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Niñas que quieren ser mujeres; mujeres que quieren ser niñas


Una muchachita va en el metro. ¿Sola? Eso parece. Rondará los 11 años aproximadamente. Resulta algo extraño verla sin compañía ninguna, vagando por los derroteros subterráneos madrileños, muy a pesar de que estén abarrotados. Un rostro hermoso, mirada profunda, labios pronunciados y pose resuelta, segura de sí misma. Unos vaqueros y una camiseta normales y corrientes que aparentemente no incitan a la motivación sexual, pero se van advirtiendo las curvas.

Lo más significativo: su expresión. Sus ojos que parecen saberlo todo, su forma de observar el alrededor, como si no le importara nada pero a la vez fuera consciente de hasta lo más mínimo. Su pelo, cortado a lo Cleopatra. Una esencia de princesa, o más bien de reina, sabia y experimentada. Y su manera de levantarse del asiento, de moverse, de caminar, como si cada paso que diera ya fuera por terreno conocido.

Y, aún así, sigue siendo lo que es: una niña. ¿Dónde ha quedado ese aura juvenil de las casi-adolescentes? Crías que nacen con un pintalabios en vez de con Barbies, que crecen con revistas de moda en vez de con cuentos, que piden minifaldas por sus cumpleaños en vez de juguetes, que miran más el móvil que a las caras de sus padres; que, cuando te das cuenta, han tenido más condones en mano que bolígrafos.

Niñas que quieren crecer antes de tiempo. Niñas que quieren ser mujeres.

Y, mientras tanto, a solo dos asientos… Una mujer. No muy entrada en años, pero sus cuarenta no se los quita nadie. Con un vestido entre verdoso y marrón, como una especie de naturaleza muerta, de esperanza escasa, pero con la estructura de un cuerpo joven. Enseñando las lindezas justas y necesarias, ni más ni menos, idóneamente insinuantes y perfectamente envolventes. De una piel que comienza a marchitarse. Que deja ver venas, varices y cicatrices, que muestra unas ansias de recuperar lo que se fue, de mantenerse firme, de recuperar la belleza de un tacto terso y continuo.

No era para tanto el vestido, que aún favorecía a la señora aunque su delgadez incomodara a la vista, como el impacto que provocaba el conjunto de su cara y su peinado. Unos pómulos pronunciados, sonrosados como no los tiene ni un bebé, unos labios intensos acompañados de un rictus triste de resignación. La cabeza gacha, los ojos cabizbajos, sumidos en un mar de reflexiones personales. Y un cabello… recogido en dos coletas. Cual Pipi Langstrump de pelo rubio paja, un par de simpáticos mechones que claramente desencajaban en esta escena de desenlace tenebroso.

Mujeres que desean volver atrás. Mujeres que quieren ser niñas.

Cabe aclarar que cada cual puede ir por la vida total y absolutamente como le parezca, por supuestísimo, lo que también favorece el realizar un curioso estudio sociológico de por qué, cómo, dónde, en qué momento y con qué intención.

Niñas crecidas y mujeres aniñadas…

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Categorías:Mundo, Neuras mentales, Pizcas
  1. Arsénico
    noviembre 13, 2011 en 12:12 pm

    Me ha gustado mucho tu artículo,María y además,refleja perfectamente las nuevas generaciones de niñas,que como bien has dicho,nacen ya “mujeres”.
    Cada cosa tiene su edad y cuando se quieran dar cuenta,mirarán al pasado con tristeza arrepentidas de no haber conocido nunca infancia alguna.
    Genial 😉

    • noviembre 13, 2011 en 12:33 pm

      Hola, Arsénico,

      Te agradezco mucho tu comentario y me alegro de que te haya gustado el post :). La verdad es que resulta un tema altamente peliagudo actualmente que no parece que vaya a mejor pero bueno, solo queda confiar en todos aquellos padres que sí den una educación adecuada para la edad de sus hijos, por mucho que les influyan las convenciones sociales.

      ¡Un saludo y feliz comienzo de semana!

      María.

  2. noviembre 13, 2011 en 11:38 pm

    Y esto se puede aplicar también a los hombres, sobre todo a aquellos que empiezan a tener cierta edad, y que no solo se visten como veinteañeros, sino que toman la molesta determinación de comportarse como tales.

    • noviembre 14, 2011 en 11:08 am

      Aunque no esté tan extendido, a mi parecer, como entre las mujeres, totalmente de acuerdo contigo :).

  3. noviembre 17, 2011 en 7:11 am

    ¡Una entrada genial! Justo ayer comentaba con un amigo mientras nos tomábamos algo que parece que en la vida siempre buscamos estar como no estamos en un cierto momento, nunca conformes con lo que tenemos, no tenemos capacidad de disfrutar del presente porque siempre hay algo que nos gusta más…Una lástima…

    • noviembre 17, 2011 en 2:11 pm

      Gracias, Vic :).

      Pues sí, es una auténtica pena no estar nunca contentos con las circunstancias. El género humano siempre haciendo méritos para auto-boicotearse a sí mismo U_U.

  1. junio 7, 2015 en 10:32 pm

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