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Archive for 16 enero 2015

Feliz Cumpleaños

Hoy iba a ser un día, bueno, una mañana, de búsqueda de prácticas. Proceso que, como a gran parte del mundo creo que le ocurre, me pone un poco enferma. Porque es parecido a navegar sin rumbo, dando tumbos, recibiendo salpicaduras de olas inesperadas y esquivando rocas. Es incertidumbre y esperanza. Es la cuerda floja sobre la que tu confianza en ti mismo, tus expectativas y tus auto-decepciones bailan al son de canciones de todas las corrientes según lo que te encuentras.

Hay ofertas que te entusiasman, ofertas que te parecen igual de mecánicamente expuestas que otras, ofertas que te espantan. Y siempre ese espacio para la “cover letter”, esa especie de carta de recomendación que has de personalizar para cada empresa según sus propias características diciendo lo maravilloso que eres para ellos y lo fantástica que es su empresa para ti. Así funciona el sistema laboral estadounidense.

camino felicidadPues ese era mi plan hasta que me he levantado y he visto la felicitación de cumpleaños de mi padre en un email acompañada de un libro muy corto que le ha gustado mucho. Y me he dicho, ¿por qué no? Ya está en el ebook para disfrutarlo durante la mañana de mi cumpleaños, porque creo que ya he empleado suficientes horas de esta semana danzando mentalmente en torno a unas prácticas que no sé si se conseguiré la semana que viene, en un mes o a finales de marzo.

Nunca he pensado que determinadas fechas clave (cumpleaños, navidades y fines de año, san Valentines, rebajas…) supongan necesariamente un incremento del nivel de felicidad. Cierto es que a menudo incitan a reflexionar más de la cuenta (como si lo hiciera poco durante el resto del año) pero hace un ratillo mi madre me ha preguntado cómo me siento al cumplir 26 años. Y no siento nada, ni bueno ni malo. Este día no destaca de ninguna manera, es uno más perteneciente a una semana que, de hecho, no ha sido la mejor de mi vida (ni mucho menos la peor, ¡no al dramatismo gratuito!). Pero me recuerda con ímpetu una cosa, y es que todo esfuerzo es poco para procurar ser más feliz día a día. Que la vida pasa demasiado rápido como para preocuparse más de lo conveniente por nada. Que la paciencia es un bien maravilloso en el que vale la pena trabajar. Que se agradece que exista un día al año en el que se retome el contacto con amistades de otros tiempos, aunque solo sea para ponerse mínimamente al corriente con un par de frases, y se reafirmen aquellas actualmente integradas en mi cotidianeidad diaria o semanal.

Sí, parece que cumplir años al final me recuerda más de una cosa. Y supongo que cada enero me recordará otras tantas más a medida que siga viviendo, añadiéndose algunas, extinguiéndose otras, sustituyéndose y mutando. Evolucionando, espero, hacia el tipo de persona del que me sentiré orgullosa de haberme convertido en el futuro. Creo que esto es lo más importante: mirarte a ti mismo al final de tus días y sentirte satisfecho con el camino recorrido. Con sus errores y tropiezos, nadie se salva de ellos. Con sus pérdidas, arrebatos, lágrimas y arrepentimientos. Pero también con sus metas cumplidas, lecciones aprendidas, anécdotas y sonrisas. Ese saco de sonrisas que suele decrecer a medida que se crece (contradictorio pero cierto), abriendo paso a esas inclinaciones en las comisuras de la boca, demasiado a menudo proyectadas hacia el suelo en vez del cielo. ¿Habéis visto la cantidad de personas mayores que ofrecen unos labios cabizbajos? ¿Qué niño tiene eso? ¿No se hace notar enormemente el viejecillo o viejecilla que mantiene el boomerang bucal embelleciendo las mejillas y no encerrando la barbilla?

Feliz cumpleaños para mis compañeros de nacimiento y feliz no cumpleaños para el resto.

Pd: soy consciente de que Google nos tiene más vigilados que el Gran Hermano pero me ha dejado muerta saludándome con esto.

feliz cumpleaños Google

Lecciones de escritor a escritor (III)

Y aquí viene la tercera y última tanda de lecciones que el personaje Harry Quebert da a Marcus Goldman en la gran novela La verdad sobre el caso Harry Quebert, de Joël Dicker, cuya crítica personal podéis ver aquí. He vuelto a retrasarme considerablemente en culminar esta serie de posts pero, gracias a un internauta que se tomó la molestia de escribirme comentándomelo (un saludo para Alain desde aquí), he decidido cerrarla de una vez, que por algo caló hondo esta trama en mí y no está bien no terminar lo que se empieza.

Os recuerdo que, como bien cita el título, se trata de lecciones de escritor a escritor y, si está en vuestra mano, ¡no os perdáis la primera y la segunda tanda! Aunque lo idóneo naturalmente sería que os paseárais por toda la historia. Allá vamos, pues.

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“Golpee ese saco, Marcus. Golpéelo como si su vida dependiese de ello. Debe usted boxear como escribe y escribir como boxea: debe dar todo lo que tiene porque cada pelea, como cada libro, puede ser la última.”

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“Harry, ¿cómo se transmiten emociones que no se han vivido?

escribir– Ese es precisamente su trabajo como escritor. Escribir significa que es usted capaz de sentir mejor que los demás y transmitirlo después. Escribir es permitir a sus lectores ver lo que a veces no pueden ver. Si sólo los huérfanos contasen historias de huérfanos, no llegaríamos a ninguna parte. Eso significa que no podría usted hablar de madres, de padres, de perros o de pilotos de avión, ni de la Revolución Rusa, porque no es usted ni madre, ni padre, ni perro, ni piloto de avión y no ha conocido la Revolución Rusa. No es más que Marcus Goldman. Y si todos los escritores debieran limitarse a sí mismos, la literatura sería espantosamente triste y perdería todo su sentido. Tenemos derecho a hablar de todo, Marcus, de todo lo que nos conmueve. Y no existe nadie que pueda juzgarnos por eso. Somos escritores porque hacemos diferente una cosa que todo el mundo a nuestro alrededor sabe hacer: escribir. Ahí reside todo nuestro ingenio.”

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“Las palabras están bien, Marcus. Pero no escriba para que le lean: escriba para ser escuchado”.

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“Quien arriesga gana, Marcus. Piense en este lema cada vez que se enfrente a una elección difícil. Quien arriesga nada.”

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“Anhele el amor, Marcus. Haga de él su más hermosa conquista, su única ambición. Después de los hombres, habrá otros hombres. Después de los libros, hay otros libros. Después de la gloria, hay otras glorias. Después del dinero, hay más dinero. Pero después del amor, Marcus, después del amor, no queda más que la sal de las lágrimas.”

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“Ya ve usted, Marcus, las palabras están bien, pero a veces son vanas y no bastan. Llega un momento en que ciertas personas no quieren escucharle.

– ¿Qué se debe hacer entonces?

– Agarrarlos por el cuello y presionar con el codo en su garganta. Con fuerza.

– ¿Para qué?

– Para estrangularlos. Cuando las palabras no bastan, reparta algunos puñetazos.”

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“Un nuevo libro, Marcus, es una nueva vida que empieza. Es también un momento de gran altruismo: ofrece usted, a quien quiera descubrirla, una parte de sí mismo. Algunos le adorarán, otros le odiarán. Algunos le convertirán en una estrella, otros le despreciarán. Algunos se sentirán celosos, otros interesados. No es para ellos para quienes escribe usted, Marcus. Sino para todos los que, en su vida diaria, habrán pasado un buen momento gracias a Marcus Goldman. Me dirá usted que no es gran cosa, y sin embargo, no está nada mal. Algunos escritores quieren cambiar el mundo. Pero, ¿quién puede realmente cambiar el mundo?”

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“Cuando llegue al final del libro, Marcus, ofrezca a sus lectores un giro argumental de último minuto.

– ¿Por qué?

– ¿Por qué? Porque hay que tener al lector en vilo hasta el último momento. Es como cuando juega a las cartas: debe guardar algunos triunfos para el final.”

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“Su vida estará salpicada de grandes acontecimientos. Menciónelos en su libro, Marcus. Porque si al final se revelan nefastos, al menos tendrán el mérito de marcar algunas páginas de la Historia”.

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“A veces le vencerá el desaliento, Marcus. Es normal. Le decía que escribir es como boxear, pero también es como correr. Por eso me paso el día mandándole a la calle: si tiene la fuerza moral para realizar carreras largas, bajo la lluvia, con frío, si tiene la fuerza de terminar, de poner en ello toda su fortaleza, todo su corazón, y llegar hasta el final, entonces será capaz de escribir. No deje nunca que se lo impida el cansancio ni el miedo. Al contrario, utilícelos para avanzar.”

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“El último capítulo de un libro, Marcus, siempre debe ser el más hermoso.”

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32

“Un buen libro, Marcus, no se mide sólo por sus últimas palabras, sino por el efecto colectivo de todas las palabras precedentes. Apenas medio segundo después de haber terminado el libro, tras haber leído la última palabra, el lector debe sentirse invadido por un fuerte sentimiento; durante un instante, sólo debe pensar en todo lo que acaba de leer, mirar la portada y sonreír con un gramo de tristeza porque va a echar de menos a todos los personajes. Un buen libro, Marcus, es un libro que uno se arrepiente de terminar.”

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