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Archive for 16 mayo 2013

Mi pared / My room’s wall

pared wall

Así de simple, mi pared. Cinco minutos, basta con mirarla sólo cinco minutos al día. De 22:55 a 23:00 no es mala hora, sobre todo si me pilla en casa. Té en mano (sin leche ni ná, mariconadas las justas) y recostada en mi silla, con las piernas extendidas sobre la cama y el calefactor debajo de ellas, que aquí todavía hace fresquete (Londres). Mis cinco minutos de gloria, 300 segundos exclusivamente míos.

¿Por qué? Porque la pared no se mueve, ni me habla, ni me discute, ni me exige ninguna concentración. No me pide nada, no me estresa, no necesita nada de mí ni yo necesito nada de ella. No proyecta ninguna luz artificial sobre mis ojos, sino que de hecho me ayuda a relajarlos tras haber mirado durante muchísimas horas la pantalla del ordenador a lo largo del día (ciega perdida voy a acabar). Básicamente, puedo embobarme felizmente y dejar mi mirada proyectada vagamente sobre mi pared porque no espera ni piensa ni dice ni quiere nada de mí.

Lo cual, al final de cada día, con sus historias, batallitas, alegrías, decepciones, carcajadas y arrebatos de furia… Es un gustazo indescriptible.

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It’s that simple, my room’s wall. Five minutes, enough if looking at it for just five minutes per day. From 22.55pm to 23pm is not a bad time, above all if I’m at home. With a tea (without any milk or anything, no frills) and lying back in my chair, with my legs spread over my bed and my heater underneath, here it’s still cold, guys (London). My five minutes of glory, 300 seconds just mine.

Why? Because my room’s wall doesn’t move, doesn’t talk to me, doesn’t argue, doesn’t require any attention from me. It doesn’t ask me for anything, it doesn’t cause stress to me, it doesn’t need anything from me and neither do I. It doesn’t project any artificial light into my eyes but in fact helps me to have them relaxed after having been looking at the computer for a lot of hours during the day (I’ll finish totally blind, you’ll see). Basically, I can stay happily absorbed and stare at my room’s wall because it doesn’t expect or think or say or want anything from me.

Which is an amazing feeling after every day’s stories, troubles, joys, disappointments, laughs and fits of rage.

Carta para una bulímica / Letter for a bulimic person

(Scroll down for English version)

Hola.

Desde aquí te pido que te hagas un favor a ti misma y a las personas que te quieren y no lo hagas, no vomites más. No sirve para absolutamente nada, te haces un daño terrible y este tipo de ralladas son psicológicas, no físicas. Es decir, que cuando llegaras a los 50 kilos, muy probablemente luego querrías bajar hasta los 45 y así sucesivamente hasta quedarte en los huesos (si no lo estás ya, aunque no lo puedas ver). Es un problema mental que se tiene que arreglar, por tanto, desde la mente. Nunca estarás contenta contigo misma físicamente porque la paranoia pertenece a tu cabeza, no a tu cuerpo.

Sé que es mucho más fácil decirlo que hacerlo pero, por favor, dame un voto de confianza y sigue mi consejo. Tienes que quererte a ti misma tal y como eres y tratar de mirar tu cuerpo con objetividad y tratarlo bien. Lee esto con atención: ni vomitar ni dejar de comer son soluciones. Necesitamos nutrirnos y en esta vida estamos para intentar disfrutarla lo máximo posible, no para anularnos de esa manera. Tú misma te estás poniendo barreras, te estás perdiendo muchísimas cosas por tu paranoia. Abre los ojos, cielo, hay mucho mundo más allá de nuestro cuerpo, y estar híper delgada no deja de ser una moda que más que hacernos atractivas, nos afea. A nadie le gusta un cuerpo esquelético ni una cara chupada, no es saludable ni bonito.

Habla con alguien, mejor tus padres que tus amigos (confío en que reaccionen adecuadamente), déjate ayudar y para esto cuanto antes o te auto-destruirás. Al fin y al cabo somos lo único que tenemos: a nosotros mismos. Es más, en estos casos se necesita ayuda profesional. Puede que te resulte violento pensar en ir a ver a un psicólogo, mucha gente enseguida salta con un “¡no estoy loco!” en cuanto se le menciona la idea, pero precisamente están ahí para ayudar a las personas a enfrentar estas enfermedades. Sí, estás enferma. Piénsatelo, no estés sola en esto y date la oportunidad de ser feliz y salir a la calle con la cabeza bien alta.

Como último apunte: que no te importe lo que diga la gente, sea bueno o malo, para quedar bien o para quedar mal. No eres lo que dicen, eres quien eres. Las opiniones de los demás no son más que eso: opiniones, juicios ajenos que no nos definen. Y, básicamente, nunca vivirás tranquila escuchando continuamente a los demás, así que mejor no prestarles más atención de la que merecen.

Si necesitas hablar, no dudes en escribirme, ¿vale? Pero recuerda que yo no puedo salvarte, sólo tú, y con ayuda profesional. Cuanto antes, mejor. Mi email es mariagonamarillo@gmail.com

Un abrazo.

María.

 Bulimia help

Hello.

I would like to ask you from here for making yourself and the people who love you a favor and don’t do it anymore, don’t throw up. It’s totally useless and you terribly harm yourself while these kinds of obsessions are psychological, not physical. This means that when you reached fifty kilos, afterwards you would probably want to reach 45 y and so on and so forth until being down to skin and bones (in case you are not already, although you can’t see it). It’s a mental problem that therefore has to be sorted out in your mind. You will never be happy with yourself because the paranoia belongs to your mind, not to your body.

I know it’s much easier said than done but, please, trust me and follow my advice. You must love yourself like you are and try to look objectively at your body. Pay attention to this: neither throwing up nor stopping eating are solutions. We need to nourish and we are here to enjoy as much as we can, not to destroy us in that way. You are limiting yourself, you are losing loads of experiences due to your paranoia. Open your eyes, honey, the world is too big beyond our bodies, and being super thin is just a fashion that instead of making us more attractive, it makes us uglier. Nobody likes a skinny body or a skinny face, it’s not healthy or nice.

Speak with somebody, better with your parents rather than your friends (I hope they react correctly), let the others help you and stop this as soon as possible or you will destroy yourself. In the end, we are the only thing that we really have: ourselves. In fact, this problem requires professional help. Thinking about going to a psychologist might be violent for you, many people would quickly say: “I’m not crazy!” when the idea was proposed to them, but actually psychologists are there to help people to cope with these disorders. Yes, you suffer a disorder. Think about it, don’t be alone and give yourself the chance to be happy and to face the world out there with your head held high.

As a last advice: don’t listen to whatever people may say, either good or bad, to be nice at your eyes or not. You are not what people say, you are who you are. The others’ opinions are just that: opinions, other people’s judgements which don’t define us. And basically you won’t ever feel ok if you always listen to the others, so better not to pay them more attention than the one they deserve.

If you need to talk, don’t hesitate to write to me, all right? But bear in mind that I can’t save you, just you, and with professional help. The sooner the better. My email is mariagonamarillo@gmail.com

Love,

Maria.

La percepción del tiempo en Londres

Con este título, no me refiero precisamente al clima, eso no hay forma de percibirlo, o lo aceptas o permanecerás en un sin vivir diario. En cuestión de un par de horas tempranas de sábado me ha dado tiempo de despertar con un manto blanco impoluto, desayunar ante un cielo potencialmente azul y despejado y empezar este post con una nueva tanda de nubarrones por doquier. Pero vamos, que no es el tema.

Hablo del paso del tiempo. Sí, mi tema favorito (-¡Pesada!; -¡Pues vete a otro blog!). Mas no soy la única obsesionada por él en el contexto que voy a comentar. Sin profundizar en lo rápido o lento que transcurre, se trata de la diferencia en el rendimiento que se le saca según el sitio donde se haga vida. Me explico: varias veces he coincidido ya con una amiga (de respetable cerebro) en que esta ciudad, Londres (Reino Unido), se come el tiempo. Se lo traga. Lo absorbe y se lo funde cual chocolate en fondue.

Un año en Londres no es como un año en Madrid, y mucho menos como un año en Jerez (Cádiz, Andalucía, España), ciudad que sé que a muchos os gusta (la mayoría obviamente no sois de allí) pero no deja de ser mi lugar de origen, donde estuve hasta mis 18 años, seguidos de unos intensos cuatro años y medio en Madrid y del último año y tres meses en Londres. De capital en capital, me pregunto cuál será la siguiente…

London Eye

Bueno, el caso, que en quince británicos meses me da la sensación de que no he amortizado demasiado el tiempo, lo cual no implica necesariamente no haber hecho cosas, error, he hecho, y tropecientas, pero… Se presentan difusas, entremezcladas, volatilizadas, difíciles de ordenar cronológicamente. Como si hubieran pasado siglos. Las semanas se confunden, los meses se hacen semanas y mi 2012 parece una cruzada frenética repleta de emociones extremas que se cruzan y se chocan dentro de una bolsa de plástico con escapes por todos lados.

En Madrid, el tiempo también pasaba rápido pero de otra manera. Se hacían notar más los días, el orden de prioridades y deberes junto con el ocio, la clara distinción entre unas actividades y otras, los planes, los viajes, las amistades. Sí, la gente. Más profundidad en general, más inmersión en el estilo de vida y las relaciones sociales. Zambullidas totalmente intencionadas y considerablemente controladas, todo lo contrario que en Londres: un torbellino de caras que se esfuman antes de aprenderte sus nombres.

Cibeles Madrid

En Jerez… A su ritmo. Muy a su ritmo. Calma chicha, tirando a pachorra. Vida “simple”, se le podría llamar. Pocas preocupaciones, ilusiones rápidas que se iban tan rápido como venían sin dejar huella psicológica y percepción total del paso de las semanas y de los meses, con su separación clara entre los periodos de obligaciones y las vacaciones. Esas Navidades, que con el tiempo cobran mayor importancia en cuanto a reunirme con mi familia, y esa feria, que nunca me ha importado demasiado y que, por cierto, justo ahora está presente en Jerez.

Sí… Por allá andarán colegas de todas las corrientes dándole al rebujito y derivados. Da igual cómo sean, cómo piensen, en qué círculos se muevan o incluso que no les guste la feria: todos estarán allí. Porque es lo que toca, lo que pega, la excusa para salir de casa y arrejuntarse bajo un sol de casi treinta grados y porque es de los pocos eventos que hacen de la ciudad gaditana un sitio realmente emocionante. ¿Nostalgia? Psss, en verdad no, estoy tela de a gusto recostada y escribiendo en este momento, regodeándome felizmente en mis queridas inquietudes.

Calculo que tampoco tenía yo tantas neuras mentales por aquel entonces. Es posible (jé, muy probable) que sencillamente me esté haciendo mayor. Dicen que, a partir de los 25, los saltos temporales son brutales. Tengo 24 pero vamos, lo mismo da. Y la verdad es que, una vez superado el miedo a la tan mencionada fugacidad existencial, resulta de lo más interesante apreciar en mí misma mi cambio de actitud del año pasado, un incombustible non-stop, al actual, consecuencia directa del anterior sin duda. Un 2013, por tratar de definirlo:

Más comedido, centrado, insatisfecho, inconformista, previsor, en búsqueda (por fin en serio) del enriquecimiento personal a través de esa larga lista de actividades intelectuales y físicas pendientes que tantos tenemos. Y la particularidad del asunto no radica en mi mutación como tal sino en que, a pesar de él… Londres se sigue tragando el tiempo, incluso a mayor velocidad.

Foto retrato Maria G AmarilloPero bueno, ¿qué se le va a hacer? Mi madre siempre me dice que el hecho de que se me pase tan rápido significa que lo estoy pasando bien/no lo estoy pasando mal/estoy aprovechando el tiempo. Estoy de acuerdo pero insisto en que me hago vieja, lo veo, y estoy plenamente convencida a través de mi experiencia de que cada lugar se bebe el calendario a un ritmo determinado. C’mon, you are a baby! (“venga, ¡si eres un bebé!”), me dicen a menudo. Que sí, que sí, pero eso no me hace dormir mejor o creer en los príncipes azules.

Total, así estamos, de tránsito experimental por la vida. De cachondeo con mi mente, básicamente. Pero antes de cerrar este capítulo, me apetece comentar que ayer disfruté de una fantástica hora de conversación por Skype con mi hermano mayor y, a pesar de la diferencia de edad (tres añitos, tampoco es que sea mucho) y circunstancias particulares de cada uno, cabe destacar que curiosamente nos sentíamos igual en cuanto a nuestras reflexiones varias actuales. Resumiendo: la dicha lista eterna de cosas que nos gustarían hacer ha quedado relegada a un vigésimo sexto plano, lo que viene a ser el interior del contenedor de la esquina, y queremos seguir el ejemplo zen de nuestra madre (todo un reto, creedme):

Vivir el día a día, no pretender abarcar más de lo que podemos o de lo que nos pide el cuerpo, ser selectivos y hacer balanza entre lo que es realmente importante y lo que no. Dejar de luchar contra nosotros mismos, agonías que somos, y de imponernos deberes que nos las traen al pairo. Tanto documental gafapasta descargado cuando lo que apetece es ponerse un capítulo de Cómo conocí a vuestra madre y a tomar por saco, hombre. Fluir en armonía con el universo y nuestras posibilidades, haciendo de nuestro objetivo el equilibrio emocional.

Entonces, mi padre me diría: “ahora traduce todo esto al inglés”.

No hay huevos 😦

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