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Seis meses en Riverside, California


Para bien o para mal, el condado de Riverside ha sido mi contacto inicial con los Estados Unidos, y allí transcurrieron concretamente mis seis primeros meses yanquis (llevo en el país ocho en total y los dos últimos en San Diego), una temporada de lo más repartida experiencialmente entre clases, deberes, exámenes… y fiestas, barbacoas y viajes. Variadas actividades que, de manera natural, me llevaron a conocer a mucha gente y, en especial, a dos personitas que ocupan gran parte de mi corazón, dejándole el correspondiente espacio, como siempre, a la familia y las amistades.

Amanecer en Riverside

Amanecer en Riverside

La primera personita: mi pareja actual y la que confío en que me acompañe durante el resto de mi vida. Alguien que ha elevado el concepto del amor a su máxima potencia, a un nivel que jamás imaginé que existía ni que soy capaz de exponer con palabras, así que lo dejaré aquí porque tampoco es el tema principal de este post.

La segunda personita: una servidora. Sí, yo misma. Mi entrada estelar en un país a diez mil kilómetros de mi tierra natal ha traído consigo una nueva ráfaga de auto-conocimiento, de ocasiones en las que ponerme a prueba, analizarme, dejarme llevar, reír, llorar, quererme y detestarme. Y darme cuenta de mil y una cosas. Y aprender de ellas. Y entender que jamás dejas de aprender.

Riverside Downtown, California

Riverside Downtown, California

Riverside, un territorio dividido entre pequeñas civilizaciones y la nada, estructura espacial típica en este país. Una residencia de estudiantes a unos quince minutos a pie de la universidad en una zona con sus semáforos que tardan años en ponerse en blanco, que no en verde, para los peatones; sus avenidas rectas, rectísimas; sus comercios esporádicos que te cuesta explicarte cómo se mantienen; su área de entretenimiento basada en un cine y varios restaurantes. Sus ratos de piscina y de copas, de estudio y de tareas, de conexión individual inesperada, de soledad acompañada.

Avenida de Riverside más larga que un día sin pan

Avenida de Riverside más larga que un día sin pan

Sus puestas de sol, sus amaneceres tempranos, su centro histórico (todo lo histórico que puede ser algo en los Estados Unidos) a pocos minutos en coche o en autobús, que consiste en una calle comercial que se digna a llenarse de gente los fines de semana, camuflando su carácter fantasmal durante el resto del tiempo. Su cine al aire libre, su monte Rubidoux con vistas fantásticas del condado y sus cientos de rincones que se me escurrieron y que permanecerán anónimos.

Árbol decorado por Navidad, Riverside, California

Árbol decorado por Navidad, Riverside, California

Su universidad, con una educación que no sé decir si es la habitual. Una educación predispuesta a dejar a los alumnos banda ancha para que se expresen y traten de aprender por sí mismos… Y decepcionada ante un grupo de jóvenes sin manos alzadas más que para preguntar por el examen de turno. Desconozco un ambiente estudiantil americano, mis compañeros eran en su mayoría europeos, descontando algún par de chinos, otro par de indios, una brasileña, un africano, un paquistaní y poco más. Pero no me acaba de gustar lo que veo, la falta de interés y de respeto hacia aquellos que están dedicando tiempo y esfuerzo en enseñarnos.

No considero haber descubierto teorías especialmente iluminadoras pero, sin haber tratado de prestar la mayor atención posible (clases infumables las tenemos todos), no habría reafirmado bastantes pequeños conceptos que, aunque no lo parezca, permanecerán rondándome por la cabeza a la espera de surgir cuando los necesite. Y por todo esto, por este espíritu que no noto a mi alrededor, por la pérdida de dedicación, de exigencia hacia uno mismo, de consideración hacia estos profesionales y hacia los recursos que todos estos padres han puesto a los pies de sus hijos… Se me aparece una imagen global de mi generación triste, inmadura y perezosa.

Sin embargo, nada que no solucione el karma a su debido tiempo, o eso espero, así que pasemos a otra cosa. ¡Ah! Riverside… Con sus aplastantes veinte grados de diferencia entre el día y la noche en los meses más frescos, su paisaje montañoso allá donde posas la mirada hacia la lejanía, sus tentaciones constantes a consumir consistentes hamburguesas, sándwiches o dulces, sus invitaciones a conducir durante más de media hora de vez en cuando para escapar del letargo local y hacer actividades diferentes como ir de viñedos, escuchar a algún cómico reconocido o ver un concierto al aire libre. Jamás se me habría ocurrido recorrer tales distancias para hacer ciertas cosas y no puede ser más normal hacerlo por estas tierras…

Puesta de sol, Riverside, California

Puesta de sol, Riverside, California

La universidad internacional de Riverside, con sus reducidos círculos sociales empeñados en seguirse los unos a los otros en lugar de decidir por sí mismos lo que les apetece hacer. Quizá sea la distancia entre esto y aquellos lugares donde se sentían más seguros, más arropados envueltos de su propia cultura, más independientes al conocer el terreno y contar con entornos sociales establecidos. O tal vez sea la tendencia humana a condensarse en masa para sentir que se forma parte de algo y no se está desamparado, no se es diferente. Hasta que te haces con tu diminuto y maravilloso clan de fieles y, aún así, sigues escogiendo lo que más se te antoja hacer en cada momento, en lo cual afortunadamente entra no participar en cada una de las reuniones etílicas que te ofrecen, que ya son bastantes.

Tienda de pasteles estupendos y caros, Riverside downtown, California

Tienda de pasteles estupendos y caros, Riverside downtown, California

Riverside y su sensación de opresión ante las ganas de echar a volar hacia otro lugar donde desarrollar una ocupación laboral. Su sensación de libertad al pasear por largas avenidas sin cruzarse con un alma y permitirse cantar al ritmo del iPod y al volumen deseado. Su lucha entre el desamparo geográfico y atisbos de sensación de pertenencia a medida que la voluntad y la confianza sortean los miedos e inseguridades, a medida que se comienza a comprender esta nación enorme, volviéndose un poco más simple conforme más se comprende.

Cochecillo que me encontré por Riverside como quien no quiere la cosa

Cochecillo que me encontré por Riverside como quien no quiere la cosa

Y, para terminar, su Navidad. La poca que distinguí a duras penas antes de, como dice la expresión, volver a casa (Jerez, Cádiz, España) por Navidad. Su pasión consumista y nostálgica, su ímpetu por procurar ver el mundo más bonito y acogedor, y a veces más desgarrador según la imagen con la que te cruces o la situación en la que te encuentres, durante unas semanas de frenetismo familiar y social. Sí, la esencia de la Navidad es la misma en todas partes.

Sus días de paseos de la mano entre millones de luces, buena compañía y más proyectos que nunca para el año 2015. En el que, por cierto, teniendo en cuenta el nivel de cumplimiento de los propósitos de año nuevo, ¡me puedo dar con un canto en los dientes!

Mission Inn Hotel at Christmas, Riverside Downtown, California

Mission Inn Hotel en Navidad, Riverside Downtown, California

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  1. Aún no hay comentarios.
  1. junio 7, 2015 en 10:31 pm
  2. septiembre 28, 2015 en 11:46 pm

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