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Archive for 28 agosto 2011

El sueño de Morfeo – Esta soy yo

 

Me trae buenos recuerdos, y su voz me parece potente y bonita. Así que ahí va, un pequeño retazo de mi más temprana adolescencia.

Y esta soy yo (x4)

Dicen que soy

Un libro sin argumento

Que no se si vengo o voy

Que me pierdo entre mis sueños

Dicen que soy una foto en blanco y negro

Que tengo que dormir más

Que me puede mi mal genio

Pre-estribillo

Dicen que soy

Una chica normal

Con pequeñas manías que hacen desesperar

Que no sé bien

Dónde esta el bien y el mal

Dónde esta mi lugar

Estribillo

Y esta soy yo

Asustada y decidida

Una especie en extinción

Tan real como la vida

Y esta soy yo

Ahora llega mi momento

No pienso renunciar

No quiero perder el tiempo

Y esta soy yo

Y esta soy yo

Dicen que voy

Como perro sin su dueño

Como barco sin un mar

Como alma sin su cuerpo

Dicen que soy

Un océano de hielo

Que tengo que reír más

Y callar un poco menos

Pre-estribillo

Estribillo

No soy lo que tu piensas

No soy tu cenicienta

No soy la última pieza de tu puzzle sin armar

No soy quien ideaste

Quizás te equivocaste

Quizás no es el momento

Estribillo

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El vals lento de las tortugas, de Katherine Pancol

Hace tan solo un mes y una semana que os hablé de la maravilla de libro que es Los ojos amarillos de los cocodrilos, de Katherine Pancol. Pues bien, lo que vengo a comentar en este post consiste en la segunda parte de la misma historia y autora, aún más fantástica si podía caber que la primera: El vals lento de las tortugas.

Y se sucede de nuevo en mi interior una sensación parecida a la de la otra vez: la de no querer pensar demasiado en cómo reseñaros esta obra, sino en procurar limitarme a pegaros la descripción del propio libro, a dejar fluir mi retahíla de sentimientos provocados por ella y a recomendaros encarecidamente esta magnífica historia, tan ficticia como la de cualquier novela y tan cercana como la vida misma. Así pues, os retransmito la sinopsis de la contraportada:

Este libro es una borrasca en medio de la vida…
El beso abrasador de aquel al que nunca debimos besar…
Un abrazo que es refugio o muerte…
Un hombre inquietante pero encantador…
Una mujer que tiembla y espera ardientemente…
Un hombre que miente…
Una mujer que cree dirigir el baile pero que ha perdido el paso…
Dos adolescentes más enterados que los mayores…
Un hombre que juega a resucitar…
Un padre allá arriba, entre las estrellas…
Musitando al oído de su hija…
Un perro tan feo que nos apartamos de su lado…

Personajes que avanzan tercamente. Como pequeñas tortugas obstinadas. Que aprenden a bailar lentamente, lentamente. En un mundo demasiado rápido, demasiado violento.

Lo mejor de todas estas líneas es comprenderlas al final, cuando por fin pasas la última página y respiras hondo por la cantidad de emociones que te han recorrido, por la grandísima afinidad que has sentido con varios personajes, respeto, repulsa, excitación, desesperación, alegría, desasosiego… Igual que en la primera parte pero multiplicando varias veces su intensidad.

En esta segunda parte, los protagonistas se ven reforzados, magníficamente caracterizados. Ya los conocemos y tenemos formada nuestra opinión sobre cada uno, pero no dejarán de sorprendernos, ni ellos ni los nuevos e intrigantes personajes ni la capacidad de la autora para absorbernos y trasladarnos a otro ambiente y otras vidas de inquietudes extremadamente próximas y reales.

A su vez, el argumento presta al lector mayor suspense y ansiedad. Básicamente, te bebes las páginas. Amor, pasión, miedo, valor, celos, frustración, muerte. Todo tipo de relaciones: de pareja, de amistad, de familia. No puedo decir nada más, excepto que os animo con todo mi entusiasmo a embarcaros en este par de llamas literarias.

Muñecas desnudas y huellas mentales

Frío. Templanza huidiza. Brazos delgados, piernas flojas, tripa ausente, alma volátil. Todos pegados a un esqueleto medio extraviado, pero fuerte en su esencia, atento a las circunstancias como quien mira despistadamente pasar un tren, vagón tras vagón, sin distinguir rostro alguno aunque intuyéndolos en su interior, dejándose llevar. Agradablemente postrado a la deriva.

Manos perdidas que se entrelazan intentando manejar sensaciones, camuflándolas, engañándolas, estrujándolas, apartándolas.

Muñecas desnudas, finas, límpidas, suaves, humildes, frágiles. Ni brillos, nulos ornamentos; ni tiempo, reloj oculto; ni recuerdos, ya guardados. Al fondo del cajón de los recuerdos, y del alma. A flor de piel, en la superficie de los sentimientos.

Mientras tanto, el día a día se sigue cubriendo con multitud de acciones. Actitudes variadas pero repetitivas que pretenden dar la convicción de utilidad, de aprovechamiento. De hacer lo correcto, lo que toca, lo que se debe hacer, a lo que no hay más remedio que someterse. Mezclado con esa parte del cerebro que vive en otra parte, aventureramente, en alucinantes paraísos y veloces hormigueos corporales. Vértigo vital en su más pura esencia. Vértigo psicótico, espontáneo, terrible. Libre e indescriptible.

Mas esto se cruza nuevamente con la imposibilidad de no pasar ni una jornada sin contemplar perspectivas, posibilidades, previsiones, consecuencias. La mente al cien por cien permanentemente, trabajando a destajo, maquinando inmensas volutas de humo, construyendo miles de castillos de arena, de los cuales la gran mayoría serán arrastrados por el agua y el viento, tan cruel como merecidamente.

Palabras que te rozan y se escurren, vuelan, se volatilizan ante la impasibilidad. Enfrentadas solo por un momento para ser catapultadas al vacío por aquellas otras palabras que tambalean el pecho, atraviesan los poros, alteran la respiración, se sumergen en la mente, se clavan en el corazón como puñales. Algunos placenteros, otros dolorosos, unos eufóricos, otros lastimeros, y aquellos… indefinibles. Tan susceptibles de arder en llamas como resultar disimuladamente incombustibles.

Huellas. Huellas mentales, huellas del subconsciente que no se pueden ni explicar, ni se recomienda tratar de hacerlo. ¿Para qué? Sociedad pro-comunicación atestada de desinformación, insatisfacción, frustración, incomprensión. Relaciones interpersonales, amistosas, amorosas. Raciales, estereotipadas, exigentes, juiciosas. Tensas, discontinuas. Hasta las más cercanas, completas y compenetradas se ven azotadas por la vertiginosidad de la naturaleza humana.

Y, aún así, con la confianza aún puesta en una vida plena, divagando eternamente entre la realidad y el mundo de las ideas y de los sueños… para no toparse de bruces con la desesperación.

Calor…

Calor insatisfecho. Sublime. Tortuoso. Magnífico.

Calor prohibido, secreto, huidizo, íntimo.

Calor pausado, sumiso, repentino, salvaje.

Corporal, espiritual, ensoñador, real.

Estremecimiento. Curvas, escalofríos, rayos y mariposas.

Deseo. Impaciencia. Giros. Arrebatos.

Suspiro.

Categorías:Neuras mentales

Conmiseración infundada

Una tristeza infinita. Una compasión ininteligible hacia el exterior, rozando el egoísmo, palpando la superficialidad, zambulléndose en un mar de prejuicios.

Predisposición hacia la desgracia ajena, se sepa o no. Lástima por ese rostro exento de hermosura y longevidad. ¿Seguro que nos basta con que la belleza esté en el interior? ¿Hasta qué punto nos hemos empapado de modas, tópicos, prototipos, etc, perdiendo nuestra propia esencia, la naturalidad, la espontaneidad?

El tren se ha quedado vacío. Unas tres personas y yo permanecemos, bien repartidas a lo largo de los asientos, ni se distinguen los rostros. Deben de haberse bajado como cuarenta del tirón, provocando cierta sensación de abandono, necesidad de preguntarse si se va por el camino correcto. Atisbo tembloroso de confiar en la masa. Animales de sociedad, todos, sin excepción.

Se han cerrado las puertas en medio del torbellino de pensamientos. Ya corremos hacia el próximo, y último, destino. Por esta vez, pues se avecina una época repleta de trenes. A ver cuáles cojo. Y cuánta maldad puedo evitar en cada uno de ellos. La que no tenía de niña, ni siquiera en la adolescencia. Y la que aún no tengo y me queda por delante.

Mika – Elle me dit

No es que la letra sea muy profunda, pero en sí la canción me da un buen rollo impresionante, así que la cuelgo antes de que se me pase la fiebre. Y sigo considerando admirable la capacidad tonal de este hombre.

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