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Archive for 28 junio 2014

El ego, el espíritu y la paz

No he podido evitar sentir el brutal impulso de compartir esta imagen en cuanto me he cruzado con ella.

el ego, el espíritu y la paz

Sacad vuestras propias conclusiones, aunque yo lo veo más claro que el agua. Y no me vengáis con que depende de las circunstancias, que todos conocemos personas que podrían haberse tirado hace mucho por un puente y no lo han hecho. Por algo será.

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Tiempo de despedidas

Hacía tiempo que no pasaba por aquí, ¿verdad? Varias son las veces que me he preguntado si abandonaré el blog algún día definitivamente, no sin cierto pesar. Y desde luego no escribir durante más de un mes ya supone en sí prácticamente una cruel muerte virtual, sobre todo con este mundo loco por el SEO y el SEM.

El SEO y el SEM… Herramientas de posicionamiento online. Herramientas que hace un tiempo me suscitaban un tremendo interés. Y que actualmente se me antojan frías, manipuladoras, insustanciales. Todo forma parte del mismo círculo vicioso, del sistema en el que nos estamos metiendo de lleno para mecanizarlo todo, hasta convertirnos en máquinas. Máquinas que trabajan para averiguar las emociones de los demás, olvidándose de las propias.

Pero hoy no he venido a hablar del SEO y el SEM, sino de… Bueno, de lo que se me pasa por la cabeza, como de costumbre, así que todo vale.

¿Y qué he hecho durante el último mes? Sobrevivir, que no es poco, y de paso terminar un máster de marketing, ventas y digital business. Me siento satisfecha. Considero que he aprendido bastantes cosas. No sé si las llegaré a poner en práctica en este mundo loco porque he finalizado esta etapa con la misma pregunta con la que comencé: ¿a qué quiero dedicarme?

Oporto

Oporto

Naturalmente no pienso que no me haya servido para nada, ni este máster ni la carrera de periodismo y de comunicación audiovisual; me han permitido evolucionar tanto personal como profesionalmente a pasos agigantados. Simplemente mantengo mis dudas acerca de aquello que me llenaría hacer durante el resto de mi vida. Qué utópico, ¿no? En cierto modo, envidio a los que se conforman con desempeñar un trabajo que les aporte dinero y punto. Sin inquietudes, sin aspiraciones, sin frustraciones. Voy a la oficina, hago mis tareas, vuelvo a casa,  cobro a final de mes y tan contento.

No obstante, como siempre digo, lo mío no deja de tratarse de problemas primermundistas. Supongo que todos hemos de buscarnos nuestros propios retos para mantenernos vivos, ¿no? Y si no los buscamos, calma, vendrán ellos solitos. El verdadero problema consiste en quedarse estancado. En observar esos caminos y no decidirse por cuál coger, el demorarse demasiado en dar el paso. O, peor, el problema está en no ver ninguno de los caminos.

El mundo de hoy en día nos exige más creatividad que nunca, y también nos da más posibilidades que nunca para ser creativos. Pensad. Pensad en vuestras opciones. Siempre hay alguna. Más viable o menos, arriesgada, rompedora. O, por el contrario, de poca relevancia aparentemente. Da lo mismo, elegir ya abrirá paso al cambio, a la mutación, a la evolución personal.

El mundo de hoy en día, y el de ayer y el de mañana, está hecho un auténtico pifostio. Una mierda, hablando mal y pronto. Tragedias diarias conocidas y anónimas. Dolor, sufrimiento, hambre, muerte, injusticia. Ver las noticias da ganas de llorar. Internet da ganas de llorar. Mirar por la ventana de la realidad da ganas de llorar.

Oporto

Oporto

Pero hay que seguir adelante. Porque no sirve de nada atormentarse. Porque en este pifostio sobrevivimos muchos pero pocos sobrevivimos en condiciones mentales y físicas saludables. Esa es la verdad. Somos tremendamente fáciles de corromper, de enturbiar, de deprimir, frustrar, entristecer, manipular. No admiro a las personas que no pierden la esperanza, porque al fin y al cabo esta es fundamental para levantarse cada mañana. Admiro a las personas que, a pesar de las brutales hostias que la vida les ha dado, no pierden el brillo en la mirada, la sonrisa ingenua, la confianza en el ser humano. ¡Confianza en el ser humano, con las barbaridades que es capaz de hacer! Pues sí, las admiro, las quiero cerca. Quiero beber de su espíritu, de su energía positiva. Quiero aprender a ser un poco niña de nuevo. ¿Será posible?

Sin embargo, tampoco este era el tema del que pretendía hablar, como bien me está recordando el título que he puesto previamente a empezar este tocho que a saber quién más se leerá aparte de mis queridos padres (pd: os quiero). Efectivamente: es tiempo de despedidas. El máster ha finalizado y, si todo sale bien, me espera un verano apasionante, y un otoño aún mejor. No me gusta hablar de cosas antes de que sucedan, ya que nunca se sabe luego cómo van a salir, pero en principio me siento lo bastante segura como para comentar alegremente mis planes en pocas palabras: interrail por Europa, Jerez (mi ciudad natal) y California. Este destino va para más largo plazo. Ya caerá la breva de contar cositas desde allí, no me voy a adelantar, no es el tema.

Despedidas. Adioses, byes, au revoirs. Abrazos, besos, alguna lagrimilla (no es mi estilo pero nunca se sabe), palabras de buena suerte, echarse de menos. Emotividad a flor de piel, los pelos de punta. Ya habré comentado en alguna ocasión que normalmente no soy consciente de este pequeño drama emocional hasta que veo alejarse de mí a las personas a las que no voy a ver en mucho tiempo. Hasta entonces, vivo en un limbo en el que aparentemente no va a haber cambios. Una vez desaparecen dichas personas… semi-vacío estomacal. Leve, todo hay que decirlo, normalmente el presente entretiene lo bastante como para no pararse a pensar demasiado. Pero ahí que te lo comes, una y otra vez para un porrón de seres humanos.

Oporto

Oporto

En fin, antes de echarnos a llorar ante tanto dramatismo, he de reconocer que el balance es muy positivo. Vuelvo a alejarme de una serie de fantásticos entes con los que he pasado momentos inolvidables y con los que se mantendrá el debido contacto en la distancia. Mientras conozco a otros. Sin olvidar a los previos, cada uno perteneciente a una etapa de mi vida, a un lugar, a sonrisas, recuerdos. Ojo, también a conflictos, ¿qué haríamos sin que nos pusieran a prueba de vez en cuando? Sí, viviríamos más tranquilos, pero no hay más remedio que afrontarlos. Ajo y agua, vaya.

Ellos saben quiénes son, así que me ahorro nombres. Ha sido una buena etapa en Madrid (octubre de 2013-junio de 2014). Bastante intensa emocionalmente hacia mí misma. Vamos, que me he hartado de pensar. Será la edad. En algún momento hay que replantearse la existencia y los hábitos adquiridos, ¿no? Esas odiosas rutinas inanimadas… Así no hay manera de destacar unos días sobre otros.

Pues eso, volveré (al blog). No sé cuándo, pero lo haré. Y para amenizar, como ya habréis comprobado, fotitos de Oporto, visitado por fin la semana pasada tras 25 años de pasividad absoluta hacia cualquier destino portugués. Ya le tenía ganas. Sintra y Lisboa también cayeron, pero me quedo con la primera ciudad. Auténtica como ella sola. Y con unas cuestas…

No dejéis de soñar.

Oporto

Oporto

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