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Archive for the ‘Cinefilia’ Category

Philomena y la otra realidad

PhilomenaPhilomena es la obra cinematográfica, mucho más real que ficticia, que acabo de ver y por la que no he querido acostarme sin antes escribir unas líneas para no dejar de sentirla tan rápido, para que el efecto que me ha dejado postrada en el asiento durante largos segundos tras su final no sea vapuleado por el estado inconsciente en el que me sumiría el sueño, desprendiéndome de inmediato de la melancólica historia de Philomena, mujer que decidió buscar al hijo que le arrebataron pasados 50 años del suceso.

Basada en hechos reales.

Una vida en secreto cuya exteriorización se transforma en la aventura conjunta de esta mujer y de un periodista, dando lugar al triste pero equilibrado juego, con acertados toques cómicos, entre la vejez rural y la madurez urbana, la espontaneidad verbal y la parafernalia aprendida, la fe y el agnosticismo. Una lucha de caracteres que se complementan a la perfección a pesar de sus abismales diferencias, unidos por la búsqueda de la verdad, aunque con intereses distintos.

Repito: basada en hechos reales.

La otra realidad es la que se me ha olvidado durante la película. La de las prisas, las preocupaciones mundanas, los deberes de hoy y de mañana y, por tanto, del pasado, presente y futuro individual en su totalidad, eclipsada por la auténtica realidad, la que no es la propia, sino la que pertenece al mundo. La realidad formada por los miles de millones de personas que pueblan la Tierra y cuyas historias se ven entrelazadas eternamente, abarcando de un extremo a otro del globo, creando vínculos, proyectando males, despertando alegrías, propulsando todo tipo de sentimientos y acciones encontrados y provocadores tanto de las desgracias más aterradoras como de las bellezas más plausibles.

A mitad de película, sin venir a cuento, me he dicho que debería ver más cine. Nada nuevo. Me lo he propuesto por una milésima, aun sabiendo que probablemente no lo cumpla, pero tenía motivación suficiente como para decírmelo. Por la realidad global. Por el respeto a mí misma y a los demás. Por la muerte del egocentrismo. Por ti, por mí, por todos. Por las personas, con sus respectivas realidades, que ya conozco y las muchísimas que me quedan por conocer.

Harry Potter tour – Warner Bros Studios

¡Hola a todos!

Este verano tuve el inmenso placer de contemplar durante una mágica tarde en los estudios de la Warner Bros lo que se conoce por aquí (Londres) como The making of Harry Potter, es decir, la reproducción de todos los escenarios, decorados, vestuario, maquillaje, máscaras y un largo etcétera presente en las películas de esta saga universalmente conocida. Todo a escasos centímetros, todo expuesto en un caótico orden y a lo largo de unas salas de ensueño que me devolvieron brutal y maravillosamente a aquellos años en los que disfruté como una enana de tan fantástica historia.

Tras una dura criba en la que cientos de fotos se han quedado en 15, aquí tenéis una pequeña muestra de un espectáculo visual que, en mi opinión, vale mucho la pena de ver aún no siendo un fanático. Mejor si se han visto las películas, claro, mas la contemplación de este arduo trabajo no dejará indiferente a nadie.

Comenzamos con el gran comedor de Hogwarts, ese colegio con el que muchos soñamos unirnos en su día (algunos siguen haciéndolo).

Proseguimos con la Sala Común de Gryffindor, acompañada de los trajes de los protagonistas. El vestuario de las variadas escenas no cesaba de aparecer por doquier entre escenario y escenario.

Seguidamente, el Aula de Pociones. ¿Quién no tiene a Snape en la cabeza admirando esta sala?

¡Las puertas del Ministerio de Magia! Enormes.

Diagon Alley. Paseando entre Gringotts, Olivander

El autobús noctámbulo. Pa comérselo con papas.

Una de tantas paredes con algunos de los tropecientos retratos que caracterizan Hogwarts.

La puerta de acceso al despacho de Dumbledore.

Piezas del ajedrez gigante. Y grandes que eran, hasta los peones daban respeto.

El despacho de (la fulana de) Dolores Umbridge. Qué bien conseguía J.K. Rowling hacernos odiarla, ¿verdad?

El Monstruoso Libro de los Monstruos. Nervios y todo pensando en si tocarlo.

Aragog. Vaya bicharraco.

Cerveza de mantequilla “gratis” (claramente está pagada con la entrada pero bueno, hace ilusión igualmente) como a la mitad del recorrido. No estaba mal aunque se nota que han adecuado bastante el sabor para todo tipo de público, incluyendo a los visitantes más pequeños.

Varitas, varitas y más varitas. Para todos los gustos y colores.

Y, para terminar, la gran frikada del año. Resulta que hay un espacio del tour dedicado a todos aquellos que deseen obtener una foto como la que podéis ver a continuación. Gracias al uso de un croma, pared de un tono verde intenso que permite recrear diferentes fondos paisajísticos al enfocar la cámara hacia ellos (solo visibles en el vídeo, la pared siempre permanece verde), se podía elegir entre cuatro escenarios distintos. Que conste que elegí el más guay.

Ahí queda eso. Una preciosa vuelta a la más pura, creativa e inocente adolescencia. Una tarde para recordar.

Saludos mágicos.

La cara oculta

Después de ver esta película, me atrevo a decir, y con gran convencimiento, que el cine español cada vez promete más. El director, Andrés Baiz, ha puesto en escena una historia muy bien estructurada, con enganche y estremecedora.

Tengo que reconocer que, durante los primeros minutos del filme, algunos diálogos no me llegaban, me parecía demasiado sobreactuado pero, una vez entra en juego la música y el inicio del conflicto, la tensión comienza a darle una velocidad de vértigo.

La parte musical de esta obra constituye un elemento extraordinario a la hora de aplicar tanto pasión como tensión. Una banda sonora preciosa, favorecida por el papel de Quim Gutiérrez como director de la orquesta filarmónica de Bogotá, se une a unos acertados y sobrecogedores toques vibrantes en los momentos de suspense.

El argumento consiste en la aceptación de Adrián (Quim) en dicha orquesta, debida a la cual él viajará de España a la capital colombiana acompañado de su novia Belén (Clara Lago). No obstante, las ganas de poner a prueba la fidelidad de Adrián acabarán metiendo de lleno a Belén en una trampa de lo más inesperada…

Volviéndonos hacia la interpretación, Clara Lago ofrece una actuación espectacular. Por su rostro circulan con la misma veracidad y convicción las distintas expresiones faciales más características: el amor, el cariño, el recelo, la frustración, el odio, la desesperación más absoluta…

Quim Gutiérrez tiene su rol adecuadamente asumido, aunque su rostro me recuerde demasiado a su papel en Primos puesto que la manifestación de sus sentimientos surge en su cara con los mismos gestos, y Martina García (Fabiana) goza de pocas menos apariciones a lo largo de las secuencias, pero la verdadera protagonista de este thriller es Clara Lago.

Finalmente, solo queda alabar como se merece la realización, los planos idóneamente escogidos y encuadrados, y la elección de los escenarios, muy personalizados y significativos. Se advierte un gran equilibrio entre estos factores, la música, la trama y los actores.

Lo dicho: siguiendo este ritmo, estamos en camino de que se vaya cogiendo respeto a las producciones españolas, que ya era hora de mostrar el talento vigente.

Atracción Fatal

Impresionante. Pasión, miedo, ternura, amor, impotencia y un sinfín de sensaciones confluyen en esta película, cuya base se podría situar sobre dos pilares: las responsabilidades y las consecuencias de nuestros actos.

En realidad, el desarrollo de la historia resulta bastante predecible, pero aún así te sorprende, te asusta, te encandila, te introduce en la trama con una capacidad tal de absorción que la vives, que te identificas con cada personaje, que prácticamente experimentas en tus carnes el placer, el suspense, el pánico y el alivio que transitan por las propias imágenes. Vamos, que ha habido incluso un instante en el que he tenido que incorporarme de puro nervio.

El director, Adrian Lyne, no ha escatimado en recursos interpretativos desde luego, contando con un reparto protagonista espectacular. Michael Douglas asume el papel de Dan Gallegher, un hombre cuya vida es perfecta y nada le falta: casa, dinero, familia… hasta que cae en la tentación ante los encantos de Alex, representada por una fantástica Glenn Close (bien merecido su Premio Donostia en el Festival Internacional de San Sebastián).

Así, la tranquila existencia de Dan se ve truncada por la serie de circunstancias derivadas de aquel desliz. Mientras que el peligro impregna cada vez con más fuerza una escena tras otra, el arrepentimiento y el temor a perderlo todo se ciernen sobre el protagonista, transformando una decisión mal tomada en una terrible lección vital.

De ritmo imparable, profunda y entretenida, y pronosticable pero sobrecogedora, Atracción Fatal pone sobre la mesa un gran drama con su dosis de suspense asegurada y un desenlace precedido de un elevado nivel de tensión, seguido del soberano impacto que produce el final y culminado en una merecida reflexión general.

V de Vendetta

Una de mis frases preferidas dice: “definir es limitar”. Y como yo, bajo ningún concepto, quiero reducir esta película a lo que pueda hablar sobre ella, solo os animaré a verla, pero porque no puedo obligaros. También depende del género que más os agrade, no le tiene que gustar a todo el mundo… PERO VAMOS, qué historia, qué guión, qué interpretación, qué escenificación, qué efectos especiales… ¡¡¡Qué todo!!!

Con tanto #Anonymous rondando por los aires, me entraron ganas esta mañana de volver a verla. Y digo volver a verla porque ya fui en su día al cine cuando la estrenaron, allá por 2006, pero en aquel momento me da la sensación de que no me enteré de mucho, no le presté demasiada atención o yo qué sé lo que tenía en la cabeza con 17 años. Sin embargo, ahora… Sin palabras.

Para los más perdidos, a modo de sinopsis y traducido de IMDB: un enigmático luchador por la libertad conocido solo como “V” emplea tácticas terroristas para luchar contra su sociedad totalitaria. Al rescatar a una chica de la policía secreta, también encuentra la mejor oportunidad para tener un aliado.

Y no digo más, porque lo que se merece esta obra de arte es ser visualizada de inmediato.

Sin control, de Clive Owen y Jennifer Aniston

Yo no sé por qué, pero creo que muchos se esperaban una mala película de esta combinación de actores. De hecho, a mí misma no me pegaba la protagonista, o una de ellas, de Friends con mi idolatrado Clive pero bueno, me dije, a ver qué sale de aquí. No recuerdo si ya la había visto, quizá solo un cacho, el caso es que transcurrió para mí como si no hubiera oído hablar de ella nunca (tengo que hacer algo con mi memoria), y me gustó bastante.

Dirigida por Mikael Håfström, cuenta la historia de Charles Schine (Owen), que lo tiene todo: dinero, un hogar, una mujer y una hija (enferma, pero con arreglo), y que se cruza con Lucinda Harris (Aniston). Lo que parece un apasionado encuentro de amantes se convierte en una tortura desde el momento en el que entra en acción LaRoche (Vincent Cassel) ejerciendo presión, chantaje y amenazas sobre Charles para sacarle hasta el último pavo.

La trama se desarrolla en un ambiente de suspense total, mantiene en tensión y provoca un alto nivel de intriga hacia su desenlace. Quizá para otras personas fuera evidente o predecible pero, en mi opinión, hay un par de giros en especial tan repentinos como inesperados que me hacen verla como una historia bastante interesante, inteligentemente estructurada y de calculado guión.

Se comparte la agonía del protagonista, su sufrimiento, su desesperación. Logra meter al espectador en su piel en un argumento que podría resultar típico (infidelidad=problemas) pero que te atrapa en la inmensa credibilidad de su interpretación, así como en la de Jennifer Aniston, que se aleja de su encasillado papel serial de guapita tonta.

Finalmente, los escenarios y localizaciones son sencillos, caseros y callejeros, lo que permite una coherente y veraz realización con su correspondiente selección adecuada de planos para mostrar de forma bastante ilustrativa la frustración y la acción.

Como último apunte, tanto si os gusta el actor como si no, recomiendo encarecidamente la película Hijos de los hombres, con un tema completamente distinto del de Sin Control como viene a ser el fin del mundo y la lucha por salvar a la humanidad (pero sin americanismos patrióticos flipados). Me la mencionó un amigo por Twitter y realmente vale mucho la pena. Otra tremenda película, ya más centrada en las relaciones personales, es Closer, con Julia Roberts, Natalie Portman y Jude Law, además de Clive Owen. Y paro de contar, que ya vais servidos por hoy.

¡Que os sea leve el día y comencéis el fin de semana con buen pie!

En busca de la felicidad

Acaban de echar en TVE En busca de la felicidad. Docenas y docenas de Tweets recorren el Inicio del Twitter alabando esta maravillosa película.

Dirigida por Gabriele Muccino y escrita por Steve Conrad, The Pursuit of Happyness constituye toda una lección moral en torno al esfuerzo y a la persecución de las metas, pero no nos adelantemos, vayamos por partes.

Empezando por lo más importante, hay que recalcar encarecidamente la pasmosa interpretación de Will Smith, quien encarna a un hombre extremadamente presionado y agobiado por su situación económica que intenta seguir adelante y mantener a su familia.

No se queda atrás el papelón de Jaden Smith (que ya está bastante más crecidito), hijo del propio Will, en su perspectiva infantil adorable y tierna. Resulta espectacular el trabajo que se consigue en ciertos filmes con los niños, sobre todo tan pequeños, aunque ya se va viendo a lo largo de los últimos años que este chico parece tener un futuro cinematográfico bastante prometedor.

Favorecido, sin duda, por sus actores, el mayor potencial de este drama es la historia en sí. Una buena trama, personajes definidos y característicos, sentimentalismo siempre presente pero en su justa y perfecta medida, escenarios amplios, abiertos, que dejan fluir cada secuencia de una forma profunda y creíble (sobre todo la cantidad de carreras que se pega el protagonista a través de la ciudad)…

¿Lo mejor? Los 117 minutos son geniales, pero me quedo con el final, que no lo voy a spoilear, naturalmente. Solo diré que rebasa el punto más álgido de la emotividad, de la embriaguez de los sentidos, de la emoción en estado puro, seguida, en muchos casos, de unas cuantas lágrimas.

Una obra para disfrutar, sufrir, sonreír, escuchar y, sobre todo, para reflexionar. Para desubicarnos de nuestro querido egocentrismo y trasladarnos a auténticos panoramas resbaladizos. Para recordarnos lo que verdaderamente importa en esta vida.

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