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Archive for 26 abril 2013

Liverpool City (I): un paseo por la ciudad y los Beatles

Lo prometido es deuda, aquí viene el par de días pasados en Liverpool con mis hermanos tras los primeros dos visitando Manchester, donde en realidad nos quedamos las cinco noches debido al económico precio del hostal. En vistas de que con una horita en autobús bastaba para ir de una ciudad a otra, ese recorrido hicimos el sábado 30 y el domingo 31 de marzo.

Liverpool nos recibiría con una temperatura menos gélida que en Manchester, lo cual se agradeció enormemente. Fácil de recorrer a pie, ya que la mayoría de los sitios de interés se encuentran pegados unos a otros a lo largo de la línea costera, la primera mañana optaríamos por coger el ferry que nos pasearía durante una horita por el río haciendo una ruta circular. Antes de que os emocionéis, he de admitir que la siguiente perspectiva es lo mejor que capté: las vistas dejaban bastante que desear en general. Aunque algo más bonita, la ciudad de Liverpool cuenta con el mismo estilo arquitectónico que Manchester a lo industrial y grisáceo-triste-sucio, a excepción de un par de señoriales edificios litorales que ni siquiera llegamos a averiguar de qué iban.

Liverpool ferry

La ruta ofrecía la posibilidad de bajarse un par de veces o tres según los intereses de los pasajeros, con la posibilidad de volver a montarse en cualquier otro ferry que viniera posteriormente (habiendo pagado el recorrido entero, obviamente), por lo que aprovechamos una de las paradas para ver el Spaceport, un museo centrado en el sistema solar, muy interactivo y pensado en parte para los niños, con un planetario que nos relató la historia del universo a través de simpáticos muñequitos y con una (no sé cómo llamarlo más técnicamente) “nave espacial a tamaño real” con capacidad de movimiento (esto quiere decir que daba tumbos para reventar) y una secuencia en 3D que se nos hizo tela, pero tela, de larga. Más mareada que salí de aquel cacharro infernal…

A continuación, esta escalera se encontraba en el edificio en el que obtuvimos los tickets para el ferry, el cual resultó ser una tienda repleta de artículos mitad de los Beatles y mitad de Elvis Presley.

Beatles songs

Enfrente de dicha tienda se encontraba el Museo de Liverpool. ¿Qué tiene? Pues mirad, tal miscelánea de cosas que no podía ir más perdida tratando de prestar atención a cada una individualmente, una hazaña imposible. Ahí han metido absolutamente todo lo relacionado con la ciudad y su historia a presión, tanto que hasta nos saltamos una planta, no nos daban las ganas para más. Por allí me encontré con la pared esta y me gustó, con su cuasi-impoluto cielo azul y sus esperanzadores rallos de sol envueltos, a mis ojos, de un halo de misterio, de historia entre líneas (o entre ladrillos, ¡já!), como si de un romanticismo previamente reprimido y recién liberado para escapar, expandirse y volar muy alto se tratara.

pared cielo

A cinco minutos largos caminando desde el Museo de Liverpool,  toparíamos con el Albert Dock (que suena bastante mejor que “El Muelle de Alberto” pero, se siente, es lo mismo), un espacio caracterizado por una serie de museos estratégicamente posicionados formando un amplio rectángulo por cuyo interior fluye el agua felizmente. Decidimos saltarnos el Museo Marítimo y el Museo de los Esclavos porque, con todo el respeto, para ver barquitos y escenas desagradables preferíamos amortizar el tiempo de otra manera.

Albert Dock Liverpool

Así pues, nos metimos en el Tate Modern que, como su nombre indica… Rarito, requisito imprescindible de cualquier museo o galería de arte moderno. Nada que destacar. Donde realmente me entretendría, recrearía y pararía prácticamente en cada rincón donde se me apareciera un número de la audioguía sería en el museo propiamente de los Beatles, The Beatles Story, completa y satisfactoriamente ambientado e impregnado del recorrido vital de la banda entre escenarios, fotografías, textos y multitud de elementos varios. El comienzo, cómo se conocieron, lo que les costó ser escuchados y darse a conocer, éxitos, público (histéricas que se ponían las jovencitas), diferencias, separación, camino independiente de cada uno. Me ha costado elegir pero he optado por mostraros la reproducción del espacio en el que se presentarían por primera vez en Liverpool en el club The Cavern.

IMG_0448

A su vez, enunciados por doquier, como esta cita de George Harrison que procuraré traducir lo más acertadamente posible: se puede llegar alto, y más alto, y para llegar realmente alto – quiero decir tan alto que puedas caminar sobre el agua – ahí es adonde voy.

George Harrison quote

The Beatles Story sería la última visita del sábado 30, antes de perdernos bestialmente de vuelta a la estación de autobús para regresar a Mánchester y que nos saliera mal tratar de coger un autobús anterior al haber reservado los tickets por Internet. Resultado: tiempo de vida inútil y menos horas de sueño. ¡En fin!

Madrugón de nuevo el domingo 31 de marzo (6.30am, al igual que el sábado para llegar tempranito a Liverpool y verse todo lo visible). ¡A piñón, señores!

Foto-portada de disco de mis hermanos que no he podido contenerme a colgar, rodeados de un porrón de adorables maletas de piedra que nos encontramos esparcidas por una plaza cualquiera. Nótese el estado de congelación permanente que llevó mi hermano menor (a la izquierda) en el cuerpo durante todo el viaje. El pobre, es lo que tiene la falta de costumbre, tanto que mi hermano mayor no llevaría su propia bufanda desde el minuto “hostia, qué frío”.

Liverpool stone suitcases

Naturalmente, había que echar una ojeada al China Town de Liverpool, miniatura ultra cutre del de Londres. Vamos, que sólo se salva de curiosa la puerta porque la calle que la seguía exponía, si acaso, tres penosos restaurantes chinos. Vale que eran las 8 y pico de la mañana pero la perspectiva de los locales cerrados hacía el barrio aún más lamentable. Total, no lloremos, la entrada aún se dejaba mirar.

China Town Liverpool

Y, para terminar la primera Liverpudlian part, un bar carismático. Salta a la vista el porqué, ¿no?

Irish American Bar Liverpool

¡Hasta la próxima entrega! No os perdáis las catedrales (sí, a falta de una, dos, y una tremendamente hippie) de Liverpool y la sorprendente afición por plasmar frases profundas en fachadas :).

Manchester City: dos días intensos

¡Muy buenas!

Hoy he venido a hablar del viaje que hice con mis dos hermanos por Semana Santa. Cabe aclarar de antemano que, teniendo en cuenta la cantidad de blogueros que habrá escrito sobre esta ciudad y Liverpool, he decidido colgar las fotos que me apetezca, elementos que me hayan llamado la atención de alguna manera, en vez de centrarme concienzudamente en mostrar la parte turística. Solo afirmaré que podéis recorrerla felizmente caminando en su mayor parte y ayudados por un buen mapa, fácil de obtener en el centro turístico situado en Piccadilly Gardens. Lo único que se encuentra más alejado son los dos estadios.

Comenzamos pues: en Inglaterra, eran festivos el viernes 29 de marzo y el lunes 1 de abril, así que tras hacerme el apaño de pedirme libre el jueves 28, la tarde-noche del miércoles 27 me hallaba de camino a Mánchester. Dos apacibles horitas en tren (34 aceptables libras comprado un mes antes, poco más tarde se habría colocado en 67 pavos y a saber si más) y para el hotel, cómicamente llamado Walkabout. La comicidad del asunto se basa en que, al decirme mi hermano el nombre, pensé: “¡anda, mira, como dos o tres discotecas de Londres!”.

Walkabout ManchesterEfectivamente, al llegar al sitio (tras desubicarme y tardar más de media hora pero bueno, al menos me vi parte de la ciudad de noche), aquello consistía en una discoteca incrustada en el edificio que era nuestro hotel. Bueno, hostal (muy) cutre más bien. Total, es lo de menos, su función estaba cubierta: emplearlo en dormir y ducharnos.

De bienvenida, un hermoso cartel frente a los ascensores avisando de que, debido a la posición del local, podría haber ruido hasta las tres de la mañana y que “disculpen las molestias”. Más anchos que Pancho se quedaron. Esto no lo ponía al realizar la reserva, aunque afortunadamente mi querida madre triunfó al comprarme tapones para no escuchar los ronquidos de mi hermano. Ni ronquidos ni nada, sorda me quedé durante las cinco noches. He a la derecha la puerta del susodicho club, al hotel se accedía por unas escaleras situadas a un lado.

Los dos días en Mánchester, jueves 28 y viernes 29, se sucederían en modo visita de todo monumento mínimamente relevante: el ayuntamiento, la catedral, el barrio chino, los distintos museos, etc. La siguiente imagen pertenece a la Manchester Art Gallery (Galería de Arte de Mánchester). Curiosa, ¿no os parece?

Museum Modern Art Manchester

Como en todo viaje, la comida jugaría un papel importante. Debimos de consumir el cuádruple de la cantidad dignamente humana pero bueno, ya se sabe que en estas ocasiones el argumento “estamos de vacaciones” lo arregla todo. Sin embargo, puedo afirmar que no nos alimentamos mal en sí. Productos ricos en hidratos de carbono, desde luego, para darnos energías, y bastantes platos británicos. Primera cervecita de los tres hermanos juntos :).

cerveza hermanos

Lamento admitir que no me quedé con el nombre de este pub, en el que nos atendieron estupendamente. La agradabilísima camarera sesentona se sorprendería enormemente de que dedicáramos nuestras vacaciones a visitar Mánchester en vez de ir a España en busca del sol. Cosas de la vida, por suerte el tiempo no sería malo como tal, sólo hizo un frío infernal, especialmente en Mánchester más que en Liverpool. Seguidamente, un maravilloso cartel expuesto en lo alto de la barra. Más claro, agüita.

Be nice or go home

En nuestra visita al estadio del Manchester United, al cual se llega empleando el tranvía que cruza la ciudad y que me acojonaba constantemente al aproximarse sin dar muchas señales de su cercana y aniquiladora (en mi mente) presencia, nos cruzaríamos por el camino con un súper edificio… de Kellogg’s! Dedicado a mi padre, frecuente consumidor de ellos, si no actualmente, con anterioridad.

Kellogg's building Manchester

A unos 10-15 minutos a pie del estadio se encontraría el Imperial War Museum (Museo Imperial de la Guerra). No he visto el de Londres mas ya se sabe que cuando vas de visita a un sitio, te lo acabas viendo bastante más en profundidad que la ciudad en la que vives habitualmente. Miedo me da el día que tenga yo que enseñar Jerez a alguien. Pues me resultaría bastante interesante para el pesar que conllevaba su temática. Resulta que, cada media hora, las luces se apagan y los altavoces abren paso al relato de aquella tragedia, caracterizada por una retahíla de testimonios que nos dejarían con los pelos de punta, y acompañada por fotografías proyectadas en las paredes. Nos despejaríamos finalmente con las atractivas vistas desde lo alto del edificio.

Mánchester from Imperial War Museum

Mientras que el sábado 30 y el domingo 31 de marzo los dedicaríamos a ver Liverpool yendo y volviendo en autobús desde Mánchester (cosa que se decidió por el bajo precio del hostal y de los traslados de una ciudad a otra), aún tendríamos la mañana del lunes 1 de abril para visitar el Museum of Science and Industry (Museo de la Ciencia y de la Industria) en Mánchester.

Esta frase rodeada de tonos cálidos (los cambios que hemos visto a lo largo de los últimos 30 años son pequeños comparados con los que veremos en los próximos 30) ilustraría una gran verdad: apabullante el ritmo al que progresan las nuevas tecnologías e influyen en nuestra forma de vivir y ver la vida, ¿no es así?

cambios épocas changes generations

Un personaje majo el John Dalton para lo que afirmaría sobre sí mismo en relación con el compromiso: mi cabeza está demasiado llena de triángulos, procesos químicos y experimentos eléctricos como para pensar mucho en el matrimonio.

Dalton never married

Y un párrafo que me encandilaría: siento energía a través de todo mi cuerpo, mi aura, chakras, y mi consciencia en expansión; lo que llamo mi “Felt Sense” (llamémoslo en español “experiencia empírica”). Creo que proceso estas sensaciones, en parte, empleando algo del 90% de mi cerebro humano que la ciencia dice que “no usamos” porque no entiende la energía sutil, cómo detectarla, o medirla porque no es electricidad o química. No tiene sentido para mí pensar que tanto de nuestro cerebro es tejido inútil. La naturaleza y la creación no habría desperdiciado ese espacio.

aura chakras

Ahí queda eso.

En conclusión, sinceramente la ciudad es bastante fea en comparación con preciosos pueblos menores como Oxford o Bath, ya que ofrece un permanente tono gris sucio y pesaroso a lo largo de su arquitectura mientras que, por añadidura, la inmensa mayoría de los museos y monumentos se manifiestan como un calco desvirtuado de los de Londres, portando en muchas ocasiones hasta las mismas denominaciones. No obstante, como habéis podido comprobar, no faltaron elementos que se me quedaran grabados y provocaron ciertas emociones en mi espíritu que pertenecen y se identifican con la ciudad de Mánchester, así que doy fe de que, en general, mis hermanos y yo quedamos satisfechos de haberla visto en condiciones y tacharla de la (larga) lista de ciudades pendientes.

Muy pronto, Liverpool City.

Internet-dependencia

dependencia InternetMe declaro culpable. Así, zas, y sin sentirme ni una pizca de mal. Mi generación y sus descendientes somos y vamos a ser las amebas de las pantallas, los parásitos de la red, los zombies de las búsquedas online. Las putitas del sistema, señores. Internet por aquí, Internet por allá. A la basura entera la Larousse, esos tomos gigantescos que apenas consulté cuando aún no había Internet en mi casa antes de mis… ¿11 años? Tochos meramente decorativos y, de hecho, bastante anticuados actualmente. La vida va a un ritmo fenético, surgen demasiados conceptos nuevos cada dos por tres, nunca hay “últimas ediciones” de nada, nadie consulta libros a menos que sea para un análisis específico y en profundidad determinado (y debido a que probablemente no se pueda descargar en pdf por temas de derechos de autor si se trata de una publicación reciente, que si no ni eso).

Cuidado, no lo estoy criticando como tal, ¿eh? C’est la vie, nuestra cultura del siglo XXI, lo tomas o lo tomas. Nacemos y crecemos con pleno acceso a un aluvión de información y desinformación susceptible de interpretarse según la capacidad de cada uno, y aquí intervendrá la educación como elemento fundamental para hacer un buen uso de esta herramienta. Lástima que en muchos casos errará por A o por B, o simplemente no entrará en sus posibilidades abarcar el fácil enganche a las profundidades del Gran Hermano de la época, llevando consigo una existencia repleta de huecos semi-vacíos sumidos en la inmensa pérdida de tiempo que supone en ocasiones navegar por la red. Admitámoslo: no nos faltan entretenimientos chorras, desde el cotilleo en Facebook hasta el proceso de registro en las páginas para suscribirse a cualquier cosa (una red social, un curso, una matrícula, etc), pasando por chats, juegos frikis que no aportan nada a la mente, la búsqueda y comparación de ofertas de productos variados junto con el proceso de compra (véase los vuelos, alojamiento por vacaciones, restaurantes, discotecas, supermercados y todo tipo de productos a obtener de locales físicos y virtuales), y suma y sigue.

¿Origen de la inspiración para escribir tal parrafada Internet-maniática? De lo más empírico: he pasado cuatro semanas enteras sin Internet tras haberme mudado. La primera semana ni me importó, lo consideré hasta positivo para despejarme. Pero posteriormente, entre unas cosas y otras que retrasaron la instalación del susodicho y catorce mil inquietudes vitales acumuladas pendientes de googlear sin poder hacerlo, el asunto no suscitaba relax ninguno, más bien provocaba una, aunque perfectamente controlable, frustración e impotencia considerables. Realmente, necesitaba Internet. Lo necesito para hacer vida normal. Todo periodo en el que no disponga de él solo es eso: un periodo determinado que debe terminar en algún momento para volver a la normalidad, a mi normalidad apegada al ordenador. Yo, que me jacto de contar con un alto grado de independencia hacia la inmensa mayoría de los apegos. Pues toma, morena.

Internet dependenciaAl fin, desde ayer dispongo de conexión, y me he dado cuenta de que ME ENCANTA este rollo, no puedo decir otra cosa. Me encanta tener veinticinco ventanas abiertas con cosas distintas e ir de una a otra como si las hubiera inventado yo, alternando funciones completamente distintas entre ellas y perfectamente organizadas en mi cabeza sólo a través de mi orden mental de prioridades y los iconitos que las acompañan en lo alto del buscador. Adoro el Firefox, el iTunes, el gmail, el wordreference, la rae.es, la BBC online, elpais.com, seriesyonkis, el iTunes y el VLC. Disfruto ante la capacidad de consultar cualquier cosa y obtener tropecientos resultados en menos de un segundo, me deleito enormemente encontrando páginas interesantes y consultando mis docenas de blogs guardados en el Reader (cuando lo hago, jé). Y me encanta escribir en mi blog, repartir los párrafos, elegir las palabras, cambiarlas, buscar sinónimos para evitar repetirlas, colocar las fotografías a conciencia hasta que queden perfectamente situadas a mis ojos y según la estructura del texto, revisar cada post entero antes de publicarlo.

A su vez, como es natural, detesto las páginas que se cierran repentinamente (tal y como me acaba de ocurrir ahora, menos mal que el WordPress guarda el borrador automáticamente casi a cada frase porque llego a perder esta parrafada y me da un jamacuco), las ofertas que empiezan baratas y acaban por las nubes tras tres clicks, los virus que entran de archivos aparentemente inofensivos, el exceso de documentación sin fuentes ni investigación ninguna (cuando se pretende ir de serio; lógicamente las plataformas personales, como esta, tienen derecho a poner lo que les plazca quedando claro que es una visión subjetiva), los oscuros intríngulis intencionales envueltos en las diferentes redes sociales, y vuelve a sumar y a seguir. Uf, y si algo me mata, es una conexión lenta, en ocasiones da ganas de tirar el ordenador por la ventana. Pobre, como si tuviera la culpa.

En conclusión: me considero Internet-dependiente, y a mucha honra. No obstante, que quede claro que me remito al espacio y tiempo que se corresponden con mi ocio personal casero e individual, nada que ver con la mala costumbre modernita de mirar más el puñetero teléfono que la cara de la persona que se tiene delante, esto me parece básicamente una falta de educación criminal y, es más, me pone de una mala hostia tremenda. Un poquito de cabeza, por favor.

Así pues, como para todo, no considero esta necesidad negativa mientras el uso del protagonista de este post se desarrolle de la manera más coherente y equilibrada posible, en paz y armonía con el resto de posibilidades que ofrece este mundo más allá de la pantalla.

He dicho.

Vuelta al blog (II): motivos internos de un largo silencio

Tras los factores externos y pasando al grano, al meollo psicológico, a la neura del momento, que es a lo que hemos venido aquí hoy realmente: ciertas inquietudes van manifestándose últimamente para quedarse conmigo hasta que las resuelva o al menos vea la luz en alguna dirección. Este fin de semana lo comentaba con unos cuantos buenos amigos: éramos cinco personas. Cada una en su sitio, con sus vidas y… sus trabajos. Los cinco gozamos de una ocupación determinada que nos da de comer y básicamente plena independencia económica de nuestros progenitores, lo cual en estos tiempos es harto complicado. Sin embargo, calculo que precisamente por no contar con la preocupación de no disponer de ello, nos acomete otro tipo de insatisfacción como es la de dedicarnos a algo que no nos acaba de llenar.

trabajoQué idílico todo, no? En vez de encontrarnos plenamente felices por nuestra suerte y salario, nos sorprendemos sumidos en una mezcla de sentimientos confrontados y exteriorizados en forma de periodo de transición, de imperiosa búsqueda, de perdición en cierto sentido. Bueno, ya hablo principalmente de mí, no voy a pronunciarme en boca de otras cuatro personas, aunque las vibraciones se presentaban muy similares entre todos y de cualquier forma apuesto a que más de un lector se siente identificado con esta situación, la cual también ha influido en mi sopor literario. Considero fundamental mantener la cabeza y las ideas claras para no ir soltando la misma verborrea plana y coñazo día tras día, sobre todo a través de una plataforma pública. Bastante siento ya que me repito de vez en cuando como plasmar penas semi-intelectuales fáciles de malinterpretar si no se expresan lo más adecuadamente posible, cosa que tampoco es tarea sencilla entre la pluralidad de opiniones y formas de entendimiento personales y la libre interpretación del lenguaje en sí, junto con mi propia manera de escribir.

Naturalmente, esta nueva movida mental tampoco implica nada en sí, solo una sensación desconocida hasta entonces y acorde con las circunstancias laborales que nos ha tocado vivir y contra las que no se puede luchar, como mucho manejarlas lo más hábilmente posible y no actuar en ningún momento a lo loco. No desesperéis, sigue habiendo algunas posibilidades, buscadlas, salid fuera (a ser posible no solo a Londres, que esto se está petando). Nunca me quejaré de la crisis como tal, la verdad, es la que me lanzó hacia el extranjero, con muchas más ganas de ver mundo y mogollón de gratas experiencias como resultado. Nada me asegura que en Madrid me habría sentido feliz en un puesto directamente relacionado con mi campo, mientras que puedo afirmar que este paso me ha hecho indudablemente crecer y evolucionar como persona. Y lo que me queda!

Seguiremos posteando, a ser posible con más frecuencia, que vaya vergüenza de bloguera estoy hecha. Como consejo: no dejéis de pensar (de manera productiva, por favor) y de marcaros objetivos aunque aparentemente estén debajo de las piedras, es lo que nos mantiene vivos, y lo que nos queda por ahora. Que el cerebro no se oxide, que el alma no se apalanque en unas circunstancias mediocres, que no cesemos de aspirar más alto, siempre desde un punto de vista maduro, coherente y a favor de la auto-realización.

Un abrazo y que paséis una buena semana!

Vuelta al blog (I): motivos externos de un largo silencio

Algunos se habrán preguntado qué he estado haciendo como para tirarme dos meses sin escribir. Lo resumiré en pocas palabras: periodo de reflexión, búsqueda de piso, mudanza, falta de Internet, viajes y pereza generalizada. No son mayores excusas cuando en teoría mi pasión, o lo que más me sale del alma hacer, es escribir pero bueno, más vale tarde que nunca, no? Procedo a profundizar un poco a continuación. Total, para eso es mi blog, libertad plena a mis lectores para continuar leyendo o cerrar la pagina y libertad plena a mí misma para poner lo que me plazca :).

Febrero fue un mes de enclaustramiento absoluto. El año anterior fue fantástico sin duda, repleto de movimiento, tal y como invita una ciudad como Londres… Hasta que te saturas llegados a un punto. Te saturas de planes, de falta de horas de sueño, de las relaciones humanas, de la incertidumbre y de no parar en general. Obviamente tras tres semanas limitándome a ir al gimnasio y sin salir, llegaría el fin de semana en el que recuperaría el ritmo en cuestión de una noche (no se puede someter a nadie a un extremo durante mucho tiempo, acaba explotando), pero para ya proceder con algo de mas equilibrio posteriormente, sobre todo tras unos días a final de mes en mi tierra (Jerez de la Frontera, por las dudas), que me recargaron las pilas y las ganas de mirar hacia el futuro con algo de más perspectiva. Me gusta vivir el presente pero… Bueno, esto ya vendrá unos párrafos más abajo.

mudanzaPor su parte, marzo ha sido un mes dedicado a la búsqueda de piso y a la propia mudanza. No me he dado ni cuenta. En cuanto la idea surgió y comenzó a tomar forma en las mentes de mi actual compañero de piso y gran amigo, Gumtree y EasyRoomMate se convertirían por un par de semanas en mis mejores aliados. Bastaría con visitar un par de pisos para quedarnos con el segundo y a la semana mudarme en cuestión de unos 10 viajes en autobús. Aquí viene el tercer de los grandes motivos por los que he estado desaparecida: no tenia Internet. De hecho, esta por llegar este fin de semana, solo que ya me agobiaba estar tan ausente y he decidido aprovechar un descanso (o dos) en el curro para actualizar. Los primeros días se llevó bien pero a estas alturas roza la frustración. No es que me considere especialmente dependiente pero seamos realistas: sin Internet durante casi un mes en pleno siglo XXI? Nacemos con la predisposición innata a consultarlo para cualquier cosa, e incluso para pasarnos horas rondando por él. No estoy hecha para ir de bohemia-pasota de las nuevas tecnologías.

En fin, a esto le sigue en una Semana Santa vivida en Manchester y Liverpool. Un viaje fantástico, espero comentarlo más adelante si consigo hacer una selección entre mis 300 humildes fotos y la berracada de 1000 de mi hermano mayor. Una aventura fraternal primeriza, ya que se trata del primer viaje que realizo exclusivamente con mis dos hermanos, sin padres. Una experiencia bonita y que, sin duda, se repetirá. Cabe destacar que mi querida madre triunfó comprándome tapones para los oídos, no solo por haber conseguido su cometido principal (no volverme esquizofrénica con los ronquidos de mi hermano menor), sino por haberlo superado al habernos alojado en un hotel a cuyos mismísimos pies se encontraba una discoteca que obviamente no iba a bajar la música por nosotros ni por ningún huésped.

La guinda de estos dos meses sería la visita a Tarragona durante el último fin de semana. Un par de días amenos bien repartidos entre relax y diversión. Si no surge nada repentinamente, hasta dentro de unas cuatro semanas no emigro a ningún sitio, así que toca intentar recuperar los típicos buenos hábitos: gimnasio, cocinar, leer, etc. Ya sabéis, esos pequeños placeres eternos: siempre están ahí y nunca se desarrollan durante mucho tiempo.

Vamos, que no me ha faltado entretenimiento :D, aunque mis motivos habrían de ir un pelín más allá…

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