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Archive for 19 diciembre 2013

La frontera de los 30

Esa edad tan significativa a la que, por muy modernos que nos creamos, se le sigue atribuyendo el título de “soltero de oro” o “solterona” según el sexo. La presión social hacia esos años en los que deberías “sentar la cabeza, casarte y tener hijos”. Esas miradas y esos prejuicios hacia los que no siguen las normas, los que perduran en su ansia de libertad y/o no han hallado su media naranja, los que necesitan más tiempo, los que miran más por sí mismos. Los que cada día son más soñadores y bohemios. Los que cada día son menos conformistas. Los que cada día vamos creciendo en número.

Paula Schargorodsky ha venido para defender este modo de vida, para explicarlo, para hacer entender al mundo que ya no es todo blanco o negro.

Para contarnos que la felicidad es una elección.

Traducción (de cosecha propia, se aceptan correcciones si me he columpiado en algo):

35 y soltera

Esta soy yo. En este momento, debería estar en la boda de mi última amiga soltera. Pero por algún motivo, me he quedado dormida. Obviamente, hay algo que no quiero afrontar. No soy una de esas chicas que siempre está soñando con vestidos blancos y bebés. Pero en los últimos años he visto a todos mis amigos casarse. Uno por uno. Se mudan con los novios, se casan y tienen niños. Pero yo… Yo solo estoy ahí como testigo. Al contrario que mis amigos, resulta que tengo una vida nómada. Como asistente de dirección, viajo de rodaje en rodaje. Por unas semanas, ese equipo cinematográfico se convierte en una familia. Pero cuando la película termina, lo mismo ocurre con la familia.

Ahora soy la única soltera que queda.

–          Se casa todo el mundo, abuela.

–          Se casa todo el mundo y vos no sé, estás ahí, papando moscas. Es muy feo quedarse sola.

En tus veinte, eres libre de hacer lo que quieras: tener novios, amantes, aventuras de una noche, trabajo, estudio… Exactamente como los hombres. Pero la libertad femenina tiene fecha de caducidad. Cuando cumples los treinta, cae una cortina conservadora. En cada reunión social, se te enfrenta a una pregunta: ¿cuándo sentarás cabeza?

Después de todo, se me educó de manera tradicional y seguí las normas a la carta hasta que llegó el momento de elegir novio. Estuve buscando una intensa y pasional historia de amor, y encontré muchas. Cada uno de ellos era el amor de mi vida. Amor a primera vista. Ninguno duró más de dos años. Nunca imaginé que todos ellos acabarían juntos en una caja de cintas. Mamá se divorció después de 33 años de matrimonio.

–          ¿Y vos qué pensabas, mami, que iba a pasar?

–          Me imagino que a lo mejor vas a ir madurando y vas a valorar estar en pareja y vas a hacer un esfuerzo porque hay que hacer un esfuerzo para poder convivir con otra persona. Hay que hacer un gran esfuerzo, no es fácil.

Papá se volvió a casar.

–          Parte del ser humano es procrear, tener hijos, tratar de armar algo. Después, bueno, lo que dura, dura. Ojalá que dure mucho tiempo. Pero si buscas la perfección, no vas a encontrarla nunca.

Por una vez, decidí buscar un buen chico. Y tuve a Fernando, el novio perfecto, sobre todo para mi familia. Finalmente me volví la buena chica que todo el mundo quería que fuera. Durante nuestra relación, asistimos a dieciocho bodas. Pero cuando llegó el momento de planear la nuestra, me di cuenta de que no estaba siendo sincera conmigo misma. No puedo ser esa novia perfecta.

35 y soltera

Un 25% de mí se quiere casar, un 27% quiere ser libre, un 26% anhela una vida espiritual, un 22% quiere hijos.

Todavía no sé cómo resolver esta ecuación. Pero al menos he aprendido unas pocas cosas sobre mí. No quiero esas intensas e imposibles relaciones de mis veinte, ni quiero un marido perfecto con un montón de fans detrás, y claramente no planeo pasar el resto de mi vida sola.

Ahora me doy cuenta de que todo lo que estaba buscando estaba mucho más cerca de lo que pensaba. Sea con alguien o sola, en esos momentos en los que no te aceptas del todo a ti misma, el mundo cambia alrededor de ti. Al fin y al cabo, la felicidad es una elección, ¿no es así?

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Recuerdos geográficos

Recuerdos de los que se impregnan en los espacios como etiquetas flotantes. Recuerdos que caracterizan cada experiencia y le dan un sentido único para cada cual. Recuerdos de aquella ciudad, aquella reunión, aquella oficina, aquella escapada, aquella casa, aquella playa, aquel local, aquel día, aquella noche. Visiones que se entremezclan, objetividad + subjetividad unidos para siempre y que te hacen identificar cada lugar con unas sensaciones determinadas. A veces amargas, a veces preciosas. O llanas, vacías, innecesarias. O pletóricas y significativas para el resto de tu vida.

recuerdos fotosPor eso, hay gente a la que le encanta París y gente que la detesta a raíz de factores que van más allá del aspecto cultural. Por eso, hay gente que no quiere volver a pisar aquel bar o discoteca, gente que cambia de ciudad y/o de país, gente que tiene que dejar su casa aunque haya vivido en ella durante años, porque ya no tiene sentido. Por eso, y mucho más, hay fotos que nos encanta repasar cada cierto tiempo, y fotos que no volvemos a abrir jamás; y perfiles de Facebook que conservamos a lo largo del tiempo, y perfiles que acabamos eliminando; y tipos de alcohol que nos hacen sonreír, y tipos de alcohol que nos provocan arcadas nada más olerlos.

Lo mejor es darse cuenta de esto, un gran poder y una gran responsabilidad puestos en nuestras manos, para, a partir de entonces, procurar crear recuerdos sanos. Recuerdos que te hagan ver cada experiencia como algo que tuvo su lugar justificado en tu vida, no un mal momento, un fracaso, una mosca cojonera que, por mucho que espantemos, sigue ahí dando por saco. No necesariamente en tu cabeza zumbando de forma permanente, pero sí cada vez que esas imágenes vuelvan de improviso, o cada vez que se mencione ese espacio.

Lo idóneo, pues, sería proceder a cuidar cada momento y cada oportunidad para disfrutar y/o aprender. O, al menos, no arrepentirse de las decisiones o actitudes que tomamos, no manchar esa geografía de recuerdos incómodos. Tenemos una salvaje tendencia a sacrilegiar nuestro tiempo, a tratarlo con una frivolidad terrible. A estar deseando que pase, que pase rápido para “superar este sufrimiento”. Periodos de duelo constantes que arrastran años y años de vida en espera… ¿De qué? A menudo ni sabemos decirlo. A volver a ser nosotros mismos. ¿Y si a ese “tú mismo” simplemente le ha tocado renovarse, cambiar de rumbo, madurar, evolucionar?

futuro recuerdosAprender es la clave. Aprender las lecciones para no repetir errores. Sin duda, repetiremos varios de ellos, pero cuanto menos lo hagamos, mejor. Por tanto, te invito a que te mires a ti mismo, a tu espacio, tu hogar, tus compañías; tu cometido estudiantil, laboral y/o en busca de alguno de los dos; tus proyectos, tus viajes, tus sitios favoritos para comer y los que te quedan por conocer, tu cafetería predilecta, tu banco del parque de la esquina… Y te pido que los cuides. No en el sentido de tratarlos bien, porque en ocasiones sencillamente muchos de ellos no merecen más que mandarlos a tomar viento (sea porque realmente son nocivos o porque no congenias con ellos), sino en el sentido de fluir con cabeza, con sentido, con lógica, para que tus recuerdos, que son al fin y al cabo lo único que nos pertenece, sean lo más positivos posible. Sobre todo cuando has de convivir con ellos durante un largo tiempo. Positivo no es igual a felicidad suprema, cuidado, sino la parte de las vivencias que te permite avanzar como ser humano.

Cuando somos jóvenes, queremos comernos el mundo, visitar miles de sitios, conocer y hacer montones de amigos, ir tachando de la lista cada proeza conseguida. Luego te haces más mayor y te das cuenta de que te sobra tanta grandeza psicológica. No la necesitas para ser feliz, no es fiable ni te convierte en una persona más inteligente, honesta o interesante. Porque, al final del día, lo que cuenta para ti son: tu hogar, el espacio en el que deberías sentirte más a gusto que en ningún otro sitio (si no es así, replantéatelo); tus labores, entendidas como la actividad estudiantil o profesional que ocupa tu tiempo y que te hace sentir como una persona de provecho (si no es así, replantéatelo también); tus aficiones, que ocuparán tu tiempo libre y te permitirán auto-cultivarte de manera personal; y, finalmente, esas escasas personitas que verdaderamente te importan y se preocupan por ti día tras día. Aquellas de las que te acuerdas antes de dormirte y al despertar, y en cualquier momento del día sin venir a cuento.

Lo demás, pajas mentales para adolescentes.

Y ahora, hacedme el favor de convertir este puente en algo que valga la pena.

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