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Archive for 30 septiembre 2015

Quejarse es gratis… ¿o no?

No son las palmeras más bonitas o altas de California ni es el amanecer más impresionante que se pueda ver, pero cuando uno se levanta y se encuentra con una vista agradable a través de la ventana, el día empieza de otra manera, ¿verdad?

Amanecer

Amanecer

Nunca me he considerado especialmente dependiente de las condiciones climatológicas para sentirme de mejor o peor humor. Viví un año y 8 meses en Londres y nunca entendí por qué la gente se empeñaba en decir “uf, otra vez lloviendo” casi a diario. Pues claro, pesaditos, ¿qué esperáis en un lugar donde el 90% del tiempo está nublado y el 75% lloviendo? (Calculado así a ojo).

Ignoro si estas quejas se deben a la necesidad de conversar en determinadas situaciones o a la necesidad en sí de exteriorizar pesares internos. Igualmente, es terrible. Muy recientemente fui ayudada a darme cuenta de la cantidad de comentarios negativos que hacía sin inmutarme lo más mínimo de su efecto, tanto en mí como en las personas a mi alrededor.

Quejas sobre el clima, el tráfico, la actitud de una persona, la situación laboral, la incertidumbre… Un horror, y yo que me veo como una persona realista de tendencia optimista. Con este tipo de comentarios no hacemos más que permitir la expansión de conversaciones victimistas y, por tanto, la proliferación de pensamientos y sentimientos destructivos.

Leí hace poco un artículo sobre un experimento en el que varias personas habían decidido no exteriorizar sus quejas. Entendedme: esas quejas que son realmente innecesarias, repetitivas y no aportan nada. No voy a prohibir a nadie que se desahogue en una situación desfavorecedora. Bueno, pues dichas personas, al cabo de un mes, comprobaron que su índice de felicidad había aumentado notablemente. Obvio: queja que evitas, queja que no conviertes en algo más grave de lo que es al ponerle palabras y que no contagias a nadie para quejaros juntitos. Paraos a reflexionar un minuto en torno a todo lo que vais diciendo a lo largo del día y os daréis cuenta de cuántas soltáis que no hacen más que perjudicar.

Por eso, hoy quería enseñaros este amanecer entre palmeras. Una imagen simple, natural y digna de apreciarse. Lo cual no implica que la mañana que llueva deba suponer una excusa para permitirse refunfuñar. La lluvia es buena. Todo tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Tratemos de ver las primeras más que los segundos y notaremos los resultados. No hace falta quejarse tanto, hace falta reaccionar hacia el detonante de esos sentimientos.

Reflexionemos. Por tu felicidad, por la mía, por la de todos.

La dieta americana

Ayer fui a cenar a un restaurante típico de Estados Unidos. Si en España lo normal es el bar con sus cervezas y tapas, aquí la tendencia va de hamburguesas y sándwiches potentes. Dio la casualidad de que acabé en un local de nombre Rudford’s restaurant del que solo hay uno como tal, pero muy a menudo os cruzaríais con bastantes cadenas por aquí, llevándole la contraria a España.

En mi país natal, contamos con tropecientos bares familiares, únicos se podría decir; y algunas cadenas. Aquí, diría que los restaurantes individuales son los menos, mientras que las cadenas se llevan la palma y recorren las ciudades por doquier. Denny’s, Jack In The Box, Carl’s Junior, Wendy’s y muchos más. Al contrario de lo que se pueda pensar, McDonald’s no es tan popular aquí, ya que la oferta de hamburguesas es extremadamente amplia y de precios similares entre sí.

De hecho, hay una marca bastante exitosa llamada In-N-Out. Se caracteriza por ofrecer, literalmente, tres tipos de hamburguesas: normal, con queso y doble. Por supuesto, con sus patatas y bebida. También tienen batidos. Y disponen del concepto “animal style”, que se puede añadir tanto a la hamburguesa como a las patatas y consiste en una particular salsa.

En fin, estereotipo confirmado de que en EEUU se come mal y grande. Y, consecuentemente, el nivel de obesidad es alarmante. Para terminar de demostrároslo, os enseño la oferta del mismo Rudford’s:

"¿Tienes lo que hace falta para el reto Rudfords? ¿Puedes terminar El Gran Nick? ¡Acábalo en 30 minutos y no pagas! Consigue una camiseta gratis y tu foto en el mural de los ganadores. Si no puedes, pagas $20 y vas al muro de los perdedores."

American diet

Traducción: “¿Tienes lo que hace falta para el reto Rudfords? ¿Puedes terminar El Gran Nick? ¡Acábalo en 30 minutos y no pagas! Consigue una camiseta gratis y tu foto en el mural de los ganadores. Si no puedes, pagas $20 y vas al muro de los perdedores.”

¿Quién se atreve?

Para bien o para mal, ¡me he hecho Instagram!

Queridos seguidores antiguos, recientes y futuros: en vistas de que mi pobre blog está un tanto abandonado a raíz de escribir a base de impulsos mensuales sin continuidad ninguna, he decidido probar la aplicación Instagram. Esta red social consiste fundamentalmente en compartir fotos individuales y tomadas a tiempo real o muy recientemente. Sin embargo, no invito a nadie a crearse una cuenta para seguirme ni pretendo cerrar este blog (no os asustéis, papis), al contrario.

El proyecto, o amago del mismo por ahora, consistirá en recurrir a Instagram como primer medio social para comunicar lo que mi alrededor me inspire en el momento en que suceda. A partir de ahí, la publicación saldrá automáticamente en Facebook y Twitter y, posteriormente y a la mayor brevedad, en este blog (una pena no poder sincronizar Instagram con WordPress). Y en Google+ si me acuerdo…

¿Por qué hago esto? Porque no es lo mismo capturar una historia y transmitirla en el preciso momento en que inunda mi mente que apuntarse una frase o una palabra “para escribir sobre ello más tarde en el blog”.

En principio, la idea de utilizar Instagram se me antoja bastante más cómoda, directa e inmediata que el típico proceso de acumular conceptos y esperar a sentarme enfrente del ordenador para redactar en el blog, cuando la mitad del efecto se ha esfumado. Y las ganas de escribir (hablo por mí, desde luego).

Además, empleando esta herramienta social añadiré un valor añadido a mis contenidos: las imágenes siempre serán de cosecha propia. No de bancos de imágenes o de Internet, sino fotografías puramente mías, hechas por María González Amarillo.

A su vez, aumentará (espero) mi continuidad a la hora de publicar en el blog porque, sin duda alguna, lo que saque en Instagram quiero plasmarlo aquí también, abriendo la posibilidad de dejarlo tal cual o de añadir más detalles en esta plataforma, más adecuada para textos más extensos.

Sin más dilación, os enseño un par de fotografías. En primer lugar, la de mi perfil de Instagram: el reflejo de mí y de una puesta de sol brindada por Newport Beach (California).

Foto de perfil en Instagram

Foto de perfil en Instagram

¡Y la foto de inauguración de Instagram! Una perspectiva de San Diego desde la Isla de Coronado. Cabe destacar que llevo seis meses viviendo en San Diego y un año en California (los seis meses anteriores fueron en Riverside). No se ha pasado rápido ni nada… Interesados en más detalles en cuanto a mis andaduras yanquis, tómense la libertad de echar un vistazo a posts previos a este, en los que hablo de varias ciudades californianas y de mis impresiones respecto a la cultura estadounidense.

San Diego, California

San Diego, California

A ver cómo progresa esta nueva aventura. ¡Nos vemos en Instagram, Facebook, Twitter, Google+ y WordPress!

Instagram y Twitter: @Mariagamarillo

Página de Facebook: Maria Dixit

Google+: María González Amarillo

¡Saludos!

Se vende piso en Jerez. Bueno, bonito y barato, pero no regalado

Welcome home

Welcome home

Todos sabemos que el precio de las viviendas en España está por los suelos. Pero lo que no puede ser es que digas a un posible cliente (o, más bien, a un amago de cliente) que el piso está a 125.000 euros y que te ofrezca 80.000. Creo que esto sobrepasa los límites de la caraduría y promueve espantosamente el abuso hacia personas que pueden verse obligadas a aceptar cantidades irrisorias por algo que no deja de ser una propiedad inmueble, un bien de los más valiosos del mercado, si no el más importante, a raíz de la necesidad.

No ignoro que los compradores también tendrán sus propias necesidades, como es natural. Pero si vas a ofrecer ese dinero, si ese es tu presupuesto real, no le veo el sentido a intentar comprar una vivienda de 125.000 euros. Las hay más baratas y más ajustadas a ese precio cualitativamente. A patadas, que para eso estamos como estamos.

Tampoco estoy en contra del regateo y la negociación, es una actividad permanente en todo negocio. Pero la gente no puede pretender que España se recupere, que cree más trabajos y que provea productos y servicios de calidad cuando no paramos de buscar lo más barato para todo. Me incluyo entre los que preguntan, o al menos piensan en bastantes ocasiones: “¿es gratis? Vale, voy”. Soy tan culpable como buena parte de la población española. Pero no me gusta regatear ni probar a decir costes degradantes para el vendedor, a menos que sea evidente que este quiere cobrarme un precio que sobrepasa exageradamente la media del mercado, en cuyo caso de todas formas tiendo a retirarme. No me siento cómoda tratando de luchar por algo en lo que, por fuerza, ha de haber comerciantes más honestos que justo el que me quiere timar.

Cocina y despensa

Cocina y despensa

Volviendo al tema de los pisos, he decidido hablar de este tema porque esta semana mis progenitores me han contado la situación que os he comentado en el primer párrafo: 125.000 es el precio que ofrecen, bueno, que ofrece mi amada abuela por su casa de casi toda la vida, después de haberlo rebajado ya lo máximo posible, y una individua tuvo el valor de proponer 80.000. Claro, por probar, qué más da soltar una animalada, ¿no? Como si con 45.000 euros no pudiera sobrevivir una familia varios años.

No se trata de que el tema me roce de manera personal, sino de que yo misma no tendría la poca vergüenza de sugerir tal cifra. Es un piso de 136 metros cuadrados con cuatro dormitorios, salón, cocina y dos baños en una segunda planta con ascensor, en perfectas condiciones y situado en la calle Arcos, en pleno centro de Jerez de la Frontera (Cádiz, España). Eso, señora mía, no vale 80.000 euros. Luego se quejará de que el país va mal.

Un poco de cordura, mis queridos ciudadanos españoles.

Pd: aprovecho para informar de que se venden tres viviendas más:

Otro piso en Jerez de la Frontera, situado en la Calle Merced, de 110 metros cuadrados con cuatro dormitorios, salón, cocina y un cuarto de baño. Está en una segunda planta sin ascensor ni garage y requiere reformas. 50.000 euros (no negociable).

Un estudio en Algeciras (Cádiz) de 35 metros cuadrados con todo en uno y baño aparte, en la planta baja de un bloque situado en el centro del pueblo, para meterse directamente y amueblado. 50.000 euros (no negociable).

Finalmente, una oportunidad de oro, señores: piso en la Costa de la Luz, concretamente en la playa de Regla (Chipiona, Cádiz), de 70 metros cuadrados con 3 dormitorios, salón, un cuarto de baño y una terraza con vista lateral al mar. Primera planta con ascensor, sin garage, amueblado y para meterse. 120.000 euros (negociable).

No, no soy una inmobiliaria y, aunque seguramente los carteles callejeros y anuncios formales en Internet sean más efectivos que mi post, las circunstancias me han motivado a hablar del tema, y nunca se sabe quién puede cruzarse con mi blog. Todo esfuerzo es poco para ayudar a la familia.

Interesados en cualquiera de estas viviendas, llamen al 608 399 953. Absténganse personas con propuestas denigrantes.

Se agradece la difusión 🙂

Fotos del piso de la calle Arcos cuando estaba amueblado. Click en ellas para verlas mejor.

Dormitorios y salita

Dormitorios y salita

Salón

Salón-comedor

La esencia del periodismo y la verdad sobre el sueño americano

escribir muchoLo sé: según el post anterior a este, llevo sin escribir desde el 26 de julio, pero quizá las apariencias os estén engañando. Todo depende del punto de vista. Efectivamente, en este blog, he estado ese tiempo sin manifestarme. Sin embargo, hacía mucho que no ocupaba tantas horas redactando. Diría que desde aquel verano de 2010 en el cual empecé este blog y me volqué en él de un modo casi enfermizo.

Como os conté el susodicho 26 de julio, tengo… um, un trabajo freelance, no dos: el de editora de publicaciones de Facebook me he visto obligada a dejarlo ante la evidente necesidad de buscar una posición estable que complemente mi labor como freelance para un periódico hispano, cosa que sin duda no quiero dejar de hacer tras haber conseguido una oportunidad en este sector cuatro años después de acabar la carrera. Si me hubieran dicho antes que en California tenía opciones… En fin, dejémoslo en que toda experiencia sirve.

El caso: ¿que no he escrito? He plasmado variadas causas sociales y culturales que van desde la labor del centro LGBT (dedicado a la comunidad de gays, lesbianas, bisexuales y transexuales) de San Diego y sus servicios, que le convierten en el primer centro estadounidense en ofrecer apoyo a los latinos en un país repleto de estos; hasta la celebración de un evento culinario en contra de la violencia de género y el acoso sexual, pasando por la trayectoria de un galerista que vive para el arte y para una organización que ayuda a niños afectados por el VIH; un festival de mascotas para apoyar su adopción, luchar contra su abandono y educar hacia los cuidados que merecen; y otro festival destinado a exponer las creaciones de unos 200 artistas de todo tipo y tendencia.

Asimismo, he inmortalizado un programa de Volunteers of America que trata la drogadicción en latinos porque, al parecer, estos tienen una tendencia 13 veces más elevada a darse a las sustancias cuando siguen el estilo de vida americano en lugar de preservar su cultura al emigrar. Y también he contribuido a popularizar una organización sin ánimo de lucro que educa a los niños y jóvenes de una zona de por aquí, llamada Barrio Logan, para que reflexionen sobre qué quieren hacer para el resto de su vida y se planteen ir a la universidad. En dicho barrio, el 97% de las personas mayores de 24 años nunca han ido a la universidad. El 97%.

bueno maloSan Diego se me antoja un prisma de lo mejor y lo peor de la humanidad. Desconozco si en España hay tantos grupos no lucrativos pero, desde luego, sin los que hay aquí, para mí que la ciudad se hundiría en el caos. Este país me está demostrando que, de no pertenecer al gremio de los más afortunados, Europa es un lugar bastante más agradecido para vivir. Incluyendo mi país natal, por muy mal que estemos laboralmente.

Una educación y una sanidad que valen miles de dólares; unas distancias muy largas tanto en ciudades grandes como en ciudades pequeñas, porque están extra repartidas por el terreno, lo cual fulmina la posibilidad de caminar (¿caminar? ¿Qué es eso?) y te condiciona para todo movimiento; unos medios de transporte, a su vez, que no le llegan ni a la suela de los zapatos a los del continente europeo, cuando no son inexistentes; una población, por tanto, sometida a trasladarse permanentemente en coche, con los atascos, la contaminación y los riesgos de accidente que conlleva; una alimentación artificial, calórica e insípida, con comida que dura semanas en el frigorífico sin caducar (no, esto no es una ventaja); unos precios para alquilar una vivienda que no permiten ni de lejos sobrevivir como mileurista; un acceso terriblemente fácil a armas de fuego que nunca entenderé; un turismo prácticamente ausente de historia y basado en el paisaje, el espectáculo y las playas (que sinceramente para algunos, entre los que me incluyo, si ves una playa, las has visto todas); una cultura que vive para trabajar y hasta teme cogerse las vacaciones que le corresponde; un nivel de obesidad sobrecogedor…

american dreamA ver, naturalmente y como en todas partes, hay pros junto a los contras, y personalmente estoy a gusto por ahora y motivadísima por poder dedicarme al periodismo, pero os aviso: el “sueño americano” está muy sobrevalorado. Por supuesto que aquí hay más trabajo que en España, pero al precio de todas las movidas del párrafo anterior y, cuidado, empezando normalmente desde abajo a menos que tengáis unas cualidades excepcionales (o que seáis ingenieros). No quiero desalentar a nadie que desee venir, ¡bienvenidos sean los aventureros! Pero informaos bien y no crucéis el charco con demasiados pajaritos en la cabeza.

Además, hoy no venía con intenciones anti-yanquis sino más bien con una reflexión positiva, aunque no lo parezca, hacia el periodismo como arma y recurso informativo. Como parte integrante por fin de esta vocación, me cuesta describir la sensación que experimento al expresar hechos por escrito en los que creo y tener la oportunidad de expandirlos al mundo (o a la tirada de turno, que actualmente me basta y me sobra).

Es un subidón bestial que justifica por qué tantas personas se dedican a esto, a una labor empeñada en fomentar la conciencia y la capacidad de cuestionamiento universal en la sociedad. Una misión que va mucho más allá de la compensación económica y de los límites humanos. Y que está muy infravalorada entre individuos incompetentes que manchan la esencia de la profesión (como en todas las profesiones, solo que esta se lleva más leches por ser de cara al público), ideologías, remuneraciones penosas y programas catetos.

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