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Archive for 30 septiembre 2011

Spot Citroën DS3 de las gemelas

No sé por qué, pero no me canso de este anuncio. ¿Será bueno, entendiéndolo como efectivo desde el punto de vista comercial? ¿O simplemente llamativo visualmente? Probablemente más esto último, pero basta con captar la atención del espectador a partir de un punto fuerte del vídeo para que el producto tenga asegurada su presencia en nuestro subconsciente y vea incrementadas, por tanto, sus posibilidades en el mercado.

Entonces, ¿qué tiene? Ritmo, música, velocidad, seducción, belleza, modernidad, transgresión. ¿De qué nos acordamos más, de las gemelas o del coche? Da igual, el spot ya ha conseguido lo que quería: atraer miradas, críticas y alabanzas, dando de hablar por toda la red.

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A veces, la felicidad está en…

 – Empezar una novela prometedora.

– Recibir un e-mail a modo de carta.

– Alcanzar el peso corporal deseado.

– Ver una película impactante en el cine (¡española!).

– Conversar con un amigo.

– Visitar un museo y enamorarse de un cuadro.

– Pasear bajo un clima fantástico.

– Tirar a una papelera el paquete de tabaco.

– Escuchar un buen disco de rock alternativo.

– Ir a un encuentro de extranjeros para practicar idiomas.

Y cuanto todo esto se junta en menos de 48 horas, ya se puede hasta alcanzar la felicidad suprema.

Porque no es tan difícil sentirse contento cuando hay motivos para estarlo y las contrariedades son inevitables.

Porque hasta una tipa tan rematadamente realista como yo sabe que la felicidad está dentro de nosotros.

La cara oculta

Después de ver esta película, me atrevo a decir, y con gran convencimiento, que el cine español cada vez promete más. El director, Andrés Baiz, ha puesto en escena una historia muy bien estructurada, con enganche y estremecedora.

Tengo que reconocer que, durante los primeros minutos del filme, algunos diálogos no me llegaban, me parecía demasiado sobreactuado pero, una vez entra en juego la música y el inicio del conflicto, la tensión comienza a darle una velocidad de vértigo.

La parte musical de esta obra constituye un elemento extraordinario a la hora de aplicar tanto pasión como tensión. Una banda sonora preciosa, favorecida por el papel de Quim Gutiérrez como director de la orquesta filarmónica de Bogotá, se une a unos acertados y sobrecogedores toques vibrantes en los momentos de suspense.

El argumento consiste en la aceptación de Adrián (Quim) en dicha orquesta, debida a la cual él viajará de España a la capital colombiana acompañado de su novia Belén (Clara Lago). No obstante, las ganas de poner a prueba la fidelidad de Adrián acabarán metiendo de lleno a Belén en una trampa de lo más inesperada…

Volviéndonos hacia la interpretación, Clara Lago ofrece una actuación espectacular. Por su rostro circulan con la misma veracidad y convicción las distintas expresiones faciales más características: el amor, el cariño, el recelo, la frustración, el odio, la desesperación más absoluta…

Quim Gutiérrez tiene su rol adecuadamente asumido, aunque su rostro me recuerde demasiado a su papel en Primos puesto que la manifestación de sus sentimientos surge en su cara con los mismos gestos, y Martina García (Fabiana) goza de pocas menos apariciones a lo largo de las secuencias, pero la verdadera protagonista de este thriller es Clara Lago.

Finalmente, solo queda alabar como se merece la realización, los planos idóneamente escogidos y encuadrados, y la elección de los escenarios, muy personalizados y significativos. Se advierte un gran equilibrio entre estos factores, la música, la trama y los actores.

Lo dicho: siguiendo este ritmo, estamos en camino de que se vaya cogiendo respeto a las producciones españolas, que ya era hora de mostrar el talento vigente.

Nos vigilan

Estaba yo buscando inocentemente una película cualquiera por internet cuando, en el siguiente conocidísimo portal, se me aparece el banner, la publicidad, que veis en la imagen:

A ver, vale que lleve cerca de un mes poniendo en más de una decena de páginas de empleo las palabras “periodista Madrid”, incluido precisamente el portal trovit.es, pero… ¿qué tiene que ver con la comunidad de vagos.es? ¿De dónde ha salido, cómo, cuándo y por qué, esa conexión virtual? ¿Quién se ocupa de vigilar mis pasos a lo largo de la red para recordarme mi frustración laboral justo en mi tiempo y búsqueda de ocio?

Ya me ha dado en repetidas ocasiones la sensación de que todo está conectado en nuestros recorridos como navegantes, que cada paso que damos no nos pertenece solo a nosotros, sino que queda registrado de manera que esperan el momento adecuado para soltarnos en las narices los intereses que han chequeado a raíz de nuestros clicks.

No se le puede ni llamar manipulación, hay que inventar una nueva palabra capaz de abarcar esta persecución obsesiva del usuario, este análisis intimidatorio e indiscriminado, este aplastante ataque contra la privacidad humana. No obstante, ¿quién acaba siendo el responsable al fin y al cabo? Cada una de esas personas que brindan sus datos a alguna página. Cada persona que navega tranquilamente de una plataforma a otra dándole al ratón aquí y allá. Vamos, todo el que haya estado alguna vez delante de un aparato con acceso a la red.

Tus intereses, tus preferencias, tus búsquedas, tus datos, tus palabras… Absolutamente todo, a merced del ojo que todo lo ve. En esta moderna era, el consumismo ha de investigar otras formas de vender y captar clientes que se adecuen a las circunstancias y a las oportunidades. Ya sabemos todos que no vale emitir un mensaje publicitario a los cuatro vientos porque pasaremos del tema. Deben acogernos, convencernos, favorecer la conversación y ofrecer un valor añadido y garantías. Deben, básicamente, mimarnos mucho. Pero todo tiene un precio. Y es nuestra propia vida la que acaba saliendo a la venta.

¿Creéis todavía que tenéis el control de lo que buscáis, de la información que dais, siquiera de lo que hacéis en Internet? Iluso el que aún se lo plantee. El Gran Hermano continúa entre nosotros y goza de mayor poder que nunca.

Atracción Fatal

Impresionante. Pasión, miedo, ternura, amor, impotencia y un sinfín de sensaciones confluyen en esta película, cuya base se podría situar sobre dos pilares: las responsabilidades y las consecuencias de nuestros actos.

En realidad, el desarrollo de la historia resulta bastante predecible, pero aún así te sorprende, te asusta, te encandila, te introduce en la trama con una capacidad tal de absorción que la vives, que te identificas con cada personaje, que prácticamente experimentas en tus carnes el placer, el suspense, el pánico y el alivio que transitan por las propias imágenes. Vamos, que ha habido incluso un instante en el que he tenido que incorporarme de puro nervio.

El director, Adrian Lyne, no ha escatimado en recursos interpretativos desde luego, contando con un reparto protagonista espectacular. Michael Douglas asume el papel de Dan Gallegher, un hombre cuya vida es perfecta y nada le falta: casa, dinero, familia… hasta que cae en la tentación ante los encantos de Alex, representada por una fantástica Glenn Close (bien merecido su Premio Donostia en el Festival Internacional de San Sebastián).

Así, la tranquila existencia de Dan se ve truncada por la serie de circunstancias derivadas de aquel desliz. Mientras que el peligro impregna cada vez con más fuerza una escena tras otra, el arrepentimiento y el temor a perderlo todo se ciernen sobre el protagonista, transformando una decisión mal tomada en una terrible lección vital.

De ritmo imparable, profunda y entretenida, y pronosticable pero sobrecogedora, Atracción Fatal pone sobre la mesa un gran drama con su dosis de suspense asegurada y un desenlace precedido de un elevado nivel de tensión, seguido del soberano impacto que produce el final y culminado en una merecida reflexión general.

Llegó la época

Llegó la época del frío, del abrigo, del aire en el rostro, de las lágrimas saltadas con el viento.

Llegó la época del marrón, del amarillo, del rojo, del gris, de la penumbra.

Llegó la época de la monotonía, de las costumbres, de las normas, de los deberes, del ritmo circadiano.

Llegó la época de la espontaneidad, de la vitalidad, de la paciencia, de la esperanza.

Llegó la época de las decisiones, de las consecuencias, de la incertidumbre, de la espera.

Llegó la época de los susurros, de las confidencias, de las reuniones, de los recuerdos.

Llegó la época de la pasión, de los vicios, de los placeres, de los secretos.

Llegó la época de la madurez, del yin y el yang, de la confianza, de la reflexión, de la espiritualidad.

Llegó la época de la escucha, del aprendizaje, de las imágenes, del arte.

Llegó la época de la oportunidad, del despertar, de disfrutar, de buscar la felicidad.

Llegó la época del pijama, de las películas de media noche, de la música en los oídos de madrugada.

Llegó la época de crecer, de sonreír, de agradecer, de comprender.

Y, sobre todo, llegó la época de aprender una vez más a vivir en soledad.

Tiken Jah Fakoly – Plus rien ne m’etonne

Una estampa dura de una realidad peor.

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