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London life


Visto lo visto, es decir, 17 días consecutivos sin publicar nada, he llegado a la conclusión de que no sería mala idea pasarme un poco al plano visual (sí, señores, ¡fotitos!) para ir plasmando mis experiencias en mi nueva aventura, distinta de cualquier otra vivida anteriormente. Nada como unas prácticas laborales en una ciudad como Londres para despertarte los sentidos un poco más en este nuestro gran mundo y en este mi pequeño universo interior. Con sus ventajas y sus inconvenientes, por supuesto. Comencemos, pues.

Así es como me recibió la capital británica un 12 de febrero de 2012, cargando con una maleta de 21 kilos (maldito kilo de más) y otra de 9.8 aproximadamente. Un bellísimo manto blanco que cubría los campos, dándole a mi llegada un toque mágico y encantador.

A excepción de en los 3 trasbordos que hice, claro, durante los cuales la realidad me devolvió brutalmente a la pesadez de mis 30 kilos a cuestas.

Mis fieles seguidores sabrán, y los que no os enteraréis ahora mismo, que los medios de transporte siempre me parecen unos espacios de lo más interesantes en el plano sociológico. Cada día te pueden sorprender o llamar la atención con algo. Como el siguiente anuncio que exponía una de las paredes del tren que cojo actualmente a diario:

Exacto. Beauty is with thin. Llamadme malpensada pero… Oiga, ¿no está incitando a los pasajeros en cierto modo a la anorexia? Pensadlo, pensadlo. A mí se me vino a la cabeza en cero coma, lo relacioné a la velocidad de la luz, demasiado rápido quizá. Probablemente influya la fusión de mi propia condición femenina y psicología personal a la hora de percatarme de este tipo de mensajes, digamos, no ocultos, porque no afirmo que vaya realmente intrínseco en la intención publicitaria pero vamos, tal y como están los cerebros de las niñas de hoy en día… En fin, continuemos, no obstante, con el susodicho tren, ahora mostrando una visión algo más genérica de su composición.

No tiene nada de particular, la verdad. Pero que a mí al volver hoy para casa un completo desconocido me haya dejado pasar con un caballeroso gesto de la mano y un “ladies” pronunciado con una sonrisa pletórica, además de haberme deseado poco después (habiendo salido y todo del tren y adelantándome tras varios minutos yendo yo totalmente ya a mi bola) un “have a good evening” girándose hacia mí y sin venir a cuento, pues qué queréis que os diga, me da la confianza en el género humano que me falta desde hace años.

Sin embargo, este tipo de situaciones no dejan de formar parte de la cara bonita de los medios de transporte porque, si alguien quiere estresarse, le recomiendo elegir como primera opción el meterse en el metro de Londres con prisas. Una cantidad de gente por todos lados de todas las razas, una mezcolanza cultural… que no sé ni cómo no se estampa contra sí misma más a menudo del torrente incombustible que provoca, cubriendo cada vía, cada pasillo, cada recodo, cada centímetro de cada uno de los vagones.

London Bridge es mi querida parada, en la que me cambio al tren del que ya os he hablado y que me lleva a mi lugar de trabajo. A ver si un día de estos salgo de ella hacia el exterior a contemplar realmente el London Bridge en vez de continuar sumida bajo tierra.

Esta mañana había tantísima gente que cortaron uno de los accesos, obligándonos a dar una buena vuelta a los que queríamos acceder a los trenes y descolocándome por completo al pensar por un momento que no estaban disponibles. La semana que viene pruebo los autobuses y hago balance sobre en qué resulta menos agobiante viajar. Total, creo que me tardarán más o menos lo mismo entre un trasbordo y otro, puesto que parece imposible encontrar un recorrido directo, así que lo comprobaré más pronto que tarde, y más con la tromba humana de esta mañana. Aish, esos autobuses rojitos y altísimos… ¡Ya caerán más fotos! De todas formas, ya me he montado en uno y sí, son muy cucos, pero como no te agarres con las dos manos acabas rodando por las escaleras.

Y nada más por hoy. Hala, por fin he empezado a escribir desde aquí, así que esto no tiene vuelta atrás, ¡he arrancado! Tras una semana y media de locura absoluta entre asimilar la situación, superar el pánico inicial y aclararme en el tema de la vivienda (que no estaba del todo estipulado, lo cual no te suele permitir mucha tranquilidad), he logrado la estabilidad necesaria para sentarme a escribir. Eso solo puede significar que… ¡comienzo a adaptarme!

Bueno, y por otra parte, os enseñaré próximamente el Large Capuccino que me ha desvelado por completo de mi sueño esta noche (son las 2:15 y me levanto a las 7, y sigo con unos ojos de búho que pa qué). Agradecedle también a él este post.

¡Buenas noches desde London City!

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Categorías:London's calling, Pizcas
  1. Aún no hay comentarios.
  1. febrero 25, 2012 en 12:05 am
  2. marzo 3, 2012 en 4:12 pm

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