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El Prado (II): Carlos de Haes y Francisco de Goya


En El Prado (I) ya os hablé brevemente de La acróbata de la bola, de Picasso, y más extendidamente sobre el cuadro que me enamoró hasta las trancas, Fusilamiento de Torrijos y sus compañeros en las playas de Málaga, de Antonio Gisbert. Pues aquí viene la segunda parte de aquel rato tan bien aprovechado en el Museo del Prado de Madrid.

Cuál fue mi grata sorpresa cuando descubrí una sala repleta de hermosísimos paisajes. El honorable artista responsable de ellos recibe el nombre de Carlos de Haes. Os pongo a continuación una pequeña muestra de su pintura, pero os aconsejo ver unas cuantas más, para quien no tenga acceso al museo, gracias a nuestro gran amigo Google. Aunque sea por Internet, vale la pena.

Seguidamente, a unos pocos pasos me encontré de pleno ante la mismísima maestría de Francisco de Goya. Demos una vuelta por algunas de sus obras.

El aquelarre o el gran cabrón, caracterizado por un profundo aire tétrico, colmado de los rostros esperpénticos de las brujas y presidido por una figura protagonista especialmente oscura, que no es otra sino el demonio, y por la joven de la derecha que, al igual que este Satán encabronado, tampoco mira hacia el frente, sino que atiende a las palabras del maligno emitidas con motivo de su postulación a bruja. Difícil contemplar largo rato la escena sin sufrir escalofríos.

No menos espeluznante resulta Saturno devorando a un hijo, archiconocido cuadro en el que el dios Chronos engulle a uno de sus hijos para evitar que ocuparan su trono. Sin embargo, Júpiter conseguiría salvarse y acabar con él (lo que no deja de ser cierto consuelo). La imagen, de gran equilibrio en cuanto a luces y sombras, no da pie a la imaginación: ojos desorbitados, sangre, destrucción y la crueldad más absoluta. El horror personalizado.

Para terminar de manera algo más suave y menos plagada del espíritu macabro impregnado en El aquelarre y Saturno, aunque sin apartarnos de un dramatismo extremo, culminamos con una obra digna de mencionar: El 3 de mayo en Madrid: los fusilamientos de patriotas madrileños. Sobran las palabras.

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