Nieve


Simplemente “nieve”, para qué voy a poner más. El domingo 20 de enero de 2013 será recordado para mí como el día en el que realmente experimenté el placer de observar este fenómeno a mi alrededor por doquier, nada de mariconaditas semi-cuajadas por las esquinas, e incluso haría alguna que otra bola del susodicho elemento para cumplir con su cometido universal: lanzarlo a la cabeza de quien se lo merezca mínimamente.

Así pues, de la siguiente manera me saludaba mi calle de buena mañana (tirando para el mediodía).

calle nevada

Con todo el cuidado del mundo para no resbalarme y evitar la primera gran hostia del año, caminaría con tiento hacia la estación de tren de mi barrio. De no haber sido por la emoción que me inspiraba el ambiente, se me habría hecho más largo que un día sin pan, porque vaya tela cómo estaba el terreno. A continuación, una muestra de cómo las vías se fundirían con un cielo impecable durante todo el camino, junto con unas gotas de lluvia intencionadamente desenfocadas.

vías tren nieve

Antes de proseguir, he de decir que estas imágenes fueron las primeras tomadas por mi nueva cámara, que ya empezaba a ser delito que siguiera metida en la caja. Y es que este día, en cuanto me asomé a la ventana, supe que era el momento idóneo para cogerla de una vez y sacarle provecho. Las expectativas se vieron más que superadas: si durante el día me emocioné con ella, a la noche me enamoré completamente. Pero esto vendrá más adelante.

Os presento aquí a un colega que me encontré así como quien no quiere la cosa por Camden Town (sí, ese mercadillo londinense del que se enamora cada persona que lo pisa).

muñeco nieve Camden Town

Nunca está de más pasar por Camden Town aunque resulte de alto riesgo para la tarjeta de crédito, pero yo tampoco me había mentalizado para ir de compras y con tanta gente y movimiento apenas había nieve, así que nos situamos ya en la vuelta a casa alrededor de las 5 de la tarde. Paisajito desde el tren. Se me antojaba interesante la línea esta de asientos, envueltos de un halo melancólico y fusionados con los reflejos del cristal.

estación nieve sillas

A partir de aquí especialmente se sucedería el proceso al cabo del cual mi cámara y yo nos proclamaríamos amor eterno. O más bien yo a ella pero bueno, da lo mismo. Esta retahíla de sentimientos eufóricos hacia este simple aparato tiene una explicación: fatídicos años haciendo fotografías con el móvil, con resultados cada vez más penosos. Ha costado trabajo (y pereza), pero la adquisición no ha hecho más que comenzar a ser prolífica. Agárrate, mundo, here I go.

Volviendo al tema: vegetales varios. Árboles y arbustos postrados en el camino para captar miradas, desatar sensaciones, encandilar almas. Troncos, ramas y hojas impregnados de un romanticismo puro, natural, onírico. Árboles tímidos, desnudos, transparentes. Cuerpos recubiertos de reflexión, esperanza y fantasía.

árboles nieve

Mi barrio tiene mala reputación. Pero a mí me ha agradado desde el principio. Puede que no resulte tan acogedor o adorable como otros colindantes pero siempre me ha gustado más lo práctico: tiene todo tipo de tiendas, incluido un mercadillo con sus bowls de frutas y verduras a una libra entre otras tantas cosas; buenas conexiones con el centro de Londres, mi alquiler no provoca lágrimas y vivo a 15 minutos caminando de mi oficina (esto sí da ganas de llorar a más de uno). La siguiente imagen demuestra que no hace falta irse muy lejos para encontrar la belleza: a veces la tenemos delante mismo de los ojo, solo hay que verla.

Clock Tower (Torre del Reloj), centro de Lewisham.

Clock Tower Lewisham snow nieve

Bicis. Las bicicletas más lindas que me haya encontrado nunca. Probablemente no pensarán lo mismo los dueños, sobre todo cuando les toque sentarse en ellas, mas la imagen se me presentó ante los ojos tan espontánea y encantadoramente que no podía menos que inmortalizarla, sin dejar de apreciar los automóviles en movimiento al fondo captados por mi nuevo amor.

bicis nieve

Luces, sombras, destellos, penumbras, brillos.

Líneas, esquinas, curvas, caídas.

carretera coche nieve

Fin del trayecto. Un día precioso por definición.

bici nieve calle

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  1. tsutomu
    febrero 9, 2013 en 6:57 pm

    Nada como los paisajes nevados, le dan a todo un encanto especial…Sobre todo si no estás acostumbrado a la mierda blanca 😛

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