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Archive for 26 septiembre 2013

Cuestión de educación

respeto a ti mismoEsta mañana he visto cómo un niño, que iba con su progenitora al lado, desmenuzaba el envoltorio de una chuchería e iba tirándolo impunemente al suelo. Me ha dado unas ganas tremendas de decirle a la madre: “señora, su hijo es un guarro, lo cual dice mucho de usted teniendo en cuenta que el pequeño debe de tener unos cinco años”.

La educación no se aprende en el colegio. Los principios morales no vienen del exterior, de edificios con aulas, de iglesias u organismos religiosos cualesquiera. Al menos los primeros y más importantes principios que adquirimos, aunque susceptibles de variar con el tiempo. La formación de la personalidad comienza en casa, siempre. Y desde el momento en el que un crío tira algo al suelo, o come donuts para desayunar en vez de cereales, o se le permite comprarse lo que le venga en gana en todo momento, o contesta irrespetuosamente a sus mayores, o mira mal y/o con miedo a una persona de color, o grita (o incluso piensa): “¡maricones!” si ve a una pareja de hombres de la mano… Ese diminuta cerebro ya está embutido en una nube de sacrilegio mental subconsciente, de perversión humana en potencia. Básicamente, está en tus manos crear a una persona de provecho para este mundo o a un monstruo. ¿Será todo padre y madre consciente del peso de este poder, de esta gloria y este castigo?

Me parece un error gravísimo el argumento: “sólo son chiquilladas”. ¿Eso te priva de reprenderle cuando se lo merece? ¿Cuántas veces lo vas a permitir hasta que se convierta en un auténtico problema, en una aversión real, en inmadurez absoluta, en indiferencia hacia el sufrimiento ajeno, en un egocentrismo descomunal, en un victimismo vergonzoso, en un suicidio, en una matanza, en odio puro y duro?

Por supuesto que educar a unos hijos supone una ardua tarea. Pero, señores, cuando una idea se introduce en una cabeza, en numerosas ocasiones ya no hay vuelta atrás. Así que más cuidado y aplíquenme la lógica cuando se presenta tan aplastante, por favor, empezando por esos niñatos mimados y contestones que se creen los reyes del mundo.

Gracias.

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Confesiones de un alma vagante por Londres

Cada vez escribo menos, ¿verdad? No tengo muy claro el porqué. Analicemos un poco, ya que nos hemos levantado con ganas.

Este año, he pasado por unos meses de estancamiento mental absoluto. Desatascarme fue un placer indescriptible. Pero muchos amigos y compañeros siguen así. El pasado jueves me reuní con unos cuantos colegas y me di cuenta de que todos y cada uno de nosotros estamos en un limbo laboral del que no sabemos muy bien cómo salir. Todos. Sin saber qué hacer, por dónde tirar, sin distinguir bien las posibilidades que tenemos, ni si las tenemos.

Y no sé si es por la época, la crisis, la insatisfacción creciente en las mentes jóvenes que ansían dedicarse a algo que les apasione. La visión de un mundo en el que se trabaja para conseguir dinero y disfrutarlo fuera del ámbito laboral desaparece. Queremos apasionarnos, sentir, amar nuestro trabajo. Queremos despertarnos motivados hacia la actividad que vamos a desempeñar. O, en muchos casos, queremos levantarnos con alguna actividad que hacer al menos, para posteriormente ir buscando el camino hacia aquello que realmente queremos, aunque no sepamos aún siquiera lo que es.

Sí, este estado mental puede ser el primer motivo de mis bandazos blogueros.

tate britain

Foto de Víctor González Amarillo. Tate Britain. Así estaba mi cabeza más o menos.

Otra razón es… ¿Se acabará la inspiración? ¿Alcanzará la pereza un nivel tal que cualquier idea se vuelva vacía, no lo suficientemente digna de comentarse, de publicarse? No lo tengo claro, pero es posible. Lo que sé es que siento que me repito. Doy vueltas y vueltas en torno a neuras mentales que no sé cuántas veces habré mencionado ya, aunque por otra parte nunca siento que sea suficiente porque tampoco es que asumamos la lógica como se merece en nuestras vidas. De hacerlo, nos iría mejor. Y esto se mezcla con la falta de conocimientos. ¡Hay tanta gente más especializada y detallada que yo al contar las cosas! Tengo tropecientas fotos. Tropecientas. Y un alto porcentaje de ellas son de cosas que no sé explicar bien ahora lo que son. Entonces pienso: ¿para qué?

Luego… Llamémosle la falta de experimentación cuando lo nuevo se ha hecho viejo. Necesitamos (yo al menos) vivir experiencias nuevas, conocer gente nueva, probar cosas nuevas para adoptar impresiones y lanzarlas hacia el exterior. Sin embargo, hasta socialmente me he estancado. Mismos planes, misma gente, mismas costumbres. Me pregunto si en alguna ciudad de este mundo pensaré un día: “ahora sí puedo quedarme aquí”. Estoy convencida de que no se trata del espacio en sí, sino de uno mismo. No obstante, la maravillosa capital británica me ha acabado saturando. No tengo nada en contra de la gente, no he profundizado lo bastante con la mayoría de ellos mientras que mis amigos ya se encargan de mantener mi nivel social en modo satisfactorio, pero la velocidad del paso del tiempo y la cotidianeidad me consumen. Y la superficialidad. Y el día a día inconcluso, sin objetivo aparente.

Me gusta la espontaneidad pero si ahora mismo pudiera tener claros los planes para toda la semana que empieza, señores, eso me haría feliz. ¿Tan difícil es comprometerse hoy en día a decir “sí, nos vemos este día y a esta hora” sin tener que esperar hasta el último momento? Me toca los huevos, así de claro. Porque cuando se tiene interés, se puede. Porque si no se tiene, no es mi problema. Porque todo el mundo está tan puñeteramente ocupado que recaen en la comodidad de permitirse hacer esperar a los demás. Y esto hace resentirse a las relaciones y vuelve a la gente loca, porque la fidelidad amistosa y amorosa se desvanecen entre molestas posibilidades que suplantan a las más que agradecidas probabilidades. Ojo, esto no va por nadie en concreto, que hay que andarse con pies de plomo escribiendo. Todo el mundo es así aquí, por lo que no hay más opción que la de adaptarse.

abeja flor

Foto de David Vidal Sans

Por último, traducir al inglés es un coñazo. Empecé de buena fe y me encanta ver el resultado final (con sus múltiples fallos probablemente pero dejándose entender universalmente, que es la idea), pero depender de ello a veces te hace descartar la labor. Porque escribir, mis queridos lectores, no es cosa de “me pongo y en media hora lo tengo”. Nanai. Es redactar, leer, re-redactar, releer, corregir, estructurar, organizar, adornar. Un sinfín para el que hay que levantarse con muchas ganas, básicamente, como parece que hoy ha ocurrido. Aunque ya me pensaré si traducirlo más tarde.

En fin, creo que es suficiente. Para no resultar demasiado negativa (que no lo soy, ojo, simplemente adoro el realismo puro y duro), he de reconocer, y me apetece hablar de ello, que este año y medio en Londres ha sido fantástico en todos los sentidos. Una vivencia totalmente recomendable. Pero, por favor, venid con unos ahorros y un plan, sobre todo con unos ahorros, que me he cruzado con cada conversación en el grupo de Facebook “Españoles en Londres” para salir corriendo. A cuchillo es poco. Pero claro, la tontería se paga cara. Me explico: individuos que solicitan desesperadamente un hueco donde caerse muerto por falta de pasta mientras se espera la respuesta de un trabajo. Y fotos en su Facebook de fiesta. O personajes que preguntan si pueden recibir benefits del gobierno durante las dos o tres primeras semanas para disfrutarlas y hacer turismo antes de ponerse a buscar trabajo. Pues claro, la peña curranta se enciende contra los susodichos y no veáis la que se monta en unos minutos.

También hay que venir con una mentalidad abierta. Si os acojonáis o agobiáis fácilmente ante las adversidades de la vida, quedaos en casita. Salir del cascarón compensa pero todo el mundo lo pasa mal en algún momento y hay que verlo como una forma de superación, de ponerse a prueba, no en modo “pobrecito de mí, que me pasa todo”. Aprovechad y documentaos en profundidad antes de poner los pies aquí, que para eso muchos ya lo hemos vivido y os podemos aportar consejos la mar de útiles que os evitarán unos cuantos dolores de cabeza. Aquí mismo podéis preguntarme lo que os plazca, sin miedo.

Españoles en Londres

De cualquier manera, mi etapa británica está llegando a su fin. Días raros estos, víspera de mi marcha. Los detalles de ella vendrán más adelante, ahora no viene al caso. Me voy tras una temporada tan alucinante como sufrida. Más lo primero que lo segundo, todo hay que decirlo, no llevo bien hacerme la víctima públicamente. Me voy con la cabeza bien alta porque necesito sentir que progreso, porque no aguanto el estancamiento y porque en esta ciudad no me corresponde seguir evolucionando. Me voy con muchos amigos, mogollón de personitas que me llevo en el corazón (y en el Facebook, bendito sea con sus ventajas y sus inconvenientes). Tesoros que voy dejando en cada ciudad en la que paso un tiempo. Jerez, Madrid, Londres… No acabo de decidir si es bueno o malo. No tengo por qué decidirlo, por suerte. Es lo que es.

El instinto de posesión / The possession instinct

(English version below)

Ese miedo a perder algo que realmente no te pertenece. Ni a ti ni a nadie. Como seres individuales que somos, no te corresponde sentir esa agonía, esas ansias de lo recién descubierto. No tiene sentido. Vivías bien antes de conocerlo. ¿Por qué no después? Quizá porque en el fondo era lo que estabas esperando. Y ahora que lo has disfrutado, que lo has sentido hasta el fondo de tu corazón y notas cómo empieza a tambalearse, quieres agarrarlo como sea. Hasta el punto de perder la razón, de actuar por puro instinto, de incluso estropearlo tú mismo.

Autocontrol. ¿Cuántos de nosotros podemos controlar nuestras emociones? ¿Con qué facilidad nos sentimos pletóricos en un momento dado y completamente destruidos al instante siguiente? Con la facilidad de un soplo de viento. Me pregunto cuándo nos hemos transformado en estos individuos ansiosos e impacientes. Lo queremos todo aquí y ahora. Nos volvemos locos por dentro si no es así. Pero procuramos comportarnos como personas normales. Mientras que los pensamientos bullen por doquier, se entrecruzan, se chocan, se pelean, se divierten atropellándose unos a otros.

Y resulta que, mientras que anteriormente tu mente estaba libre de toda figura particular, mientras que tu cerebro estaba dispuesto a enviar impulsos nerviosos aludiendo a todo tipo de impresiones, actualmente se haya reducido a la simplicidad de un solo ente. ¿No es ridículo ponerle límites a la mente de esta manera? Cuesta concentrarse en la inmensidad que nos ofrece el mundo a nuestro alrededor… por otra persona. Por otro ser que muy probablemente el día de mañana no signifique nada. Absolutamente nada. Un recuerdo fundido entre tantos otros. Una anécdota. Un anhelo caducado.

Esto es lo que tenemos que aprender. A verlo tal y como es. No como la esperanza de lo que podría ser o de lo que podría haber sido. A canalizarlo de forma realista y seguir permitiéndonos aprender y disfrutar de otras cosas durante el camino en el que se hará más fuerte o se desvanecerá. Y ni lo uno ni lo otro supondrá algo bueno o malo. Sólo lo que tenía que pasar, sin estar escrito en ninguna parte, por evolución, causalidad o como se le quiera llamar. Porque siempre habrá otra persona esperándote. Porque “luchar” es un término tan relativo que a menudo se emplea erróneamente, cuando a menudo habría simplemente que dejarlo pasar como todas las señales indican que debes hacer.

No te permitas dejar de aprender.

dependencia posesión

That fear to lose something that doesn’t really belong to you. Neither to you nor to anybody. As the individual beings that we are, you shouldn’t feel that agony, that anxiety for something you have just discovered. It doesn’t make sense. You were happy before knowing it, why not afterwards? Maybe because it’s what you were waiting for. And now that you got it, enjoyed it and felt it from the bottom of your heart and you start to see how it’s tottering, you want to keep it no matter how. Til the point of going out of your mind, of acting by pure instinct, of even spoiling it by yourself.

Self control. How many of us can control our emotions? How easily do we feel exultant for a moment and completely miserable the following instant? As easily as a wind breeze. I wonder when we became these anxious and impatient individuals. We want everything right away. If it can’t be, we go crazy. But we try to behave as normal people while our thoughts boil all over the place, cross over, crash, fight and have fun as running over the other ones.

And the thing is that currently your mind is just focusing on the simplicity of one entity when it was free of any particular image before, when your brain was willing to send nerve impulses with all kind of sensations. Isn’t it ridiculous to put limits to your mind that way? Suddenly we can’t focus on all the things that the world offer us… due to a person. Due to another being who very likely won’t mean anything tomorrow. Absolutely nothing. A memory between many memories. An anecdote. An expired wish.

This is what we have to learn: to see it as it is, not as the hope of what it could be or what it could have been. To assume it from a realistic point of view and keep letting ourselves learn and enjoy other things on the way, on a way in which it’ll get stronger or it’ll vanish. And neither the first nor the second option will be good or bad, just what it has to happen independently of destiny but through its own evolution, causality or however you’d like to call it. Because there’ll be always a person waiting for you. Because “fighting” is such a relative concept that it’s very often bad used when you should just leave it to happen as all the signals show you to do.

Don’t let yourself stop learning.

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