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Archive for the ‘Gotas de lluvia’ Category

Os perdono

Hoy cierta angustia me está dando por saco y he decidido compartirla con vosotros y usaros para pararle los pies (¡gracias de antemano!). Normalmente mis publicaciones ya salen de por sí de mi cabeza al teclado a base de inspiraciones repentinas pero esta vez quiero, más que nunca, desatar este batiburrillo de sensaciones sin pararme tanto a repasar el texto, la forma y cómo expresarme. Esperemos haber entendido algo al final.

Todo ha empezado con el sentimiento de impotencia. Una amiga mía lo está pasando regular en el plano sentimental y soy incapaz de aportar luz a su visión actual. Este amargo pellizco, amplificado naturalmente por mi propio cerebro, me ha catapultado hacia otros momentos, otras impotencias, otras pocas situaciones que me oprimen el pecho a su voluntad de vez en cuando. Y me toca la moral. Necesito cerrar cabos con los demás y conmigo misma, porque no quiero vivir de esta manera. No quiero vivir con rencor, con angustia, con pesimismo. Me niego a que me sigan asaltando cuando se les antoje, por poco frecuente que sea. No he venido al mundo para perder el tiempo con sufrimientos gratuitos. Creo en la felicidad personal y, consecuentemente, en la expansión de esa felicidad al exterior. Así pues…

Te perdono, amiga, porque no soy quién para juzgarte. Seguramente tu círculo vicioso emocional (alias “rallada”) sea de alguna utilidad tarde o temprano, y sé lo que se siente cuando se está atrapado en una prisión mental. Hasta que uno mismo no se da cuenta, no hay quien le saque de ahí.

Te perdono, profesora de ballet, porque a mis diez años intentaste convertirme en una persona flexible, haciéndome finalmente salir despavorida de la clase con dolor de ingles. Sé que actuabas con buena intención, aunque me mosqueé en el momento.

Os perdono, mini-compañeras, por catalogarme de “marimacho” por jugar al fútbol con los chicos en primaria. Son cosas de la edad, y me lo pasaba de lujo de todas formas.

Os perdono, ex-mejores amigas, por abandonarme deliberadamente por vuestros novios y otros motivos. Me enseñasteis que un gran porcentaje de amistades no resisten el paso del tiempo, que ese proceso forma parte de la vida y que no vale la pena resistirse cuando es inminente. Nos divertimos mientras duró.

Os perdono (aquí tengo que respirar hondo), compañeros que me hicisteis bullying, acoso escolar en español, durante buena parte de la secundaria. Porque noto que, conforme más mayor me hago, más parece afectarme aquel trato injustificado hacia mi persona. Y no voy a permitir que me sigáis molestando a estas alturas de la vida. Porque probablemente vuestras mentes, educación, ambientes, inseguridades, etc., os impulsaron a ser así sin querer realmente amargarme. Y. si sí queríais, no es mi responsabilidad preocuparme por ello, allá cada uno con sus maldades y el karma. ¡Ah! Y, afortunadamente, el cambio de curso abrió paso a vuestra desaparición de mi vista y a unos estupendos tres últimos años de colegio. Tal vez tenía que aguantaros para experimentar toda la dicha escolar posterior con mayor intensidad. Qué guasón, el “destino”.

Os perdono, resto de compañeros de secundaria, por dejar que me hicieran bullying. Porque desgraciadamente el inicio de la adolescencia es una etapa difícil en la que la personalidad aún está por curtir y no voy a culparos por esas ansias de encajar entre la masa a costa de no mirar de frente ciertas injusticias. Ojalá esto cambie con el paso de las generaciones, porque el abuso escolar es un tema que me enerva brutalmente. Pero hoy estamos perdonando, así que continuamos.

Te perdono, primer ex-novio, por abrirme la puerta a la primera explosión en pedazos de mi corazón. Total, participé en el proceso de deterioro y tampoco íbamos a ninguna parte juntos.

Te perdono (respiremos de nuevo, ahora bien fuerte)…, segundo ex-novio. Porque siento que aquella relación me destruyó. Me descompuso de pies a cabeza, me arrancó de mi inocencia nata, de mi pureza infantil-adolescente, me hizo llorar de una forma inhumana y sufrir durante dos años y me duele recordarla todavía en su saco de celos, manipulación y todo tipo de lacras que no recomiendo a nadie. Te perdono todo lo que me hiciste, o más bien lo que te permití que me hicieras, que no es poco, y tu decisión de quitarte la vida como colofón de la ruptura. Porque el mundo me va demostrando poco a poco que una persona no solo es esa persona, sino su educación, su forma de pensar, su ambiente, sus creencias, sus prejuicios, la sociedad en la que se ha criado, sus conflictos personales, sus inseguridades, sus fortalezas, sus defectos, su caos mental, sus enfermedades, sus euforias, sus particularidades internas y externas de todos los colores. Y mi lentísimo proceso de madurez me va animando a tratar de entender antes de ofenderme, a analizar antes de prejuzgar, a escuchar antes de responder, a perdonar antes de odiar. Sí, me cuesta pero te perdono, porque me niego a que tu imagen ocupe una milésima más de mi vida actual de manera negativa, sino como aquello que pasó y que forjó mi personalidad de hoy en día, en la que tengo muchas cosas claras gracias a aquella terapia de choque y me siento feliz junto a una persona maravillosa.

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Fragmento de “La marca del meridiano”, de Lorenzo Silva.

Os perdono, compañeras de universidad. Porque aún no sé cómo alcanzamos un punto muy feo en nuestra relación pero creo que a menudo todas las partes lo provocan. Vuestros motivos tendríais, junto a nuestros queridos veinte años, con los cuales nos creemos que sabemos todo y no sabemos nada (me incluyo). Es increíble cómo amistades de años pueden fastidiarse en pocos días o semanas, ¿no? Fascinante, al fin y al cabo.

Os perdono, elementos fugaces pertenecientes a la vida nocturna. A los que insistieron en llevarme al lado oscuro, a los que me insultaron por no aceptar, a los que lo consiguieron y cuyo resultado fue de mediocre para arriba. Porque sois libres de hacer lo que queráis y nadie me obligó nunca a hacer nada, porque no tengo nada de lo que avergonzarme y porque me habéis proporcionado unas buenas risas entre amigas, además de una visión más amplia del comportamiento humano.

Os perdono, personas a las que os gustaría pedirme perdón y personas que pensáis que no tenéis por qué pedirme perdón. Porque quiero desprenderme de esta molestia mental esporádica cuando miro hacia el pasado o cuando cosas del presente me golpean con recuerdos negativos del pasado. ¿Quién os ha dado permiso para atormentarme? Cierto, yo misma. Hoy es el comienzo de vuestro fin. Y para ello, tras perdonar, por último, la adicción actual a la pantalla del móvil por encima de las caras en vivo y en directo de los semejantes, solo me queda perdonar a una persona.

Te perdono, María (esa soy yo, la que escribe). Porque eres la primera que debe perdonarse a sí misma para perdonar a los demás, para acercarte cada vez más a esa serenidad, armonía y equilibrio emocional que aspiras alcanzar. Te perdono por interpretar todavía buena parte de ese daño recibido (ojo, un daño permitido, que a María no le gusta culpar a los demás de los actos propios) de una manera nociva, en lugar de aquello que te ha convertido en la persona que eres en la actualidad, de la que te sientes orgullosa.

María, te perdono por tus momentos de inseguridad, timidez, reparo, impaciencia, miedo, lágrimas, exigencias hacia los demás y hacia ti misma, disgusto hacia tus michelines y variados latigazos emocionales. Te perdono, porque no eres perfecta y no tienes que ser perfecta, porque esas vivencias forman parte de la vida, porque los sucesos y tus reacciones hacia ellos no tienen que salir como te gustaría, sino como les da la gana y así hay que asumirlos, procurando aprender de ellos. Porque tienes derecho a equivocarte y a levantarte de nuevo con la cabeza igual de alta que cualquier otro.

Te perdono por tus malestares momentáneos hacia todo lo que hemos perdonado a los demás más arriba. Porque para eso estamos perdonándoles, o al menos intentándolo. Y, en principio, sienta bastante bien. ¡Nada como destapar pesares internos! Cierto que no hacía falta publicarlo en Internet pero, como entre tus manías está cumplir con lo que dices (sobre todo públicamente), menos opciones tienes de echarte atrás mañana, de dejar entrar en tu mente a las sensaciones negativas de las que quieres irte deshaciendo. Tienes toda la vida por delante para aprender a ser feliz, a quererte incondicionalmente y a perdonar con toda la amplitud del término (pero tampoco te duermas en los laureles).

Qué bonito es sentirse libre.

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Cuando la rutina se vuelve agradable

Creo que es una de las mejores cosas que te pueden pasar: que tu rutina te resulte agradable. Obviamente las vacaciones son siempre bienvenidas pero no creo ser la única que, cuando llega el momento de regresar a la vida real, experimente cierta sensación de que es lo apropiado y hasta apetecible. También dependerá del tipo de periodo vacacional que se tenga, supongo. En España, lo típico es pillarse un mes entero en verano y el resto del año apañárselas con los festivos (aunque quizá esto esté cambiando al ritmo laboral que vamos).

Cuando viví en Londres, me repartí mis días libres bastante equitativamente para poder ir a casa (Jerez de la Frontera, España) cada tres meses más o menos. Es curioso cómo la casa de los padres perdura siendo “casa” en general a pesar de estar fuera. Aunque, poco a poco, la vida propia equilibrará el peso del hogar materno y el del propio. Ya me está comenzando a ocurrir, de hecho. Ir a casa (de los padres) permanecerá siendo un placer y una desconexión maravillosa. Pero mi casa está donde mi rutina opera (y donde vivo junto a mi pareja, que también contribuye a la sensación de asentamiento).

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Amanecer

¿A qué viene esta reflexión? Seguramente sea porque acabo de pasar por casa (de los padres), jeje. Mi hermano mayor se ha casado. Tres días de compañía asiática (la novia, ahora esposa, es coreana), seguidos de otros cinco días familiares, de amistades y, naturalmente, de esos preciosos regodeos personales que solo tengo de vacaciones en Jerez, como tomarme infusiones mirando a la pared, charlar con mi madre en la cocina, ver la tele con mi padre, echarme la siesta… En resumen, dejarme llevar por la tranquilidad autóctona de allí como si cada una de estas sencillas actividades fuera la más importante y única que hacer, sin prisa, sin inventarme deberes ni tareas posteriores.

El caso: mi hermano se ha convertido en un marido. Fue una boda muy bonita y divertida, ya os pasaré un vídeo (si mi hermano llega a montarlo). Me resulta tan increíble y, a la vez, natural contemplar cómo el paso del tiempo te obliga a madurar, a tomar decisiones, a adquirir nuevas responsabilidades prácticamente sin darte cuenta, todo de manera implacable y, si te lo montas bien, satisfactoria. Un “tenía que pasar” con una sonrisa y con ganas de seguir viendo qué deparará el futuro, un futuro aún incierto pero que suena ameno, sobre todo habiendo encontrado a la persona adecuada (esperemos).

Siempre me he sentido en armonía con el sentimiento y aplicación práctica de la independencia, de nunca tener prisa por encontrar pareja, del derecho a ser feliz en la soltería. Bueno, lo mantengo, pero ahora estoy totalmente convencida de que, con otra persona a tu lado, la supervivencia siempre será más agradable, la verdad. Con los altibajos y desacuerdos de turno, que más vale asimilar lo antes posible porque nadie se salva (algo que también he tenido que aprender), pero no hay color.

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Amor propio por San Valentín este año, porque tener pareja tampoco implica no celebrar el amor a uno mismo

En fin, hoy no he venido aquí a desperdigar mi vida sentimental en realidad. He venido a desperdigar un poco de todo, que para eso llevo unos mesecillos sin aparecer. Otro aspecto que ha contribuido a volver amena mi rutina consiste en tener un portátil propio por fin. El pasado octubre adquirí un económico Lenovo que antes de Navidad dijo “hasta aquí llegué”, y desde entonces hasta mi reciente viaje a España, porque no iba a pagar para arreglarlo cuando estaba en “garantía internacional” (internacional por los cataplines), me tuve que apañar con el portátil de mi pareja, y con su teclado francés, dicho sea de paso, dejando de lado mis queridas pérdidas de tiempo online. Bienvenidas seáis de nuevo. Obviamente el blog no está incluido pero sí era algo que, cuando estás usando el ordenador de otro, y de otro que usa su ordenador mucho, es prescindible.

Total, no voy a emitir mayores excusas, ya sabéis cómo funciona esto del blog: ahora escribo mucho, ahora te abandono, ahora me pongo nostálgica y vuelvo a escribir, y así. Y hoy tengo ganas de contaros un poco las historias que me han acompañado durante estos meses, y quizá de antes. Vamos, lo que me dé la gana.

Para refrescar la memoria y actualizarla incluso: vivo en San Diego (California) y trabajo como periodista por cuenta propia, campo en el que, por cierto, en los últimos días me han calificado de “excelente” y me han dicho que “da gusto trabajar con profesionales como yo” (tenía que decirlo, que tampoco es que ocurra todos los días)… y también trabajo en el área de comida preparada de un supermercado mexicano. Esto es nuevo, de hace casi un par de meses. Se intuye qué me apasiona y qué supone un ingreso económico extra, ¿verdad?

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Saludos desde San Diego, ciudad con arte urbano por doquier.

Antes de pasar a mis historias periodísticas y de cualquier otro tipo, he de confirmar lo que muchos puedan haber pensado: el trabajo en el supermercado es durillo. Obviamente los habrá peores pero yo hablaré de lo mío: muchas horas de pie, atención al cliente permanente y, por tanto, sonrisa obligada; 10% de los atendidos dignos de tirarles la comida a la cara (centrémonos en el otro 90%, que suele ser neutro o majete), sensación de ser un burrito humano con el olor que se impregna, esfuerzo por evitar mirar la cabeza de vaca sobresaliendo de una olla…

¿Qué pasa? Que he elegido estar ahí. He decidido asumir el reto de meterme en un curro que no me imaginaba haciendo y no negaré que el pensamiento de dejarlo no se me ha pasado (varias veces) por la cabeza. Afortunadamente, la perspectiva me cambia con el cheque de cada viernes, con el apoyo de unos compañeros estupendos, con la sensación de aprovechar mi tiempo de manera más productiva. Con, para qué engañarnos, sucesos como la propina de $5 que recibí ayer, cosa nada frecuente. Cualquier cosa que me ayude a sobrevivir y mantener mi actividad periodística es bienvenida.

Ahora, quiero hablaros de algunas de las historias que he cubierto y que más me han llegado. La palma se la lleva el relato de una mujer que lucha contra la transmisión del VIH de madres a hijos a través de la lactancia. Su organización no lucrativa, Es Por Los Niños, apoya a mujeres sin recursos, a menudo solteras, y las forma para evitar que este daño irreparable se produzca. Fue brutal reunirme con ella y que me contara su historia y su motivación para dirigir esta causa, basada en la muerte de su propio hijo.

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“Aspira a inspirar a otros y el universo tomará nota”

Esta, para mí, heroína de los pies a la cabeza que ha decidido destinar su vida a estas personas en apuros se emocionó por un momento durante la entrevista. El local donde estábamos emitía la canción “Dear Mama” de 2pac, melodía que su hijo le había hecho escuchar una vez. Me faltan las palabras para describir la situación y la admiración que me produjo esta señora, quien en aquel momento sintió la presencia de su hijo con ella, haciéndome emocionarme profundamente a mí también.

En un segundo puesto, aunque muy cercano al primero, se encuentra una víctima de violencia de género, actualmente luchadora por los derechos de las mujeres que sufren esta lacra y centrada en la comunidad latina, ya que el miedo a la deportación y a que les quiten a sus hijos convierte a este sector en gran candidato a permanecer en silencio en los Estados Unidos. Desde aquí, vuelvo a proclamar mis respetos y admiración hacia esta valiente joven que utiliza su experiencia para ayudar a otros, con el trauma que supone una vivencia así y lo mal visto que aún está hablar de ello desgraciadamente, de una terrible situación familiar, cuando debería denunciarse de inmediato.

Y así, a día de hoy, me llevo cerca de 100 historias para el recuerdo. Obviamente las hay más y menos profundas, no todo van a ser causas de vida o muerte, pero hasta las más pequeñas aportan algo, a los lectores y a mí misma. He entrevistado a actores y cantantes, he conocido a artistas de distintas tendencias, he hablado con un maestro maya, he anunciado estrenos de programas y festivales, he asistido a eventos, unos benéficos, como la entrega gratuita de regalos a niños desfavorecidos por Navidad y otros tantos, como la representación de ballet de El Gran Cascanueces Ruso. ¡Hasta he informado a la población sobre cómo evitar garrapatas!

Este año único como reportera, como me dicen por aquí, se me quedará grabado para siempre. Admito que apenas he escrito en el blog pero os aseguro que he escrito y, sobre todo, he sentido escribiendo más que en toda mi vida (que tampoco es muy larga, 27 años cumplidos en enero, pero como no veo muchas más opciones periodísticas futuras una vez se me acabe el permiso de trabajo en tres meses…). Interesados en ver parte de mis artículos pueden visitar https://mariagonzalezamarillo.contently.com/. Sí, soy fan de los portafolios, los recomiendo a todo el mundo para mostrar los trabajos profesionales.

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Regalito de una pequeña-gran persona con un pequeño-gran mensaje

Otros aspectos hacia los que me gustaría emitir agradecimientos son esas cosas pequeñas que, si cuentan con nuestra atención, también hacen de nuestra rutina un camino mucho más pleno. Véase aquel corte de pelo que una simpática peluquera mexicana me hizo, y que mentalmente necesitaba con desesperación; haber descubierto que me gusta el sushi hace un par de días; la más elaborada comida semanal que tengo desde que me mudé a San Diego con mi pareja hace un año (todo suyo el mérito), los emails informativos que me llegan de mi padre en torno a cualquier cuestión mencionada, el poder ir en manga corta durante el día, ver una serie en inglés sin problema…

Los audio-whatsapps con amigos de varios minutos poniéndonos al día, las reuniones más o menos mensuales con una fantástica familia americana de Riverside, que me ha permitido vivir todas las fiestas y tradiciones del país en su más pura esencia; mis míticas tostadas con philadelphia para desayunar (comer me hace definitivamente feliz); encontrar el regalo adecuado para un ser querido, “limpiar” el Gmail de correos, una novela entretenida, tachar en la agenda las cosas ya hechas, tener portátil propio tras tres meses, haber aprendido a hacer un buen salmorejo, soñar con viajes y planes futuros, posibles e improbables; reír por cualquier cosa, o simplemente reír…

Una larga lista.

Gracias.

La esencia del periodismo y la verdad sobre el sueño americano

escribir muchoLo sé: según el post anterior a este, llevo sin escribir desde el 26 de julio, pero quizá las apariencias os estén engañando. Todo depende del punto de vista. Efectivamente, en este blog, he estado ese tiempo sin manifestarme. Sin embargo, hacía mucho que no ocupaba tantas horas redactando. Diría que desde aquel verano de 2010 en el cual empecé este blog y me volqué en él de un modo casi enfermizo.

Como os conté el susodicho 26 de julio, tengo… um, un trabajo freelance, no dos: el de editora de publicaciones de Facebook me he visto obligada a dejarlo ante la evidente necesidad de buscar una posición estable que complemente mi labor como freelance para un periódico hispano, cosa que sin duda no quiero dejar de hacer tras haber conseguido una oportunidad en este sector cuatro años después de acabar la carrera. Si me hubieran dicho antes que en California tenía opciones… En fin, dejémoslo en que toda experiencia sirve.

El caso: ¿que no he escrito? He plasmado variadas causas sociales y culturales que van desde la labor del centro LGBT (dedicado a la comunidad de gays, lesbianas, bisexuales y transexuales) de San Diego y sus servicios, que le convierten en el primer centro estadounidense en ofrecer apoyo a los latinos en un país repleto de estos; hasta la celebración de un evento culinario en contra de la violencia de género y el acoso sexual, pasando por la trayectoria de un galerista que vive para el arte y para una organización que ayuda a niños afectados por el VIH; un festival de mascotas para apoyar su adopción, luchar contra su abandono y educar hacia los cuidados que merecen; y otro festival destinado a exponer las creaciones de unos 200 artistas de todo tipo y tendencia.

Asimismo, he inmortalizado un programa de Volunteers of America que trata la drogadicción en latinos porque, al parecer, estos tienen una tendencia 13 veces más elevada a darse a las sustancias cuando siguen el estilo de vida americano en lugar de preservar su cultura al emigrar. Y también he contribuido a popularizar una organización sin ánimo de lucro que educa a los niños y jóvenes de una zona de por aquí, llamada Barrio Logan, para que reflexionen sobre qué quieren hacer para el resto de su vida y se planteen ir a la universidad. En dicho barrio, el 97% de las personas mayores de 24 años nunca han ido a la universidad. El 97%.

bueno maloSan Diego se me antoja un prisma de lo mejor y lo peor de la humanidad. Desconozco si en España hay tantos grupos no lucrativos pero, desde luego, sin los que hay aquí, para mí que la ciudad se hundiría en el caos. Este país me está demostrando que, de no pertenecer al gremio de los más afortunados, Europa es un lugar bastante más agradecido para vivir. Incluyendo mi país natal, por muy mal que estemos laboralmente.

Una educación y una sanidad que valen miles de dólares; unas distancias muy largas tanto en ciudades grandes como en ciudades pequeñas, porque están extra repartidas por el terreno, lo cual fulmina la posibilidad de caminar (¿caminar? ¿Qué es eso?) y te condiciona para todo movimiento; unos medios de transporte, a su vez, que no le llegan ni a la suela de los zapatos a los del continente europeo, cuando no son inexistentes; una población, por tanto, sometida a trasladarse permanentemente en coche, con los atascos, la contaminación y los riesgos de accidente que conlleva; una alimentación artificial, calórica e insípida, con comida que dura semanas en el frigorífico sin caducar (no, esto no es una ventaja); unos precios para alquilar una vivienda que no permiten ni de lejos sobrevivir como mileurista; un acceso terriblemente fácil a armas de fuego que nunca entenderé; un turismo prácticamente ausente de historia y basado en el paisaje, el espectáculo y las playas (que sinceramente para algunos, entre los que me incluyo, si ves una playa, las has visto todas); una cultura que vive para trabajar y hasta teme cogerse las vacaciones que le corresponde; un nivel de obesidad sobrecogedor…

american dreamA ver, naturalmente y como en todas partes, hay pros junto a los contras, y personalmente estoy a gusto por ahora y motivadísima por poder dedicarme al periodismo, pero os aviso: el “sueño americano” está muy sobrevalorado. Por supuesto que aquí hay más trabajo que en España, pero al precio de todas las movidas del párrafo anterior y, cuidado, empezando normalmente desde abajo a menos que tengáis unas cualidades excepcionales (o que seáis ingenieros). No quiero desalentar a nadie que desee venir, ¡bienvenidos sean los aventureros! Pero informaos bien y no crucéis el charco con demasiados pajaritos en la cabeza.

Además, hoy no venía con intenciones anti-yanquis sino más bien con una reflexión positiva, aunque no lo parezca, hacia el periodismo como arma y recurso informativo. Como parte integrante por fin de esta vocación, me cuesta describir la sensación que experimento al expresar hechos por escrito en los que creo y tener la oportunidad de expandirlos al mundo (o a la tirada de turno, que actualmente me basta y me sobra).

Es un subidón bestial que justifica por qué tantas personas se dedican a esto, a una labor empeñada en fomentar la conciencia y la capacidad de cuestionamiento universal en la sociedad. Una misión que va mucho más allá de la compensación económica y de los límites humanos. Y que está muy infravalorada entre individuos incompetentes que manchan la esencia de la profesión (como en todas las profesiones, solo que esta se lleva más leches por ser de cara al público), ideologías, remuneraciones penosas y programas catetos.

Un día de los que te recuerdan el sentido de la vida

Ayer asistí a un evento llamado 43 artists for Ayotzinapa III. El objetivo era recaudar dinero para las familias de los 43 estudiantes mexicanos desaparecidos el 26 de septiembre del año pasado. Aún no se sabe dónde están, ni si viven o han sido asesinados. Ni rastro de ellos, de un grupo de nada más y nada menos que 43 jóvenes de origen indígena y un alto nivel de pobreza.

El secuestro fue de tal calibre que México cada vez se levanta más en contra de la injusticia. Sin embargo, necesitan el apoyo de otros países, del mundo. Por muy impactante que suene, estos 43 son solo el reflejo de un país en el que al año desaparecen y mueren miles y miles de personas sometidas por la corrupción y la mafia.

Durante la tarde de ayer, 25 de julio de 2015, se quiso recordar a estos estudiantes, símbolo del caos político en el que nuestros vecinos están sumidos. Entre danzas indígenas, conciertos de música africana y reggae y discursos activistas, se compartió un sentimiento de unidad universal, de lucha contra la injusticia. Y me siento muy orgullosa y feliz de haber formado parte de ello.

Ayotzinapa

Conocí la existencia de este proyecto gracias a mi situación actual, la cual os detallo brevemente a continuación: llevo más de un mes con un permiso de trabajo… Sin trabajo como tal. Este permiso me lo ha proporcionado la universidad de Riverside (UCR) en la que previamente he estudiado un posgrado de empresariales. Durante el curso, repetidas veces nos comentaron varios profesores que debíamos recurrir a contactos para encontrar trabajo, ya que, según las estadísticas, el 80% de los empleos se consiguen a través de contactos.

Como comprenderéis, si mi lista de contactos para lograr trabajo en España ya era reducida, aquí ni existía. Era nueva, recién llegada, y extranjera, cosa que teníamos que convertir en nuestra ventaja en vez de un inconveniente de cara a las empresas. Un pifostio. A ver, tienen razón en que los puestos de las páginas de empleo son un pozo sin fondo. De los que solicitas, quizá un 10% te llama, y luego un 1% te cogerá, nivel al que aún no he llegado, pero que tal vez esté alcanzando por otros medios. Me explico:

Plan A: contactar directamente con los medios de comunicación hispanos y las empresas de marketing más importantes de San Diego. Tras mandarles emails, llamarles e incluso plantarme en sus puertas, resultado: dos trabajos freelance, uno de redactora para uno de los periódicos hispanos de San Diego y otro de editora de publicaciones para páginas de Facebook de clientes de una empresa de marketing, también hispana.

hell yeah

Problema: si acaso, me cubren los gastos de comida pero no me dan para mantenerme en un estado en el que con mil euros al mes no sobrevives ni de casualidad, y eso en mi situación actual, si tienes hijos ya no quiero ni pensarlo. Por tanto…

Plan B: a solicitar puestos a través de páginas de empleo como Indeed, Monster, LinkedIn… Cuyo retorno se hace de rogar, y cansa mucho, muchísimo, echar horas clickando sin confiar demasiado en recibir respuesta. Así que estoy volviendo al plan A y alternando ambos, porque si me paro a pensarlo, lo que tengo ahora, mis trabajos freelance, me han salido por ello, porque he ido y me he plantado en las narices de las empresas, no a través de internet.

Aparte, he empezado a dar clases de español, cosa que estoy disfrutando y que, a lo tonto, puede acabar pagándome el alquiler. ¿Problema parte II? Que, si me dedico a curros freelance, elimino la posibilidad de que una empresa me patrocine al final de mi año de permiso. El patrocinio implica que una empresa pague los cuatro o cinco mil dólares de turno para que un extranjero pueda quedarse en Estados Unidos con un visado de trabajo (el mío actual es de estudiante aunque me permita trabajar), proceso con el que pocas compañías están familiarizadas. Total, que está complicado, pero siendo freelance ya es imposible al no trabajar para ninguna empresa.

visado trabajo

Por otra parte, ¿quiero quedarme? Puede que sí, puede que no. De estar en buenas circunstancias laborales y económicas (y conseguir el patrocinio, claro), por qué no. En caso contrario, no voy a llorar por tener que regresar a Europa, porque cada lugar tiene sus ventajas y sus inconvenientes, y no poder permanecer en un sitio demuestra automáticamente que me corresponde estar en otro. Y porque la calidad de vida en EEUU no es necesariamente la panacea.

Vamos, un cacao de inestabilidad y de incertidumbre, pero con atisbos de luz, de posibilidades. Volviendo a hilar con el tema del post: el trabajo freelance que tengo como redactora para un periódico es el que me permitió encontrar este evento noticiable, y la publicación del artículo, mi primer artículo periodístico, me ha abierto las puertas hacia la carrera que estudié en España y a la que tenía pensado dedicarme una vez acabara de estudiar (já), así como hacia otras formas de vida.

(Enlace a la noticia en pdf aquí)

Concierto por Ayotzinapa en el Centro Cultural de la Raza, San Diego (25 de julio de 2015)

Concierto por Ayotzinapa en el Centro Cultural de la Raza, San Diego (25 de julio de 2015)

Me explico de nuevo: siempre me imaginé trabajando de redactora para un periódico o revista. Luego, tras el máster de marketing, en un departamento o empresa de lo propio. Más tarde, me interesé por las causas sociales pero me di cuenta de que a base de ser voluntaria para organizaciones sin ánimo de lucro desgraciadamente no se puede comer y no contaba con la formación y experiencia requeridas para currar en ello de forma remunerada.

Ahora, contemplo el mundo freelance como una opción de lo más atractiva. No obstante, soy consciente de que no es el momento. Dedicarse a ser freelance al cien por cien requiere mucho tiempo y paciencia para ir creándose una cartera de clientes, contactos y recursos, y no te aporta la estabilidad y garantías que te da un trabajo de oficina. Por ello, actualmente no es mi prioridad, ya que ante todo necesito mantenerme por mí misma, pero queda en reserva para el futuro. En reserva de verdad, no como los propósitos de año nuevo. Mientras tanto, a informarse, a seguir buscando y redactando noticias ahora que por fin me han dado la oportunidad; a perseguir formas de dedicar mi vida laborable a comunicar contenidos de valor, que es mi pasión al fin y al cabo.

Vistas para reflexionar (Ocean Beach Dog Beach, San Diego, California)

Vistas para reflexionar (Ocean Beach Dog Beach, San Diego, California)

Por todo esto que estoy haciendo y las reflexiones a las que mis pasos me llevan, ayer tuve un día de esos en los que ves cierta claridad entre la neblina. En los que adviertes proyectos en los que te gustaría sumergirte sin importar si no es el momento porque siempre puedes comenzar por recabar información para luego cometer la menor cantidad de errores posible. Fue un día en el que, entre choques culturales y discursos sobrecogedores, reafirmé mi interés en los temas sociales y en plasmarlos y comunicarlos. Fue un día de los que te recuerdan el sentido de la vida, el sentido personal que motiva a cada individuo a lanzarse a una aventura determinada, el sentido que bien puedes conocer de antemano o descubrirlo sobre la marcha y que te hace sentir más vivo e ilusionado que nunca.

El mapa de tu vida

He descubierto hace poco la sección de “my maps” ofrecida por Google en la cual cualquiera puede crear los mapas que le plazca. Peligro. Esta es una de las chorraditas en las que a mi mente le encanta sumergirse para tratar de organizar y controlar mi vida todo lo posible, aunque sea psicológicamente. De hecho, llevaba un tiempo con la tarea pendiente de comprarme un mapamundi físico para marcar todos los lugares en los que he estado. Sin embargo, una vez más, las nuevas tecnologías han venido a cargarse el romanticismo de la idea. Pero bueno, tampoco me importa mucho no taladrar la pared de un piso alquilado con un porrón de chinchetas, que ya se sabe que más de un dueño de una vivienda agradecería cualquier pequeña excusa para gastarse mi fianza en sus vicios.

El resultado emocional ha sido demoledor. Aplastante. Aturdidor. Vamos, que me he quedao muerta. No en sí por creer que he visitado muchos o pocos sitios, sino por la brutal cantidad de recuerdos que me han golpeado la cabeza con cada click. Espectacular. El cerebro es alucinante. Cómo se encarga de almacenar la información, procesarla, sepultarla, resucitarla, lanzártela en las narices sin venir a cuento. Y cómo se las ingenia para transformar los recuerdos, destacar aspectos positivos o negativos, trastornar por completo la perspectiva hacia una vivencia determinada a raíz de la fusión de todo esto: lo que nuestra mente destaca, lo que no y de qué manera; el paso del tiempo y la acumulación de más y más experiencias. Entonces, el reflejo de esta mezcolanza impacta directamente sobre nuestra personalidad y forma de pensar actual, dando lugar a nuevas percepciones o enfatizando las existentes, afeando algunas y embelleciendo otras.

Efectivamente: una locura lo que cargamos de la frente al cogote. Hay sitios cuyos nombres no habría recordado en mi vida de no haber sido por haberlos plasmado en este blog. Por ejemplo: “Hondarribia“. ¡No hay huevos de repetirlo diez veces sin trabarse! No obstante, un diminuto pueblo de revista fue aquel. Y situado al norte de España. Una muestra preciosa de los tesoros que nos rodean y que en muchas ocasiones despreciamos por llamarnos más la atención lo que está más lejos, no sé muy bien por qué.

Bueno, echemos un vistazo al susodicho mapa en cuestión.

El mapa de mi vida

El mapa de mi vida

En principio, nos encontramos con dos núcleos claramente diferenciados: Europa y California; la primera con muchísima más historia por el momento, ya que solo llevo poco más de medio año al otro lado del Atlántico, donde concretamente he parado en los siguientes destinos.

El mapa de mi vida en California

El mapa de mi vida en California

Los Ángeles, Las Vegas, Riverside, San Diego, donde resido actualmente; y una serie de zonas menores, la mayoría de playa. Recuerdos muy recientes y fáciles de desglosar. Volvamos a Europa para analizar en mayor profundidad tal cantidad de marcadores y remover los fantasmas del pasado.

El mapa de mi vida en Europa

El mapa de mi vida en Europa

No parecen para tanto acercándonos, en el primer mapamundi se pensaría que me he visto Europa entera, pero mucho me falta por conocer. Dos sub-núcleos esta vez: España y Reino Unido, a los que pasaré enseguida tras aclarar qué ocurrió por el resto del continente.

El mapa de mi vida por centro-Europa

El mapa de mi vida por centro-Europa

Un interrail de un mes el verano pasado, una escapada corta con uno de mis mejores amigos y unas tres visitas a amistades en el extranjero por variados motivos (nativo, erasmus, trabajo). Viajes tan distintos como especiales cada uno en su carácter único y personalizadamente anecdótico. Ah, y una escapada universitaria a Roma, que me pillaba demasiado al sur en el mapa para incluirlo visualmente.

El mapa de mi vida en Irlanda

Tres veranos adolescentes cerca de la capital irlandesa y una escapada, también veraniega, años más tarde a Cork para visitar a buenos colegas y escapar un poco del frenetismo londinense.

El mapa de mi vida en Reino Unido

Un año y ocho meses de mi vida divididos entre la cotidianeidad londinense y varias escapadas de un día a las ciudades más cercanas, un fin de semana en York, cuatro días entre Manchester y Liverpool con mis hermanos, un road-trip y un fin de semana en Edimburgo que, al contrario que Roma dos mapas más arriba y demasiado al sur, la encantadora capital de Escocia se me ha quedado demasiado al norte, así que me limitaré a mencionarla.

El mapa de mi vida en España

Finalmente, aparte de una escapada a Portugal para conocer por fin la capital y el maravilloso Oporto, aterrizamos en la auténtica protagonista de mi vida: España. Con sus visitas espontáneas por mi Andalucía natal, gran parte de mi vida antes de la universidad danzando por Jerez de la Frontera, una semana de vacaciones por el País Vasco y la Rioja, preciosos también, con un amigo; vacaciones fiesteras en Benidorm, Ibiza y Tenerife (imaginaros que esta isla está abajo a la izquierda en un cuadrito como cuando nos cuentan el tiempo en las noticias); dos caminos de Santiago, de los cuales me siento muy feliz de haber redactado uno en detalle; un par de festivales de música por Castellón, un viaje con el colegio a Barcelona, una visita a casa de una de mis mejores amigas en Tarragona, aventuras veraniegas en Salou y Zaragoza, visitas de un día a Toledo y a Segovia, un día en Mallorca, un día en Gibraltar, un campamento en Cuenca, con doce inocentes y tímidos años… Reconozco que era toda una mosquita muerta pero, ¡cómo han cambiado las cosas! Y, por mucha falta que me hiciera espabilarme, me alegro de haber sido una niña de verdad, no como las de hoy en día.

Parece fácil haber citado esta retaíla de experiencias. Pero yo continúo abrumada, porque cada palabra, cada ciudad conlleva una prueba, una aventura, un riesgo, un compromiso, dolor, sonrisas, personas, conversaciones, momentos. Mi mente salta tan rápido de unas imágenes, caras, paisajes, sentimientos a otros que no me da ni tiempo de asimilar el cúmulo de sensaciones que me provocan. Desde un chasquido de cócteles hasta una carrera bajo la lluvia, un paseo en barquita rodeados de medusas, un robo, las vistas desde un mirador granadino, mis pies destrozados frente a la catedral de Santiago, el mareo tras salir del Dragon Khan en PortAventura, una conversación profunda en medio de un Toledo dormido… Y muchísimas escenas más que se agolpan tratando de imponerse ante las demás, de jugar con mis percepciones veintiseañeras y de recordarme que, lo crea o no, he vivido. He vivido una barbaridad de cosas. Y, mientras ninguna desgracia mayor se interponga en mi camino (que nunca se sabe, no nos vayamos a creer ahora inmortales), me queda otra increíble barbaridad de cosas que vivir multiplicada por dos y pico, incluso por tres si me cuido lo bastante.

Os invito a sentaros unos minutos; a parar, hacer esta reflexión para con vosotros mismos y compartir conmigo esta gratitud existencial. Porque, ¿sabéis lo mejor? Aunque en este post una servidora se haya entretenido en recorrer el mundo, no considero necesario haberse movido mucho para contar con una cantidad mayor o menor de experiencias. Estas las creáis vosotros allá donde os lo permitáis, sin importar si habéis pisado el otro lado del mundo o si apenas soléis pasar de los límites de vuestro barrio. Podría hacer un segundo y tercero y muchos posts más enfocándome exclusivamente en determinados destinos, sus comercios, gentes, parques y reflexiones locales; pero creo que me entendéis y, por hoy, tengo mucho que asimilar, que el mapa con el que esperaba limitar mi vida me la ha desbordado por todas partes.

Seis meses en Riverside, California

Para bien o para mal, el condado de Riverside ha sido mi contacto inicial con los Estados Unidos, y allí transcurrieron concretamente mis seis primeros meses yanquis (llevo en el país ocho en total y los dos últimos en San Diego), una temporada de lo más repartida experiencialmente entre clases, deberes, exámenes… y fiestas, barbacoas y viajes. Variadas actividades que, de manera natural, me llevaron a conocer a mucha gente y, en especial, a dos personitas que ocupan gran parte de mi corazón, dejándole el correspondiente espacio, como siempre, a la familia y las amistades.

Amanecer en Riverside

Amanecer en Riverside

La primera personita: mi pareja actual y la que confío en que me acompañe durante el resto de mi vida. Alguien que ha elevado el concepto del amor a su máxima potencia, a un nivel que jamás imaginé que existía ni que soy capaz de exponer con palabras, así que lo dejaré aquí porque tampoco es el tema principal de este post.

La segunda personita: una servidora. Sí, yo misma. Mi entrada estelar en un país a diez mil kilómetros de mi tierra natal ha traído consigo una nueva ráfaga de auto-conocimiento, de ocasiones en las que ponerme a prueba, analizarme, dejarme llevar, reír, llorar, quererme y detestarme. Y darme cuenta de mil y una cosas. Y aprender de ellas. Y entender que jamás dejas de aprender.

Riverside Downtown, California

Riverside Downtown, California

Riverside, un territorio dividido entre pequeñas civilizaciones y la nada, estructura espacial típica en este país. Una residencia de estudiantes a unos quince minutos a pie de la universidad en una zona con sus semáforos que tardan años en ponerse en blanco, que no en verde, para los peatones; sus avenidas rectas, rectísimas; sus comercios esporádicos que te cuesta explicarte cómo se mantienen; su área de entretenimiento basada en un cine y varios restaurantes. Sus ratos de piscina y de copas, de estudio y de tareas, de conexión individual inesperada, de soledad acompañada.

Avenida de Riverside más larga que un día sin pan

Avenida de Riverside más larga que un día sin pan

Sus puestas de sol, sus amaneceres tempranos, su centro histórico (todo lo histórico que puede ser algo en los Estados Unidos) a pocos minutos en coche o en autobús, que consiste en una calle comercial que se digna a llenarse de gente los fines de semana, camuflando su carácter fantasmal durante el resto del tiempo. Su cine al aire libre, su monte Rubidoux con vistas fantásticas del condado y sus cientos de rincones que se me escurrieron y que permanecerán anónimos.

Árbol decorado por Navidad, Riverside, California

Árbol decorado por Navidad, Riverside, California

Su universidad, con una educación que no sé decir si es la habitual. Una educación predispuesta a dejar a los alumnos banda ancha para que se expresen y traten de aprender por sí mismos… Y decepcionada ante un grupo de jóvenes sin manos alzadas más que para preguntar por el examen de turno. Desconozco un ambiente estudiantil americano, mis compañeros eran en su mayoría europeos, descontando algún par de chinos, otro par de indios, una brasileña, un africano, un paquistaní y poco más. Pero no me acaba de gustar lo que veo, la falta de interés y de respeto hacia aquellos que están dedicando tiempo y esfuerzo en enseñarnos.

No considero haber descubierto teorías especialmente iluminadoras pero, sin haber tratado de prestar la mayor atención posible (clases infumables las tenemos todos), no habría reafirmado bastantes pequeños conceptos que, aunque no lo parezca, permanecerán rondándome por la cabeza a la espera de surgir cuando los necesite. Y por todo esto, por este espíritu que no noto a mi alrededor, por la pérdida de dedicación, de exigencia hacia uno mismo, de consideración hacia estos profesionales y hacia los recursos que todos estos padres han puesto a los pies de sus hijos… Se me aparece una imagen global de mi generación triste, inmadura y perezosa.

Sin embargo, nada que no solucione el karma a su debido tiempo, o eso espero, así que pasemos a otra cosa. ¡Ah! Riverside… Con sus aplastantes veinte grados de diferencia entre el día y la noche en los meses más frescos, su paisaje montañoso allá donde posas la mirada hacia la lejanía, sus tentaciones constantes a consumir consistentes hamburguesas, sándwiches o dulces, sus invitaciones a conducir durante más de media hora de vez en cuando para escapar del letargo local y hacer actividades diferentes como ir de viñedos, escuchar a algún cómico reconocido o ver un concierto al aire libre. Jamás se me habría ocurrido recorrer tales distancias para hacer ciertas cosas y no puede ser más normal hacerlo por estas tierras…

Puesta de sol, Riverside, California

Puesta de sol, Riverside, California

La universidad internacional de Riverside, con sus reducidos círculos sociales empeñados en seguirse los unos a los otros en lugar de decidir por sí mismos lo que les apetece hacer. Quizá sea la distancia entre esto y aquellos lugares donde se sentían más seguros, más arropados envueltos de su propia cultura, más independientes al conocer el terreno y contar con entornos sociales establecidos. O tal vez sea la tendencia humana a condensarse en masa para sentir que se forma parte de algo y no se está desamparado, no se es diferente. Hasta que te haces con tu diminuto y maravilloso clan de fieles y, aún así, sigues escogiendo lo que más se te antoja hacer en cada momento, en lo cual afortunadamente entra no participar en cada una de las reuniones etílicas que te ofrecen, que ya son bastantes.

Tienda de pasteles estupendos y caros, Riverside downtown, California

Tienda de pasteles estupendos y caros, Riverside downtown, California

Riverside y su sensación de opresión ante las ganas de echar a volar hacia otro lugar donde desarrollar una ocupación laboral. Su sensación de libertad al pasear por largas avenidas sin cruzarse con un alma y permitirse cantar al ritmo del iPod y al volumen deseado. Su lucha entre el desamparo geográfico y atisbos de sensación de pertenencia a medida que la voluntad y la confianza sortean los miedos e inseguridades, a medida que se comienza a comprender esta nación enorme, volviéndose un poco más simple conforme más se comprende.

Cochecillo que me encontré por Riverside como quien no quiere la cosa

Cochecillo que me encontré por Riverside como quien no quiere la cosa

Y, para terminar, su Navidad. La poca que distinguí a duras penas antes de, como dice la expresión, volver a casa (Jerez, Cádiz, España) por Navidad. Su pasión consumista y nostálgica, su ímpetu por procurar ver el mundo más bonito y acogedor, y a veces más desgarrador según la imagen con la que te cruces o la situación en la que te encuentres, durante unas semanas de frenetismo familiar y social. Sí, la esencia de la Navidad es la misma en todas partes.

Sus días de paseos de la mano entre millones de luces, buena compañía y más proyectos que nunca para el año 2015. En el que, por cierto, teniendo en cuenta el nivel de cumplimiento de los propósitos de año nuevo, ¡me puedo dar con un canto en los dientes!

Mission Inn Hotel at Christmas, Riverside Downtown, California

Mission Inn Hotel en Navidad, Riverside Downtown, California

Últimas noticias: Jerez de la Frontera le da una patada al clima californiano

No es por meter el dedo en la llaga, mi querida California, pero levantarse y encontrarse con la siguiente imagen da que pensar. Ya digo yo siempre que mucho paraíso, mucho “las mejores playas del mundo”, etc. etc., pero mi tierra natal no tiene nada que envidiarle. Total, teniendo que coger el coche en este país para llegar a todos lados, ya ves tú qué problema porque Jerez no tenga playa.

clima España California

Y me diréis: ¡pero allí te acabas te levantar y en España son las 5 de la tarde! Pues aquí abajo os pongo la situacion con más detalle:

clima Jerez California

Nunca está de más apreciar las cosas buenas, a menudo más propensas a echarse de menos cuando no se tienen cerca, por suerte o por desgracia.

Es cierto que llevo desde los 18 años fuera de casa porque elegí con toda mi voluntad estudiar en Madrid para cambiar de aires. Que Jerez se me hace pequeño, que encuentro mucho más atractivas las ciudades de mayor tamaño, con sus amplias posibilidades sociales y de ocio; que no siempre me agrada la posibilidad de encontrarme con gente que conozco por la calle (de hecho, disfruto enormemente de la libertad de caminar sabiendo que nadie se interpondrá en la línea de mis pensamientos), que Cádiz es la provincia con el mayor índice de paro del país, que en verano hace un calor espantoso.

No obstante, cada vez que tengo la oportunidad de regresar, anhelo esa escapada como agua de mayo. Tras todos estos años más fuera que dentro, Jerez de la Frontera se ha convertido en mi santuario mental, mi burbuja personal, un refugio inigualable, el único lugar en el que decido enteramente y en cada momento lo que quiero o no quiero hacer, cuándo, cómo y con quién. Opino que esta es la esencia de unas auténticas vacaciones.

La primavera asomando por el jardín de mi casa

La primavera asomando por el jardín de la casa de mis padres

La riqueza de Jerez en mi caso particular está en que los días allí se suceden entre pequeños placeres que no solo me demuestran constantemente, como dijo Mahoma, “la verdadera riqueza no proviene de la abundancia de bienes materiales, sino de una mente serena”; sino que satisfacen al 100 por 100 el nivel de desconexión del mundo real que mi mente necesita de vez en cuando, aún cuando no suelo albergar queja alguna hacia mi cotidianeidad.

Dar paseos de una hora y pico con mi madre, leer un libro de papel (no el ebook) junto a mi padre aunque no crucemos palabra, simplemente sintiendo la presencia del otro al lado; hacer un sándwich humano con mis hermanos sobre la cama (procurando evitar estar yo debajo para no asfixiarme), reírme y compartir confidencias y reflexiones (y silencios) con mis amigos más cercanos, comer buen pescado (maldita sea, ¡cómo lo echo de menos!), ser arrastrada a la playa para permanecer bajo la sombrilla pero echar un rato agradable, no tener que pensar en los miles de pelos que dejo por la casa (se siente, mamá), visitar a mi abuela por sorpresa (con sus consecuentes lagrimillas), tomar un decente cubata de ron Legendario en casa o cualquier tipo de consumición (tapa+cerveza, desayuno, merienda…) por un par de euros, a veces menos; sentarme en el porche de mi casa y perder la mirada entre la vegetación del jardín…

En fin, como todo en la vida, lo valoro a este nivel porque, digámoslo así, su consumo es mesurado. Nada como no excederse para disfrutar de las cosas tal y como se merecen ^_^.

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