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Archive for the ‘Aventuras gráficas’ Category

La agresividad, la culpa y la identidad

Nacidas para el placerNecesito hablaros de lo que me está provocando leer “Nacidas para el placer”, de Mireia Darder con la colaboración de Silvia Díez. Esperaba un libro muy volcado en lo que anuncia el subtítulo en la misma portada: “Instinto y sexualidad en la mujer”, pero me he encontrado con un fantástico análisis de la mujer del siglo XXI. Un recorrido alucinantemente iluminador por su origen y sus características, condicionantes e influencias hasta el punto de ayudarme a entenderme y conocerme mejor a mí misma. Hasta el punto de decir a veces: “¡coño! ¡Por eso me siento así cuando…!”.

Aún no me lo he terminado pero no quiero esperar a finalizarlo para hablar de los puntos que más me han marcado, entremezclados con mis propias sensaciones. Lo recomiendo a las mujeres en especial y a toda persona de cualquier identidad en general. Precisamente, una de sus claves para mí, muy sutil, consistía en los estereotipos de género: cuánta necesidad tenemos siempre de categorizar a la gente. Parece darnos gran inseguridad el no reconocer a alguien en alguno de los papeles de género tradicionales, nos crea desconfianza, nos descoloca, nos confunde. Recuerdo haber visto en algún formulario que podía poner si era “hombre”, “mujer” u “otro”. Supongo que es algo, aunque quizá lo ideal sería no tener que especificarlo para asegurarnos de no excluir a nadie que no se sienta únicamente mujer u hombre. Ahí lo dejo. Por no hablar del otro porrón de etiquetas sociales: padre/madre, soltero/a, etc.

Me agitan los párrafos dedicados a la agresividad femenina, la gran prohibida a pesar de todos los logros del feminismo. Un hombre cabreado transmite carácter, fuerza, poder, ímpetu. Una mujer cabreada se percibe débil, loca, exagerada, histérica. Histeria, esa enfermedad diagnosticada a un incontable número de mujeres hasta el siglo pasado a menudo simplemente por que se salieran de la tónica sumisa y pasivamente sexual. Lo sabemos, conocemos estos estereotipos de género y, aún así, todavía juzgamos a las mujeres mucho más duramente por cualquier comportamiento y, en especial, cuando se muestran, cuando nos mostramos, agresivas.

No sé cuántas veces he oído ya, tras cualquier debate sobre la violencia doméstica, que también hay hombres maltratados de los que no se dice nada. Dentro de mí, reconocía su validez, aunque no me valiera para contrarrestar el espantoso volumen de maltrato hacia la mujer. Lo reconocía como una cuestión relacionada pero independiente, merecedora de su propio capítulo aún por explorar. Me creía, y me creo, que hay mujeres que se comen al hombre porque, sin duda alguna, tenemos poder, fuerza y capacidad para eso y mucho más. Pero me faltaban argumentos para comprender la dimensión de este fenómeno. El libro de Mireia me ha permitido abarcarlo mejor: en una sociedad en la que está tan mal vista y castigada la exposición pública del enfado femenino, ¿cómo se canaliza? Aparte de entre amigas, cómo no, en el seno familiar. Rebosa por todo él por no poder expresarse de otra manera que no sea en la intimidad. Y eso cuando una no se lo guarda para sí misma, en cuyo caso a menudo explotará en cualquier momento y encima te tildarán de desequilibrada. Ojo: ningún maltrato está justificado. Pero siempre es interesante investigar sus orígenes, sobre todo con el objetivo de comprenderlos mejor y resolverlos.

Espectacular, espectacular alumbramiento. ¿Cómo no me he dado cuenta de ello antes? Pues claro que reventamos con quienes más queremos: no nos dejan hacerlo fuera. Generaciones y generaciones de mujeres marcan nuestro camino y genes, que son perfectamente modificables a través de los comportamientos, para sobrevivir sin hacer ruido, sin llamar la atención. Para encajar en una sociedad en la que no hemos creado nuestra propia identidad sino que nos hemos acoplado a la vida y derechos de los hombres. Hemos conseguido trabajar y ahora no solo debemos ser esposas y madres perfectas (porque claro, sin hijos, ¿qué mujer está completa?) sino también triunfar profesionalmente, cultivarnos y tener cuerpos irreales, generando un cansancio e insatisfacción continuos, estrés y depresión, marcas personales del momento presente junto con la necesidad de no parar nunca, de estar siempre haciendo “cosas productivas”. Hemos olvidado la importancia de pisar el freno, disfrutar y compartir, anulada por las ansias de competitividad y de ser mejor que los demás.

Defendemos la libertad sexual de la mujer y seguimos llamando, a ellos, ligones; a ellas, putas. Putas, guarras (y sus diminutivos, “putillas”, “guarrillas”), inconscientes, descarriadas, viciosas, enfermas, adictas. Esto abre paso a otra gran protagonista de nuestras vidas: la culpa. Esa culpa que ahoga a muchísimas compañeras a la hora de experimentar físicamente con otros y consigo misma, si es que consiguen lanzarse para mantenerlo en la clandestinidad. Esa culpa que convierte a víctimas en culpables y no les permite reintegrarse en la sociedad tras sufrir salvajadas sexuales. Absurdo. Injusto. Arcaico y, a la vez, muy actual. Consecuencia de la invasión territorial de civilizaciones patriarcales, de dominación masculina, que han destruido la conexión entre la mujer y su propia fuerza, temerosos de ella. ¡Basta ya de sentirnos culpables! No solo por nuestra sexualidad, sino por todo. Por “no cumplir” con los demás, sus expectativas, sus antojos, sus exigencias. Encontremos nuestro propio sitio, con nuestra agresividad y nuestra mayor capacidad emocional. Nada nos falta, nada nos sobra.

Si una mujer se dedica a sus hijos, le falta ambición. Si una mujer elige su desarrollo profesional, está incompleta, “se quedará sola y desamparada”, “ya le saldrá el instinto maternal”. O no, joder, ¡o no! Y es lo más respetable del mundo porque esa persona solo está tratando de ser quien verdaderamente es, lo cual no debería encarnar una lucha interna y externa. Por otra parte, no me olvido de que si a un hombre le diera por volcarse en sus hijos, también sería tachado, en este caso, de “poco hombre”, de “calzonazos”, de débil. El patriarcado es problema de todos y muchos no se dan cuenta de esto, se piensa que es una lucha que solo pertenece a las mujeres.

Cada persona necesita hallar su propia identidad, definida o no por los estereotipos de género, y comportarse en base a ella para no perderse a sí mismo. El camino de las personas transgénero es un brutal ejemplo. ¡Cuánto dolor debe provocar sentirse en el cuerpo equivocado! Nos criticarán, nos juzgarán, nos pegarán, nos matarán. Pero, poco a poco, iremos ganando terreno, cada persona y la identidad que le corresponda. Qué bonito será el día en que cada cual se mire al espejo sin miedo, sin entrar en comparaciones autodestructivas, con amor propio y seguridad en sí mismo. Aquí estoy yo. Sin ánimo de cambiarme. Sin temor a mostrarme tal y como soy. Y respetando a los demás exactamente de la misma manera.

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Las Vegas II: ¡descubriendo capillas de boda!

Tras visitar los hoteles de Las Vegas, naturalmente mi hermano y yo debíamos tener alguna ocurrencia extraña. ¿Resultado? Lanzarnos a la búsqueda de esas míticas capillas de boda que tanto protagonismo tienen en las películas americanas.

Adelanto que queda confirmado su carácter un tanto cutre y hortero, no por ello menos anecdótico. Es decir, que nos descojonamos vivos viendo unas pocas (¡hay un montón!), de nombres tan ideales como “La Capilla de las Campanas”, “La Capilla de las Flores”, “Pequeña Capilla de Boda Blanca”, “En las Nubes” o “La Capilla de Boda de Cupido” (cubo cerca para vomitar, por favor).

Atención a mis humildes muestra visuales. Comenzaremos con la imagen de la entrada de La Capilla de las Campanas. Bien iluminada ella, no se la vaya a perder ninguna pareja animada que desee consolidar su amor eterno o borrachera romántica. Que no falte la prolongación del mismo edificio en forma de motel con sus puertas rosa chicle a la derecha, que aquí vamos a lo que vamos.

Capilla de las Campanas

Capilla de las Campanas

Seguidamente, ambientación de ensueño para la afortunada pareja. Unas sillas, un par de bancos, un portal, un amago de pasillo techado (o lo que sea) y para qué vamos a poner ni un poco de césped, oigan. En pleno suelo asfaltado.

Cantad conmigo: ¡no somos cutres! ¡No somos cutres!

Cantad conmigo: ¡no somos cutres! ¡No somos cutres!

A continuación, limusinas larguísimas y blanquísimas. Esta, la Capilla de las Flores, me pareció la más normal dentro del panorama.

Capilla de las Flores

Capilla de las Flores

En la Pequeña Capilla de Boda Blanca tiraron la casa por la ventana con este fondo natural.

Siéntanse como en plena naturaleza

Sí, señor. ¡Cataratas del Niáraga, a mí!

La entrada de esta capilla… Bueno, ahí lo dejo. No sería la primera que incorporara un caballo blanco y una carroza como decoración especial.

Un mundo ideal...

Inspirado en la Cenicienta fijo. Con algo de menos presupuesto.

Perdonadme pero el siguiente rincón de amor da más miedo que otra cosa. Y si retiran el cono naranja, a lo mejor alguien se lo piensa. Debería averiguar estadísticas de bodas en estos sitios, siento auténtica curiosidad ahora mismo.

Nidito de... de...

Nidito de… de…

Por favor, que no falte luminosidad barata ni cursilería antiestética, incluyendo un planísimo suelo verde para completar la escena, no se vaya a echar de menos un césped de verdad. Pero bueno, mejor que el asfalto es.

¿Quién

¿Quién no tiene ganas de casarse mirando esto?

Antes de entrar a la sección previa, obviamente el pasillo estaba acondicionado para la ocasión. Un coche rosa. Muy rosa. Un techo repleto de angelitos en un cielo estrellado, columnas, fondo verde e idílico, otro caballito por allí detrás. Ay, espera, que me sangra un ojo.

Se me enamora el alma, se me enamora.

Se me enamora el alma, se me enamora.

Culminaremos, cómo no, con una especie de… ¿Elvis? Esperando con una amplia sonrisa a los valientes.

bop

Si está Elvis en la puerta, nada puede salir mal

Espero que el post os haya entretenido (no se le pueden añadir más objetivos que este). ¡Seguiremos informando de yanquiladas! Feliz semana, y casaos con precaución 🙂

Las Vegas I: ¡visitando los hoteles!

Hotel Encore, Vegas, Nevada

Hotel Encore, Vegas, Nevada

Este ha sido un mes movidito. Tras una visita a mi Jerez natal del 1 al 11 de octubre, boda incluida de una amiga pasando de vuelta por Madrid; mi hermano mayor, Víctor, llegó de visita a California el día 14 y se quedó hasta el 22, lo que me permitió tanto redescubrir el encanto de San Diego, donde resido, como convencerme del todo de que Las Vegas es el destino más emblemático en el que he estado en California-Nevada por ahora. Veremos si baja de puesto el día que visite el Cañón del Colorado.

Sí, Las Vegas es un espacio diferente a todo lo que haya visto antes. Si el turismo en este país ya me parece que tiende hacia el espectáculo y las vistas naturales, dejando el carácter histórico para el resto de continentes, Las Vegas supone el máximo exponente del concepto, inventado por mí misma así a bote pronto, “ciudad-show”.

Así pues, dos noches pasamos mi hermano, al que podéis conocer visitando su canal de Youtube Víctor Amarillo, y yo en este majestuoso espejismo en medio del desierto creado para tragarse el dinero. Por suerte, ya que normalmente los visitantes se gastan la pasta en los casinos y eventos variados (conciertos, cabarés, salas de streaptease y un largo etcétera), el alojamiento se puede conseguir a un precio bastante asequible. Nosotros nos quedamos concretamente en el Rodeway Inn Convention Center, que pertenece a una cadena, por unos 20 dólares por noche y por persona. Desayuno incluido al reservar con booking.com. En otra página intermediaria no lo ofrecían, por eso lo recalco (guiño, guiño, amantes de las comidas incluidas).

La localización del hotel/motel se encuentra al norte de Las Vegas Blvd, popularmente llamada “The Strip”, la calle de Las Vegas con todo el meollo. Recomiendo total y absolutamente recorrerla por la noche para gozar al máximo del exterior de los hoteles. Lo he disfrutado aún más que en mi primera visita a Las Vegas el pasado diciembre porque yo he sido la que guiaba esta segunda vez, lo que te hace darte mucha más cuenta de cómo está todo montado y dónde está cada cosa. Sin más dilación, os enseño los hoteles más relevantes visualmente:

En primer lugar, aunque la imagen no le haga honor ninguno por desgracia, el Venetian. Maravilloso por fuera…

Venetian Hotel, Vegas

Hotel Venetian, Vegas.

…Y por dentro con su mini-Venecia. Sin duda alguna, la ambientación interior de este hotel es la mejor de la ciudad. No solo cuenta con la arquitectura correspondiente y con góndolas y gondoleros que hasta cantan sino que incluso nos cruzamos con unos actores disfrazados dedicándole una ópera al público.

Mini-Venecia, hotel Venetian, Vegas

Mini-Venecia, hotel Venetian, Vegas

Seguidamente, el Bellagio, con su espectáculo de agua, luces y música diario. Lo lanzan cada media hora de 15:00 a 20:00 y cada quince minutos de 20:00 a medianoche. ¡Como para perdérselo!

Hotel Bellagio, Vegas

Hotel Bellagio, Vegas (foto de Víctor Amarillo)

Fue un momento épico además porque dio la casualidad de que, cuando nos pasamos por allí, pusieron la canción I’m proud to be an American (“Me siento orgulloso de ser americano”), de Lee Greenwood. ¡Patriotismo a tope! Podéis escucharla haciendo click aquí.

A continuación, de izquierda a derecha, repetimos el Bellagio, esta vez de día; pasamos por el Caesar’s Palace (bueno, por uno de sus edificios, porque el conjunto es inmenso) y culminamos con el París en el otro extremo, que también tiene un mini-París dentro, aunque no le llega ni a la suela de los zapatos a la mini-Venecia. Todo hay que decirlo: la torre Eiffel, tanto esta versión como la auténtica, por la noche es preciosa pero por el día es un amasijo de metal sin nada de magia, sinceramente.

Bellagio, Caesar's Palace y París

Bellagio, Caesar’s Palace y París

Ahora, perspectiva nocturna más amplia del Caesar’s Palace. Sí, es así de enorme, todo lo que veis le pertenece. Y no he podido incluir el panteón que tiene por entrada por encontrarse más profundo, que si no…

Caesar's Palace, Vegas

Caesar’s Palace, Vegas

Para variar, una pizca de casino en el que se incita a los visitantes a “ganar un coche”, en el hotel Mirage. No mostraré más casinos porque, sinceramente, una vez entras en uno, ya los has visto todos. Y son efectivamente como en las películas, con sus mesas de cartas, sus ruletas y sus tropecientas tragaperras, delante de las cuales no faltan las típicas señoras mayores (realmente avanzadas de edad algunas) tentando a la suerte con cara solemne.

Casino del hotel Mirage, Vegas

Casino del hotel Mirage, Vegas

Luego, el hotel Treasure Island, en cuya entrada ofrece un par de barcos de tamaño considerable. Pongo uno de ellos como muestra.

Hotel Treasure Island, Vegas

Hotel Treasure Island, Vegas

El Excalibur, que me encanta con su rollo medieval.

Hotel Excalibur, Vegas

Hotel Excalibur, Vegas

El New York New York, con una fachada impresionante: la del fondo de la imagen con los edificios cada uno de su padre y de su madre pero pegados, y la estatua de la libertad a la izquierda. También dispone de una montaña rusa y de un diminuto Nueva York en su interior, en el que nos jactamos de toparnos de cabeza con el restaurante de estilo español “Gonzalez y Gonzalez” (nuestro primer apellido), toma castaña. No puedo decir cómo estará, no lo probamos, pero fue gracioso.

Hotel New York New York, Vegas

Hotel New York New York, Vegas

Finalmente, el Luxor, el hotel egipcio a cuya pirámide le precede una esfinge del copón que no llegué a fotografiar y por lo visto mi hermano tampoco. Nada que no resuelva Google para que adoptéis una rápida impresión. Obviamente recomiendo presenciar estas maravillas en persona, no hay color. Por cierto, visita obligada al interior de este hotel. La decoración es genial.

Hotel Luxor, Vegas

Hotel Luxor, Vegas

Que conste que me costó lo mío que me cupiera cada escena deseada en las fotografías, no es tan fácil como parece, ¡estos hoteles son mastodónticos! Así que, aunque yo me haya afanado en cuadrarlos, personalmente os animo al cien por cien a intentar disfrutar de ellos sin estar muy pendiente de la cámara.

Para terminar, cartel mítico  de “Bienvenido a Las Vegas” a la entrada de The Strip, al sur de la calle.

Mi hermano Víctor Amarillo y yo con el cartelón de Las Vegas

Mi hermano y yo con el cartelón de Las Vegas

Resumiendo, solo con recorrer Las Vegas Blvd o “The Strip” veréis todos estos hoteles por fuera, entre otros. Y debéis ver por dentro, sí o sí, el Venetian y el Luxor. A partir de ahí, el París, el New York y el Excalibur tienen ambientaciones más reducidas y el resto de los hoteles mencionados si acaso ofrecen algo de decoración en la entrada pero ninguna locura.

Por lo demás, y recalcando que este post se basa en mi punto de vista (no soy una guía turística), si os gustan las tiendas, también os toparéis con ellas por doquier. Y si os interesa algún tipo de evento o cantante que frecuente Las Vegas, consultad fechas y precios antes de visitar la ciudad para matar dos pájaros de un tiro. Bastantes famosos dan conciertos allí.

¡Ah! Y hay muchas opciones para comer. Escogimos el bufé del Bellagio para un almuerzo. Siendo lunes, costó unos 24 dólares, aunque creo que no varía mucho en fin de semana. Para cenar, pedían 34 dólares. Varios hoteles ofrecen bufés y los precios son parecidos. Es apañado y mola probar, la verdad.

En la segunda parte de mi relato sobre Las Vegas os traeré un mundo anecdótico como pocos: ¡¡las capillas de boda!! Nos vemos pronto ;).

Para bien o para mal, ¡me he hecho Instagram!

Queridos seguidores antiguos, recientes y futuros: en vistas de que mi pobre blog está un tanto abandonado a raíz de escribir a base de impulsos mensuales sin continuidad ninguna, he decidido probar la aplicación Instagram. Esta red social consiste fundamentalmente en compartir fotos individuales y tomadas a tiempo real o muy recientemente. Sin embargo, no invito a nadie a crearse una cuenta para seguirme ni pretendo cerrar este blog (no os asustéis, papis), al contrario.

El proyecto, o amago del mismo por ahora, consistirá en recurrir a Instagram como primer medio social para comunicar lo que mi alrededor me inspire en el momento en que suceda. A partir de ahí, la publicación saldrá automáticamente en Facebook y Twitter y, posteriormente y a la mayor brevedad, en este blog (una pena no poder sincronizar Instagram con WordPress). Y en Google+ si me acuerdo…

¿Por qué hago esto? Porque no es lo mismo capturar una historia y transmitirla en el preciso momento en que inunda mi mente que apuntarse una frase o una palabra “para escribir sobre ello más tarde en el blog”.

En principio, la idea de utilizar Instagram se me antoja bastante más cómoda, directa e inmediata que el típico proceso de acumular conceptos y esperar a sentarme enfrente del ordenador para redactar en el blog, cuando la mitad del efecto se ha esfumado. Y las ganas de escribir (hablo por mí, desde luego).

Además, empleando esta herramienta social añadiré un valor añadido a mis contenidos: las imágenes siempre serán de cosecha propia. No de bancos de imágenes o de Internet, sino fotografías puramente mías, hechas por María González Amarillo.

A su vez, aumentará (espero) mi continuidad a la hora de publicar en el blog porque, sin duda alguna, lo que saque en Instagram quiero plasmarlo aquí también, abriendo la posibilidad de dejarlo tal cual o de añadir más detalles en esta plataforma, más adecuada para textos más extensos.

Sin más dilación, os enseño un par de fotografías. En primer lugar, la de mi perfil de Instagram: el reflejo de mí y de una puesta de sol brindada por Newport Beach (California).

Foto de perfil en Instagram

Foto de perfil en Instagram

¡Y la foto de inauguración de Instagram! Una perspectiva de San Diego desde la Isla de Coronado. Cabe destacar que llevo seis meses viviendo en San Diego y un año en California (los seis meses anteriores fueron en Riverside). No se ha pasado rápido ni nada… Interesados en más detalles en cuanto a mis andaduras yanquis, tómense la libertad de echar un vistazo a posts previos a este, en los que hablo de varias ciudades californianas y de mis impresiones respecto a la cultura estadounidense.

San Diego, California

San Diego, California

A ver cómo progresa esta nueva aventura. ¡Nos vemos en Instagram, Facebook, Twitter, Google+ y WordPress!

Instagram y Twitter: @Mariagamarillo

Página de Facebook: Maria Dixit

Google+: María González Amarillo

¡Saludos!

El mapa de tu vida

He descubierto hace poco la sección de “my maps” ofrecida por Google en la cual cualquiera puede crear los mapas que le plazca. Peligro. Esta es una de las chorraditas en las que a mi mente le encanta sumergirse para tratar de organizar y controlar mi vida todo lo posible, aunque sea psicológicamente. De hecho, llevaba un tiempo con la tarea pendiente de comprarme un mapamundi físico para marcar todos los lugares en los que he estado. Sin embargo, una vez más, las nuevas tecnologías han venido a cargarse el romanticismo de la idea. Pero bueno, tampoco me importa mucho no taladrar la pared de un piso alquilado con un porrón de chinchetas, que ya se sabe que más de un dueño de una vivienda agradecería cualquier pequeña excusa para gastarse mi fianza en sus vicios.

El resultado emocional ha sido demoledor. Aplastante. Aturdidor. Vamos, que me he quedao muerta. No en sí por creer que he visitado muchos o pocos sitios, sino por la brutal cantidad de recuerdos que me han golpeado la cabeza con cada click. Espectacular. El cerebro es alucinante. Cómo se encarga de almacenar la información, procesarla, sepultarla, resucitarla, lanzártela en las narices sin venir a cuento. Y cómo se las ingenia para transformar los recuerdos, destacar aspectos positivos o negativos, trastornar por completo la perspectiva hacia una vivencia determinada a raíz de la fusión de todo esto: lo que nuestra mente destaca, lo que no y de qué manera; el paso del tiempo y la acumulación de más y más experiencias. Entonces, el reflejo de esta mezcolanza impacta directamente sobre nuestra personalidad y forma de pensar actual, dando lugar a nuevas percepciones o enfatizando las existentes, afeando algunas y embelleciendo otras.

Efectivamente: una locura lo que cargamos de la frente al cogote. Hay sitios cuyos nombres no habría recordado en mi vida de no haber sido por haberlos plasmado en este blog. Por ejemplo: “Hondarribia“. ¡No hay huevos de repetirlo diez veces sin trabarse! No obstante, un diminuto pueblo de revista fue aquel. Y situado al norte de España. Una muestra preciosa de los tesoros que nos rodean y que en muchas ocasiones despreciamos por llamarnos más la atención lo que está más lejos, no sé muy bien por qué.

Bueno, echemos un vistazo al susodicho mapa en cuestión.

El mapa de mi vida

El mapa de mi vida

En principio, nos encontramos con dos núcleos claramente diferenciados: Europa y California; la primera con muchísima más historia por el momento, ya que solo llevo poco más de medio año al otro lado del Atlántico, donde concretamente he parado en los siguientes destinos.

El mapa de mi vida en California

El mapa de mi vida en California

Los Ángeles, Las Vegas, Riverside, San Diego, donde resido actualmente; y una serie de zonas menores, la mayoría de playa. Recuerdos muy recientes y fáciles de desglosar. Volvamos a Europa para analizar en mayor profundidad tal cantidad de marcadores y remover los fantasmas del pasado.

El mapa de mi vida en Europa

El mapa de mi vida en Europa

No parecen para tanto acercándonos, en el primer mapamundi se pensaría que me he visto Europa entera, pero mucho me falta por conocer. Dos sub-núcleos esta vez: España y Reino Unido, a los que pasaré enseguida tras aclarar qué ocurrió por el resto del continente.

El mapa de mi vida por centro-Europa

El mapa de mi vida por centro-Europa

Un interrail de un mes el verano pasado, una escapada corta con uno de mis mejores amigos y unas tres visitas a amistades en el extranjero por variados motivos (nativo, erasmus, trabajo). Viajes tan distintos como especiales cada uno en su carácter único y personalizadamente anecdótico. Ah, y una escapada universitaria a Roma, que me pillaba demasiado al sur en el mapa para incluirlo visualmente.

El mapa de mi vida en Irlanda

Tres veranos adolescentes cerca de la capital irlandesa y una escapada, también veraniega, años más tarde a Cork para visitar a buenos colegas y escapar un poco del frenetismo londinense.

El mapa de mi vida en Reino Unido

Un año y ocho meses de mi vida divididos entre la cotidianeidad londinense y varias escapadas de un día a las ciudades más cercanas, un fin de semana en York, cuatro días entre Manchester y Liverpool con mis hermanos, un road-trip y un fin de semana en Edimburgo que, al contrario que Roma dos mapas más arriba y demasiado al sur, la encantadora capital de Escocia se me ha quedado demasiado al norte, así que me limitaré a mencionarla.

El mapa de mi vida en España

Finalmente, aparte de una escapada a Portugal para conocer por fin la capital y el maravilloso Oporto, aterrizamos en la auténtica protagonista de mi vida: España. Con sus visitas espontáneas por mi Andalucía natal, gran parte de mi vida antes de la universidad danzando por Jerez de la Frontera, una semana de vacaciones por el País Vasco y la Rioja, preciosos también, con un amigo; vacaciones fiesteras en Benidorm, Ibiza y Tenerife (imaginaros que esta isla está abajo a la izquierda en un cuadrito como cuando nos cuentan el tiempo en las noticias); dos caminos de Santiago, de los cuales me siento muy feliz de haber redactado uno en detalle; un par de festivales de música por Castellón, un viaje con el colegio a Barcelona, una visita a casa de una de mis mejores amigas en Tarragona, aventuras veraniegas en Salou y Zaragoza, visitas de un día a Toledo y a Segovia, un día en Mallorca, un día en Gibraltar, un campamento en Cuenca, con doce inocentes y tímidos años… Reconozco que era toda una mosquita muerta pero, ¡cómo han cambiado las cosas! Y, por mucha falta que me hiciera espabilarme, me alegro de haber sido una niña de verdad, no como las de hoy en día.

Parece fácil haber citado esta retaíla de experiencias. Pero yo continúo abrumada, porque cada palabra, cada ciudad conlleva una prueba, una aventura, un riesgo, un compromiso, dolor, sonrisas, personas, conversaciones, momentos. Mi mente salta tan rápido de unas imágenes, caras, paisajes, sentimientos a otros que no me da ni tiempo de asimilar el cúmulo de sensaciones que me provocan. Desde un chasquido de cócteles hasta una carrera bajo la lluvia, un paseo en barquita rodeados de medusas, un robo, las vistas desde un mirador granadino, mis pies destrozados frente a la catedral de Santiago, el mareo tras salir del Dragon Khan en PortAventura, una conversación profunda en medio de un Toledo dormido… Y muchísimas escenas más que se agolpan tratando de imponerse ante las demás, de jugar con mis percepciones veintiseañeras y de recordarme que, lo crea o no, he vivido. He vivido una barbaridad de cosas. Y, mientras ninguna desgracia mayor se interponga en mi camino (que nunca se sabe, no nos vayamos a creer ahora inmortales), me queda otra increíble barbaridad de cosas que vivir multiplicada por dos y pico, incluso por tres si me cuido lo bastante.

Os invito a sentaros unos minutos; a parar, hacer esta reflexión para con vosotros mismos y compartir conmigo esta gratitud existencial. Porque, ¿sabéis lo mejor? Aunque en este post una servidora se haya entretenido en recorrer el mundo, no considero necesario haberse movido mucho para contar con una cantidad mayor o menor de experiencias. Estas las creáis vosotros allá donde os lo permitáis, sin importar si habéis pisado el otro lado del mundo o si apenas soléis pasar de los límites de vuestro barrio. Podría hacer un segundo y tercero y muchos posts más enfocándome exclusivamente en determinados destinos, sus comercios, gentes, parques y reflexiones locales; pero creo que me entendéis y, por hoy, tengo mucho que asimilar, que el mapa con el que esperaba limitar mi vida me la ha desbordado por todas partes.

¡Atención, amantes de Japón!

Seré directa y clara, que hoy en día la transparencia está en peligro de extinción y no veo la necesidad de andarme con rodeos: mi hermano se ha hecho un canal en Youtube con el objetivo de convertirse en uno de los Youtubers más seguidos del país. Vale que prácticamente acabe de crearlo pero, ¿por qué no? Nada como un proyecto ambicioso para dedicarse a ello en cuerpo y alma, independientemente de los resultados. No olvidemos que a menudo lo que mejor nos sale es lo que nos apasiona, y si algo provoca un tremendo hormigueo de ilusión a mi hermano es el tema que va a exponer para todos vosotros.

Victor Amarillo Japon YoutubeSí, lo habéis adivinado: afortunados seréis los fanáticos (o simplemente interesados, no hace falta volverse loco) de un país tan fascinante y particular como Japón, ya que el susodicho emprendedor virtual, de nombre artístico Víctor Amarillo, se muda a la Tierra del Sol Naciente para el 1 de enero de 2015. Como diríamos en Jerez de la Frontera (Cádiz, España), se va en ná y menos.

Bienvenidos sean los cambios de año para marcarse nuevas metas, ¿verdad? Así que os invito a suscribiros a su canal para seguir sus experiencias de todo tipo, que apuesto a que prometerán. También sois libres de seguirle a través de las redes sociales, aunque lo suyo sería darle al botón de suscribirse en el mismo Youtube para no perderse ningún video, ¡lo dejo caer! Os pongo los enlaces para que lo tengáis más fácil todavía, a golpe de click. Y, si justo a vosotros no os llama nada la atención este tema, ¿quién no tiene algún amigo al que le guste Japón?

Canal de Youtube – VA De Japón

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Si resulta que a alguno de vosotros también le gustaría verle en plan teatral (literalmente), también podéis seguir sus trabajos, sketches, monólogos y lo que se le ocurra colgar como actor en su canal de Youtube VA de Acting, otra de sus grandes aficiones.

¡Mucho ánimo con vuestros propósitos para el 2015! Si se quiere, se puede ;).

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Paseando por el sureste de Londres / Walking around South East London

¡Hola a todos!

Hoy, decidí lanzarme a la aventura de pasearme completamente al azar en dirección hacia el centro de Londres desde mi barrio, Lewisham, con el resultado de toparme con avenidas que sorprendentemente ya conocía de otros paseos y disfrutando en conjunto de un par de horas y media estupendas con algún descubrimiento que destacar.

Bueno, lo que viene a continuación es simplemente un par de calles que me gustaron. Shell Road, muy cuca.

Hello, everybody!

Today I decided to go for the adventure of walking completely randomly towards Central London from my neighborhood, Lewisham, resulting in finding by surprise some already known avenues and basically enjoying two and a half great hours plus an outstanding discovery.

Well, what is coming now is just a couple of streets that I liked. Shell Road, lovely.

Shell Road London

Y Creekside, con un centro comercial a la izquierda y unos súper ojos pegados al edificio de la derecha, que fue lo que más atrajo mi atención.

And Creekside, with a shopping centre on the left and two huge eyes on the right’s building, what was mostly what called my attention.

Creekside London

Seguidamente, el descubrimiento antes mencionado: Greenland Quay, un paseo rectangular que bordea el río, como tantas otras zonas en esta ciudad, que para eso es largo el Támesis, pero justo este se encuentra semi-escondido al pertenecer a una urbanización.

Next, the above mentioned discovery: Greenland Quay, a rectangular walk surrounding the river, like many other areas in this city as the Thames is long enough, but this one in particular is half-hidden due to belong to a residential area.

Greenland Quay London

Y aquí viene La Foto del día, hecha también desde la misma calle. Parte de la barriada al frente con la zona de Canary Wharf (digamos, el Manhattan londinense) al fondo.

And here you have The Picture of the day, also taken from the same street. Before you can see part of the residential area and Canary Wharf behind (which would be a kind of British Manhattan).

Greenland Quay Canary Wharf London

¡Espectacular!

¡Amazing!

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