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Archive for 30 diciembre 2011

Caminante, no hay camino; se hace camino al andar

He encontrado mi ejercicio predilecto. O, al menos, por el momento, mientras no salga nada mejor. Y consiste en caminar. No os equivoquéis, no se trata de los típicos paseos de viejas, sino de una marcha continua y bastante acelerada, pero sin correr. Tampoco concuerda con este tipo de atletismo que se basa en marchar bajo el requisito de tener en todo momento al menos uno de los pies tocando el suelo, ejercicio que debe de dejar los gemelos bastante partidos.

Pues eso, lo mío es el término medio. Así, a la vez que se hace notar cierto cansancio, prima la resistencia, permitiéndome estar una hora al máximo para llegar a casa y postrarme merecidamente en el sofá (no perdamos las buenas costumbres). Dicho sea de paso, os voy a colgar fotillos que he hecho en algunas de las caminatas.

Y me agrada mi recorrido escogido. Bajo el agradabilísimo sol (la imagen anterior y la última de este post fueron echadas en unas condiciones climáticas excepcionales para lo que está siendo la norma este invierno) que nos está acompañando por estas tierras andaluzas a pesar de las fechas en las que nos hallamos, circulo animadamente por toda la avenida Álvaro Domecq, la principal de Jerez de la Frontera, hasta llegar al centro, donde atravieso la Calle Larga, plagada de tiendas y de gente, y bordeo el Alcázar y la catedral para, en un par de giros por calles más estrechas, volver a enfrentar la Avenida de vuelta a casa.

Un factor muy importante del que no me había percatado a la hora de decidir caminar a diario se basa en el espacio mental que me cede para tanto relajarme como para pensar. Nada más poner un pie fuera de casa, la mente ya está en funcionamiento, espontánea y locuaz, deseosa de expandirse a sus anchas. Ahí está la mayor dicha psicológica de esta actividad: dejar correr los pensamientos, los cuales vagan por senderos en los que en ningún otro momento del día les da por inmiscuirse.

Imaginaciones, recuerdos, fantasías, anécdotas pasadas que se suceden a la velocidad de la luz y que surgen prácticamente de la nada en ocasiones, mientras que otras veces parten de algún aspecto advertido a mi alrededor o, por último y más a menudo, son catapultados automática e inesperadamente desde otro tema, enlazando eternamente a su vez con muchos otros, sin que la razón tenga voz ni voto para decidir el curso de los acontecimientos neuronales.

Haciendo el camino, divagando, notando la respiración, sintiendo la música en los oídos, incluso observando sin ver a veces a la gente que pasa, soltando miradas despistadas hacia el alrededor con el único objetivo plenamente consciente de no tropezar. Solo existo yo, y mi iPod, que cada vez pasa más a un segundo plano, a un compañero de fondo.

Ensoñaciones, miedos, aventuras, traumas… Arremetiendo contra mi cerebro con mayor fuerza que nunca, llegando a manifestarse hasta en el plano exterior, en el mundo físico, en forma de sonrisas o ceños fruncidos, en forma de carcajadas o… por una vez… lágrimas. Lágrimas furtivas e irrefrenables que me obligaron a sentarme para reflexionar, para asumir, para volver a encontrarme con alguien que fui, rememorar la sensación de tener algo pendiente y enfrentarlo de una vez por todas. Y gritar a los cuatro vientos en silencio los minúsculos y molestos restos de putrefacción que quedaban en mi interior.

Para, agotados los lacrimales, volver a ponerme en pie, y seguir luchando por el equilibrio emocional.

Sí… Me gusta caminar conmigo misma.

Todo pasa y todo queda,
pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
caminos sobre la mar.

Nunca perseguí la gloria,
ni dejar en la memoria
de los hombres mi canción;
yo amo los mundos sutiles,
ingrávidos y gentiles,
como pompas de jabón.

Me gusta verlos pintarse
de sol y grana, volar
bajo el cielo azul, temblar
súbitamente y quebrarse.

Nunca perseguí la gloria...

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.

Al andar se hace camino
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.

Caminante no hay camino
sino estelas en la mar...

Hace algún tiempo en ese lugar
donde hoy los bosques se visten de espinos
se oyó la voz de un poeta gritar:
«Caminante no hay camino,
se hace camino al andar...»
golpe a golpe, verso a verso...

Murió el poeta lejos del hogar.
Le cubre el polvo de un país vecino.
Al alejarse le vieron llorar.
«Caminante no hay camino,
se hace camino al andar...»
golpe a golpe, verso a verso...

Cuando el jilguero no puede cantar,
cuando el poeta es un peregrino,
cuando de nada nos sirve rezar.
«Caminante no hay camino,
se hace camino al andar...»
golpe a golpe, verso a verso.

El éxito de los videoclips musicales “sexuales”

Supongo que muchos os habréis preguntado qué tienen ciertas canciones y, sobre todo, sus videoclips, como para atraer tanta atención y conseguir la amplísima difusión online de la que gozan. Canciones del tipo…

Es decir, animadas, rítmicas, y bastante similares entre unas y otras, partiendo siempre de los mismos patrones. Todo cuerpo, giros, caderas, figuras sinuosas y caras bonitas. ¿Por qué esta superficialidad que nos desboca y, aunque no nos encante la melodía, nos hace quedarnos ansiosos, expectantes, como con ganas de más, una y otra vez ante las mismas imágenes?

Porque el morbo nos engancha. El significado de esas letras, el sentido sexual de las relaciones entre los personajes de esos vídeos, su belleza física anhelada por todos, su poder de seducción, su mundo en el que los sueños se ven fácilmente cumplidos a través de bailes, miradas y sonrisas. Sus cuerpos perfectos, sus universos maravillosos.

El placer, el triunfo, el éxito, la alegría, la euforia contagiosa. Y, en otras ocasiones, como podéis comprobar en la siguiente canción (muy de moda actualmente): la cercanía, la pura ambición, la manifestación del deseo cuasi-concedido, junto con el ansia de considerarlo posible y tangible… Tenerlo ahí mismo dejándote con la miel en los labios, básicamente.

Mil y un factores tanto conscientes como subconscientes (en determinados casos altamente favorecidos por las edades tempranas y la condición del género femenino) que se funden con la inteligencia de ellos, los dueños de tantas provocaciones totalmente intencionadas, y sus simpáticas artimañas, con las que nos tientan estratégicamente, sabiendo perfectamente por dónde cogernos y llevarnos.

Ante la duda, obsérvese al público de este muchacho brasileño en el vídeo, cuya canción Ai se eu te pego ha alcanzado la fama mundial, favorecido (todo hay que decirlo) por el baile que hicieron los futbolistas Marcelo y Cristiano Ronaldo celebrando un gol. Por cierto, acabo de comprobar que Michael Teló tiene 30 años. ¡Quién lo diría!

Así pues, crea un producto sencillo, sexy y con una coreografía semi-erótica y el éxito está asegurado. Y si no hay baile, no importa: con un rostro atractivo y una letra mínimamente parecida a una declaración de amor (o de deseo), suficiente.

Próximamente, en relación con este tema: breve análisis de los anuncios de colonias y perfumes.

Los hombres son muy complicados (II)

Tras Los hombres son muy complicados (I), aquí viene la segunda parte que, como ya aclaré en el post anterior, se halla ligeramente más dirigida hacia la parte erótico-festiva de las relaciones (eufemismo para “complicaciones”) con los hombres de hoy en día. Repito que desde el respeto y tanto experiencias propias como ajenas y, sobre todo, con plena conciencia de que las mujeres somos perfectamente equiparables en cuanto a las movidas interpersonales. No obstante, estos posts se han creado para hablar de ellos y no de ellas. Allá vamos:

  • Adulaciones continuas, piropos, halagos, fantasías sexuales y sucedáneos que te dedican continuamente vía red social para luego comportarse como si nada en persona, dejándote sin saber si pensar en que son unos auténticos fantasmas, viven de pajas mentales (o reales) o qué.
  • “Uau, sí que has mejorado con el tiempo”. ¡Ah! ¿Ahora sí te intereso y antes ni me mirabas a la cara? Así no se empieza. Así, no.
  • Sujetos que se sienten acosados y se asustan en cuanto les dices un par de cosas (en ocasiones, exclusivamente por Internet). Bienvenidos al siglo XXI y a la liberación de la mujer, cromañones. Para las pocas que deciden tomar la iniciativa, no os acojonéis, por favor.
  • De esto que se te acerca un ser (dejemos de lado sus características físicas) nada más cruzar tú los pies por la puerta de una discoteca y ya coloca su mano en tu cintura, a lo que le pides de lo más educadamente que la retire. Su respuesta: “qué hijas de puta que sois todas”. Delicadeza a la orden del día.
  • “Tengo novio… Oye, que tengo novio… Perdona, ¿te he dicho que tengo novio, pesado de mierda?”. Y luego nosotras somos las desagradables y las bordes. Un poco de respeto al resto de vuestros congéneres.
  • Esos esfuerzos sobrehumanos por camelar a la víctima elegida con el único objetivo de echar un polvo… A ver: menos trámites. La que quiera, lo sabrá desde el principio; la que no, también.
  • Innombrables, por no soltar una burrada, que son conscientes de que portan algún que otro bicho (pasajero, no nos metamos en el VIH, que son palabras mayores) y que te prometen y perjuran que no tienen nada, ya llevando cierto tiempo de relación con ellos. Menuda la cara que se te queda cuando te lo pasan.
  • A las mujeres NO nos gustan los miembros viriles enormes. Habrá a las que sí pero, en términos generales, no es santo de nuestra devoción. La explicación es sencilla: duele. Y, en ocasiones, no cabe. Quitaros esta idea de la cabeza.
  • Erecciones que se reducen al tamaño de un cacahuete en cuanto ven, o siquiera escuchan la palabra, condón. Señores, ya va siendo hora de tomarlo como un componente fundamental del acto sexual.
  • Para terminar, un poco de cultura general: un vibrador es un instrumento dedicado al libre y voluntario placer íntimo de las mujeres para explorarse a sí mismas y contribuir a la independencia sexual. No los adquirimos por “no sentirnos lo suficientemente satisfechas con los hombres”. Los que penséis esto, madurad o morid.

Los hombres son muy complicados (I)

¡Muy buenas! Hoy, 23 de diciembre de 2011, he venido a desmitificar la famosa frase, aceptada ya en la sociedad prácticamente como un dicho, que dice: “las mujeres son muy complicadas.” ¡Y no lo voy a negar! Matizaría más de un aspecto de tal afirmación pero no he venido a defender al género femenino, del que sé perfectamente que también tenemos lo nuestro, sino a poner de manifiesto que tratar con los hombres tampoco es moco de pavo.

Desde el más profundo respeto hacia la población masculina y la experiencia que me ha ido dando tanto mi vida como vidas ajenas, vidas de amigas y de desconocidas, vidas de mujeres en general, aquí os cedo una pequeña parte del pensamiento que creo que habrá rondado por muchos de nuestros “complicados” cerebros en cuanto al comportamiento de estos “simples” seres (véase la ironía).

He de confesar que me ha salido un post tan largo que me he visto obligada a dividirlo en dos, que sé que ver demasiada letra cansa. Por ello, a continuación tenéis Los hombres son muy complicados (I) y en el siguiente post está Los hombres son muy complicados (II), algo más enfocado a la parte erótico-festiva del asunto. Comencemos, pues, con los casos:

  • Esa decisión de ignorarte brutalmente por un periodo superior a tres días esperando a que vayas tú a por ellos cuando ya lo has hecho repetidas veces anteriormente, para luego pretender, ante tu pasividad mezclada con la indignación, volver a por ti y que les hagas caso. Eso sí, antes de ignorarte, te dejan de recuerdo su cepillo de dientes en el baño. Y una toalla.
  • Esos saludos que te llegan virtualmente cada dos o tres meses cuando ya está toda relación más que perdida para recordarte la existencia del elemento que los escribe y con la intención de… aún no se sabe.
  • Enamoramientos instantáneos. Nada más verte. Declaraciones de amor sin palabras (o, peor, con ellas). Joder, así no se empieza, sobre todo si no estás completamente seguro de que es recíproco. Los flechazos existen pero lo suyo es que tengan lugar en pareja, no sólo en tu cabeza. Otra variante son los que viven permanentemente en un cuento de hadas. Algunos siguen vírgenes.
  • Intentos de dejar la relación como una amistad. Mmm… Sobre todo si no empezasteis como tal, complicado. Y no, no apetece contar las intimidades (ni saber las vuestras), para eso ya tenemos a nuestros propios amigos.
  • Hombres que cortan contigo porque se sienten agobiados, necesitan su propio espacio y quieren acabar de una vez con tus “niñerías”. Y a los que te encuentras poco después de la mano de una menor de edad. Y no necesariamente de 17.
  • “No es por ti, es por mí, no te merezco, tú necesitas a alguien mejor”. Más visto que el tebeo. Dejad de mentir. Decidnos que no nos queréis y punto.
  • Imposición desarrollada por sus propias mentes de que mejor acabar con la relación, derivando en arrepentimiento y en el consecuente anhelo de volver al estado anterior (esto puede suceder tanto en unas semanas como varios meses después). En cualquier caso, demasiado tarde. “No se sabe lo que se tiene hasta que se pierde”. Más certera la cita, imposible.
  • Individuos que te prometen cielo y tierra, mares y océanos, atardeceres y puestas de sol, pétalos y flautas. Y que desaparecen a la tercera cita. Esto es un mierda en toda regla.
  • Celos “no por ti, sino hacia los demás”. A esto se le puede añadir comentarios del tipo “qué corta esa falda, ¿no?”. Qué más puedo decir de este tema sin insultar…
  • Personajes que invierten en las primeras citas unas cantidades ingentes de dinero creando atmósferas maravillosas de príncipes azules y princesas. Para huir en cuanto menos te lo esperas. ¿Inseguridad, derroche, aburrimiento, hijoputez…?

Prosigan con Los hombres son muy complicados (II) aquí.

Shotta – Dibujo Libre (con Barrabás)

Un poco de rap a horas tempranas para la falta de sueño.

Sé que yo no voy a ser quien limpie to
los mosqueos son pa tí yo estoy en otro escalafón
y sí…harto de hardcores como estoy
y mucho porro es lo que veo te enseño a ser un bboy a tí

fenómeno no menos vocación
senderos de gloria en cada concierto el nacimiento del sol
sí la libertad se te va en tu salón
en tu sofá cuando un comentario destroza la situación

tu y yo somos iguales, ey!
hablo con animales, ey!
me enseña a ser amable, ey!
hachas, cuchillos, sables…
existen días tan duros que no hay quien los asimile
y me siento defendiendo a mi casa contra misiles

entonces es cuando salen fuera
la ansiedad y la verdad
a martillazos filosóficos de Khan voy a entrar al tímpano
tengo una cachimba en la espalda que hace de oxígeno
y llevo un orco en la mochila, bruja tú dirígenos

si van a pintar el muro treinta mil veces más
¿pa que lo quieres limpiar?
graffiti en la fachá le da
el contraste necesario para ser imperial
como un luchador romano
soy más incendiario que Alejandro Magno

me siento un quinceañero coño estoy empalmao
liando un polen que lo fumas, vuela y sube al tejao
saluda al aguila (hola!)
mira tu lápida (mola!)
antes de haber estao delante un micro habértelo pensao

sabes o no
aquí son dos
el loco y yo
al filo del Nilo
encontré mi estilo y lo saqué del montón
depilo con líquido ácido al ton- to
se le cae la baba en vilo
cuando ve que en frases somos sus gigolós

que me pongan las esposas
como a DJ *******. les digo yo
no quedan lágrimas en el mar de mis pupilas
mis derechos de autor son
donación del señor
con toa la bendición que se merece un fucking ganador

Yo sé que no vas a ser quien limpie to
los marrones son pa mí
yo estoy en otra dimensión
y sí…
falto de intenciones de bboy
mucho cerdo es lo que veo bailando como Liroy
y sí…

comprémonos el disco de este Don
por su trayectoria en cada rapeo es el hijo puta mayor, yo
la calidad se queda en intención
a la mitad cuando en Navidad
te aplasta la habitación

tu y yo somos iguales, ey!
hablo con las deidades, ey!
pasé por las edades, ey!
también pensé maldades
existen noches largas llenas de maderos
me siento defendiendo mi barca de sus torpedos

entonces es cuando sale (fuera!) el Señor Barrabás
a puñetazos y patadas
al final voy a entrar en la Picasso
llevas en la parte de atrás un loco descalzo
gritándote madero cabrón…no le hagas ni caso

si voy a entrar al garito treinta mil veces más
¿pa qué me quieres echar?
el Loco a tu sala le da
el ambiente necesario pa que puedan trotar potras
como en un establo
soy más malicioso que tu amigo Pablo

me siento un puto viejo coño estoy to cansao
fumo una yerba que asesinamente deja tripao
pregunta práctica hola
soy una máquina Roland
¿querias beef con nosotros?
somos pesos pesaos

sabes o no?
aquí son dos
el Shotta y yo
pendiendo de un hilo
más de cien kilos
de carnaza cabrón
afeito con napalm como en Saigón
tos ahora quieren formar grupos
cuando ven que en frases somos sus putos

¿qué te corte la cabeza como Dorian Grey? le digo yo
no quedan vaginas vírgenes en mi vida
mi intención de mayor era vivir como yo
es una maldición pero da igual me guía mi mentor

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Decisiones versus “destino”

¿Hasta qué punto exactamente eres tú el que decide el camino a seguir o son las circunstancias las que te llevan a ello? ¿Dónde se cruza la línea entre un sendero deliberadamente escogido y una opción hacia la que realmente no tienes más remedio que dirigirte? En resumidas cuentas, ¿cuándo sientes la seguridad de que eres dueño de tus decisiones o resulta que el “destino” te las ha impuesto?

Pongo destino entre comillas porque no soy precisamente de creer que el futuro está escrito ni nada parecido, aunque sí apoyo el argumento de que las cosas pasan porque tienen que pasar: en esos momentos, en esas circunstancias, en esos lugares y con esas personas, sin tener que acudir al ansia por que hubiera sucedido antes, después, nunca o fuera perdurable en el tiempo. Necesidad que, evidentemente, es bastante complicada de asumir mentalmente a veces si perteneces al género humano pero bueno, un objetivo más en esta búsqueda eterna de la felicidad, ¿no?

Pongamos un sencillo y actual ejemplo, motivado por la crisis económica mundial que nos envuelve. Al parecer, un considerable porcentaje de la población ha retomado los estudios que dejara hace años para introducirse de lleno en el mercado laboral, puesto que hoy en día no disponen de un trabajo ni de esperanzas de aspirar a él hasta que se pase un poco el percal que sufrimos. Y hasta que esto suceda, les da tiempo a sacarse el graduado escolar, una carrera o quizá incluso ambas.

Los que ya han pasado por la universidad tampoco gozan de mayor suerte. Los más afortunados ejercen como becarios cobrando unas cantidades que apenas les cubren un alquiler medio-bajo, si es que cobran algo, mientras que los demás ni eso, por lo que se ven catapultados a plantearse un máster o algún tipo de estudio superior, también si se cuenta con los suficientes fajos de billetes para destinarlos a ello, claro.

De lo contrario, a buscar dónde caerse muerto y explotado en algo que no tenga absolutamente nada que ver con lo que has estudiado. Por matar el tiempo y sentirse activo, básicamente, en nuestra naturaleza anhelante por desempeñar algún tipo de ocupación, por no permanecer ocioso más de lo justo y necesario, por mucho que se le atribuya la vagueza al carácter español, visión tan errónea como ignorante.

Nos han enseñado que al que consigue trabajar en lo que desea le ha tocado la lotería. Nos han obligado a considerar que nuestro esfuerzo y tiempo no vale ni para pipas. Nos han inculcado que este es el momento idóneo para aprender más, para irse al extranjero, para embarcarse en nuevos proyectos, para recuperar viejas ambiciones y cuentas pendientes académicas.

Pero no lo hemos pedido. No ha habido elección. Y hay personas que se lo toman de una manera, y otras de forma muy distinta, teniendo en cuenta a su vez sus condiciones. Ya no hablamos exclusivamente del recién licenciado sumido en un vacío profesional, sino del digno ciudadano que ronda los 50, que lleva toda la vida sirviendo fielmente a una empresa y al que aún le quedan años en los que alimentar unas cuantas bocas. Despedido.

Probablemente sea el momento idóneo para probar otros derroteros. Pero de ahí a pensar que los elegimos por propia voluntad se abre una ancha zanja de auto-convencimiento y resignación, tan fácil y alegremente pasable para unos como insoportable, humillante e indignante para otros.

Hasta que se hacen méritos por tocarnos la fibra, perjudicándonos a todos, y vuelves a intentar reflexionar sobre el mecanismo globalizador establecido del que parece imposible escapar. ¿Nosotros decidimos? Tocar la sanidad y la educación de este país ha puesto la guinda al pastel.

Sin embargo, el verdadero problema son los sucesivos tartazos que esperan a estas medidas no tomadas por los que se supone que escogemos libremente el sistema, los ciudadanos. Inmensas vestiduras engalanadas que van a provocar una subida de azúcar general que ríanse los diabéticos. Pero, por favor, a quién se le ocurre, cualquier cosa menos la salud y la educación…

Y lo peor es que la lacra de este mundo sigue siendo la misma de siempre: el dinero.

Primera despedida

Quiero inmortalizar este momento. Quiero plasmarlo, aunque duela, porque precisamente es cuando más necesidad tengo de soltarlo, comunicarlo, expandirlo al universo y que se reparta y solidarice con otros tantos millones de almas que se hallen en una situación parecida.

Me quedan 10 días en Madrid. 10 días. 240 horas (aprox). 14.400 minutos. Y los segundos ya dan igual. Las circunstancias (laborales, cómo no) me obligan a abandonar esta ciudad, mi segunda casa después de Jerez, aunque a este paso habría llegado a convertirse en la primera. Pero no. Tras unos cuatro años y medio deambulando por la capital, toca retirarse. Bueno, en realidad el periodo de la carrera se corresponde más con la localidad de Villaviciosa de Odón, por lo que buena parte de mi cariño proviene de los últimos cinco meses vividos, experimentados y explotados en pleno centro madrileño.

Pero, ¿qué ocurre? Pues que no se puede, o no creo que se deba, estar pagando un alquiler una vez finalice la ocupación que se esté acometiendo (y no haya salido nada en tres meses de envío del CV, dicho sea de paso). Mi prórroga ha tocado fondo, no hay de dónde sacar provecho por aquí, así que vuelta al nido y a buscar otras opciones, a ser posible fuera de este país.

Por tanto, remitiéndonos al título de este post, que para algo lo he elegido, se abren unos días de reflexión. Unos días de recuerdos, de planes, de confesiones, de maletas, de lágrimas, de risas. Y de despedidas. Esta noche, tan solo hace un par de horas, pasé por la primera y… Joder, qué mal. En el momento no era consciente, no pensaba que no volvería a ver en bastante tiempo, a mirar a los ojos, a escuchar presencialmente a esta bella personita, cuyos ojos se han humedecido durante el instante anterior al último abrazo. Me ha pillado por sorpresa. Me sentía casi insensible porque a mí no me saliera absolutamente nada de los lacrimales.

Sin embargo, tras El Intermedio y el capítulo (bastante deprimente hoy) de Cuéntame, mi pecho se ha tomado la revancha y ha empezado a hundirse repentina y profundamente. Maldito seas, a buena hora, justo antes de dormir. Lo incómodo es que no puedo llorar. Me apetece, bastante, pero no me salen las lágrimas.

No quiero pensar en el último adiós…

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