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Los desayunos británicos: patada en los cojones a la dieta mediterránea


Esto será Londres pero hay ciertas cosas que no cambian. Esas costumbres tan españolas, como el volver a casa a las tantas de la mañana por las circunstancias que sean. Está en nuestro carácter, nos entretenemos fácilmente. Hablando con gente que nos encontremos por el camino, o al comienzo de la noche, o en medio de ella…

En mi caso, este fin de semana la cosa consistió más bien en pasarme mi parada de autobús por ir sobada (encima de que apenas había bebido) y acabar a tomar por saco con un frío de infarto (he aquí el motivo de mi actual resfriado, por cierto). De esto que abres los ojos en el autobús, en el que te has colocado en primera fila del segundo piso, que para eso son rojitos, londinenses y enormes, y piensas con los ojos medio cerrados: “oh, no… ¿en serio estoy viendo el puto amanecer?”.

Vuelta para atrás desde el fin del mundo (alias Bexleyheath). Llegada por fin a Lewisham. Lo mejor se hacía esperar: esos 15 minutos caminando desde la parada hasta el dulce hogar. Escondes la cara como puedes tras la bufanda hasta que te das cuenta de que da exactamente igual; el proceso de congelación por todo el cuerpo es inminente. Agradeces que no haya casi nadie por la calle para murmurar/maldecir tranquilamente. “Puto frío, puto viento, putas medias, maldito país de los…”.

Entonces, miras hacia adelante, incluso hacia arriba. El paisaje te impacta (nada que ver con el suelo del que has retirado la mirada, claro), hasta te hace pararte. Y te dices a ti misma: “bueno, no está tan mal”.

Y cuando una mañana cualquiera de estas te da por meterte en algún sitio para desayunar, ¡ya puedes tener hambre! Como fue el caso algún fin de semana más atrás. Entro en un bar y me encuentro de cara un maravilloso cartel con unos Breakfast que iban desde el número 1 hasta el 7. Entre habichuelillas, salchichas, huevos, tostadas, café, etc, decido pedirme el 1, atemorizada ante tal explosión estomacal. No íbamos a empezar muy fuerte, que mi cuerpo tampoco estaba para trotes con el mes y pico que llevo de excesos. Pues esto me pusieron:

Tal y como he puesto en el título de este post: patada en los cojones a la dieta mediterránea. Mira que me lo esperaba, pero verlo en directo es otro tema, os lo puedo asegurar, y mira que se trataba del pack más simple. ¡No pasa nada! Estaba bueno, la verdad, incluso el café. Aunque no para tomarlo a diario, desde luego, qué locura, no comí casi nada más durante el resto del día. Ahí estaba yo, más sola que la una pero por poco tiempo: las mesas se fueron llenando a mi alrededor. Si mi desayuno me parecía grande, allí la gente no se quedaba corta. Esos números del 2 al 7 no tenían el menor desperdicio. Nadie perdonaba la mitad del plato repleta de patatas. Me vi obligada a inmortalizar la carta de menús, para que no perdáis detalle.

¡El Jumbo Breakfast no cabe ni en el plato, oigan!

Por las dudas, aclararé que para haberme tomado un auténtico British breakfast me faltó bacon, otro huevo, tomates, champiñones, pudin y medio kilo de patatas fritas. Bueno, bueno, poco a poco, señores. ¡Otra vez será!

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  1. yoyo
    abril 5, 2012 en 2:17 pm

    Se palpa el colesterol!!

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