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Archive for the ‘California’ Category

Cuando la rutina se vuelve agradable

Creo que es una de las mejores cosas que te pueden pasar: que tu rutina te resulte agradable. Obviamente las vacaciones son siempre bienvenidas pero no creo ser la única que, cuando llega el momento de regresar a la vida real, experimente cierta sensación de que es lo apropiado y hasta apetecible. También dependerá del tipo de periodo vacacional que se tenga, supongo. En España, lo típico es pillarse un mes entero en verano y el resto del año apañárselas con los festivos (aunque quizá esto esté cambiando al ritmo laboral que vamos).

Cuando viví en Londres, me repartí mis días libres bastante equitativamente para poder ir a casa (Jerez de la Frontera, España) cada tres meses más o menos. Es curioso cómo la casa de los padres perdura siendo “casa” en general a pesar de estar fuera. Aunque, poco a poco, la vida propia equilibrará el peso del hogar materno y el del propio. Ya me está comenzando a ocurrir, de hecho. Ir a casa (de los padres) permanecerá siendo un placer y una desconexión maravillosa. Pero mi casa está donde mi rutina opera (y donde vivo junto a mi pareja, que también contribuye a la sensación de asentamiento).

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Amanecer

¿A qué viene esta reflexión? Seguramente sea porque acabo de pasar por casa (de los padres), jeje. Mi hermano mayor se ha casado. Tres días de compañía asiática (la novia, ahora esposa, es coreana), seguidos de otros cinco días familiares, de amistades y, naturalmente, de esos preciosos regodeos personales que solo tengo de vacaciones en Jerez, como tomarme infusiones mirando a la pared, charlar con mi madre en la cocina, ver la tele con mi padre, echarme la siesta… En resumen, dejarme llevar por la tranquilidad autóctona de allí como si cada una de estas sencillas actividades fuera la más importante y única que hacer, sin prisa, sin inventarme deberes ni tareas posteriores.

El caso: mi hermano se ha convertido en un marido. Fue una boda muy bonita y divertida, ya os pasaré un vídeo (si mi hermano llega a montarlo). Me resulta tan increíble y, a la vez, natural contemplar cómo el paso del tiempo te obliga a madurar, a tomar decisiones, a adquirir nuevas responsabilidades prácticamente sin darte cuenta, todo de manera implacable y, si te lo montas bien, satisfactoria. Un “tenía que pasar” con una sonrisa y con ganas de seguir viendo qué deparará el futuro, un futuro aún incierto pero que suena ameno, sobre todo habiendo encontrado a la persona adecuada (esperemos).

Siempre me he sentido en armonía con el sentimiento y aplicación práctica de la independencia, de nunca tener prisa por encontrar pareja, del derecho a ser feliz en la soltería. Bueno, lo mantengo, pero ahora estoy totalmente convencida de que, con otra persona a tu lado, la supervivencia siempre será más agradable, la verdad. Con los altibajos y desacuerdos de turno, que más vale asimilar lo antes posible porque nadie se salva (algo que también he tenido que aprender), pero no hay color.

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Amor propio por San Valentín este año, porque tener pareja tampoco implica no celebrar el amor a uno mismo

En fin, hoy no he venido aquí a desperdigar mi vida sentimental en realidad. He venido a desperdigar un poco de todo, que para eso llevo unos mesecillos sin aparecer. Otro aspecto que ha contribuido a volver amena mi rutina consiste en tener un portátil propio por fin. El pasado octubre adquirí un económico Lenovo que antes de Navidad dijo “hasta aquí llegué”, y desde entonces hasta mi reciente viaje a España, porque no iba a pagar para arreglarlo cuando estaba en “garantía internacional” (internacional por los cataplines), me tuve que apañar con el portátil de mi pareja, y con su teclado francés, dicho sea de paso, dejando de lado mis queridas pérdidas de tiempo online. Bienvenidas seáis de nuevo. Obviamente el blog no está incluido pero sí era algo que, cuando estás usando el ordenador de otro, y de otro que usa su ordenador mucho, es prescindible.

Total, no voy a emitir mayores excusas, ya sabéis cómo funciona esto del blog: ahora escribo mucho, ahora te abandono, ahora me pongo nostálgica y vuelvo a escribir, y así. Y hoy tengo ganas de contaros un poco las historias que me han acompañado durante estos meses, y quizá de antes. Vamos, lo que me dé la gana.

Para refrescar la memoria y actualizarla incluso: vivo en San Diego (California) y trabajo como periodista por cuenta propia, campo en el que, por cierto, en los últimos días me han calificado de “excelente” y me han dicho que “da gusto trabajar con profesionales como yo” (tenía que decirlo, que tampoco es que ocurra todos los días)… y también trabajo en el área de comida preparada de un supermercado mexicano. Esto es nuevo, de hace casi un par de meses. Se intuye qué me apasiona y qué supone un ingreso económico extra, ¿verdad?

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Saludos desde San Diego, ciudad con arte urbano por doquier.

Antes de pasar a mis historias periodísticas y de cualquier otro tipo, he de confirmar lo que muchos puedan haber pensado: el trabajo en el supermercado es durillo. Obviamente los habrá peores pero yo hablaré de lo mío: muchas horas de pie, atención al cliente permanente y, por tanto, sonrisa obligada; 10% de los atendidos dignos de tirarles la comida a la cara (centrémonos en el otro 90%, que suele ser neutro o majete), sensación de ser un burrito humano con el olor que se impregna, esfuerzo por evitar mirar la cabeza de vaca sobresaliendo de una olla…

¿Qué pasa? Que he elegido estar ahí. He decidido asumir el reto de meterme en un curro que no me imaginaba haciendo y no negaré que el pensamiento de dejarlo no se me ha pasado (varias veces) por la cabeza. Afortunadamente, la perspectiva me cambia con el cheque de cada viernes, con el apoyo de unos compañeros estupendos, con la sensación de aprovechar mi tiempo de manera más productiva. Con, para qué engañarnos, sucesos como la propina de $5 que recibí ayer, cosa nada frecuente. Cualquier cosa que me ayude a sobrevivir y mantener mi actividad periodística es bienvenida.

Ahora, quiero hablaros de algunas de las historias que he cubierto y que más me han llegado. La palma se la lleva el relato de una mujer que lucha contra la transmisión del VIH de madres a hijos a través de la lactancia. Su organización no lucrativa, Es Por Los Niños, apoya a mujeres sin recursos, a menudo solteras, y las forma para evitar que este daño irreparable se produzca. Fue brutal reunirme con ella y que me contara su historia y su motivación para dirigir esta causa, basada en la muerte de su propio hijo.

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“Aspira a inspirar a otros y el universo tomará nota”

Esta, para mí, heroína de los pies a la cabeza que ha decidido destinar su vida a estas personas en apuros se emocionó por un momento durante la entrevista. El local donde estábamos emitía la canción “Dear Mama” de 2pac, melodía que su hijo le había hecho escuchar una vez. Me faltan las palabras para describir la situación y la admiración que me produjo esta señora, quien en aquel momento sintió la presencia de su hijo con ella, haciéndome emocionarme profundamente a mí también.

En un segundo puesto, aunque muy cercano al primero, se encuentra una víctima de violencia de género, actualmente luchadora por los derechos de las mujeres que sufren esta lacra y centrada en la comunidad latina, ya que el miedo a la deportación y a que les quiten a sus hijos convierte a este sector en gran candidato a permanecer en silencio en los Estados Unidos. Desde aquí, vuelvo a proclamar mis respetos y admiración hacia esta valiente joven que utiliza su experiencia para ayudar a otros, con el trauma que supone una vivencia así y lo mal visto que aún está hablar de ello desgraciadamente, de una terrible situación familiar, cuando debería denunciarse de inmediato.

Y así, a día de hoy, me llevo cerca de 100 historias para el recuerdo. Obviamente las hay más y menos profundas, no todo van a ser causas de vida o muerte, pero hasta las más pequeñas aportan algo, a los lectores y a mí misma. He entrevistado a actores y cantantes, he conocido a artistas de distintas tendencias, he hablado con un maestro maya, he anunciado estrenos de programas y festivales, he asistido a eventos, unos benéficos, como la entrega gratuita de regalos a niños desfavorecidos por Navidad y otros tantos, como la representación de ballet de El Gran Cascanueces Ruso. ¡Hasta he informado a la población sobre cómo evitar garrapatas!

Este año único como reportera, como me dicen por aquí, se me quedará grabado para siempre. Admito que apenas he escrito en el blog pero os aseguro que he escrito y, sobre todo, he sentido escribiendo más que en toda mi vida (que tampoco es muy larga, 27 años cumplidos en enero, pero como no veo muchas más opciones periodísticas futuras una vez se me acabe el permiso de trabajo en tres meses…). Interesados en ver parte de mis artículos pueden visitar https://mariagonzalezamarillo.contently.com/. Sí, soy fan de los portafolios, los recomiendo a todo el mundo para mostrar los trabajos profesionales.

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Regalito de una pequeña-gran persona con un pequeño-gran mensaje

Otros aspectos hacia los que me gustaría emitir agradecimientos son esas cosas pequeñas que, si cuentan con nuestra atención, también hacen de nuestra rutina un camino mucho más pleno. Véase aquel corte de pelo que una simpática peluquera mexicana me hizo, y que mentalmente necesitaba con desesperación; haber descubierto que me gusta el sushi hace un par de días; la más elaborada comida semanal que tengo desde que me mudé a San Diego con mi pareja hace un año (todo suyo el mérito), los emails informativos que me llegan de mi padre en torno a cualquier cuestión mencionada, el poder ir en manga corta durante el día, ver una serie en inglés sin problema…

Los audio-whatsapps con amigos de varios minutos poniéndonos al día, las reuniones más o menos mensuales con una fantástica familia americana de Riverside, que me ha permitido vivir todas las fiestas y tradiciones del país en su más pura esencia; mis míticas tostadas con philadelphia para desayunar (comer me hace definitivamente feliz); encontrar el regalo adecuado para un ser querido, “limpiar” el Gmail de correos, una novela entretenida, tachar en la agenda las cosas ya hechas, tener portátil propio tras tres meses, haber aprendido a hacer un buen salmorejo, soñar con viajes y planes futuros, posibles e improbables; reír por cualquier cosa, o simplemente reír…

Una larga lista.

Gracias.

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Halloween en Estados Unidos

Si bien las fiestas en Estados Unidos no tienen mucha historia, los norteamericanos suelen hacer sus esfuerzos en volcarse al cien por cien en cada una de ellas. Así lo demuestran las decoraciones que os voy a enseñar, presentes a lo largo de las casas de mi barrio en San Diego, North Park.

La siguiente expone una tendencia bastante extendida, que es la del tejido a lo tela de araña que podéis ver cubriendo todo el seto, “arañitas” incluidas.

Casa decorada por Halloween

Casa decorada por Halloween

Por supuesto, calabazas y fantasmas. Justo estos son muy cucos pero ya veremos otros más feos un poco más abajo.

Calabazas y fantasmitas malignos de Halloween

Calabazas y fantasmas majetes

Sepulcros de muy señor mío, que no se diga que la cosa no va de difuntos.

Tumba, Halloween, San Diego

Tumba, Halloween, San Diego

Menciones a la simpática costumbre de por aquí, “truco o trato”, que implica que los niños vayan de casa en casa pidiendo caramelos.

¿Truco o trato?

¿Truco o trato?

No sé qué pensaréis vosotros pero para mí que el fondo siguiente se queda un poco corto con el bestial monstruo que cuelga de la columna de esta casa. Sé que es de mentira pero me da tanto asquete que ni así me vería capaz de tocarlo. Lo cual me hace pensar en cómo mi cultura, educación e influencias varias me han hecho temer a bichos que en cualquier caso no pueden más que temerme a mí. De haber crecido en medio del campo, o incluso de haber tenido de pequeña este bicharraco como peluche, mis sentimientos serían muy distintos. ¿No?

Mascota de Halloween

Vigilante letal. ¿O mascota doméstica?

En esta casa parece que un sepulcro no era suficiente, así que hasta que no colmaron toda la entrada de esqueletos y espíritus malignos, no se quedaron contentos.

No caben más decoraciones de Halloween en este portal

No caben más decoraciones de Halloween en este portal

Este señor, o señora, me hace pensar en que quizá encarne la muerte ideal, ¿no creéis? Aparte del toque tétrico buscado por los dueños de la vivienda, en cierto modo no es más que una persona sentada plácidamente en la terraza de su casa, y con un fiel perro a su lado además. ¿A cuánta gente habremos oído decir que, de morirse, quieren hacerlo en su casa tranquilamente y no en el hospital con doscientas movidas conectadas al cuerpo?

Aquí estamos a gustito al fresco

Aquí estamos a gustito al fresco

Los extraterrestres no podían faltar. Sin duda esta casa alcanzaba el puesto número 1 entre este paraje a un lado del jardín y al otro…

Extraterrestres y platillo incluido

Extraterrestres, platillo volante y cartel por si no lo pillas

… ¡Un alienígena súper bien hecho y agarrado a la valla! ¿Cómo os quedáis? ¿Es fanatismo o no es fanatismo? Sin olvidarnos de las lápidas a su espalda.

Me lo cruzo por la noche y me falta tierra para correr

Me lo cruzo por la noche y me falta tierra para correr

Espero que hayáis disfrutado de las fotos y que hayáis pasado una buena noche y fin de semana en general. Aparte de las connotaciones de terror atribuidas a esta celebración, no olvidemos que en muchísimas culturas el objetivo principal es recordar y honrar a los fallecidos.

Si queréis saber más sobre otras festividades en Estados Unidos, os invito a leer este post que escribí hace unos meses. ¡Hasta la próxima!

Viaje de España a California

Ya llevo cinco viajes transatlánticos hechos desde septiembre del año pasado, así que toca relatar cómo se pasa por dicho proceso. Es más, no solo me he cruzado el Océano Atlántico cinco veces sino que cada una de ellas he tenido que desplazarme también de la costa este de Estados Unidos a la oeste o viceversa, por lo que mi testimonio va a ser bien completito.

Debo mencionar que hablo desde la perspectiva de haber usado determinadas aerolíneas pero calculo que en lo básico todas ofrecerán el mismo servicio, así que me lanzo a la piscina. ¿Voláis conmigo?

Lo primero que debo decir es que las comidas incluidas en estos viajes me hacen inmensamente feliz. Soy ese tipo de persona a la que le alegran las cosas pequeñas, como los menús “gratuitos” en viajes de tropecientas horas. Cosa que no parece darse en los vuelos que cruzan el país norteamericano, no sé muy bien por qué cuando sus cinco horas de una punta a otra no se las quita nadie. Más os vale llevar algún bocadillo para no fenecer ni gastaros una pasta para comer durante estos desplazamientos nacionales.

A lo que íbamos: en mi último viaje, volé con Delta, que forma parte de Air France. Esto puede venir bien saberlo, ya que mi código de avión (DL+números) era distinto del que mostraban los pantallones del aeropuerto de Madrid (AF+números), lo cual al principio me descolocó en mi afán por tener todo bajo control. Nada que no resolví en dos segundos preguntándolo al personal del avión.

Pero antes, facturación de maleta. 23 kilos máximo. No problem. Suelo estar en el aeropuerto tres horas antes de un viaje al otro lado del charco, cosa que sinceramente no es necesaria, con dos horas o dos y media diría que va bien pero bueno, es lo recomendado y ahí que aparezco yo sola delante de la cinta que se traga tus preciados bienes tras introducir mis datos en una máquina bajo la supervisión de una azafata. Un “auto-check-in” que se han inventado para, al menos, los viajes con destino Nueva York. Paso el pasaporte por la máquina, el visado, me obliga a que un ser humano vea mis documentos (porque no voy de visita, vivo allí y tienen que comprobar cuáles son mis intenciones y si mis papeles están en regla) y listos. Hasta pronto, maleta, espero que no te sacudan mucho.

aeropuerto Madrid

Más sola que la una en la puerta de embarque

Siguiente paso: llegar a la puerta de embarque. Llego la primera y me da que precisamente por ello me registran la maleta de mano entera. Voy mejor preparada que la vez anterior: solo llevo una mochila típica de colegio y todos mis aparatos electrónicos en una bolsa dentro para sacarlos cómodamente, ya que los inspeccionan todos. Es más, Delta te pide que los enciendas y apagues. El que no furule, se queda en España. Una gracia.

Luego, a esperar. Embarque por zonas. Primero, pasajeros que necesitan asistencia o que tienen billetes con prioridad. Luego, los de la zona 1 y, finalmente, los de la zona 2, entre los que me incluyo. Es un tanto absurdo porque por ese orden dejan pasar a los que se sientan delante del avión antes que a los que se sientan detrás, lo que crea inútiles colas y ratos de espera mientras cada cual coloca sus maletas, entorpeciendo el paso. Pero bueno, allá el que haya inventado el sistema y los que lo sigan.

A la hora aproximadamente del despegue, aperitivo a elegir entre frutos secos y galletitas. Entre una y dos horas más tarde, comida, con tres opciones que varían de un vuelo a otro pero a menudo se basan en alguna clase de pasta, pollo con algo y otro plato más. Como una ya sabe que en el segundo vuelo le darán algo de picar como mucho, me como la pasta y el yogur de chocolate y me reservo todo lo demás: la ensaladita, el pan, la mantequilla…

comida vuelo

Almuerzo bien completo.

Otro par de horas más tarde, helado rico y refrescante. En un momento en el que, por fin, he entrado en calor, se agradece. Pero en los aviones frecuentemente hace un frío del copón. La siguiente foto lo demuestra (te dan mantita y almohada).

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Frío.

Finalmente, una hora y media antes de aterrizar, merienda apañada, de la cual me tomo el sandwichillo de pavo y queso y me reservo el yogur para el vuelo de Nueva York a San Diego.

Merienda en Delta

Merienda en Delta

¿A qué te puedes dedicar entre bocado y bocado? Hay una pantalla delante de ti en la que seleccionar películas. También es posible usar tu ordenador, entre otros recursos típicos como leer, dormir o lo que puedas inventarte. No se me suelen pasar mal estos viajes, la verdad. Si no fuera porque esta vez iba de empalmada tras la boda de una amiga… En fin, esto es otra historia. Ofrecen wifi y todo para usar en el avión, aunque a mí en el móvil no me tiraba ni a pedales. Quizá pruebe para la próxima en el portátil.

Wifi que no furula

Wifi que no furula

Ah, y también has de rellenar un formulario como el siguiente en relación con los artículos que haya en la maleta. Léanlo y hagan sus propias conclusiones.

Declaración de aduanas

Declaración de aduanas

Hay gente que se arriesga y se lleva su querido jamón serrano sin declararlo. Normalmente no se darían cuenta pero yo no me arriesgo, la verdad. En mi primer viaje el pasado septiembre le tocó un registro aleatorio a mi maleta facturada, así que… Vaya puntería. Lo supe porque al recogerla llevaba una pegatina informándome de ello. ¡Gracias, majetes!

Cabe destacar el vídeo de presentación y de seguridad de Delta, reproducido al inicio de cada uno de sus vuelos en las pantallitas del avión. Me llama bastante la atención, los creadores deben de haberse divertido haciéndolo. Aquí lo tenéis.

Aterrizaje sin percances. Control de pasaportes milagrosamente rápido y tras el cual te preguntan en unos mostradores a qué vienes a Estados Unidos. Lo explicas, te miran la documentación, te toman las huellas de todos los dedos y a huir.

Toca recoger la maleta facturada y facturarla de nuevo, porque es lo que tiene hacer escala en Estados Unidos: no se fían de ti. Sin embargo, si bien la primera vez que volé a California la escala en Philadelphia fue larga y pesada, en Nueva York se sucedió de manera bastante más agilizada. Cuestión de recogerla de la cinta, recorrer un par de pasillos siguiendo la señal de “Connecting flights” (“vuelos de conexión”) y dejarla en otra cinta sin más burocracia, ya que en Madrid ya le han puesto la pegatina de que ha de llegar a San Diego.

Seguidamente, cola pasable para el control de equipaje de mano. Afortunadamente esta vez solo tenía que sacar el portátil. El vigilante de seguridad estaba sembrado, estadounidense de pura cepa, con su voz grave y provocando risas entre los pasajeros con sus comentarios.

– HOW ARE YOU? (“¿cómo estás?”, me pregunta cuando me pongo delante del control de personas tras pasar la maleta de mano).

– I’m good… and you? (“estoy bien… ¿Y usted?

I’M AMAZING! (“¡estoy increíble!”, por traducirlo de alguna manera).

– I can see that haha. (Ya veo, jaja).

Un cachondo. Y nada, a ir hacia la puerta de embarque de turno y a esperar de nuevo. Os enseño el detalle del aeropuerto de Nueva York de proporcionar zonas para recargar la batería del móvil. Qué apañados ellos.

Zona de recarga de móviles. Aeropuerto de Nueva York.

Zona de recarga de móviles. Aeropuerto de Nueva York.

El vuelo de Nueva York a San Diego no tuvo mucho de particular. Se hace más pesadillo pero bueno. Pasado ya un primer control en el país, el de Nueva York; en San Diego no necesité hacer nada. Un gustazo. Remitiéndome de nuevo a mi primer vuelo en septiembre, en Los Ángeles me esperaba otro control de muy señor mío. Menos mal que vivo en San Diego… Aunque los vuelos a Los Ángeles saldrían normalmente más baratos. Total, me lo ahorro en estrés, gasolina, dinero y tiempo de ir y volver de San Diego a Los Ángeles.

Por cierto, si en vuestro segundo vuelo (o en el que sea) no os pone el asiento en el que debéis ir en la tarjeta de embarque, no os preocupéis: hay un pantallón en la misma puerta de embarque que os lo dirá. Mi nombre salía en todo el medio jeje.

Pantalla con los asientos

Pantalla con los asientos

Espero haberos dado cierta visión de lo que este tipo de viajes supone. Naturalmente, solo con cambiar de aerolínea y de destino americano ya pueden variar cosas, como las diferencias que he nombrado entre mi primera ida a California y la última, pero en esencia recomiendo ir con tiempo, sin miedo y mentalizado para estar sentado durante muchas horas. Estos sitios están preparados para ayudarte, no para hacerte la vida más difícil, como algunos irritables pasajeros piensan y se esfuerzan en exteriorizarlo para el deleite de los demás… En fin, siempre quedarán las vistas :D.

Vistas guapas desde el avión

Vistas guapas desde el avión

En cuanto al jet lag, en principio no es algo que me afecte demasiado al parecer (toco madera). Las piernas están tocadas al día siguiente sin duda pero las horas de sueño no se me vuelven locas. Aunque a muchos compañeros les pasa, así que prepararos para ello. No hay mal que por bien no venga, siempre hay cosas que se pueden hacer si uno es incapaz de volver a dormirse a partir de las 4 o 5 de la mañana, ¿no? Habrá que echarle un poco de imaginación.

¡Buen futuro vuelo!

La dieta americana

Ayer fui a cenar a un restaurante típico de Estados Unidos. Si en España lo normal es el bar con sus cervezas y tapas, aquí la tendencia va de hamburguesas y sándwiches potentes. Dio la casualidad de que acabé en un local de nombre Rudford’s restaurant del que solo hay uno como tal, pero muy a menudo os cruzaríais con bastantes cadenas por aquí, llevándole la contraria a España.

En mi país natal, contamos con tropecientos bares familiares, únicos se podría decir; y algunas cadenas. Aquí, diría que los restaurantes individuales son los menos, mientras que las cadenas se llevan la palma y recorren las ciudades por doquier. Denny’s, Jack In The Box, Carl’s Junior, Wendy’s y muchos más. Al contrario de lo que se pueda pensar, McDonald’s no es tan popular aquí, ya que la oferta de hamburguesas es extremadamente amplia y de precios similares entre sí.

De hecho, hay una marca bastante exitosa llamada In-N-Out. Se caracteriza por ofrecer, literalmente, tres tipos de hamburguesas: normal, con queso y doble. Por supuesto, con sus patatas y bebida. También tienen batidos. Y disponen del concepto “animal style”, que se puede añadir tanto a la hamburguesa como a las patatas y consiste en una particular salsa.

En fin, estereotipo confirmado de que en EEUU se come mal y grande. Y, consecuentemente, el nivel de obesidad es alarmante. Para terminar de demostrároslo, os enseño la oferta del mismo Rudford’s:

"¿Tienes lo que hace falta para el reto Rudfords? ¿Puedes terminar El Gran Nick? ¡Acábalo en 30 minutos y no pagas! Consigue una camiseta gratis y tu foto en el mural de los ganadores. Si no puedes, pagas $20 y vas al muro de los perdedores."

American diet

Traducción: “¿Tienes lo que hace falta para el reto Rudfords? ¿Puedes terminar El Gran Nick? ¡Acábalo en 30 minutos y no pagas! Consigue una camiseta gratis y tu foto en el mural de los ganadores. Si no puedes, pagas $20 y vas al muro de los perdedores.”

¿Quién se atreve?

Para bien o para mal, ¡me he hecho Instagram!

Queridos seguidores antiguos, recientes y futuros: en vistas de que mi pobre blog está un tanto abandonado a raíz de escribir a base de impulsos mensuales sin continuidad ninguna, he decidido probar la aplicación Instagram. Esta red social consiste fundamentalmente en compartir fotos individuales y tomadas a tiempo real o muy recientemente. Sin embargo, no invito a nadie a crearse una cuenta para seguirme ni pretendo cerrar este blog (no os asustéis, papis), al contrario.

El proyecto, o amago del mismo por ahora, consistirá en recurrir a Instagram como primer medio social para comunicar lo que mi alrededor me inspire en el momento en que suceda. A partir de ahí, la publicación saldrá automáticamente en Facebook y Twitter y, posteriormente y a la mayor brevedad, en este blog (una pena no poder sincronizar Instagram con WordPress). Y en Google+ si me acuerdo…

¿Por qué hago esto? Porque no es lo mismo capturar una historia y transmitirla en el preciso momento en que inunda mi mente que apuntarse una frase o una palabra “para escribir sobre ello más tarde en el blog”.

En principio, la idea de utilizar Instagram se me antoja bastante más cómoda, directa e inmediata que el típico proceso de acumular conceptos y esperar a sentarme enfrente del ordenador para redactar en el blog, cuando la mitad del efecto se ha esfumado. Y las ganas de escribir (hablo por mí, desde luego).

Además, empleando esta herramienta social añadiré un valor añadido a mis contenidos: las imágenes siempre serán de cosecha propia. No de bancos de imágenes o de Internet, sino fotografías puramente mías, hechas por María González Amarillo.

A su vez, aumentará (espero) mi continuidad a la hora de publicar en el blog porque, sin duda alguna, lo que saque en Instagram quiero plasmarlo aquí también, abriendo la posibilidad de dejarlo tal cual o de añadir más detalles en esta plataforma, más adecuada para textos más extensos.

Sin más dilación, os enseño un par de fotografías. En primer lugar, la de mi perfil de Instagram: el reflejo de mí y de una puesta de sol brindada por Newport Beach (California).

Foto de perfil en Instagram

Foto de perfil en Instagram

¡Y la foto de inauguración de Instagram! Una perspectiva de San Diego desde la Isla de Coronado. Cabe destacar que llevo seis meses viviendo en San Diego y un año en California (los seis meses anteriores fueron en Riverside). No se ha pasado rápido ni nada… Interesados en más detalles en cuanto a mis andaduras yanquis, tómense la libertad de echar un vistazo a posts previos a este, en los que hablo de varias ciudades californianas y de mis impresiones respecto a la cultura estadounidense.

San Diego, California

San Diego, California

A ver cómo progresa esta nueva aventura. ¡Nos vemos en Instagram, Facebook, Twitter, Google+ y WordPress!

Instagram y Twitter: @Mariagamarillo

Página de Facebook: Maria Dixit

Google+: María González Amarillo

¡Saludos!

La esencia del periodismo y la verdad sobre el sueño americano

escribir muchoLo sé: según el post anterior a este, llevo sin escribir desde el 26 de julio, pero quizá las apariencias os estén engañando. Todo depende del punto de vista. Efectivamente, en este blog, he estado ese tiempo sin manifestarme. Sin embargo, hacía mucho que no ocupaba tantas horas redactando. Diría que desde aquel verano de 2010 en el cual empecé este blog y me volqué en él de un modo casi enfermizo.

Como os conté el susodicho 26 de julio, tengo… um, un trabajo freelance, no dos: el de editora de publicaciones de Facebook me he visto obligada a dejarlo ante la evidente necesidad de buscar una posición estable que complemente mi labor como freelance para un periódico hispano, cosa que sin duda no quiero dejar de hacer tras haber conseguido una oportunidad en este sector cuatro años después de acabar la carrera. Si me hubieran dicho antes que en California tenía opciones… En fin, dejémoslo en que toda experiencia sirve.

El caso: ¿que no he escrito? He plasmado variadas causas sociales y culturales que van desde la labor del centro LGBT (dedicado a la comunidad de gays, lesbianas, bisexuales y transexuales) de San Diego y sus servicios, que le convierten en el primer centro estadounidense en ofrecer apoyo a los latinos en un país repleto de estos; hasta la celebración de un evento culinario en contra de la violencia de género y el acoso sexual, pasando por la trayectoria de un galerista que vive para el arte y para una organización que ayuda a niños afectados por el VIH; un festival de mascotas para apoyar su adopción, luchar contra su abandono y educar hacia los cuidados que merecen; y otro festival destinado a exponer las creaciones de unos 200 artistas de todo tipo y tendencia.

Asimismo, he inmortalizado un programa de Volunteers of America que trata la drogadicción en latinos porque, al parecer, estos tienen una tendencia 13 veces más elevada a darse a las sustancias cuando siguen el estilo de vida americano en lugar de preservar su cultura al emigrar. Y también he contribuido a popularizar una organización sin ánimo de lucro que educa a los niños y jóvenes de una zona de por aquí, llamada Barrio Logan, para que reflexionen sobre qué quieren hacer para el resto de su vida y se planteen ir a la universidad. En dicho barrio, el 97% de las personas mayores de 24 años nunca han ido a la universidad. El 97%.

bueno maloSan Diego se me antoja un prisma de lo mejor y lo peor de la humanidad. Desconozco si en España hay tantos grupos no lucrativos pero, desde luego, sin los que hay aquí, para mí que la ciudad se hundiría en el caos. Este país me está demostrando que, de no pertenecer al gremio de los más afortunados, Europa es un lugar bastante más agradecido para vivir. Incluyendo mi país natal, por muy mal que estemos laboralmente.

Una educación y una sanidad que valen miles de dólares; unas distancias muy largas tanto en ciudades grandes como en ciudades pequeñas, porque están extra repartidas por el terreno, lo cual fulmina la posibilidad de caminar (¿caminar? ¿Qué es eso?) y te condiciona para todo movimiento; unos medios de transporte, a su vez, que no le llegan ni a la suela de los zapatos a los del continente europeo, cuando no son inexistentes; una población, por tanto, sometida a trasladarse permanentemente en coche, con los atascos, la contaminación y los riesgos de accidente que conlleva; una alimentación artificial, calórica e insípida, con comida que dura semanas en el frigorífico sin caducar (no, esto no es una ventaja); unos precios para alquilar una vivienda que no permiten ni de lejos sobrevivir como mileurista; un acceso terriblemente fácil a armas de fuego que nunca entenderé; un turismo prácticamente ausente de historia y basado en el paisaje, el espectáculo y las playas (que sinceramente para algunos, entre los que me incluyo, si ves una playa, las has visto todas); una cultura que vive para trabajar y hasta teme cogerse las vacaciones que le corresponde; un nivel de obesidad sobrecogedor…

american dreamA ver, naturalmente y como en todas partes, hay pros junto a los contras, y personalmente estoy a gusto por ahora y motivadísima por poder dedicarme al periodismo, pero os aviso: el “sueño americano” está muy sobrevalorado. Por supuesto que aquí hay más trabajo que en España, pero al precio de todas las movidas del párrafo anterior y, cuidado, empezando normalmente desde abajo a menos que tengáis unas cualidades excepcionales (o que seáis ingenieros). No quiero desalentar a nadie que desee venir, ¡bienvenidos sean los aventureros! Pero informaos bien y no crucéis el charco con demasiados pajaritos en la cabeza.

Además, hoy no venía con intenciones anti-yanquis sino más bien con una reflexión positiva, aunque no lo parezca, hacia el periodismo como arma y recurso informativo. Como parte integrante por fin de esta vocación, me cuesta describir la sensación que experimento al expresar hechos por escrito en los que creo y tener la oportunidad de expandirlos al mundo (o a la tirada de turno, que actualmente me basta y me sobra).

Es un subidón bestial que justifica por qué tantas personas se dedican a esto, a una labor empeñada en fomentar la conciencia y la capacidad de cuestionamiento universal en la sociedad. Una misión que va mucho más allá de la compensación económica y de los límites humanos. Y que está muy infravalorada entre individuos incompetentes que manchan la esencia de la profesión (como en todas las profesiones, solo que esta se lleva más leches por ser de cara al público), ideologías, remuneraciones penosas y programas catetos.

Un día de los que te recuerdan el sentido de la vida

Ayer asistí a un evento llamado 43 artists for Ayotzinapa III. El objetivo era recaudar dinero para las familias de los 43 estudiantes mexicanos desaparecidos el 26 de septiembre del año pasado. Aún no se sabe dónde están, ni si viven o han sido asesinados. Ni rastro de ellos, de un grupo de nada más y nada menos que 43 jóvenes de origen indígena y un alto nivel de pobreza.

El secuestro fue de tal calibre que México cada vez se levanta más en contra de la injusticia. Sin embargo, necesitan el apoyo de otros países, del mundo. Por muy impactante que suene, estos 43 son solo el reflejo de un país en el que al año desaparecen y mueren miles y miles de personas sometidas por la corrupción y la mafia.

Durante la tarde de ayer, 25 de julio de 2015, se quiso recordar a estos estudiantes, símbolo del caos político en el que nuestros vecinos están sumidos. Entre danzas indígenas, conciertos de música africana y reggae y discursos activistas, se compartió un sentimiento de unidad universal, de lucha contra la injusticia. Y me siento muy orgullosa y feliz de haber formado parte de ello.

Ayotzinapa

Conocí la existencia de este proyecto gracias a mi situación actual, la cual os detallo brevemente a continuación: llevo más de un mes con un permiso de trabajo… Sin trabajo como tal. Este permiso me lo ha proporcionado la universidad de Riverside (UCR) en la que previamente he estudiado un posgrado de empresariales. Durante el curso, repetidas veces nos comentaron varios profesores que debíamos recurrir a contactos para encontrar trabajo, ya que, según las estadísticas, el 80% de los empleos se consiguen a través de contactos.

Como comprenderéis, si mi lista de contactos para lograr trabajo en España ya era reducida, aquí ni existía. Era nueva, recién llegada, y extranjera, cosa que teníamos que convertir en nuestra ventaja en vez de un inconveniente de cara a las empresas. Un pifostio. A ver, tienen razón en que los puestos de las páginas de empleo son un pozo sin fondo. De los que solicitas, quizá un 10% te llama, y luego un 1% te cogerá, nivel al que aún no he llegado, pero que tal vez esté alcanzando por otros medios. Me explico:

Plan A: contactar directamente con los medios de comunicación hispanos y las empresas de marketing más importantes de San Diego. Tras mandarles emails, llamarles e incluso plantarme en sus puertas, resultado: dos trabajos freelance, uno de redactora para uno de los periódicos hispanos de San Diego y otro de editora de publicaciones para páginas de Facebook de clientes de una empresa de marketing, también hispana.

hell yeah

Problema: si acaso, me cubren los gastos de comida pero no me dan para mantenerme en un estado en el que con mil euros al mes no sobrevives ni de casualidad, y eso en mi situación actual, si tienes hijos ya no quiero ni pensarlo. Por tanto…

Plan B: a solicitar puestos a través de páginas de empleo como Indeed, Monster, LinkedIn… Cuyo retorno se hace de rogar, y cansa mucho, muchísimo, echar horas clickando sin confiar demasiado en recibir respuesta. Así que estoy volviendo al plan A y alternando ambos, porque si me paro a pensarlo, lo que tengo ahora, mis trabajos freelance, me han salido por ello, porque he ido y me he plantado en las narices de las empresas, no a través de internet.

Aparte, he empezado a dar clases de español, cosa que estoy disfrutando y que, a lo tonto, puede acabar pagándome el alquiler. ¿Problema parte II? Que, si me dedico a curros freelance, elimino la posibilidad de que una empresa me patrocine al final de mi año de permiso. El patrocinio implica que una empresa pague los cuatro o cinco mil dólares de turno para que un extranjero pueda quedarse en Estados Unidos con un visado de trabajo (el mío actual es de estudiante aunque me permita trabajar), proceso con el que pocas compañías están familiarizadas. Total, que está complicado, pero siendo freelance ya es imposible al no trabajar para ninguna empresa.

visado trabajo

Por otra parte, ¿quiero quedarme? Puede que sí, puede que no. De estar en buenas circunstancias laborales y económicas (y conseguir el patrocinio, claro), por qué no. En caso contrario, no voy a llorar por tener que regresar a Europa, porque cada lugar tiene sus ventajas y sus inconvenientes, y no poder permanecer en un sitio demuestra automáticamente que me corresponde estar en otro. Y porque la calidad de vida en EEUU no es necesariamente la panacea.

Vamos, un cacao de inestabilidad y de incertidumbre, pero con atisbos de luz, de posibilidades. Volviendo a hilar con el tema del post: el trabajo freelance que tengo como redactora para un periódico es el que me permitió encontrar este evento noticiable, y la publicación del artículo, mi primer artículo periodístico, me ha abierto las puertas hacia la carrera que estudié en España y a la que tenía pensado dedicarme una vez acabara de estudiar (já), así como hacia otras formas de vida.

(Enlace a la noticia en pdf aquí)

Concierto por Ayotzinapa en el Centro Cultural de la Raza, San Diego (25 de julio de 2015)

Concierto por Ayotzinapa en el Centro Cultural de la Raza, San Diego (25 de julio de 2015)

Me explico de nuevo: siempre me imaginé trabajando de redactora para un periódico o revista. Luego, tras el máster de marketing, en un departamento o empresa de lo propio. Más tarde, me interesé por las causas sociales pero me di cuenta de que a base de ser voluntaria para organizaciones sin ánimo de lucro desgraciadamente no se puede comer y no contaba con la formación y experiencia requeridas para currar en ello de forma remunerada.

Ahora, contemplo el mundo freelance como una opción de lo más atractiva. No obstante, soy consciente de que no es el momento. Dedicarse a ser freelance al cien por cien requiere mucho tiempo y paciencia para ir creándose una cartera de clientes, contactos y recursos, y no te aporta la estabilidad y garantías que te da un trabajo de oficina. Por ello, actualmente no es mi prioridad, ya que ante todo necesito mantenerme por mí misma, pero queda en reserva para el futuro. En reserva de verdad, no como los propósitos de año nuevo. Mientras tanto, a informarse, a seguir buscando y redactando noticias ahora que por fin me han dado la oportunidad; a perseguir formas de dedicar mi vida laborable a comunicar contenidos de valor, que es mi pasión al fin y al cabo.

Vistas para reflexionar (Ocean Beach Dog Beach, San Diego, California)

Vistas para reflexionar (Ocean Beach Dog Beach, San Diego, California)

Por todo esto que estoy haciendo y las reflexiones a las que mis pasos me llevan, ayer tuve un día de esos en los que ves cierta claridad entre la neblina. En los que adviertes proyectos en los que te gustaría sumergirte sin importar si no es el momento porque siempre puedes comenzar por recabar información para luego cometer la menor cantidad de errores posible. Fue un día en el que, entre choques culturales y discursos sobrecogedores, reafirmé mi interés en los temas sociales y en plasmarlos y comunicarlos. Fue un día de los que te recuerdan el sentido de la vida, el sentido personal que motiva a cada individuo a lanzarse a una aventura determinada, el sentido que bien puedes conocer de antemano o descubrirlo sobre la marcha y que te hace sentir más vivo e ilusionado que nunca.

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