a la otra acera pero suele incluirse en las imágenes de esta plaza, queda bastante imponente. En “diminuto” y frente a la fuente, El Quijote y Sancho Panza.

A continuación, conectamos con la Gran Vía hacia el sureste, que ya sabréis muchos su considerable extensión (aunque tampoco creo que tengan mucho que envidiarle el Paseo del Prado o el de la Castellana, la eternidad en persona).

Esta es solo la primera mitad de la avenida. En este punto, bien se puede seguir recto, pasando por el Banco de España, llegando a la Plaza de Neptuno y cogiendo el Paseo del Prado para ver el Museo del mismo nombre y culminar en Atocha (opción que tomamos otro día), o bien nos podemos desviar en la Plaza de Callao (que no tiene gran cosa, aparte de constituir un punto común de quedada en Madrid) hacia el sur para llegar a Sol, cogiendo por la Calle de Preciados o la del Carmen (que rodean la Fnac). En vistas de la dificultad de abarcar fotográficamente la Plaza, he optado por la siguiente imagen nocturna de la Puerta del Sol.

El último paso de este recorrido se basa en coger hacia el oeste por la Calle Mayor para topar con la archi-conocida Plaza Mayor, donde probablemente te sablen por tomar algo pero no deja de ser parte fundamental de una visita turística madrileña.

Hasta aquí la primera ruta de estos días previos al FIB, acompañados de mi natural desorientación que, por suerte, no hizo demasiada mella, sin olvidar la indescriptible sensación que me sigue provocando vivir en el centro de esta ciudad y en una calle de lo más característica, plagada de restaurantes baratos y exóticos (hindúes, kebabs, un tailandés, un libanés…).

Mañana más, pero no mejor, porque es imposible (me ha apetecido hacer apología de El Intermedio, no pretendo echarme flores), ¡buenas noches!

Desde Madrid City

Me encanta. Qué puedo decir. En pleno centro. Salir a la calle y ver un porrón de gente de todos los colores, bares, comercios, callecitas que te llevan a cualquier parte (a medida que me las vaya conociendo mejor, claro, ahora mismo me sueltan por ahí y a saber dónde acabo con mi orientación).

Pero hoy, en realidad, he venido a hablar de otra “primera vez” en mi vida. Porque todos tenemos muchísimas “primeras veces”, todo es cuestión de advertir cuándo te ha sucedido una. En mi caso, como ha ocurrido ya en varias ocasiones, ha tenido lugar en el metro, ese universo de posibilidades por excelencia para quedarse encandilado ante lo más simple, inesperado y encantador. La siguiente imagen ayudará a aclarar esta concreta primera vez.

¡Un vagón de metro vacío y entero solo para mí! ¡Alucinante! (La mochila y el libro que se ven a la derecha son míos). Probablemente, a la mayoría de vosotros esto os tocará un pie (expresión maravillosa que suele decir una apreciada amiga mía), pero cuando yo me vi, de repente, allí sentada entre la nada, entre todos los fantasmas imaginarios que me diera la gana y en medio de una libertad tan despampanantemente absoluta para saltar, gritar, cantar y hacer cualquier cosa sin que nadie fuera a saberlo… Impresionante (me limité solo a sacar la fotografía, por las dudas).

En este mundo frenético y en esta ciudad sin pausa, un vagón de metro completamente vacío, a excepción de mi presencia obviamente, para mí sí supuso toda una “primera vez” en condiciones como para que se me quedara incrustado en la mente, la disfrutara en su preciso momento y me apeteciera contároslo.

Pero no solo me voy a quedar aquí. Hace unos días, iba en el susodicho medio de transporte (que cojo a diario, por cierto), cuando me encontré con la siguiente escena:

Está tela de borrosa (encima de que me salió el flash sin querer) pero algo se intuye. Pues no, no se trata de un cubo de Rubik, sino de un esperpento de Rubik. No logré deducir cuántas caras PENTAGONALES tenía esa cosa, movida a toda velocidad por las manos del muchacho. De hecho, creo que lo solucionó y, sin que me diera tiempo a apreciarlo, lo volvió a desmontar exageradamente para ponerse de nuevo.

Igual parezco un tanto de pueblo exponiendo mi semi-fascinación ante el aparatito, pero afirmo que nunca lo había visto (el cubo sí, aquello no) y que no era yo la única que me tiré un rato observándolo. ¿Quién permanece con la mirada perdida sin dedicarle ni una ojeada a una de esas torturas coloridas cuando están cerca? Y lo defino así tanto por admiración como por desentendimiento, porque mi paciencia no llegaría ni para completar una de las caras.

Por último, os dejo con un panel (también visto bajo tierra pero esta vez esperando al cercanías) del que no acabo de discernir qué opinión me supone. ¿Emotividad? ¿Nulas aspiraciones? ¿Sentimentalismo? ¿Falsedad?

Mentes cuestionadoras (sí, quizás me he inventado la palabra), ¿de qué creéis que va esto?

Próximamente, más y mejor desde Madrid City :).

Mudanza, calor y Björk – Crystalline

¡Las dos primeras palabras de este título son la historia de mi vida actualmente! Y madrugar pero bueno, por suerte, eso no me cuesta demasiado trabajo, aunque ahora menos porque… ¡Ya he cambiado de vivienda! Adiós a la etapa universitaria en Villaviciosa de Odón (mucho gusto, pero qué ganas tenía de huir), ¡hola, centro de Madrid!

Hace un momento, estaba tumbada y de repente empiezo a escuchar a Björk a través de la ventana. ¡A Björk! Con toda su peculiaridad y su pedazo de voz, a mis oídos ha tenido que llegar de casualidad esta cantante y compositora islandesa.

También he oído la discusión entre dos vecinos porque una pone el despertador a las 6 de la mañana y no lo quita, despertando a toda la planta, pero bueno, no todo puede ser glamour.

Anoche, cuando casi terminé de dejar las cosas en casa (en ESTA casa), fue salir a la calle, ver el ambientazo que había y emocionarme. Los bares llenos, la gente de aquí para allá un jueves cualquiera…

Pretendía inaugurar esta noche el cambio con una cena, pero me temo que la casa está hecha un auténtico pifostio entre mi mudanza y la de la chica que deja mi habitación, así que tendrá que dejarse para más adelante, cuando se pueda caminar por el piso :). Y, de paso, con un ventilador a mano.

Así que nada, una vez habiéndoos informado del plan que llevo (que impide en parte, por tanto, dedicarme al blog en condiciones, ¡pero por poco tiempo!) me despido entre maletas, cajas y bolsas, y os cuelgo una canción de Björk para que la conozcáis.

¡Un saludo y feliz fin de semana!

Underneath our feet
Crystals grow like plants
(listen how they grow)
I’m blinded by the lights
(listen how they grow)
In the core of the earth
(listen how they grow)

Chorus
Crystalline
Internal Nebula
(Crystalline)
Rocks growing slowmo
(Crystalline)
I conquer claustrophobia
(Crystalline)
And demand the light

We mimic the openness
Of the warmth we love
Doth till our generosity equalize the flow
With our hearts
We kiss all quartz
To reach love

Chorus

Octagon, polygon
Pipes up an organ
Sonic branches
Murmuring drone
Crystallizing galaxies
Spread out like my fingers

Chorus x 2

It’s the sparkle you become
Conquer anxiety
Sparkle you become
Conquer anxiety

Sparkle you become
When you conquer anxiety
It’s the sparkle you become
When you conquer anxiety

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