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Los pilares de la tierra y la capacidad de perdonar


Los Pilares de la Tierra Ken FolletNo voy a hacer spoiler ninguno porque desde luego esta obra se merece leer sin conocimientos sobre la trama. No dejaría de sorprenderos y encandilaros de todas formas, al menos desde mi punto de vista tras haber pasado por ella, pero cuantas más sorpresas os dé, tanto mejor.

Solo para poneros mínimamente en situación, se trata de una historia medieval en la que se entrecruzan a lo largo de unos pocos escenarios una serie de personajes diferenciados, desde arquitectos y monjes hasta caballeros y realezas varias, pasando por proscritos y otras tantas caracterizaciones propias de estos tiempos. Sumado a unas dosis de acción prácticamente permanentes, aparece el mundo arquitectónico como vínculo entre los elementos, todo fusionado en un sinfín de conflictos y escasos periodos de calma fantásticamente enlazados, equilibrados y de una creatividad y propiedad adictiva aplastantes.

No obstante, lo que venía a destacar en este post, además de la obra de arte que esta novela es, consiste en la virtud de uno de los personajes principales, que de tan misericordioso que se muestra a la hora de perdonar a los demás le deja a uno anonadado por completo. Y le hace pensar en ello, reflexionar sobre el bien y el mal hasta el punto de incluso verle sentido a esa filosofía de vida, a la proporción entre lo positivo que emitimos y, consecuentemente, lo que recibimos. En la posibilidad de responder con una sonrisa hacia una ofensa, con ayuda ante un ataque. Actitudes inesperadas que pillen tan de sorpresa al emisor agresivo que tal vez le hagan, a su vez, reflexionar sobre su actitud y sus motivos.

Resulta difícil expresar los sentimientos que Los Pilares de la Tierra van despertando en el alma, tentando a cada frase a continuar desvelándonos el intrincado circunstancial y problemático que envuelve sin descanso a los personajes, hacia los cuales a uno le arden los sentimientos de cariño, compasión, desprecio, furia y mucho más, hasta la última página.

Para terminar: sí, efectivamente el susodicho tomo consta de unas 1300 páginas pero, ¿sabéis qué? A menudo nos perdemos grandes placeres que requieren más tiempo y esfuerzo a causa de la pereza o de la necesidad de hacer un mayor número de cosas durante lo que esa en particular nos llevaría, privándonos de lo mucho que nos pueden hacer disfrutar, no solo una vez culminadas sino durante el proceso, como ocurre en este caso. Es decir: ¿que durante ese mes que le he dedicado podría haberme leído cuatro libros más reducidos? Naturalmente, pero ¿qué más da, qué prisa tenía, cuando he vivido tanto este? Sin prisa pero sin pausa, con la dedicación justa y necesaria de cualquier lector motivado.

Qué maravilla disponer de un universo literario tan amplio… y qué poco apreciado está, el pobre.

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