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Sí, esto está pasando: ¡un nuevo blog!

Me avergüenzo y me descojono a partes iguales viendo la entrada que publiqué justo antes de esta, hace seis meses, de la que se puede concluir que desistí de profundizar en la búsqueda de aquello para lo que se supone que estoy hecha, aquello que me haría levantarme por la mañana por algo y no por sistema. Volví a dejarme caer en la duermevela cotidiana, en el trajín de lo mundano.

Pero la inquietud, el vacío, el ansia que se asoman por las esquinas de ese limbo no te dejan en paz por mucho tiempo, así que he decidido que es hora de inventarme una meta, ya que no se me pone por delante por sí sola, como es lógico por otra parte. Ya que me doy cuenta cada vez más de que, con objetivos por delante, sí o sí ves tu existencia de otra manera que si simplemente te dejas llevar y “vas viendo lo que pasa”. La psiquiatra Marián Rojas dice en esta conferencia: “Piensa en grande y actúa en pequeño”. ¡Oído cocina! A falta de una pasión por meta, mi meta, por ahora, es buscar esa pasión.

No quiero enrollarme aquí sobre mis motivaciones para crear este nuevo blog porque, para eso, mejor que lo sigáis vosotros mismos si os interesa. Ojo, un par de puntos:

  1. No estoy pasando por una, objetivamente hablando, mala etapa vital ni nada parecido, simplemente me gustaría rellenar la vida estándar de española emigrante y cuasi-treintañera que tengo de un sentido lo más elevado y satisfactorio posible. Que yo decida mi destino, no el azar.
  2. Esto no es un adiós, por supuesto Maria Dixit seguirá aquí plantado para cuando la inspiración me llame impulsivamente, que es así como siempre ha funcionado, y quizá el motivo por el que se ve cada vez más abandonado, el pobre. Simplemente, desde este momento, tengo una misión añadida.

Sí que tomaré un momento para poneros un poco al día. A grandes rasgos: ya llevo poco más de dos años en Berlín, capital que me ha dado bellísimas cosas pero de la que me despediré el próximo enero a raíz del fin de mi contrato laboral (no hay dolor, dos añitos seguidos en atención al cliente van que chutan) y de la vuelta de mi pareja a su país de origen: Francia.

Mientras que la tierra de los vinos y los quesos se prevé como mi próximo destino donde, una vez más, habrá que buscarse la vida, cabe destacar que mi primera parada oficial tras la capital alemana será Jerez de la Frontera, mi ciudad natal. Nada como regresar al origen de todo para reorganizarse como Zeus manda.

Nos seguimos viendo por aquí y por https://buscandomipasion.home.blog/, que también está en Facebook.

buscando mi pasión cabecera

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¡Un año en Berlín!

Cuando me preguntan si me gusta Berlín, me quedo dubitativa. Tras pasar por varios lugares, necesito preguntas más específicas.

¿Me gusta la ciudad? He recorrido algunos de los típicos sitios turísticos e históricos, lo cual siempre es muy interesante, pero me imagino asentándose en otro tipo de ciudad. Demasiado extensa, oscura, con obras constantemente, con un clima muy desagradecido, con un idioma que nunca me planteé aprender y con buena parte de actividades culturales que, consecuentemente por la ignorancia del idioma, no puedo entender. Culpa mía, totalmente reconocida. Calculo que mi estado actual cuerpo-mente empieza a anhelar un lugar de residencia más permanente y que me aporte esas cosas que te apetecen más cuando te vas “haciendo mayor”.

¿Me gustan los servicios de la ciudad? Sí. Salvando las distancias, tengo supermercados a mano y los servicios fundamentales, un seguro médico integrado en la nómina al estilo de España, no abusivo como en Estados Unidos; unos precios generales asequibles, provocados por una ciudad con recursos inesperadamente más humildes, a pesar de ser la capital, que otras del país como Munich, Hamburgo, Francfurt, Stuttgart, etc., bastante más ricas y caras. Mejor no hablar de la gastronomía nacional, pero eso sí: Berlín ofrece un buen abanico de restaurantes de todo tipo.

currywurst

¡Currywurst!

¿Me gusta el idioma? En verdad, ¡no me disgusta! Cuando llegué hace un año y me apunté de inmediato a una escuela para estudiar el A2, tras haber estudiado el A1 durante el verano en Jerez, me di cuenta de que no era tan complicado. En el sentido de que no era el chino que me esperaba, una cosa totalmente opuesta a lo que me resulta familiar.

Aparte de sus famosas declinaciones, que no es momento de tratar de explicar ahora, la gramática no deja de tener una lógica similar a la nuestra, y muchas palabras se asemejan a sus homólogas en inglés y en francés. Si percibiera que mi estancia fuera a durar un tiempo relevante, seguiría con ello, pero a estas alturas de la vida tengo otras prioridades e intereses. No vine por el país ni su idioma, vine porque aquí destinaron a mi pareja y mi objetivo era ganarme las papas. ¡Dicho y hecho! Es más, si he de aprender un idioma, antes va el francés.

No obstante, jamás se me ocurrirá exigir a los alemanes que me hablen en inglés ni daré por hecho que el país entero sea bilingüe, porque no es así en absoluto. Estando aquí, lógicamente el esfuerzo por integrarme depende de mí, y ante todo hay que respetar la cultura nativa, sus costumbres y su forma de vivir y de pensar. ¿Estaría más a gusto si hiciera un mejor clima y el estilo de vida se pareciera más al español o al francés? Seguramente. Pero esto no es España ni Francia, aspecto muy importante de asimilar cuando se visita o se vive en un lugar que no es el de origen. Para no explorar con la mente abierta y quejarse de todo lo que es distinto, mejor no salir de casa.

puerta Brandeburgo Berlín

Puerta de Brandeburgo

¿Me gusta la gente? ¡Berlín es un popurrí de culturas! Me he relacionado con muy pocos nativos y mi trato habitualmente ha sido cordial, nada que destacar. No me gusta generalizar, así que, a falta de integración en este aspecto, mejor no decir más, al menos en cuanto a los alemanes. Disfruto mucho de mis ámbitos sociales, basados en algunas amistades individuales y mi equipo del trabajo, formado unas 14 personas y nueve nacionalidades distintas, ¡para que os hagáis una idea!

Lógicamente, el encontrarme con este tipo de ambiente multicultural también lo provoco yo misma ante la necesidad de trabajar y la limitación del idioma, ya que naturalmente en Berlín la mayoría de las empresas estarán formadas por trabajadores alemanes.

Torre de Televisión

Torre de Televisión

¿Me gusta mi vida en Berlín? Dejando de lado la fecha incierta de caducidad de esta etapa, sin duda. Por primera vez, los típicos pilares de la vida están en un equilibrio fantástico: tengo un trabajo aparentemente más estable, que me permite sobrevivir e incluso ahorrar un poco, con unas condiciones laborales bastante buenas y un ambiente estupendo, al menos con mi equipo, y tal vez con posibilidades de crecer.

Y soy muy, muy feliz sentimentalmente y con la práctica de una existencia simple. No necesito muchas reuniones sociales (unas pocas sí), fiestas, viajes, evasiones de la cotidianeidad. Llegar a casa tras el trabajo, cenar algo rico y ver una serie o película con mi pareja es una de mis actividades favoritas. O leer mientras él hace cualquier otra cosa a mi lado, o tomar un café con un amigo y conversar, o pasear por la ciudad, o cenar un día cualquiera en un tibetano con una compañera de trabajo, y así con múltiples ejemplos igual de sencillos. La ausencia de necesidad, más allá de las básicas lógicamente, hace tu vida maravillosamente completa.

¡Con lo que yo era! Me dicen, me digo. Supongo que he agotado las reservas de vida nocturna y viajera, al menos por una temporada. Muy divertidas pero muy agotadoras y volubles. En estos tiempos, me interesa más mirarme de frente y examinarme, conocerme, cultivarme, cuidarme.

Berlín, siempre estaré profundamente agradecida por lo que me has dado, por lo que me das, y me aseguraré de aprovecharte al máximo. No tengo ni idea en este momento de cómo se sucederán los acontecimientos, para no variar, pero sí que hay una diferencia, y está en la sensación de estar avanzando de manera más determinada y satisfactoria en la dirección correcta, personal, laboral y espiritualmente.

Próximo destino: Berlín

Parece que fue ayer cuando aterricé desde Estados Unidos, y han pasado cuatro meses. Cuatro meses muy especiales en mi tierra natal, con alguna escapada a la tierra de mi pareja (Alsacia, Francia), alguna de él a Jerez y una conjunta a Berlín para buscar, y afortunadamente encontrar, piso, tema en el que mucha gente las pasa canutas en Alemania, hasta los alemanes.

2016-08-31-19-46-40Cuatro meses muy especiales porque el estar por una temporada mayor a una semana en casa de mis padres es un regalo muy excepcional. Y he procurado aprovecharlo como se merece, saboreando las pequeñas cosas de cada día: comidas en familia, charlas, bromas, paseos, mandados. La comunicación cara a cara que, por mucho que el Skype trate de suplirla, no tiene color.

Oh, y por supuesto buena parte de mi tiempo se ha sucedido en torno a un curso intensivo de alemán más las horas correspondientes de estudio en casa, ya que a mi chico le han destinado a la susodicha capital por trabajo. Es gracioso porque siempre he rechazado de plano la posibilidad de estudiar este idioma. No contaba con que el destino me lo pondría ante mis narices.

Ahora que llevo bajo el brazo un humilde A1 o nivel básico, me da menos miedo. Cuestión de poner esfuerzo y dedicación, los idiomas no vienen solos. ¡Universo, dame paciencia y perseverancia! Además, según he leído, el inglés no está tan extendido por allí como se piensa y es fundamental saber alemán si se aspira a la mayoría de puestos laborales más cualificados.

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“El amante japonés”, Isabel Allende

Pero claro, una ha leído tantas cosas en las últimas semanas que ya no sabe ni qué siente ante este nuevo pozo de incertidumbre. Supongo que una especie de gran ilusión agitada. Demasiadas horas pensando en Alemania, más que en toda mi vida, y ni siquiera estoy allí todavía. Hoy, en especial, me gustaría mandar un mensaje de reflexión y de empatía hacia los que emigramos una, dos o las veces que toque en la vida.

¡Ojo! No me he sentido ofendida ni dolida por ningún comentario ajeno, pero sí me ha llamado la atención la positividad inmediata con la que se contemplan los movimientos de otras personas. Habitualmente, al decir que he estado en Londres, en California y que ahora voy a Berlín, o nombrando únicamente uno de estos destinos, lo mismo da; muchas reacciones son del tipo “¡qué guay!”. Y lo entiendo. La cabeza se llena de sitios nuevos por descubrir, de gente por conocer, de una arquitectura y una historia por explorar, de mejores posibilidades laborales y un largo etcétera.

Pero a menudo no se cae en las horas y horas de investigación, seguidas de todo tipo de sensaciones, que cada cambio de vida requiere. No se piensa en el tiempo esfumado entre buscar casa, informarse del papeleo necesario, arreglar el CV y sucedáneos, ver cómo funcionan las cosas en general, tratar de hacerse una idea de la otra cultura y sus diferencias con la propia, aceptar esas diferencias y aún así prepararse para que te salpiquen en la cara en el terreno de juego, encontrar y recorrerse las múltiples páginas de empleo del próximo destino, tratar de encajar en un grupo una vez allí… Por no hablar de mentalizarse para no entender ni jota durante una temporadilla, y para no entender al 100 por 100 en años.

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“El amante japonés”, Isabel Allende

Tampoco suele pensarse en lo que supone la separación del nido familiar y amistoso, o de las relaciones establecidas en cada lugar donde se vive por un tiempo; de la comida de la patria, del uso del lenguaje español en toda su plenitud, de la zona de confort en general. No se considera el desequilibrio emocional que se mantiene al acecho en este tipo de circunstancias ni la mayor dificultad para escaparse a territorio conocido en caso de necesitarlo.

Así que, frente a mis queridos 50 kilos de equipaje preparados para partir mañana con rumbo semi-desconocido, invito al mundo a ser lo bastante curioso como para indagar más allá de la primera impresión, para cuestionar ese halo prometedor de felicidad, para valorar el reto que implica cada cambio de espacio y para tomar nota hacia sí mismos y lo que les hace sentir conocer esas experiencias en los demás. Tal vez se decidan a dar el paso. O a no hacerlo. Quizá ese análisis les ayude a conocerse y entenderse mejor a sí mismos.

No me afectará si esto jamás ocurre, cada cual tiene su círculo de personas con quienes profundizar, pero… ¡creo que se formarían conversaciones y reflexiones realmente interesantes!

P. D: por las dudas, a pesar del tema del idioma y la búsqueda de trabajo, que me traen de cabeza, estoy muy contenta de haber vuelto a Europa y ante la perspectiva de vivir en Berlín el tiempo que corresponda. A ver qué se cuece por allí :).

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