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Archive for 7 junio 2015

El mapa de tu vida

He descubierto hace poco la sección de “my maps” ofrecida por Google en la cual cualquiera puede crear los mapas que le plazca. Peligro. Esta es una de las chorraditas en las que a mi mente le encanta sumergirse para tratar de organizar y controlar mi vida todo lo posible, aunque sea psicológicamente. De hecho, llevaba un tiempo con la tarea pendiente de comprarme un mapamundi físico para marcar todos los lugares en los que he estado. Sin embargo, una vez más, las nuevas tecnologías han venido a cargarse el romanticismo de la idea. Pero bueno, tampoco me importa mucho no taladrar la pared de un piso alquilado con un porrón de chinchetas, que ya se sabe que más de un dueño de una vivienda agradecería cualquier pequeña excusa para gastarse mi fianza en sus vicios.

El resultado emocional ha sido demoledor. Aplastante. Aturdidor. Vamos, que me he quedao muerta. No en sí por creer que he visitado muchos o pocos sitios, sino por la brutal cantidad de recuerdos que me han golpeado la cabeza con cada click. Espectacular. El cerebro es alucinante. Cómo se encarga de almacenar la información, procesarla, sepultarla, resucitarla, lanzártela en las narices sin venir a cuento. Y cómo se las ingenia para transformar los recuerdos, destacar aspectos positivos o negativos, trastornar por completo la perspectiva hacia una vivencia determinada a raíz de la fusión de todo esto: lo que nuestra mente destaca, lo que no y de qué manera; el paso del tiempo y la acumulación de más y más experiencias. Entonces, el reflejo de esta mezcolanza impacta directamente sobre nuestra personalidad y forma de pensar actual, dando lugar a nuevas percepciones o enfatizando las existentes, afeando algunas y embelleciendo otras.

Efectivamente: una locura lo que cargamos de la frente al cogote. Hay sitios cuyos nombres no habría recordado en mi vida de no haber sido por haberlos plasmado en este blog. Por ejemplo: “Hondarribia“. ¡No hay huevos de repetirlo diez veces sin trabarse! No obstante, un diminuto pueblo de revista fue aquel. Y situado al norte de España. Una muestra preciosa de los tesoros que nos rodean y que en muchas ocasiones despreciamos por llamarnos más la atención lo que está más lejos, no sé muy bien por qué.

Bueno, echemos un vistazo al susodicho mapa en cuestión.

El mapa de mi vida

El mapa de mi vida

En principio, nos encontramos con dos núcleos claramente diferenciados: Europa y California; la primera con muchísima más historia por el momento, ya que solo llevo poco más de medio año al otro lado del Atlántico, donde concretamente he parado en los siguientes destinos.

El mapa de mi vida en California

El mapa de mi vida en California

Los Ángeles, Las Vegas, Riverside, San Diego, donde resido actualmente; y una serie de zonas menores, la mayoría de playa. Recuerdos muy recientes y fáciles de desglosar. Volvamos a Europa para analizar en mayor profundidad tal cantidad de marcadores y remover los fantasmas del pasado.

El mapa de mi vida en Europa

El mapa de mi vida en Europa

No parecen para tanto acercándonos, en el primer mapamundi se pensaría que me he visto Europa entera, pero mucho me falta por conocer. Dos sub-núcleos esta vez: España y Reino Unido, a los que pasaré enseguida tras aclarar qué ocurrió por el resto del continente.

El mapa de mi vida por centro-Europa

El mapa de mi vida por centro-Europa

Un interrail de un mes el verano pasado, una escapada corta con uno de mis mejores amigos y unas tres visitas a amistades en el extranjero por variados motivos (nativo, erasmus, trabajo). Viajes tan distintos como especiales cada uno en su carácter único y personalizadamente anecdótico. Ah, y una escapada universitaria a Roma, que me pillaba demasiado al sur en el mapa para incluirlo visualmente.

El mapa de mi vida en Irlanda

Tres veranos adolescentes cerca de la capital irlandesa y una escapada, también veraniega, años más tarde a Cork para visitar a buenos colegas y escapar un poco del frenetismo londinense.

El mapa de mi vida en Reino Unido

Un año y ocho meses de mi vida divididos entre la cotidianeidad londinense y varias escapadas de un día a las ciudades más cercanas, un fin de semana en York, cuatro días entre Manchester y Liverpool con mis hermanos, un road-trip y un fin de semana en Edimburgo que, al contrario que Roma dos mapas más arriba y demasiado al sur, la encantadora capital de Escocia se me ha quedado demasiado al norte, así que me limitaré a mencionarla.

El mapa de mi vida en España

Finalmente, aparte de una escapada a Portugal para conocer por fin la capital y el maravilloso Oporto, aterrizamos en la auténtica protagonista de mi vida: España. Con sus visitas espontáneas por mi Andalucía natal, gran parte de mi vida antes de la universidad danzando por Jerez de la Frontera, una semana de vacaciones por el País Vasco y la Rioja, preciosos también, con un amigo; vacaciones fiesteras en Benidorm, Ibiza y Tenerife (imaginaros que esta isla está abajo a la izquierda en un cuadrito como cuando nos cuentan el tiempo en las noticias); dos caminos de Santiago, de los cuales me siento muy feliz de haber redactado uno en detalle; un par de festivales de música por Castellón, un viaje con el colegio a Barcelona, una visita a casa de una de mis mejores amigas en Tarragona, aventuras veraniegas en Salou y Zaragoza, visitas de un día a Toledo y a Segovia, un día en Mallorca, un día en Gibraltar, un campamento en Cuenca, con doce inocentes y tímidos años… Reconozco que era toda una mosquita muerta pero, ¡cómo han cambiado las cosas! Y, por mucha falta que me hiciera espabilarme, me alegro de haber sido una niña de verdad, no como las de hoy en día.

Parece fácil haber citado esta retaíla de experiencias. Pero yo continúo abrumada, porque cada palabra, cada ciudad conlleva una prueba, una aventura, un riesgo, un compromiso, dolor, sonrisas, personas, conversaciones, momentos. Mi mente salta tan rápido de unas imágenes, caras, paisajes, sentimientos a otros que no me da ni tiempo de asimilar el cúmulo de sensaciones que me provocan. Desde un chasquido de cócteles hasta una carrera bajo la lluvia, un paseo en barquita rodeados de medusas, un robo, las vistas desde un mirador granadino, mis pies destrozados frente a la catedral de Santiago, el mareo tras salir del Dragon Khan en PortAventura, una conversación profunda en medio de un Toledo dormido… Y muchísimas escenas más que se agolpan tratando de imponerse ante las demás, de jugar con mis percepciones veintiseañeras y de recordarme que, lo crea o no, he vivido. He vivido una barbaridad de cosas. Y, mientras ninguna desgracia mayor se interponga en mi camino (que nunca se sabe, no nos vayamos a creer ahora inmortales), me queda otra increíble barbaridad de cosas que vivir multiplicada por dos y pico, incluso por tres si me cuido lo bastante.

Os invito a sentaros unos minutos; a parar, hacer esta reflexión para con vosotros mismos y compartir conmigo esta gratitud existencial. Porque, ¿sabéis lo mejor? Aunque en este post una servidora se haya entretenido en recorrer el mundo, no considero necesario haberse movido mucho para contar con una cantidad mayor o menor de experiencias. Estas las creáis vosotros allá donde os lo permitáis, sin importar si habéis pisado el otro lado del mundo o si apenas soléis pasar de los límites de vuestro barrio. Podría hacer un segundo y tercero y muchos posts más enfocándome exclusivamente en determinados destinos, sus comercios, gentes, parques y reflexiones locales; pero creo que me entendéis y, por hoy, tengo mucho que asimilar, que el mapa con el que esperaba limitar mi vida me la ha desbordado por todas partes.

Liverpool (II): catedrales y frases en fachadas

Tras aquel Liverpool (I): un paseo por la ciudad y los Beatles, hoy me ha dado por poneros la segunda parte que quedó pendiente hace la friolera de dos años. ¿Por qué? Pues no tengo una explicación válida, la verdad. Desinterés, apatía, pereza, yo qué sé, para terminar acostumbrándome a la presencia de la carpetita “Liverpool” como adorno en el escritorio del portátil. Y, como soy una apasionada maniática de la “limpieza”, esa que a unos cuantos nos deleita poner en práctica cuando se trata de cosas como despejar dicho escritorio, ordenar carpetas de fotos, colocar papeles por categorías en un archivador, poner los alimentos en grupitos en el frigorífico y demás lindezas que os podéis imaginar, mientras miraba hoy mi pantalla del ordenador, me he cruzado con la mencionada carpeta de Liverpool y me he dicho: de hoy no pasa.

Así que básicamente os pondré las fotitos que me quedaban por enseñaros, aunque desgraciadamente las descripciones serán bastante más cortas de lo que podrían haber sido hace dos años y con el viaje recién cocidito. Pero bueno, creo que estas imágenes hablan bastante de por sí. Además, como me ocupé de aclarar en el post de la primera parte de este viaje, que comenzó en Manchester, mi intención no era ni es redactar unas publicaciones estupendas y turísticas sino comentar lo que me apetezca y lo que más me llamó la atención de estas tierras. Allá vamos, pues.

En primer lugar, la Catedral Metropolitana de Liverpool, a la que apodaría por aquel entonces “la iglesia hippie” debido a su original diseño…

Liverpool Metropolitan Cathedral

Liverpool Metropolitan Cathedral

… ¡E interior! De un azul intenso totalmente inesperado. Mis hermanos y yo tuvimos que parpadear un par de veces para dejar que la vista se adaptara al color y al impacto de un escenario y una estructura arquitectónica totalmente diferentes de las que hubiéramos visto anteriormente en este tipo de construcciones.

Interior de la Catedral Metropolitana de Liverpool, Reino Unido

Interior de la Catedral Metropolitana de Liverpool, Reino Unido

Luego, iríamos a ver la Catedral de Liverpool, más normalita por fuera, y por dentro en su mayor parte…

Liverpool Cathedral

Liverpool Cathedral

… Hasta que me quedé pasmada al encontrarme con el siguiente cuadro clavado en una de las paredes, y no sería el único de este rollo. ¡Qué modernos, los liverpulianos!

Arte presenten en la Catedral de Liverpool

Arte presenten en la Catedral de Liverpool

Total, dejamos a un lado las catedrales para contemplar una calle a contraluz. No tiene más misterio, me gustó la escena y aquí que la planto.

Liverpool, Reino Unido

Liverpool, Reino Unido

Otro elemento que me embaucó durante esta visita fue este cuadro de Peter Davies de nombre Super Star Fucker – Andy Warhol Text Painting, que me cuesta atreverme a traducir a pesar de parecer simple, nunca se sabe con el arte abstracto. Pongamos que efectivamente quiere decir “Cabrón Súper Estrella – Cuadro de textos Andy Warhol”. Que cada uno lo entienda como pueda. A mí me hipnotizó de una manera o de otra.

Super Star Fucker - Andy Warhol Text Painting, Walker Art Gallery, Liverpool, UK

Super Star Fucker – Andy Warhol Text Painting, Walker Art Gallery, Liverpool, UK

Explicación:

Super Star Fucker Andy Warhol

[…] Empezando con el nombre de Warhol en el centro, el resto crece como un diagrama de flujo. Davies evita repetir una sola frase, color o forma de estrella. Además de transmitir una sensación de caos travieso (no sé cómo traducir esto para que suene mejor), el autor ha explicado: “Quiero… combinar la sensualidad y belleza del formalismo con el humor y la dureza del conceptualismo.” […]. Está claro, ¿no?

Finalmente, algunas frases en fachadas de Liverpool. Unas de tinte romántico para empezar.

¿Crees en el amor a primera vista? Y, más arriba y en letra más reducida:

La persona media se enamora tres veces en la vida; ¿crees en el amor a primera vista?

A continuación, unas un tanto aterradoras.

Una media de millones de personas están solas en Inglaterra. ¿Te sientes solo?

6’8 millones de personas viven solas en Inglaterra. ¿Te sientes solo?

Finalmente, una para reflexionar.

La persona media cree que es más inteligente que la media.

La persona media cree que es más inteligente que la media.

Seis meses en Riverside, California

Para bien o para mal, el condado de Riverside ha sido mi contacto inicial con los Estados Unidos, y allí transcurrieron concretamente mis seis primeros meses yanquis (llevo en el país ocho en total y los dos últimos en San Diego), una temporada de lo más repartida experiencialmente entre clases, deberes, exámenes… y fiestas, barbacoas y viajes. Variadas actividades que, de manera natural, me llevaron a conocer a mucha gente y, en especial, a dos personitas que ocupan gran parte de mi corazón, dejándole el correspondiente espacio, como siempre, a la familia y las amistades.

Amanecer en Riverside

Amanecer en Riverside

La primera personita: mi pareja actual y la que confío en que me acompañe durante el resto de mi vida. Alguien que ha elevado el concepto del amor a su máxima potencia, a un nivel que jamás imaginé que existía ni que soy capaz de exponer con palabras, así que lo dejaré aquí porque tampoco es el tema principal de este post.

La segunda personita: una servidora. Sí, yo misma. Mi entrada estelar en un país a diez mil kilómetros de mi tierra natal ha traído consigo una nueva ráfaga de auto-conocimiento, de ocasiones en las que ponerme a prueba, analizarme, dejarme llevar, reír, llorar, quererme y detestarme. Y darme cuenta de mil y una cosas. Y aprender de ellas. Y entender que jamás dejas de aprender.

Riverside Downtown, California

Riverside Downtown, California

Riverside, un territorio dividido entre pequeñas civilizaciones y la nada, estructura espacial típica en este país. Una residencia de estudiantes a unos quince minutos a pie de la universidad en una zona con sus semáforos que tardan años en ponerse en blanco, que no en verde, para los peatones; sus avenidas rectas, rectísimas; sus comercios esporádicos que te cuesta explicarte cómo se mantienen; su área de entretenimiento basada en un cine y varios restaurantes. Sus ratos de piscina y de copas, de estudio y de tareas, de conexión individual inesperada, de soledad acompañada.

Avenida de Riverside más larga que un día sin pan

Avenida de Riverside más larga que un día sin pan

Sus puestas de sol, sus amaneceres tempranos, su centro histórico (todo lo histórico que puede ser algo en los Estados Unidos) a pocos minutos en coche o en autobús, que consiste en una calle comercial que se digna a llenarse de gente los fines de semana, camuflando su carácter fantasmal durante el resto del tiempo. Su cine al aire libre, su monte Rubidoux con vistas fantásticas del condado y sus cientos de rincones que se me escurrieron y que permanecerán anónimos.

Árbol decorado por Navidad, Riverside, California

Árbol decorado por Navidad, Riverside, California

Su universidad, con una educación que no sé decir si es la habitual. Una educación predispuesta a dejar a los alumnos banda ancha para que se expresen y traten de aprender por sí mismos… Y decepcionada ante un grupo de jóvenes sin manos alzadas más que para preguntar por el examen de turno. Desconozco un ambiente estudiantil americano, mis compañeros eran en su mayoría europeos, descontando algún par de chinos, otro par de indios, una brasileña, un africano, un paquistaní y poco más. Pero no me acaba de gustar lo que veo, la falta de interés y de respeto hacia aquellos que están dedicando tiempo y esfuerzo en enseñarnos.

No considero haber descubierto teorías especialmente iluminadoras pero, sin haber tratado de prestar la mayor atención posible (clases infumables las tenemos todos), no habría reafirmado bastantes pequeños conceptos que, aunque no lo parezca, permanecerán rondándome por la cabeza a la espera de surgir cuando los necesite. Y por todo esto, por este espíritu que no noto a mi alrededor, por la pérdida de dedicación, de exigencia hacia uno mismo, de consideración hacia estos profesionales y hacia los recursos que todos estos padres han puesto a los pies de sus hijos… Se me aparece una imagen global de mi generación triste, inmadura y perezosa.

Sin embargo, nada que no solucione el karma a su debido tiempo, o eso espero, así que pasemos a otra cosa. ¡Ah! Riverside… Con sus aplastantes veinte grados de diferencia entre el día y la noche en los meses más frescos, su paisaje montañoso allá donde posas la mirada hacia la lejanía, sus tentaciones constantes a consumir consistentes hamburguesas, sándwiches o dulces, sus invitaciones a conducir durante más de media hora de vez en cuando para escapar del letargo local y hacer actividades diferentes como ir de viñedos, escuchar a algún cómico reconocido o ver un concierto al aire libre. Jamás se me habría ocurrido recorrer tales distancias para hacer ciertas cosas y no puede ser más normal hacerlo por estas tierras…

Puesta de sol, Riverside, California

Puesta de sol, Riverside, California

La universidad internacional de Riverside, con sus reducidos círculos sociales empeñados en seguirse los unos a los otros en lugar de decidir por sí mismos lo que les apetece hacer. Quizá sea la distancia entre esto y aquellos lugares donde se sentían más seguros, más arropados envueltos de su propia cultura, más independientes al conocer el terreno y contar con entornos sociales establecidos. O tal vez sea la tendencia humana a condensarse en masa para sentir que se forma parte de algo y no se está desamparado, no se es diferente. Hasta que te haces con tu diminuto y maravilloso clan de fieles y, aún así, sigues escogiendo lo que más se te antoja hacer en cada momento, en lo cual afortunadamente entra no participar en cada una de las reuniones etílicas que te ofrecen, que ya son bastantes.

Tienda de pasteles estupendos y caros, Riverside downtown, California

Tienda de pasteles estupendos y caros, Riverside downtown, California

Riverside y su sensación de opresión ante las ganas de echar a volar hacia otro lugar donde desarrollar una ocupación laboral. Su sensación de libertad al pasear por largas avenidas sin cruzarse con un alma y permitirse cantar al ritmo del iPod y al volumen deseado. Su lucha entre el desamparo geográfico y atisbos de sensación de pertenencia a medida que la voluntad y la confianza sortean los miedos e inseguridades, a medida que se comienza a comprender esta nación enorme, volviéndose un poco más simple conforme más se comprende.

Cochecillo que me encontré por Riverside como quien no quiere la cosa

Cochecillo que me encontré por Riverside como quien no quiere la cosa

Y, para terminar, su Navidad. La poca que distinguí a duras penas antes de, como dice la expresión, volver a casa (Jerez, Cádiz, España) por Navidad. Su pasión consumista y nostálgica, su ímpetu por procurar ver el mundo más bonito y acogedor, y a veces más desgarrador según la imagen con la que te cruces o la situación en la que te encuentres, durante unas semanas de frenetismo familiar y social. Sí, la esencia de la Navidad es la misma en todas partes.

Sus días de paseos de la mano entre millones de luces, buena compañía y más proyectos que nunca para el año 2015. En el que, por cierto, teniendo en cuenta el nivel de cumplimiento de los propósitos de año nuevo, ¡me puedo dar con un canto en los dientes!

Mission Inn Hotel at Christmas, Riverside Downtown, California

Mission Inn Hotel en Navidad, Riverside Downtown, California

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