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Archive for 30 noviembre 2011

La paciencia

La gran desaparecida del siglo XXI. El concepto más expuesto a la exterminación de su más que significativo sentido. El segmento lingüístico susceptible de declararse en estos modernísimos tiempos como “en peligro de extinción”. Básicamente, el término más castigado por la “mentalidad contemporánea”.

Está más visto que el tebeo, pero lo repetiré: mucho avance de las tecnologías, pero menos humanización; amplias redes sociales existentes y emergentes, pero menos comunicación; mucha más facilidad para compartir y difundir opiniones y experiencias, pero menos comprensión y ganas de escuchar; muchos medios para trasladarnos, pero más prisas y estrés; mayores comodidades para con la calidad de vida, pero más insatisfacción e infelicidad.

Y, concretamente, el tema en el que venía yo a centrarme se basa en la palabra que encabeza este post, que le da título y forma, que evoca una enorme nube de pájaros invisibles violentada por esta, nuestra, avanzadísima civilización. Sí, señores, la paciencia. Que levante la mano quien cuente con tan solo una pizca de ella, en relación con los acontecimientos vitales y la volatilidad de los sentimientos. Que se pronuncie quien no viva actualmente a la espera de algo.

Una llamada, un examen, una cita, una respuesta, una felicitación, una pareja, un trabajo, las navidades, un resultado académico, el verano, un juicio, un email, un viaje. Fechas, fechas, fechas, fechas, fechas. Fechas definidas, fechas inconclusas, fechas en las que se basa nuestro día a día. Siempre perdiendo el presente, dejando escapar entre los dedos las pequeñas volutas de alegría que nos acompañan permanentemente y que nos obcecamos en ignorar.

Y ya no solo se trata de las novedades físicas, interpersonales o mentales, sino de la propia capacidad objetiva de apreciar cada día con su contenido porque sí. Con ese desayuno de siempre, esos deberes de siempre, ese aprendizaje, esa serie, esa sonrisa, ese recuerdo, ese desorden, ese mensaje, esa llamada telefónica, esos amigos, esa música de siempre.

Una mudanza, una televisión nueva, una ruptura, un coche, un hijo, una factura, el fin de semana, un nuevo capítulo, un reencuentro, un puñetero saludo por el whatsapp. Horas, días, semanas, meses ansiosos, determinados por aquello que nubla nuestra mente a cada momento, para luego ser sustituido por otro capricho, antojo, objetivo, resultado… Llamadlo como queráis.

Querida paciencia, perdónanos por haberte dejado atrás en este mundo necesitado de la máxima velocidad para sentirse vivo, chocándose continuamente con mil y una decepciones ocultas (aunque tristemente predecibles) en este letargo traicionero, insensato e inmaduro, orgulloso de su actividad frenética y pecador de las pequeñas dichas abandonadas por el camino.

En resumidas cuentas…

¡¡¡Que dejéis de esperar, coño, que se os va la vida!!!

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Cual casa de putas

Relato ficticio. Autora: María González Amarillo.

Circe se mira al espejo. No se reconoce. Un rostro demacrado, machacado, reventado por el roce. Como si sus más terribles miedos estuvieran intentando salir a través de las mejillas, minando en su furia la piel, marcándola, rasgándola, enrojeciéndola. Unos ojos tristes y ensombrecidos color miel forman parte de este tenebroso cuadro, de esta nariz desconocida, de estos labios medio arrancados, de estos pómulos cuyas marcas no son las típicas de la almohada. Preciosa Circe, ¿qué te has hecho?

Una alegre noche, ¿eh? Una maravillosa velada truncada por los objetos de deseo. Te sentías bella, imponente, fabulosa. Nada podía contigo, arrasabas a tu paso. Tus ojos brillaban e invitaban al placer, tus labios relucían con su intenso carmín, tu amplia sonrisa cautivaba a todo el que se encontrara alrededor y tus movimientos de caderas se sabían perseguidos por miles de miradas.

Y volviste a cometer el mismo error. La piedra de siempre está a punto de desaparecer en forma de gravilla de tanto tropezarte, bonita. Te divertiste con uno, con otro, un tercero, otro más. ¿Dónde está tu límite? Bueno, aún así, no dejaba de ser una situación agradable, incluso cariñosa. Bailar, prestar besos, repartir amor por todo el espacio…

Hasta que le metiste en tu casa. Ya sabías por el camino que no era buena idea. ¡Ay, linda y joven Circe! Te dejaste llevar demasiado. Rebasaste la línea. Y solo tú tienes toda la culpa. Por suerte, solo te insistió un poco para que le hicieras una felación. Te negaste, por supuesto, ¡aquello era demasiado! Él te presionó un poco más. Empezaste a llorar. Eso no se lo esperaba. Te acordaste de que no era la primera vez que te sucedía. Hacía ya tanto tiempo, que se te había olvidado el asco que te daba ese tipo de situación. Te acordaste de todas las veces anteriores y te insultaste.

Pero, sobre todo, te acordaste de él. Del protagonista de tus sueños. Del que realmente se preocupa y vela por ti. Del que siempre te acuerdas cuando te sientes mal a raíz de cada uno de esos malditos polvos innecesarios. Del dueño de tu corazón y la melodía que impregna todo tu cuerpo de su ser.

Y, aún así, dejaste que aquel impostor te penetrara, en vez de echarlo inmediatamente de tu territorio, de tu único mini-cosmos personal. ¿No te gustó? Claro que sí, lo físico se disfruta por naturaleza. Mas, en realidad, lo que más ansiabas era que se acabara ya. Al menos, se había puesto un condón, no todos lo habían hecho. Tampoco le habrías dejado… ¿verdad, Circe? Mira, otro golpe de suerte: acabó rápido. Te alegraste enormemente por la existencia de la eyaculación precoz.

Entonces, tal cual se separó, te dijo: “bueno, guapa, pues lo siento pero me voy a tener que ir”. Hasta ese momento ni te habías planteado el querer que permaneciera contigo. De hecho, era lo último que deseabas pero, en cuanto soltó aquella blasfemia, como si tú le hubieras suplicado que se quedara, te jodió. Porque le había faltado tiempo para huir, para quitarse de en medio. ¿Para qué dar ni medio abrazo cuando ya se ha descargado el material?

Y en cinco minutos y dos besos, cerraste la puerta. Para no volver a verlo nunca más. Para sumirte en las tormentosas profundidades de la inconsciencia y la inmadurez. Para recordarte lo imbécil que has sido, en resumidas cuentas.

Sucia. Te sientes sucia. Corres a la ducha, te frotas hasta hacerte daño incluso, y no te importa porque te lo mereces por haberte faltado el respeto a ti misma una vez más. Vuelves a tu habitáculo contaminado de su esencia y ni miras las sábanas corrompidas mientras las arrancas para cambiarlas y romper todo lazo mental. Por fin puedes tumbarte tranquila. Respirar hondo, reflexionar, prometerte una vez más un “basta”, un “nunca más”, un intento por preservar la propia dignidad que se te había escapado en escasos minutos.

Y así fue como la hermosa e inocente Circe erró de nuevo. Volvió a permitir que usurparan su intimidad bajo los efectos del encanto y del alcohol. Y el intruso indebidamente invitado, tal y como había venido, se había ido de su pequeña madriguera, sin mirar atrás, sin procurar honrar su integridad manchada ni su humilde morada. Cual casa de putas.

Miss Representation

Este curioso juego de palabras es el que da nombre a una producción singular centrada en las mujeres pero para todos los públicos, digna de ver y difundir y de lo más propicia para reflexionar sobre el papel de la mujer en nuestra sociedad “contemporánea” y “democrática”. El título, acertadísimamente escogido, fusiona a una “Señorita Representación” con el hecho de falsear, distorsionar y/o tergiversar (verbo “misrepresent”).

Se trata de un documental que, a través de varias voces femeninas destacadas social, artística y públicamente, incluyendo también las palabras de algunos hombres, denuncia el trato global a la mujer y, en especial, el mediático. Testimonios sinceros, titulares machistas, verdades como puños, indignación, imágenes morbosas, etc, se entremezclan, dando lugar a una obra que no solo hace pensar al espectador sino que puede llegar a ponerle los pelos de punta. Una realidad camuflada, injusta, clandestina, como es la dificultad de hacerse un hueco como líder en este mundo si se pertenece al género “del sexo débil”.

Una lucha, la que debería ser de todos y no solo de las mujeres, contra los estereotipos, el culto al cuerpo, el sexismo. Una llamada, a su vez, a la colaboración entre nosotras, en lugar de contribuir a la competitividad, al escarnio, a ridiculizarnos, a hundirnos unas a otras, a enorgullecernos de que nuestro mayor atractivo sea el deseo sexual que suscitamos a los hombres. Aunque solo sea por nuestra dignidad. Por nosotras, por nuestras hijas y por las hijas de nuestras hijas.

Disponéis en este enlace del documental completo (cerrando antes los dos banners publicitarios que la web te plasma en las narices). Eso sí, está en inglés sin subtítulos, no lo he buscado con ellos, pero si os apañáis mínimamente os lo recomiendo de todas formas. Debo añadir que, unido al potencial del tema que se ha acometido con gran profesionalidad, las labores fuera de cámara también resultan fantásticas y aportan aún más calidad a este iluminador producto, destacando la banda sonora escogida (y la edición, y la post-producción, y…). A continuación y para terminar este post, el tráiler:

Patti Smith Group – Because the night belongs to lovers

Take me now baby here as I am
Hold me close, try and understand
Desire is hunger is the fire I breathe
Love is a banquet on which we feed

Come on now try and understand
The way I feel when I’m in your hands
Take my hand come undercover
They can’t hurt you now,
Can’t hurt you now, can’t hurt you now

Chorus
Because the night belongs to lovers
Because the night belongs to lust
Because the night belongs to lovers
Because the night belongs to us

Have I doubt when I’m alone
Love is a ring, the telephone
Love is an angel disguised as lust
Here in our bed until the morning comes
Come on now try and understand
The way I feel under your command
Take my hand as the sun descends
They can’t touch you now,
Can’t touch you now, can’t touch you now

Chorus

With love we sleep
With doubt the vicious circle
Turns and burns
Without you I cannot live
Forgive, the yearning burning
I believe it’s time, too real to feel
So touch me now, touch me now, touch me now

Chorus

Because tonight there are two lovers
If we believe in the night we trust
Because tonight there are two lovers
Because the night belongs to lust
Because the night belongs to lovers
Because the night belongs to us

Recuerdos

¿Quiénes somos, de dónde venimos y adónde vamos? Preguntas típicas, fundamentales para cualquier cerebro con inquietudes y lejanas de resolver. ¿Por qué aquí y ahora? ¿Por qué yo? ¿Por qué así?

En cuestión de dar una simple vuelta por las fotografías de tu vida, adviertes cambios. Situaciones, viajes. Personas que estuvieron, y ya no. Personas que siguen contigo. Personas que están por llegar. Personas que te gustaría conocer más. Montones y montones de personas que nunca conocerás. Personas que echarás de menos. Personas que desaparecerán. Personas que permanecerán.

Una evolución continua, no siempre hacia adelante. Imágenes de momentos. De hace una semana. De hace un mes. De hace un año. ¿Qué he hecho con mi vida? ¿Qué he sacado de provecho? ¿Dónde he tropezado? ¿En quién me he convertido?

Y, sobre todo… ¿Me preocupará dentro de un tiempo lo que hoy me preocupa? La respuesta es simple: No. Frustraciones que se habrán esfumado, que hoy son vitales pero mañana solo recuerdos. Memorias de una lucha eterna en busca del equilibrio emocional, que nunca llega, que viene y va, que llega un día supuestamente para quedarse pero vuelve a escapar.

Hay una cita que dice: “lo esencial es invisible a los ojos”. Y así es, vagamos ciegos día tras día. Esperando. Deseando, anhelando, ansiando. Siempre hay una fecha límite, un más allá, una meta. Y después otra. Y otra más. Fechas que nos marcan. No, que nos marcamos. Un examen, un viaje, una cita, un quiero-y-no-puedo, un lo-tengo-pero-me-falta-algo, un joder-qué-bien-me-va-todo-pero-aún-así…

Un algo que en un tiempo no importará en absoluto. Ni una carrera ni un trabajo ni un matrimonio ni unas facturas pagadas pondrán fronteras a este amor propio, a este auto-odio, a esta relación contigo mismo. A este inconformismo. A las barreras, a los objetivos de cada día, a los flechazos, a los caprichos.

Tú pones tu fecha. Y el mundo te crea un calendario infinito. De posibilidades, de triunfos, de fracasos. Pero todo, al menos, que sea para aprender algo. Para mirar las fotos de hace dos años y preguntarse: ¿qué ha pasado? Y reflexionar. E incluso sonreír. O, aunque sea, emocionarse.

Pensad. Activad neuronas. Que nunca se oxide el cerebro. Que no se apalanque, que no cese, que siga su curso. Que los respiros se repartan entre suspiros y sonrisas, entre risas y lágrimas, entre chistes y debates. Que perduren las aficiones, las pasiones, el alma. Que no se pierdan entre las obligaciones. Que cada cual alcance su propia pasión, la que siempre tuvo, y la que le acompañará hasta la muerte. Que la descubra, que la explote, que no la deje escapar.

Que desaparezca todo, libremente, como esa roca que se va erosionando con el azote del viento. Que se va quedando cada vez más delgada, más pura. Que, irremediablemente, se acabará encontrando a sí misma. Que explosione y se extinga todo, como las preocupaciones de hoy, a excepción de…

Los recuerdos. Y el brillo de los ojos.

Niñas que quieren ser mujeres; mujeres que quieren ser niñas

Una muchachita va en el metro. ¿Sola? Eso parece. Rondará los 11 años aproximadamente. Resulta algo extraño verla sin compañía ninguna, vagando por los derroteros subterráneos madrileños, muy a pesar de que estén abarrotados. Un rostro hermoso, mirada profunda, labios pronunciados y pose resuelta, segura de sí misma. Unos vaqueros y una camiseta normales y corrientes que aparentemente no incitan a la motivación sexual, pero se van advirtiendo las curvas.

Lo más significativo: su expresión. Sus ojos que parecen saberlo todo, su forma de observar el alrededor, como si no le importara nada pero a la vez fuera consciente de hasta lo más mínimo. Su pelo, cortado a lo Cleopatra. Una esencia de princesa, o más bien de reina, sabia y experimentada. Y su manera de levantarse del asiento, de moverse, de caminar, como si cada paso que diera ya fuera por terreno conocido.

Y, aún así, sigue siendo lo que es: una niña. ¿Dónde ha quedado ese aura juvenil de las casi-adolescentes? Crías que nacen con un pintalabios en vez de con Barbies, que crecen con revistas de moda en vez de con cuentos, que piden minifaldas por sus cumpleaños en vez de juguetes, que miran más el móvil que a las caras de sus padres; que, cuando te das cuenta, han tenido más condones en mano que bolígrafos.

Niñas que quieren crecer antes de tiempo. Niñas que quieren ser mujeres.

Y, mientras tanto, a solo dos asientos… Una mujer. No muy entrada en años, pero sus cuarenta no se los quita nadie. Con un vestido entre verdoso y marrón, como una especie de naturaleza muerta, de esperanza escasa, pero con la estructura de un cuerpo joven. Enseñando las lindezas justas y necesarias, ni más ni menos, idóneamente insinuantes y perfectamente envolventes. De una piel que comienza a marchitarse. Que deja ver venas, varices y cicatrices, que muestra unas ansias de recuperar lo que se fue, de mantenerse firme, de recuperar la belleza de un tacto terso y continuo.

No era para tanto el vestido, que aún favorecía a la señora aunque su delgadez incomodara a la vista, como el impacto que provocaba el conjunto de su cara y su peinado. Unos pómulos pronunciados, sonrosados como no los tiene ni un bebé, unos labios intensos acompañados de un rictus triste de resignación. La cabeza gacha, los ojos cabizbajos, sumidos en un mar de reflexiones personales. Y un cabello… recogido en dos coletas. Cual Pipi Langstrump de pelo rubio paja, un par de simpáticos mechones que claramente desencajaban en esta escena de desenlace tenebroso.

Mujeres que desean volver atrás. Mujeres que quieren ser niñas.

Cabe aclarar que cada cual puede ir por la vida total y absolutamente como le parezca, por supuestísimo, lo que también favorece el realizar un curioso estudio sociológico de por qué, cómo, dónde, en qué momento y con qué intención.

Niñas crecidas y mujeres aniñadas…

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Arte urbano

Probablemente ya haya hablado de alguna vez de la controversia existente en cuanto al término “arte”. ¿Qué se considera arte? Se podría decir que toda creación original (o derivada) que evoque ciertas emociones o reflexiones a raíz de un proceso normalmente limitado a las manos de unos pocos (en comparación con toda la población existente). O algo parecido pero bueno, no seré yo la que se ponga ahora a definirlo, sobre todo porque me parece un concepto de lo más subjetivo, así que os cuelgo a continuación una obra que a mí sí me parece digna de hacerse llamar “artística”.

Esto es un grafiti de alrededor de dos metros y medio encontrado en una pared cualquiera de Madrid. ¿Acaso no es para permanecer, aunque sea por un momento, observándolo?

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