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Archive for the ‘London’s calling’ Category

El mapa de tu vida

He descubierto hace poco la sección de “my maps” ofrecida por Google en la cual cualquiera puede crear los mapas que le plazca. Peligro. Esta es una de las chorraditas en las que a mi mente le encanta sumergirse para tratar de organizar y controlar mi vida todo lo posible, aunque sea psicológicamente. De hecho, llevaba un tiempo con la tarea pendiente de comprarme un mapamundi físico para marcar todos los lugares en los que he estado. Sin embargo, una vez más, las nuevas tecnologías han venido a cargarse el romanticismo de la idea. Pero bueno, tampoco me importa mucho no taladrar la pared de un piso alquilado con un porrón de chinchetas, que ya se sabe que más de un dueño de una vivienda agradecería cualquier pequeña excusa para gastarse mi fianza en sus vicios.

El resultado emocional ha sido demoledor. Aplastante. Aturdidor. Vamos, que me he quedao muerta. No en sí por creer que he visitado muchos o pocos sitios, sino por la brutal cantidad de recuerdos que me han golpeado la cabeza con cada click. Espectacular. El cerebro es alucinante. Cómo se encarga de almacenar la información, procesarla, sepultarla, resucitarla, lanzártela en las narices sin venir a cuento. Y cómo se las ingenia para transformar los recuerdos, destacar aspectos positivos o negativos, trastornar por completo la perspectiva hacia una vivencia determinada a raíz de la fusión de todo esto: lo que nuestra mente destaca, lo que no y de qué manera; el paso del tiempo y la acumulación de más y más experiencias. Entonces, el reflejo de esta mezcolanza impacta directamente sobre nuestra personalidad y forma de pensar actual, dando lugar a nuevas percepciones o enfatizando las existentes, afeando algunas y embelleciendo otras.

Efectivamente: una locura lo que cargamos de la frente al cogote. Hay sitios cuyos nombres no habría recordado en mi vida de no haber sido por haberlos plasmado en este blog. Por ejemplo: “Hondarribia“. ¡No hay huevos de repetirlo diez veces sin trabarse! No obstante, un diminuto pueblo de revista fue aquel. Y situado al norte de España. Una muestra preciosa de los tesoros que nos rodean y que en muchas ocasiones despreciamos por llamarnos más la atención lo que está más lejos, no sé muy bien por qué.

Bueno, echemos un vistazo al susodicho mapa en cuestión.

El mapa de mi vida

El mapa de mi vida

En principio, nos encontramos con dos núcleos claramente diferenciados: Europa y California; la primera con muchísima más historia por el momento, ya que solo llevo poco más de medio año al otro lado del Atlántico, donde concretamente he parado en los siguientes destinos.

El mapa de mi vida en California

El mapa de mi vida en California

Los Ángeles, Las Vegas, Riverside, San Diego, donde resido actualmente; y una serie de zonas menores, la mayoría de playa. Recuerdos muy recientes y fáciles de desglosar. Volvamos a Europa para analizar en mayor profundidad tal cantidad de marcadores y remover los fantasmas del pasado.

El mapa de mi vida en Europa

El mapa de mi vida en Europa

No parecen para tanto acercándonos, en el primer mapamundi se pensaría que me he visto Europa entera, pero mucho me falta por conocer. Dos sub-núcleos esta vez: España y Reino Unido, a los que pasaré enseguida tras aclarar qué ocurrió por el resto del continente.

El mapa de mi vida por centro-Europa

El mapa de mi vida por centro-Europa

Un interrail de un mes el verano pasado, una escapada corta con uno de mis mejores amigos y unas tres visitas a amistades en el extranjero por variados motivos (nativo, erasmus, trabajo). Viajes tan distintos como especiales cada uno en su carácter único y personalizadamente anecdótico. Ah, y una escapada universitaria a Roma, que me pillaba demasiado al sur en el mapa para incluirlo visualmente.

El mapa de mi vida en Irlanda

Tres veranos adolescentes cerca de la capital irlandesa y una escapada, también veraniega, años más tarde a Cork para visitar a buenos colegas y escapar un poco del frenetismo londinense.

El mapa de mi vida en Reino Unido

Un año y ocho meses de mi vida divididos entre la cotidianeidad londinense y varias escapadas de un día a las ciudades más cercanas, un fin de semana en York, cuatro días entre Manchester y Liverpool con mis hermanos, un road-trip y un fin de semana en Edimburgo que, al contrario que Roma dos mapas más arriba y demasiado al sur, la encantadora capital de Escocia se me ha quedado demasiado al norte, así que me limitaré a mencionarla.

El mapa de mi vida en España

Finalmente, aparte de una escapada a Portugal para conocer por fin la capital y el maravilloso Oporto, aterrizamos en la auténtica protagonista de mi vida: España. Con sus visitas espontáneas por mi Andalucía natal, gran parte de mi vida antes de la universidad danzando por Jerez de la Frontera, una semana de vacaciones por el País Vasco y la Rioja, preciosos también, con un amigo; vacaciones fiesteras en Benidorm, Ibiza y Tenerife (imaginaros que esta isla está abajo a la izquierda en un cuadrito como cuando nos cuentan el tiempo en las noticias); dos caminos de Santiago, de los cuales me siento muy feliz de haber redactado uno en detalle; un par de festivales de música por Castellón, un viaje con el colegio a Barcelona, una visita a casa de una de mis mejores amigas en Tarragona, aventuras veraniegas en Salou y Zaragoza, visitas de un día a Toledo y a Segovia, un día en Mallorca, un día en Gibraltar, un campamento en Cuenca, con doce inocentes y tímidos años… Reconozco que era toda una mosquita muerta pero, ¡cómo han cambiado las cosas! Y, por mucha falta que me hiciera espabilarme, me alegro de haber sido una niña de verdad, no como las de hoy en día.

Parece fácil haber citado esta retaíla de experiencias. Pero yo continúo abrumada, porque cada palabra, cada ciudad conlleva una prueba, una aventura, un riesgo, un compromiso, dolor, sonrisas, personas, conversaciones, momentos. Mi mente salta tan rápido de unas imágenes, caras, paisajes, sentimientos a otros que no me da ni tiempo de asimilar el cúmulo de sensaciones que me provocan. Desde un chasquido de cócteles hasta una carrera bajo la lluvia, un paseo en barquita rodeados de medusas, un robo, las vistas desde un mirador granadino, mis pies destrozados frente a la catedral de Santiago, el mareo tras salir del Dragon Khan en PortAventura, una conversación profunda en medio de un Toledo dormido… Y muchísimas escenas más que se agolpan tratando de imponerse ante las demás, de jugar con mis percepciones veintiseañeras y de recordarme que, lo crea o no, he vivido. He vivido una barbaridad de cosas. Y, mientras ninguna desgracia mayor se interponga en mi camino (que nunca se sabe, no nos vayamos a creer ahora inmortales), me queda otra increíble barbaridad de cosas que vivir multiplicada por dos y pico, incluso por tres si me cuido lo bastante.

Os invito a sentaros unos minutos; a parar, hacer esta reflexión para con vosotros mismos y compartir conmigo esta gratitud existencial. Porque, ¿sabéis lo mejor? Aunque en este post una servidora se haya entretenido en recorrer el mundo, no considero necesario haberse movido mucho para contar con una cantidad mayor o menor de experiencias. Estas las creáis vosotros allá donde os lo permitáis, sin importar si habéis pisado el otro lado del mundo o si apenas soléis pasar de los límites de vuestro barrio. Podría hacer un segundo y tercero y muchos posts más enfocándome exclusivamente en determinados destinos, sus comercios, gentes, parques y reflexiones locales; pero creo que me entendéis y, por hoy, tengo mucho que asimilar, que el mapa con el que esperaba limitar mi vida me la ha desbordado por todas partes.

Confesiones de un alma vagante por Londres

Cada vez escribo menos, ¿verdad? No tengo muy claro el porqué. Analicemos un poco, ya que nos hemos levantado con ganas.

Este año, he pasado por unos meses de estancamiento mental absoluto. Desatascarme fue un placer indescriptible. Pero muchos amigos y compañeros siguen así. El pasado jueves me reuní con unos cuantos colegas y me di cuenta de que todos y cada uno de nosotros estamos en un limbo laboral del que no sabemos muy bien cómo salir. Todos. Sin saber qué hacer, por dónde tirar, sin distinguir bien las posibilidades que tenemos, ni si las tenemos.

Y no sé si es por la época, la crisis, la insatisfacción creciente en las mentes jóvenes que ansían dedicarse a algo que les apasione. La visión de un mundo en el que se trabaja para conseguir dinero y disfrutarlo fuera del ámbito laboral desaparece. Queremos apasionarnos, sentir, amar nuestro trabajo. Queremos despertarnos motivados hacia la actividad que vamos a desempeñar. O, en muchos casos, queremos levantarnos con alguna actividad que hacer al menos, para posteriormente ir buscando el camino hacia aquello que realmente queremos, aunque no sepamos aún siquiera lo que es.

Sí, este estado mental puede ser el primer motivo de mis bandazos blogueros.

tate britain

Foto de Víctor González Amarillo. Tate Britain. Así estaba mi cabeza más o menos.

Otra razón es… ¿Se acabará la inspiración? ¿Alcanzará la pereza un nivel tal que cualquier idea se vuelva vacía, no lo suficientemente digna de comentarse, de publicarse? No lo tengo claro, pero es posible. Lo que sé es que siento que me repito. Doy vueltas y vueltas en torno a neuras mentales que no sé cuántas veces habré mencionado ya, aunque por otra parte nunca siento que sea suficiente porque tampoco es que asumamos la lógica como se merece en nuestras vidas. De hacerlo, nos iría mejor. Y esto se mezcla con la falta de conocimientos. ¡Hay tanta gente más especializada y detallada que yo al contar las cosas! Tengo tropecientas fotos. Tropecientas. Y un alto porcentaje de ellas son de cosas que no sé explicar bien ahora lo que son. Entonces pienso: ¿para qué?

Luego… Llamémosle la falta de experimentación cuando lo nuevo se ha hecho viejo. Necesitamos (yo al menos) vivir experiencias nuevas, conocer gente nueva, probar cosas nuevas para adoptar impresiones y lanzarlas hacia el exterior. Sin embargo, hasta socialmente me he estancado. Mismos planes, misma gente, mismas costumbres. Me pregunto si en alguna ciudad de este mundo pensaré un día: “ahora sí puedo quedarme aquí”. Estoy convencida de que no se trata del espacio en sí, sino de uno mismo. No obstante, la maravillosa capital británica me ha acabado saturando. No tengo nada en contra de la gente, no he profundizado lo bastante con la mayoría de ellos mientras que mis amigos ya se encargan de mantener mi nivel social en modo satisfactorio, pero la velocidad del paso del tiempo y la cotidianeidad me consumen. Y la superficialidad. Y el día a día inconcluso, sin objetivo aparente.

Me gusta la espontaneidad pero si ahora mismo pudiera tener claros los planes para toda la semana que empieza, señores, eso me haría feliz. ¿Tan difícil es comprometerse hoy en día a decir “sí, nos vemos este día y a esta hora” sin tener que esperar hasta el último momento? Me toca los huevos, así de claro. Porque cuando se tiene interés, se puede. Porque si no se tiene, no es mi problema. Porque todo el mundo está tan puñeteramente ocupado que recaen en la comodidad de permitirse hacer esperar a los demás. Y esto hace resentirse a las relaciones y vuelve a la gente loca, porque la fidelidad amistosa y amorosa se desvanecen entre molestas posibilidades que suplantan a las más que agradecidas probabilidades. Ojo, esto no va por nadie en concreto, que hay que andarse con pies de plomo escribiendo. Todo el mundo es así aquí, por lo que no hay más opción que la de adaptarse.

abeja flor

Foto de David Vidal Sans

Por último, traducir al inglés es un coñazo. Empecé de buena fe y me encanta ver el resultado final (con sus múltiples fallos probablemente pero dejándose entender universalmente, que es la idea), pero depender de ello a veces te hace descartar la labor. Porque escribir, mis queridos lectores, no es cosa de “me pongo y en media hora lo tengo”. Nanai. Es redactar, leer, re-redactar, releer, corregir, estructurar, organizar, adornar. Un sinfín para el que hay que levantarse con muchas ganas, básicamente, como parece que hoy ha ocurrido. Aunque ya me pensaré si traducirlo más tarde.

En fin, creo que es suficiente. Para no resultar demasiado negativa (que no lo soy, ojo, simplemente adoro el realismo puro y duro), he de reconocer, y me apetece hablar de ello, que este año y medio en Londres ha sido fantástico en todos los sentidos. Una vivencia totalmente recomendable. Pero, por favor, venid con unos ahorros y un plan, sobre todo con unos ahorros, que me he cruzado con cada conversación en el grupo de Facebook “Españoles en Londres” para salir corriendo. A cuchillo es poco. Pero claro, la tontería se paga cara. Me explico: individuos que solicitan desesperadamente un hueco donde caerse muerto por falta de pasta mientras se espera la respuesta de un trabajo. Y fotos en su Facebook de fiesta. O personajes que preguntan si pueden recibir benefits del gobierno durante las dos o tres primeras semanas para disfrutarlas y hacer turismo antes de ponerse a buscar trabajo. Pues claro, la peña curranta se enciende contra los susodichos y no veáis la que se monta en unos minutos.

También hay que venir con una mentalidad abierta. Si os acojonáis o agobiáis fácilmente ante las adversidades de la vida, quedaos en casita. Salir del cascarón compensa pero todo el mundo lo pasa mal en algún momento y hay que verlo como una forma de superación, de ponerse a prueba, no en modo “pobrecito de mí, que me pasa todo”. Aprovechad y documentaos en profundidad antes de poner los pies aquí, que para eso muchos ya lo hemos vivido y os podemos aportar consejos la mar de útiles que os evitarán unos cuantos dolores de cabeza. Aquí mismo podéis preguntarme lo que os plazca, sin miedo.

Españoles en Londres

De cualquier manera, mi etapa británica está llegando a su fin. Días raros estos, víspera de mi marcha. Los detalles de ella vendrán más adelante, ahora no viene al caso. Me voy tras una temporada tan alucinante como sufrida. Más lo primero que lo segundo, todo hay que decirlo, no llevo bien hacerme la víctima públicamente. Me voy con la cabeza bien alta porque necesito sentir que progreso, porque no aguanto el estancamiento y porque en esta ciudad no me corresponde seguir evolucionando. Me voy con muchos amigos, mogollón de personitas que me llevo en el corazón (y en el Facebook, bendito sea con sus ventajas y sus inconvenientes). Tesoros que voy dejando en cada ciudad en la que paso un tiempo. Jerez, Madrid, Londres… No acabo de decidir si es bueno o malo. No tengo por qué decidirlo, por suerte. Es lo que es.

Vertigo 42: las mejores vistas de Londres / the best views of London

O, al menos, de las vistas más impresionantes. Hasta el momento, he tenido el placer de disfrutar de variadas perspectivas de Londres desde tres sitios: el observatorio del adorable barrio de Greenwich al sureste, una colina al norte llamada Primrose Hill y, finalmente, este restaurante situado en el último piso de un edificio en la céntrica zona de Bank: Vertigo 42.

Or, at least, the most impressive views. For the time being, I’ve had the pleasure of enjoying different perspectives of London from three locations: the Observatory of the lovely Greenwich neighborhood at the South East of the city, a hill called Primrose Hill in the North and, finally, this restaurant situated on the top floor of a building in Central Bank area: Vertigo 42.

Vertigo 42 London

¿Con cuál me quedo? Sinceramente, no con Primrose Hill. Es un sitio agradable al que ir de vez en cuando con buen tiempo si vives cerca, por Camden por ejemplo, pero a mí con una tarde me bastó. Los edificios están demasiado lejos como para apreciarlos con nitidez. Sólo os invito a acercaros un día si vivís en Londres. Si estáis de visita unos pocos días, personalmente no lo escogería como destino.

Which one do I prefer? To be honest, not Primrose Hill. If you live close to it, for example at Camden, it’s a pleasant place to go from time to time and in good weather but one morning was enough in my case. Buildings are too far as to be clearly perceived. I’d just invite you to go over there if you live in London. If you are visiting it for a few days, personally I wouldn’t choose this destiny.

Primrose Hill London

Sin embargo, nunca me canso de las vistas desde el observatorio de Greenwich. Bueno, desde el mirador, porque no me ha dado por pagar aún para acceder al observatorio.

However, I never get tired of the views from Greenwich Observatory. Well, I mean from the viewpoint, I still haven’t felt the necessity of paying to access the observatory.

Greenwich Observatory London

No obstante, ¡parece que ha surgido un nuevo competidor! Vertigo 42 es capaz de ofrecer lo siguiente de día…

Nevertheless, it seems to be a new competitor! Vertigo 42 offers the following image during the day…

Vertigo 42 London

… Y de noche.

… And at night.

Vertigo 42 London

La única “pega” sería que hay un mínimo de 10 libras por persona a abonar para acceder a este local, aunque creo que no supone gran cosa con lo espectaculares que son las vistas.

Eso sí: no esperéis mucho del baño, deja bastante que desear.

¡Que paséis buen día!

The only “problem” would be that there’s a minimum charge of 10 pounds per person to get access to this place, which I don’t think it’s a big deal if taking into account how amazing the views are.

But don’t expect too much from the toilet, it’s utterly disappointing.

Have a nice day!

Paseando por el sureste de Londres / Walking around South East London

¡Hola a todos!

Hoy, decidí lanzarme a la aventura de pasearme completamente al azar en dirección hacia el centro de Londres desde mi barrio, Lewisham, con el resultado de toparme con avenidas que sorprendentemente ya conocía de otros paseos y disfrutando en conjunto de un par de horas y media estupendas con algún descubrimiento que destacar.

Bueno, lo que viene a continuación es simplemente un par de calles que me gustaron. Shell Road, muy cuca.

Hello, everybody!

Today I decided to go for the adventure of walking completely randomly towards Central London from my neighborhood, Lewisham, resulting in finding by surprise some already known avenues and basically enjoying two and a half great hours plus an outstanding discovery.

Well, what is coming now is just a couple of streets that I liked. Shell Road, lovely.

Shell Road London

Y Creekside, con un centro comercial a la izquierda y unos súper ojos pegados al edificio de la derecha, que fue lo que más atrajo mi atención.

And Creekside, with a shopping centre on the left and two huge eyes on the right’s building, what was mostly what called my attention.

Creekside London

Seguidamente, el descubrimiento antes mencionado: Greenland Quay, un paseo rectangular que bordea el río, como tantas otras zonas en esta ciudad, que para eso es largo el Támesis, pero justo este se encuentra semi-escondido al pertenecer a una urbanización.

Next, the above mentioned discovery: Greenland Quay, a rectangular walk surrounding the river, like many other areas in this city as the Thames is long enough, but this one in particular is half-hidden due to belong to a residential area.

Greenland Quay London

Y aquí viene La Foto del día, hecha también desde la misma calle. Parte de la barriada al frente con la zona de Canary Wharf (digamos, el Manhattan londinense) al fondo.

And here you have The Picture of the day, also taken from the same street. Before you can see part of the residential area and Canary Wharf behind (which would be a kind of British Manhattan).

Greenland Quay Canary Wharf London

¡Espectacular!

¡Amazing!

Los grafitis de Kingly Street / Kingly Street’s graffitis

Impresionante lo que me encontré paseando por esta calle de Londres, Kingly Street, situada en pleno centro entre Oxford Circus y Piccadilly Circus: varias eminencias de la música increíblemente retratadas en un muro de más de dos metros de altura. ¡Que lo disfrutéis!

I found something really impressive while walking along this London street, Kingly Street, located at the center between Oxford Circus and Piccadilly Circus: the incredible visual representation of several music eminences in a more than two metres tall wall. Enjoy them!

Boy George

Boy George graffiti London

Paul McCartney

Paul McCartney graffiti London

Liam Gallagher

Liam Gallagher graffiti London

Mick Jagger

Mick Jagger graffiti London

Jimi Hendrix

Jimi Hendrix graffiti London

Londres, cuna de artistas / London, cradle of artists

El sábado pasado, 6 de julio, fue un día en el que recordé por qué elegí Londres para vivir una temporada. Las ciudades grandes siempre van a ofrecer muchísimo más que las pequeñas, nos gusten más o menos las aglomeraciones.

El día comenzó temprano al ir a recoger a una amiga a la estación de St. Pancras donde, para mi sorpresa, me encontraría con un piano justo delante de la puerta de las llegadas. Una invitación gratuita a todo el que quisiera a sentarse y deleitar a los que nos encontráramos por los alrededores. Tuve la suerte de que dos personas sucumbieran a la tentación.

Last Saturday 6th of July was a day that made me remembered me the reasons to choose London to live for a while. Whether we like masses or not, big cities have always much more things to offer than small ones.

This day I got up early to pick up a friend at St. Prancras station where I’d get amazed by a piano situated in front of the arrivals door. It was a free invitation to play for whoever wanted to sit down and delight everybody around. Lucky me I could enjoy a couple of people who gave in to temptation.

St Pancras piano

Tras una agradabilísima velada durante la cual almorzaríamos en un italiano y tomaríamos un par de buenísimos cócteles (un Cosmopolitan y desconozco el nombre del segundo, suelo ir a la barra y pedir “el más dulce que tengan”), me encontraba tan llena que me apetecía darme el paseo de Charing Cross a London Bridge al lado del río, un recorrido precioso que recomiendo a todo el mundo. No sólo por las hermosas vistas sino por la cantidad de artistas callejeros con los que te vas cruzando por el camino.

Así, me toparía con el siguiente personaje que hizo de las suyas con la arena para montarse su chiringuito particular. El letrero se encontraba bastante próximo al sofá pero los fotografié por separado para que se apreciaran mejor.

After a lovely time we spent having lunch in an Italian restaurant as well as some delicious cocktails (a Cosmopolitan and I don’t know the name of the other one, I usually go and order “the sweetest one that you have”), I felt so full that I decided to go for a walk from Charing Cross to London Bridge along the river, which is a recommendable beautiful tour not just due to its awesome views but for the amount of street artists you find on your way.

Therefore, I saw the following person who had managed to create his own personal world on the sand. The sign was quite close to the sofa but I took pictures separately for them to be better perceived.

sand art

¡Acierta en el cubo, pide un deseo, yo pedí libras e hice todo esto!

Como aclaración, al haber montado el show en la arena, llamémoslo, “a pie de río”, los transeúntes teníamos que asomarnos desde el paseo para verlo y, junto al letrero precisamente, había un cubo al que tirar monedas.

Por desgracia, no logré ver al señor en su apogeo con una guitarrita porque un gracioso se le acercó y, al sentarse, se cargó parte del mueble que véis abajo, lo que obligó al pobre hombre a ponerse a arreglarlo. De esa manera, pude apreciar de paso el trabajo y el tiempo considerable que debió de dedicar al tema estético. Aparte de un par de útiles para darle forma a la arena y alisarla, empleó una especie de bombona con una manguera a través de la cual expulsaba agua a modo de spray sobre la arena para ponerla completamente homogénea.

For more information, as this guy built all the stuff on the seaside, passersby had to look out the path to see it and actually there was a bucket next to the sign where throwing coins.

Unfortunately, I couldn’t see this man with a little guitar at his peak because a stupid guy approached him and damaged part of the sofa below when sitting down, what forced the poor man to fix it. That way, I appreciated anyway the considerable work and time he must spend on the esthetic aspect. Apart from a couple of tools to give shape and smooth the sand, he used a kind of gas bottle with a hose that expelled water to make the sand completely homogeneus.

sand sofa London Thames

A lo largo de este paseo, tampoco faltan nunca unos pocos jóvenes malabaristas haciendo piruetas varias ante el público y pegándose sus bailes y coreografías, y también pude contemplar a un grupo de personas promocionando el capoeira. Todo un espectáculo observar cómo se coordinaban para “luchar” en parejas y el control que ejercían sobre sus movimientos.

No obstante, este día triunfó la música para mí. A continuación, os muestro a un simpático gaitero que animaba a todo el que pasaba a asomarse y escucharle un rato.

A few young jugglers doing some pirouettes and coreographies for the public are never missing along this walk, and I could see also a group of people who were promoting capoeira. Watching the way they coordinated themselves to “fight” in pairs and how they controlled their movements was an addictive show.

However, music was the winner this day. Next, you can see a nice bag-piper who attracted everybody’s looks and made many of them to stop to listen to him for a while.

Finalmente, si tuviera que definir el día con una sola palabra, esa sería “Reminiscence” (reminiscencia), nombre de la siguiente banda de muchachos que me encontré bajo el puente de Blackfriars y me encandilaron por completo.

El fallo es que, al preguntarles, me dijeron que no tenían Facebook ni Twitter. ¿Cómo se pretende hoy en día llegar al público sin estar en las redes sociales? Aish…

Finally, if I have to define this day with a word, it would be “Reminiscence”, which is the name of the following group of boys who were playing under Blackfriars Bridge and completely dazzled me.

The problem is that I asked them if they had Facebook or Twitter and they didn’t. How can you think about getting fans without having any presence on social networks? Aish…

Por todo esto y más, este fin de semana reviví la pasión por Londres que me acompañó a mi llegada hace ya nada más y nada menos que un año y cuatro meses :D.

Because of all this and more, last weekend I relived my passion for London that came with me when I first arrived one year and four months ago :D.

La percepción del tiempo en Londres

Con este título, no me refiero precisamente al clima, eso no hay forma de percibirlo, o lo aceptas o permanecerás en un sin vivir diario. En cuestión de un par de horas tempranas de sábado me ha dado tiempo de despertar con un manto blanco impoluto, desayunar ante un cielo potencialmente azul y despejado y empezar este post con una nueva tanda de nubarrones por doquier. Pero vamos, que no es el tema.

Hablo del paso del tiempo. Sí, mi tema favorito (-¡Pesada!; -¡Pues vete a otro blog!). Mas no soy la única obsesionada por él en el contexto que voy a comentar. Sin profundizar en lo rápido o lento que transcurre, se trata de la diferencia en el rendimiento que se le saca según el sitio donde se haga vida. Me explico: varias veces he coincidido ya con una amiga (de respetable cerebro) en que esta ciudad, Londres (Reino Unido), se come el tiempo. Se lo traga. Lo absorbe y se lo funde cual chocolate en fondue.

Un año en Londres no es como un año en Madrid, y mucho menos como un año en Jerez (Cádiz, Andalucía, España), ciudad que sé que a muchos os gusta (la mayoría obviamente no sois de allí) pero no deja de ser mi lugar de origen, donde estuve hasta mis 18 años, seguidos de unos intensos cuatro años y medio en Madrid y del último año y tres meses en Londres. De capital en capital, me pregunto cuál será la siguiente…

London Eye

Bueno, el caso, que en quince británicos meses me da la sensación de que no he amortizado demasiado el tiempo, lo cual no implica necesariamente no haber hecho cosas, error, he hecho, y tropecientas, pero… Se presentan difusas, entremezcladas, volatilizadas, difíciles de ordenar cronológicamente. Como si hubieran pasado siglos. Las semanas se confunden, los meses se hacen semanas y mi 2012 parece una cruzada frenética repleta de emociones extremas que se cruzan y se chocan dentro de una bolsa de plástico con escapes por todos lados.

En Madrid, el tiempo también pasaba rápido pero de otra manera. Se hacían notar más los días, el orden de prioridades y deberes junto con el ocio, la clara distinción entre unas actividades y otras, los planes, los viajes, las amistades. Sí, la gente. Más profundidad en general, más inmersión en el estilo de vida y las relaciones sociales. Zambullidas totalmente intencionadas y considerablemente controladas, todo lo contrario que en Londres: un torbellino de caras que se esfuman antes de aprenderte sus nombres.

Cibeles Madrid

En Jerez… A su ritmo. Muy a su ritmo. Calma chicha, tirando a pachorra. Vida “simple”, se le podría llamar. Pocas preocupaciones, ilusiones rápidas que se iban tan rápido como venían sin dejar huella psicológica y percepción total del paso de las semanas y de los meses, con su separación clara entre los periodos de obligaciones y las vacaciones. Esas Navidades, que con el tiempo cobran mayor importancia en cuanto a reunirme con mi familia, y esa feria, que nunca me ha importado demasiado y que, por cierto, justo ahora está presente en Jerez.

Sí… Por allá andarán colegas de todas las corrientes dándole al rebujito y derivados. Da igual cómo sean, cómo piensen, en qué círculos se muevan o incluso que no les guste la feria: todos estarán allí. Porque es lo que toca, lo que pega, la excusa para salir de casa y arrejuntarse bajo un sol de casi treinta grados y porque es de los pocos eventos que hacen de la ciudad gaditana un sitio realmente emocionante. ¿Nostalgia? Psss, en verdad no, estoy tela de a gusto recostada y escribiendo en este momento, regodeándome felizmente en mis queridas inquietudes.

Calculo que tampoco tenía yo tantas neuras mentales por aquel entonces. Es posible (jé, muy probable) que sencillamente me esté haciendo mayor. Dicen que, a partir de los 25, los saltos temporales son brutales. Tengo 24 pero vamos, lo mismo da. Y la verdad es que, una vez superado el miedo a la tan mencionada fugacidad existencial, resulta de lo más interesante apreciar en mí misma mi cambio de actitud del año pasado, un incombustible non-stop, al actual, consecuencia directa del anterior sin duda. Un 2013, por tratar de definirlo:

Más comedido, centrado, insatisfecho, inconformista, previsor, en búsqueda (por fin en serio) del enriquecimiento personal a través de esa larga lista de actividades intelectuales y físicas pendientes que tantos tenemos. Y la particularidad del asunto no radica en mi mutación como tal sino en que, a pesar de él… Londres se sigue tragando el tiempo, incluso a mayor velocidad.

Foto retrato Maria G AmarilloPero bueno, ¿qué se le va a hacer? Mi madre siempre me dice que el hecho de que se me pase tan rápido significa que lo estoy pasando bien/no lo estoy pasando mal/estoy aprovechando el tiempo. Estoy de acuerdo pero insisto en que me hago vieja, lo veo, y estoy plenamente convencida a través de mi experiencia de que cada lugar se bebe el calendario a un ritmo determinado. C’mon, you are a baby! (“venga, ¡si eres un bebé!”), me dicen a menudo. Que sí, que sí, pero eso no me hace dormir mejor o creer en los príncipes azules.

Total, así estamos, de tránsito experimental por la vida. De cachondeo con mi mente, básicamente. Pero antes de cerrar este capítulo, me apetece comentar que ayer disfruté de una fantástica hora de conversación por Skype con mi hermano mayor y, a pesar de la diferencia de edad (tres añitos, tampoco es que sea mucho) y circunstancias particulares de cada uno, cabe destacar que curiosamente nos sentíamos igual en cuanto a nuestras reflexiones varias actuales. Resumiendo: la dicha lista eterna de cosas que nos gustarían hacer ha quedado relegada a un vigésimo sexto plano, lo que viene a ser el interior del contenedor de la esquina, y queremos seguir el ejemplo zen de nuestra madre (todo un reto, creedme):

Vivir el día a día, no pretender abarcar más de lo que podemos o de lo que nos pide el cuerpo, ser selectivos y hacer balanza entre lo que es realmente importante y lo que no. Dejar de luchar contra nosotros mismos, agonías que somos, y de imponernos deberes que nos las traen al pairo. Tanto documental gafapasta descargado cuando lo que apetece es ponerse un capítulo de Cómo conocí a vuestra madre y a tomar por saco, hombre. Fluir en armonía con el universo y nuestras posibilidades, haciendo de nuestro objetivo el equilibrio emocional.

Entonces, mi padre me diría: “ahora traduce todo esto al inglés”.

No hay huevos 😦

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