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Archive for the ‘Pizcas’ Category

¡Sólo es un té!

Sábado, 18.00. Piccadilly Circus, pleno centro turístico de Londres, atestado de gente de todas las nacionalidades habidas y por haber. Una muchacha de pelo rizado y ojos verdes se halla concretamente en el interior de las puertas del Boots, famosa cadena británica de farmacias, para no congelarse con el gélido frío que se ha dejado caer de improviso esa tarde.

En su espera, se le acerca un hombre de mediana edad y piel incombustiblemente negra, lo que remarca sus blanquísimos dientes y brillantes cristalinos. Escasos centímetros más alto, favoreciendo la posición de sus ojos a la misma altura de los de ella, y con una expresión confusa, le pregunta qué puede comprar para su sobrina de 23 años. No está de suerte, la chica no puede ser más negada para pensar en regalos, sobre todo al no conocer a la persona. Sin embargo, frunce el ceño y trata de hacer el esfuerzo. Le recomienda un bolso, maquillaje, un lápiz negro de ojos… Artículos femeninos de ese tipo que nunca vienen mal.

No obstante, el hombre ha pasado sutilmente a preguntarle cómo se llama y qué hace. Ella le comenta, ya algo reticente, que se encuentra esperando a un amigo y que trabaja en un colegio de inglés. Al instante, como si hubiera topado con un diamante en bruto, una amplia sonrisa surca sus anchos y oscuros labios y surge una conversación que poco a poco disiparía toda desconfianza ante la sincera y agradable actitud de este fortuito acompañante.

– So are you teaching? (¿Enseñas entonces?).

– No, no, I’m just doing the administrative part. Organizing excursions, booking attractions and all that stuff (No, no, sólo hago tareas administrativas. Organizar excursiones, reservar visitas y todo eso).

– Really? You could create your own business! (¿En serio? ¡Podrías formar tu propio negocio!).

– Oh, well, I don’t think I would like telling people what to do… (Oh, bueno, no me gusta decirle a la gente lo que tiene que hacer…).

Llegados a este punto, el gesto del hombre se tornó súbitamente contrariado y divertido a la vez.

– Don’t you think you’d like telling people what to do? C’mon, do you prefer to be told what to do for the rest of your life? (¿No te gusta decirle a la gente lo que tiene que hacer? Vamos, ¿prefieres que te digan a ti lo que tienes que hacer para el resto de tu vida?).

– Umm… No, but, well, for the time being I’m ok, it’s just for some time while I’m improving my English and I live here, in London… (Umm… No, pero, bueno, por ahora estoy bien, sólo es por un tiempo mientras mejoro mi inglés y vivo aquí, en Londres…).

Media sonrisa cómplice obtuvo por respuesta, previamente a lo que venía a continuación y que no se esperaba en absoluto.

– I can see that you are a good person. I can see it in your eyes. You look a bit sad though right now, am I wrong? (Puedo ver que eres una buena persona. Lo veo en tus ojos. Sin embargo, pareces un poco triste en este momento, ¿me equivoco?).

– Well… Maybe, I don’t know. (Bueno… Tal vez, no lo sé).

– You just need a little push. Somebody or something that motivates you to go ahead, to wake you up, to go after your goals. What would you really like to do? (Sólo necesitas un empujón. Alguien o algo que te motive hacia adelante, que te despierte, que te haga ir a por tus metas. ¿A qué te gustaría dedicarte de verdad?).

– I studied Journalism. (Estudié periodismo).

– A journalist! (¡Periodista!)–exclamó con los ojos muy abiertos y regalando de nuevo sus magníficos dientes a la noche londinense- Lovely profession. You need to spread your network, contacts are very important. Have you been in The British Library? (Una profesión bellísima. Necesitas extender tus redes, los contactos son muy importantes. ¿Has estado en la Librería Británica?)–ella negó con la cabeza- Visit it, there’s nothing you cannot find in there. Look for your dream and don’t let it go, meet and talk to people. Each person is a world, you never know what you can find. Tell your number every time that you can, go to have a tea, it’s just a tea! You don’t lose anything. (Visítala, no hay nada que no puedas encontrar en ella. Busca tu sueño y no lo dejes escapar, queda y habla con gente. Cada persona es un mundo, nunca sabes lo que puedes encontrar, da tu número cada vez que puedas, ve a tomar un té, ¡sólo es un té! No pierdes nada).

– Yeah… –balbuceó algo aturdida aunque pensativa- you are right. (Sí… Tienes razón).

Seguidamente, transcurrieron algunos segundos en silencio durante los cuales nada más existía alrededor. A pesar de hallarse en una de las plazas más concurridas del mundo; a pesar de las luces, la multitud y el ruido, en aquel momento sólo tenía lugar un simpático cruce de miradas. Él, dejando sentir el efecto de sus palabras con una mezcla de dicha y orgullo como si se dirigiera efectivamente hacia un maravilloso proyecto de futuro que había encontrado de casualidad. Ella, preguntándose cómo le estaba sucediendo tal cosa y, sobre todo, inmersa en el discurso que se acababa de incrustar en su mente.

– Think about everything I told you. I can really see in your eyes you are a great person. You could have ignored me, you could have thought “who the hell is this guy coming to talk to me”, but you didn’t. You stayed, you answered me and you listened to me. (Piensa en todo lo que te he dicho. Realmente puedo ver en tus ojos que eres una gran persona. Podías haberme ignorado, podías haber pensado “quién coño es este tipo que me está hablando”. Pero no lo hiciste. Te has quedado, me has respondido y me has escuchado) –una vez más, otros tantos segundos gozaron del placer del silencio y, como mínimo, un joven corazón en vilo- I’m leaving now. It was really nice to meet you. Take care and go for it. (Ahora, me voy. Ha sido estupendo conocerte. Cuídate y lánzate a por ello).

Y se marchó. Con paso firme y desenfadado, sin volver la vista atrás, dejando a la muchacha en un mar de reflexiones vitales, inquietudes profesionales y anhelos personales que permanecerían en ella antes y después de la cerveza con su amigo, al llegar a casa y al día siguiente.

Piccadilly Circus

Piccadilly Circus. 

Dedicado a la persona que más quiero y admiraré para siempre en este mundo.

¡¡¡FELIZ CUMPLEAÑOS, PAPÁ!!!

Independencia de plástico

Hoy, he hablado unos minutos con una compañera de trabajo. Apenas la conozco pero me la he cruzado por el baño y me parece muy agradable. Me ha preguntado por mi fin de semana y yo por el suyo. El viernes pasado se celebró la fiesta de Navidad de la empresa: cena, vino y música durante cuatro horas en un crucero desde el puerto del barrio de Greenwich hasta el centro, concretamente Westminster, y vuelta. Lo recomiendo totalmente. Unas vistas preciosas, alucinantes, nada que ver con las que se disfrutan desde la orilla, ya impresionantes de por sí. Un viento helado nos hacia estremecernos de frío pero no importaba, teníamos que permanecer en cubierta para no perder ni una perspectiva de los monumentos más importantes: un imponente Tower Bridge, The Shard, el London Eye… A mitad dejé el pollo incluso en cuanto advertí la presencia del Big Ben aproximándose rápidamente.

Absolutamente ninguna queja. Ni siquiera me mareé, posibilidad que me acongojaba bastante a partir de mi escasa (y harto desapacible) experiencia en barco. Buena organización, mejor comida, excelente compañía. Un ambiente estupendo entre todos los empleados desde lo más alto hasta lo más bajo, un torrente de energía positiva que probablemente todos necesitábamos tras un intenso año. Es la segunda fiesta de Navidad de empresa a la que he asistido y me he terminado de convencer de que se trata de un fenómeno cuanto menos interesante; cuanto más, iluminador. Una forma diferente de relacionarse, desinhibida, despreocupada, profunda, confiada. En resumidas cuentas, mucho más humana que en la oficina, a pesar de que el ambiente ya sea ameno. El alcohol hizo sus estragos, naturalmente, con más razón para recordar la velada con una amplia sonrisa y alguna carcajada.

Sin embargo, no he comenzado este post con intención de reflexionar sobre la fiesta y sus implicaciones, probablemente todos hayáis experimentado esta sensación alguna vez; si no en una fiesta de empresa, en cualquier otra reunión esporádica, véase fin de año, Pascua y demás. El tema es que esta chica con la que he hablado hoy no acudió porque vive demasiado lejos del centro de Londres, le habría resultado imposible llegar a casa a tiempo tras la fiesta y no cuenta con amigos viviendo por las cercanías como para haber dispuesto de un alojamiento alternativo hasta el día siguiente. Tarda diariamente la animalada de dos horas en llegar a la oficina y dos horas en volver. Esto es muy normal y típico aquí, pasarse media existencia en los medios de transporte, aunque cuando se rebasa la hora y media por traslado me parece excesivo. Ya se sabe que siempre puedes intentar aprovechar el tiempo leyendo, incluso viendo alguna película si se lleva el portátil, etcétera, pero, seamos sinceros: a efectos prácticos, hasta el más optimista sabe que emplear tanto tiempo en moverse supone más bien una soberana putada.

Total: desconozco la posición exacta de esta joven en la empresa pero no me suena a mí que sea becaria, por lo que la economía no sería un problema para permitirse la independencia. Así pues, en vistas del terrible volumen de vida ocupado en viajar al lugar de trabajo, le he preguntado si no habia pensado en mudarse a un sitio más cercano, a lo que me ha respondido entre risas: “oh, no, vivo con mis padres y no me lo permitirían hasta que me casara!”. A medida que volvía a mi puesto, no podía más que horrorizarme a cada paso que daba ante la perspectiva que esta muchacha ha aprendido a asumir con tanta naturalidad, y tan extremadamente opuesta a la vez a lo que a mí se me ha dado desde que nací: libertad absoluta para tomar mis propias decisiones.

No es que me escandalice como tal, soy completamente consciente de las mil y una formas de pensar y educar en este mundo… Pero mas consciente soy aún de la descomunal suerte que he tenido y que tengo cuando me las cruzo por delante.
decisiones

“El dinero no da la felicidad pero yo prefiero llorar en un ferrari”

¡Muy buenas a todos! Qué dejada estoy últimamente con el blog. Supongo que me hallo en el periodo más primario de la adaptación a este país, de manera que lo más turístico y llamativo a primera vista, perteneciente a la etapa, llamémosla, “del encuentro” o “de introducción”, ya ha pasado, ¡pero aún queda muchísimo por hacer!

El título de este post (cita más vista que el tebeo) se debe, cómo no, a otro arrebato consumista más que añadir a la lista. De esto que una se acerca al supermercado Sainsbury’s más cercano a por Philadelphia y se encuentra de cabeza con la sección “DVD SPECIAL OFFERS”. Que si 8 o 7 libras por películas normalillas, tal y cual, ojeada furtiva ya perdiéndose hacia el objetivo principal (sección de quesos) cuando se cruza de sopetón con lo siguiente:

WHAT? ¿La trilogía de El Señor de los Anillos a 5 libras (6’2 euros)? ¡De cabeza!

Si no le hecho la foto con el plástico puesto es porque en cuanto atravesé las puertas del Sainsbury’s lo abrí (to ansiosa) para comprobar que estaban dentro las tres pelis. ¡Y efectivamente! Primera parte…

… ¡Segunda y tercera! Parecía una niña pequeña a la que le acabaran de dar un caramelo. Tal cara de felicidad…

Que sí, que me las podría haber descargado gratuitamente y punto pero mira, hay cosas que cuando te atrapan, lo hacen con ganas. Para haberme marchado del supermercado dándole vueltas mejor comprármelo, que no sé cuánto tiempo llevo ya pensando en bajarme pelis en versión original y hace siglos que nada. Mitad pereza, mitad… más pereza.

¡Hablando de consumismo! Hace un par de meses os hablé sobre las cadenas Poundland y 99p, ¿verdad? Pues el fin de semana pasado volvía para la residencia desde la parada de autobús en Lewisham cuando me encuentro con lo siguiente de sopetón.

Un Poundworld!!!! ¡Inimaginable otra cadena más (en la misma calle) de todo a una libra! Menos mal que estaba cerrada en aquel momento, que si no me habría metido a explorarla…

En fin, como conclusión, naturalmente reconozco la tremenda superficialidad de la frase que encabeza este post pero no puede tener más razón. Y no entraré a analizar/rajar sobre la dependencia económica en este mundo porque, aparte de que ya hablé de esto en otra publicación, tengo tres películas por ver :D.

Primera adquisición británica

Tras dos meses y medio en Londres, tengo que confesar que no me había comprado nada… ¡hasta ahora! Absolutamente nada que no fuera de consumo inmediato, claro. Es decir, comida. Pero esto tuvo que cambiar hace poco en vistas de que mis zapatillas de deporte sucumbieron ante su cruel e inevitable destino tras haber permanecido conmigo fielmente durante unos años.

Maldita sea, qué rabia me da tener que tirar un zapato porque se le empiece a fastidiar una parte determinada, pequeña para el conjunto del calzado pero una gran jodienda para lo que viene a ser el propósito fundamental de dicho producto: caminar en condiciones.

Pues nada, he aquí que sin tenerlo ni pensado, antes de ayer ocupé parte de mi hora libre para el almuerzo en el curro en pasearme por el shopping centre de Lewisham y, de repente, mi mirada perdida se encontró de pleno con un Foot Locker por una esquina y un cartel en otra tienda próxima donde citaba “Trainers” con todas sus ganas.

Noté en mi interior la llamada del consumismo, del monazo de ojear un poco a ver lo que podía considerar pillarme (tal vez también resonara por algún sitio en mi cabeza la voz de mi madre diciéndome que me comprara unas zapas de una puñetera vez, todo hay que decirlo). Cabe destacar que no soy una persona gastosa ni experimento esa pasión femenina natural por ir de compras. Ese tipo de temas me dan una pereza brutal, y ya ir a la peluquería ni os cuento, pero esto es otra historia.

Total, que tras una vuelta por el Foot Locker que me sobró para salir por donde mismo había entrado más dos vueltas por el “Trainers” me hicieron decantarme por un único par en esta tienda. De hecho, a medida que observaba las estanterías unos minutos antes pensaba: ¿para qué me voy a comprar unos deportes si nada más que los uso para caminar? Ni mijita de correr. Pegaba encontrar algo informal pero que pudiera también llevar puesto felizmente cualquier día. Hala, en la foto tenéis mi elección.

¡¡Tan monos!! En mi vida anterior, cuando llevaba pantalones anchos y sudaderas hippies (y no veía el momento de tener que renovar todo mi vestuario para que me dejaran entrar primero, en las discotecas madrileñas, y luego, en una oficina londinense), solía pillármelos bastante más anchos pero estas All Star me han llegado. Tampoco había mucho donde elegir para mi gusto.

¡La tentación despertó! Sin embargo, ya saciada, le vuelve a tocar dormir durante otras tantas semanas (tirando a meses, teniendo en cuenta mi vagancia)… O quizás simplemente hasta que me adentre con mayor profundidad en las tenebrosas posibilidades de Camden Town, Oxford Street y demás boquetes económicos paralelos. En fin, lo dicho, conociéndome…

¡Pero de estas zapas me he enamorado por completo!

Cosas que pasan cuando tienes a familiares agregados al Facebook

Por cosas como esta, entre tantas otras, no tengo a familiares agregados (exceptuando hermanos y parientes más o menos de mi quinta) y sigo dando gracias porque mis padres no tengan el más mínimo interés en introducirse en el mundo de las redes sociales.

Creo que se trata de un ámbito en el que se deberían separar unas generaciones de otras. Me explico: me parece estupendo y maravilloso que hijos y padres decidan tenerse presentes en sus respectivas cuentas pero también me parece incluso una pena saltar esa frontera, esa distinción generacional. La exteriorización de los pensamientos, estados de ánimo, opiniones, noticias e imágenes a compartir, etc, siempre se va a ver condicionada por quienes tengamos agregados a nuestro perfil, y si justo son nuestros progenitores los que deambulan por ahí, esa privacidad expresiva se pierde por completo.

No os confundáis, tengo muchísima confianza con mis padres (basta con decir que naturalmente leen este blog, y cualquiera de mis lectores habituales sabe cómo me expreso en bastantes ocasiones: sin tapujo ninguno), pero las redes sociales son otro tema. Por poner los ejemplos más típicos: ya saben que bebo pero no considero necesario que me vean con cubatas en la mano. Ya saben que tengo fotos con mis amigos pero no hace ninguna falta que vean la esperpéntica jeta que llevo en la mitad de ellas ni que me las comenten, y menos para alabar tantísimo mis virtudes delante de todos mis contactos (admitámoslo: a todos nos da una vergüenza terrible esa explosión amorosa, o reprobadora según la situación/imagen enfrente de los colegas).

Me basta y me sobra con la relación que mantengo con ellos, plenamente comunicativa pero cada uno con su espacio, en perfecto equilibrio. Aparte, extrapolándolo a todos aquellos que sí tienen a familiares agregados: ¿con qué motivación le suelto yo una burrada verbal a algún amigo en su muro si soy consciente de que tiene a su madre agregada? ¿Qué va a pensar de lo que puede ser una inocente frase para mí pero resulta una burda atrocidad para ella? No lo sé, normalmente no la conoceré pero ya me coarta. Peor aún: pongamos que lo hago y me la comenta ella misma. ¿Cómo respondo? Abran paso a la muerte cruel y dolorosa del libre (y joven) pensamiento.

Desde luego, no estoy diciendo que a los mayores de 50 años se les deba prohibir el acceso a Facebook, ¡no me malinterpretéis! Mas opino que esta intromisión tecnológico-social en masa de los nacidos en los 60 se debe más bien al boca-a-boca que a un deseo natural y espontáneo de pertenecer a estas comunidades, las cuales hay que conocer bien antes de meterse (y no es la norma esto, así nos va). Sí, eso es, una moda que ha irrumpido y se está catapultando brutalmente de unos seres a otros para ir cubriendo cual epidemia de sensación moderna y súper-actualizada todos los hogares posibles.

En fin, todo este post no deja de mostrar mi perspectiva personal (aunque más de uno coincidirá conmigo, digo yo) pero vamos, por muy transparentes que seamos, nadie se comporta igual con los padres que con los amigos (nadie, he dicho), de la misma manera que tampoco nos comportamos igual con unos amigos/colegas/conocidos/familiares que con otros.

Conclusión: papás, seguid en vuestra línea. Mis hermanos y yo estamos orgullosísimos de vosotros y extremadamente agradecidos hacia vuestro nulo interés por estos mundos virtuales :D.

He llegado a la conclusión de que tengo que aprender catalán

Sí, sí, sí, sí, no es coña. Creo que estaría bien ponerme un día. Algo me pasa con los catalanes.

Punto número 1: dos de mis mejores amigos son catalanes. Puntualizo: las dos personas con las que más experiencias, aventuras y confidencias he compartido en los últimos tres años pertenecen a esta comunidad autónoma.

Punto número 2: el primer amigo que hice en Londres, al segundo día de llegar de hecho, es decir, el primer español que conocí, también es catalán. Así, zas. Por aquel entonces todavía no me había parado a pensar en esta nueva neura mental (una más en mi cabeza, welcome to my mind!).

Punto número 3: anoche vi el clásico y salí con siete catalanes. Nada más y nada menos. De hecho, conocí a otra más antes de encontrarme con ellos. Fue de camino al pub donde realmente estaban los amigos de cada una. No voy a decir que nos confundimos porque al buscar Walkabout en Google Maps, el primer sitio al que llegamos ambas era otro (C/ Henrietta 11), parece ser que hay unos cuantos, ¡pero fijaos en la tremenda casualidad del encuentro! La verdad es que el Walkabout correcto (pegado a Temple Station, a cinco minutos uno de otro) era bastante más grande, y un ambientazo… Bestialmente español, claro. Total, que esta chica y yo nos aliamos para encontrar el pub donde nuestros amigos ya llevaban vista la primera parte del partido y un buen rato de la segunda. Sí, llegué un poco tarde.

¡Y lo que me queda con este sector geográfico me parece a mí! Están por todas partes, es impresionante. Al menos a partir de mi experiencia durante estos dos meses, creo que puedo afirmar que las plagas humano-extranjeras en esta ciudad (Londres) se basan fundamentalmente en catalanes y colombianos.

A lo que iba: sinceramente os digo que la idea me llama poderosamente la atención, la de aprender el idioma. Al menos para entenderlo, hablarlo ya será otro tema pero bueno, con el trabajo que cuesta que siete catalanes se mentalicen para hablar en castellano entre ellos por haberse colado una gaditana (cosa que entiendo perfectamente), mejor ponerme yo misma, me resulta apetecible.

Por otra parte, me da que tengo tal mono de aprender lenguas que acabaré mezclándolas como me ponga con varias a la vez. Llevo casi desde que llegué a este país brutalmente emperrada con el francés, como si no me quedara todavía recorrido con el inglés…

¡En fin! Vuelvo a irme por las ramas. El caso es que me gusta analizar el porqué de los acontecimientos, y después de la noche de ayer ya dije: esto es para pararse a pensar un rato. A la vista está que todo ser humano canaliza hacia los demás distintos tipos de conexiones interpersonales. Para poner un ejemplo fácil y rápido: ¿cuántos de vosotros sentís empatía, complicidad, entendimiento mutuo hacia los kinkis? (Cada cual que mire el sinónimo que se corresponda haciendo click sobre dicha palabra, pero ya aviso que se trata de la Frikipedia). Yo creo que poquitos, ¿no? Pues este es uno de los mayores puntos de imposibilidad-de-establecer-un-vínculo-relacional. Lo que viene a ser un tú-y-yo-ni-de-coña.

Sin embargo, a lo largo de la vida nos vamos encontrando con otros grupos sociales junto con los cuales nos sentimos a gusto, nos dan confianza, nos agradan al poco de conocerlos, nos interesan más por unas razones u otras y, en general, por lo visto compartimos bastante en común (ya no hablo de los catalanes y yo, este ámbito tengo aún que seguir explorándolo con el tiempo y el azar, tirando a la causa-efecto).

Y no solo tenemos que limitarnos a canis, heavies, pijos, hippies, frikis, “normales” (no creo que haya nadie normal pero bueno, por catalogar a los que no se les nota tanto la tendencia correspondiente), emos, góticos, fachas, comunistas y todo tipo de mezclas entre ellos (ya sabéis: pi-hippies, friki-heavies y demás parafernalia), sino que, al menos para mí, la cuestión de la procedencia también influye considerablemente.

Sobre todo viviendo en un lugar tan extremadamente multicultural como Londres es cuando te das cuenta de esto: con quién vas enlazando, ya sea casualmente o más bien a través de una serie de causalidades; las características más potenciales de cada círculo, los atributos que asimilas en tu propia mente casi más subconsciente que conscientemente y que te hacen sentir mayor simpatía hacia unos desde los inicios comunicativos que hacia otros, etc.

Tengo la sensación de que lo iré comprobando con más claridad a lo largo de los próximos meses. Así es la vida, ¡una aventura detrás de otra! Solo hay que saber verlas.

¡Feliz domingo!

Semana primaveral en Londres

Una semana en Londres impresionante en cuanto al clima. A excepción de hoy, que ya me habían dicho que para el fin de semana iba a hacer malo, ¡pero vaya cinco últimos días, señores! Ni una nube, el sol en la cara… Incluso uno de los días salí por la tarde sin abrigo, ¡alucinante! Al volver más tarde por la noche fue otro cantar pero bueno, se agradece que la primavera se vaya haciendo notar.

He encontrado un recorrido fantástico que me gustaría hacer a diario. Se trata de una agradabilísima caminata de unos 40 minutos desde el barrio de Lewisham hasta el de Greenwich, aunque yo lo que haría sería llegar hasta un mirador antes de acceder a este barrio y ahí me volvería, cumpliendo con una horita de semi-ejercicio (lo siento, mi odio hacia los gimnasios no es compatible con volver a intentar probar ninguno, al menos por ahora). En el siguiente mapa podéis verlo.

En esa primera avenida larga que he de atravesar hasta llegar a Blackheath es donde me quedé prendada de un par de árboles, literalmente: dos únicos árboles repletísimos de color, vida y esencia primaveral. Todos los demás ofrecían un panorama bastante más pelado, pero se olía en el ambiente que algo está comenzando a germinarse…

Nunca he sido tan consciente de la llegada de una estación. En España, lo adviertes en toda su plenitud puesto que normalmente el calor va y te golpea con ganas casi sin avisar. Sin embargo, por estos lares se experimenta prácticamente como un anhelo, un caramelo que te van dando a cachitos. Mucho significa ya para mí misma haber sentido desde lo más profundo la necesidad de quedarme parada ante un árbol para observar detenidamente su copa, su riqueza floral y lo que suponía su presencia, su existencia como tal, en la evolución temporal-climatológica. El despertar de la temporada. Sencillamente precioso.

Pues aún más impresionantes resultan los enormes parques que cruzo entre la salida de Blackheath y Greenwich (podéis ver en el mapa la extensión de la que gozan). De ellos aún no tengo fotos, pero espero hacerlas pronto. Me da la sensación de que me abstraigo tantísimo en mis pensamientos mientras los atravieso que ni quiero romper ese halo de reflexión para tratar de plasmar la escena, aparte de que veo imposible abarcar e inmortalizar fielmente en una fotografía lo que supone para mí ese momento. Tampoco me cabe gran cosa en el puñetero visor ante la inmensa planicie del césped y la enormidad del cielo, por lo que me temo que acabaré cometiendo un sacrilegio contra el propio paisaje pero bueno, se intentará.

A continuación y para despedirme, os voy a enseñar lo que se convirtió hace unas semanas en mi nuevo “papel tapiz” (así llama el HTC a la imagen de fondo de pantalla, qué exquisito él), tomada en un fin de semana de frenético turismo por el centro.

Simple, pero me encanta.

¡Que paséis un buen fin de semana!

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