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Archive for 6 febrero 2013

¡Sólo es un té!

Sábado, 18.00. Piccadilly Circus, pleno centro turístico de Londres, atestado de gente de todas las nacionalidades habidas y por haber. Una muchacha de pelo rizado y ojos verdes se halla concretamente en el interior de las puertas del Boots, famosa cadena británica de farmacias, para no congelarse con el gélido frío que se ha dejado caer de improviso esa tarde.

En su espera, se le acerca un hombre de mediana edad y piel incombustiblemente negra, lo que remarca sus blanquísimos dientes y brillantes cristalinos. Escasos centímetros más alto, favoreciendo la posición de sus ojos a la misma altura de los de ella, y con una expresión confusa, le pregunta qué puede comprar para su sobrina de 23 años. No está de suerte, la chica no puede ser más negada para pensar en regalos, sobre todo al no conocer a la persona. Sin embargo, frunce el ceño y trata de hacer el esfuerzo. Le recomienda un bolso, maquillaje, un lápiz negro de ojos… Artículos femeninos de ese tipo que nunca vienen mal.

No obstante, el hombre ha pasado sutilmente a preguntarle cómo se llama y qué hace. Ella le comenta, ya algo reticente, que se encuentra esperando a un amigo y que trabaja en un colegio de inglés. Al instante, como si hubiera topado con un diamante en bruto, una amplia sonrisa surca sus anchos y oscuros labios y surge una conversación que poco a poco disiparía toda desconfianza ante la sincera y agradable actitud de este fortuito acompañante.

– So are you teaching? (¿Enseñas entonces?).

– No, no, I’m just doing the administrative part. Organizing excursions, booking attractions and all that stuff (No, no, sólo hago tareas administrativas. Organizar excursiones, reservar visitas y todo eso).

– Really? You could create your own business! (¿En serio? ¡Podrías formar tu propio negocio!).

– Oh, well, I don’t think I would like telling people what to do… (Oh, bueno, no me gusta decirle a la gente lo que tiene que hacer…).

Llegados a este punto, el gesto del hombre se tornó súbitamente contrariado y divertido a la vez.

– Don’t you think you’d like telling people what to do? C’mon, do you prefer to be told what to do for the rest of your life? (¿No te gusta decirle a la gente lo que tiene que hacer? Vamos, ¿prefieres que te digan a ti lo que tienes que hacer para el resto de tu vida?).

– Umm… No, but, well, for the time being I’m ok, it’s just for some time while I’m improving my English and I live here, in London… (Umm… No, pero, bueno, por ahora estoy bien, sólo es por un tiempo mientras mejoro mi inglés y vivo aquí, en Londres…).

Media sonrisa cómplice obtuvo por respuesta, previamente a lo que venía a continuación y que no se esperaba en absoluto.

– I can see that you are a good person. I can see it in your eyes. You look a bit sad though right now, am I wrong? (Puedo ver que eres una buena persona. Lo veo en tus ojos. Sin embargo, pareces un poco triste en este momento, ¿me equivoco?).

– Well… Maybe, I don’t know. (Bueno… Tal vez, no lo sé).

– You just need a little push. Somebody or something that motivates you to go ahead, to wake you up, to go after your goals. What would you really like to do? (Sólo necesitas un empujón. Alguien o algo que te motive hacia adelante, que te despierte, que te haga ir a por tus metas. ¿A qué te gustaría dedicarte de verdad?).

– I studied Journalism. (Estudié periodismo).

– A journalist! (¡Periodista!)–exclamó con los ojos muy abiertos y regalando de nuevo sus magníficos dientes a la noche londinense- Lovely profession. You need to spread your network, contacts are very important. Have you been in The British Library? (Una profesión bellísima. Necesitas extender tus redes, los contactos son muy importantes. ¿Has estado en la Librería Británica?)–ella negó con la cabeza- Visit it, there’s nothing you cannot find in there. Look for your dream and don’t let it go, meet and talk to people. Each person is a world, you never know what you can find. Tell your number every time that you can, go to have a tea, it’s just a tea! You don’t lose anything. (Visítala, no hay nada que no puedas encontrar en ella. Busca tu sueño y no lo dejes escapar, queda y habla con gente. Cada persona es un mundo, nunca sabes lo que puedes encontrar, da tu número cada vez que puedas, ve a tomar un té, ¡sólo es un té! No pierdes nada).

– Yeah… –balbuceó algo aturdida aunque pensativa- you are right. (Sí… Tienes razón).

Seguidamente, transcurrieron algunos segundos en silencio durante los cuales nada más existía alrededor. A pesar de hallarse en una de las plazas más concurridas del mundo; a pesar de las luces, la multitud y el ruido, en aquel momento sólo tenía lugar un simpático cruce de miradas. Él, dejando sentir el efecto de sus palabras con una mezcla de dicha y orgullo como si se dirigiera efectivamente hacia un maravilloso proyecto de futuro que había encontrado de casualidad. Ella, preguntándose cómo le estaba sucediendo tal cosa y, sobre todo, inmersa en el discurso que se acababa de incrustar en su mente.

– Think about everything I told you. I can really see in your eyes you are a great person. You could have ignored me, you could have thought “who the hell is this guy coming to talk to me”, but you didn’t. You stayed, you answered me and you listened to me. (Piensa en todo lo que te he dicho. Realmente puedo ver en tus ojos que eres una gran persona. Podías haberme ignorado, podías haber pensado “quién coño es este tipo que me está hablando”. Pero no lo hiciste. Te has quedado, me has respondido y me has escuchado) –una vez más, otros tantos segundos gozaron del placer del silencio y, como mínimo, un joven corazón en vilo- I’m leaving now. It was really nice to meet you. Take care and go for it. (Ahora, me voy. Ha sido estupendo conocerte. Cuídate y lánzate a por ello).

Y se marchó. Con paso firme y desenfadado, sin volver la vista atrás, dejando a la muchacha en un mar de reflexiones vitales, inquietudes profesionales y anhelos personales que permanecerían en ella antes y después de la cerveza con su amigo, al llegar a casa y al día siguiente.

Piccadilly Circus

Piccadilly Circus. 

Dedicado a la persona que más quiero y admiraré para siempre en este mundo.

¡¡¡FELIZ CUMPLEAÑOS, PAPÁ!!!

Un año en Londres

Me encuentro en un momento de paz y armonía conmigo misma (y tirada en la cama cual marmota), así que mejor aprovecharlo antes de que se esfume. No es que me considere de naturaleza agitada pero si hay un sitio donde puedas permanecer mes tras mes sin parar, saltando de plan en plan, ese es Londres. Una ciudad alucinante, con sus ventajas y sus inconvenientes, parte de los cuales dependen de la mentalidad de cada uno, desde mi punto de vista.

¿Cara? Naturalmente, de las que más, pero también es cuestión de indagar un poco y hacerse con un alquiler aceptable y unas compras de primera necesidad económicas, cosa que no resulta de gran dificultad disponiendo de algún mercadillo por los alrededores, que no son pocos, y algún centro comercial con tiendas tan maravillosas como el Poundland, entre otras. Si ya te metes en movidas mayores como hipotecas e hijos, me callo.

No obstante, hoy no he venido aquí a luchar por la capital británica sino a comentar mi propia experiencia habiendo transcurrido nada más y nada menos que un año desde que llegué. Ya era consciente de esto pero aún más lo he sido al ordenar un cajón cualquiera de mi habitación y encontrarme con lo siguiente.

Billete avión

El primer billete de avión invertido en mi cruzada británica. El primero de unos cuantos que le seguirían posteriormente, y ya si cuento los de tren y autobús, apaga y vámonos. He comentado alguna vez que admiro a la gente que coge su maleta y se lanza a la aventura (la mayoría de los casos tampoco ha tenido otro remedio). Yo no soy así: contraté a una agencia para que me buscara las prácticas y el alojamiento. Qué queréis que os diga, cuanto más cómodo me lo pusieran, mejor. Total, las iba a pasar putas igualmente en los inicios.

Un primer mes y pico de inseguridad, incertidumbre, altibajos. Cuidado, nada de arrepentimiento. ¿Para qué, si el cambio era consecuencia directa de la decepción hacia un país que no me daba trabajo ni a la de tres? ¿Y qué somos sin una ocupación determinada, por mucho que nos guste el sofing? No obstante, no vine con perspectivas de volver en cuanto mejorara la cosa (para lo que, de todas formas, queda un tiempecillo), más bien con una visión plenamente abierta. Podría volver en unos años, décadas o nunca, no albergo especial apego a España, lo tengo hacia a la gente, que es la que me hace moverme y tener ganas de regresar a mi tierra por unos días cada pocos meses para recuperar el calor familiar y de las amistades de toda la vida (o quizá algo más recientes pero igual de importantes para mí), y sobre todo para despejarme del frenético ritmo de vida londinense, aunque al final nunca descanse mucho como tal.

¿Por qué insisto tanto en calificarlo de frenético? Porque, a menos que pongas especial empeño en aislarte, vas a tener ocupaciones día sí y día también. Ya sean museos, musicales, cervezas, exposiciones, visitas de amigos, cenas, obras teatrales, viajes y un sinfín de posibilidades, aparte del tiempo de vida que te ocupe tu trabajo, claro está. ¿Que Londres es caro? Sí, pero creo que el acceso a toda esta corriente artística y cultural compensa con creces, y más teniendo en cuenta que una parte considerable de ella es gratuita, solo hay que saber encontrarla. Me ha venido de bien acostumbrarme al café para suplir horas de sueño… ¡Qué escaso descanso pero cuántas anécdotas para el recuerdo!

café dibujo hoja

Pues eso, que tras un primer mes y pico de inestabilidad emocional absoluta, las cosas de repente comenzaron a encarrilarse. Mucha más confianza en el trabajo, gracias a unas compañeras fantásticas, todo hay que decirlo; una segunda y última mudanza a la residencia que se convertiría en mi hogar hasta ahora, y donde me hallo totalmente a mis anchas; el establecimiento del sano hábito de cocinar mucho más a menudo y la forja de lazos amistosos más fuertes, junto con esa aparente simple pero ardua tarea mental de adaptarse a las costumbres y horarios británicos. Todo este conjunto daría lugar a una experiencia de lo más apacible y excitante a la vez, en la que sigo inmersa sin fecha de caducidad a la vista. Y habiéndome apuntado al gimnasio por fin, con un par.

Ni el clima me ha amedrentado ni la comida me ha afectado especialmente. Tampoco es que lleve mis raíces españolas en vena clamando por jamón serrano y un sol de infarto, la verdad, pero sí que debo destacar el verano como periodo especialmente intenso, y no por la mejora meteorológica, aunque el desarrollo de la estación se viera altamente favorecido por ella, sino por todo el movimiento turístico que conllevó. A ver, yo viajaría en invierno también pero la gente prefiere el verano, qué se le va a hacer.

El pasado 29 de octubre pasé a ser una auténtica empleada en mi empresa. Algo habrán visto en mí (¡já!). Indescriptible la sensación de dejar de ser una becaria, aunque tampoco me sentí como tal durante los primeros 9 meses. A la vez que tampoco veo tan fácil verse como una auténtica empleada recién contratada tras haber estado de prácticas, sigues siendo un poco multiusos pero bueno, creo que unos cuantos me entenderéis y supongo que también dependerá de la experiencia personal de cada uno. Que conste que habré servido cafés tres veces como mucho en todo este tiempo, y tampoco este tema está tan mal visto por aquí, todo el mundo se ofrece diariamente a traer algo a los demás. Total, que me enrollo, el caso es que me encuentro a gusto en mi ámbito laboral, que no es moco de pavo.

Y aquí estoy, medio en shock, tratando de asimilar que realmente ha pasado un año. Un año en el que he me he curtido muchísimo, me he probado a mí misma, he conocido a una inmensidad de gente, he sufrido y he sido feliz. Y sigo sintiendo que me queda una eternidad por experimentar.

Cuanto más se vive, más se quiere vivir. ¿No es así?

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