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Las Vegas II: ¡descubriendo capillas de boda!

Tras visitar los hoteles de Las Vegas, naturalmente mi hermano y yo debíamos tener alguna ocurrencia extraña. ¿Resultado? Lanzarnos a la búsqueda de esas míticas capillas de boda que tanto protagonismo tienen en las películas americanas.

Adelanto que queda confirmado su carácter un tanto cutre y hortero, no por ello menos anecdótico. Es decir, que nos descojonamos vivos viendo unas pocas (¡hay un montón!), de nombres tan ideales como “La Capilla de las Campanas”, “La Capilla de las Flores”, “Pequeña Capilla de Boda Blanca”, “En las Nubes” o “La Capilla de Boda de Cupido” (cubo cerca para vomitar, por favor).

Atención a mis humildes muestra visuales. Comenzaremos con la imagen de la entrada de La Capilla de las Campanas. Bien iluminada ella, no se la vaya a perder ninguna pareja animada que desee consolidar su amor eterno o borrachera romántica. Que no falte la prolongación del mismo edificio en forma de motel con sus puertas rosa chicle a la derecha, que aquí vamos a lo que vamos.

Capilla de las Campanas

Capilla de las Campanas

Seguidamente, ambientación de ensueño para la afortunada pareja. Unas sillas, un par de bancos, un portal, un amago de pasillo techado (o lo que sea) y para qué vamos a poner ni un poco de césped, oigan. En pleno suelo asfaltado.

Cantad conmigo: ¡no somos cutres! ¡No somos cutres!

Cantad conmigo: ¡no somos cutres! ¡No somos cutres!

A continuación, limusinas larguísimas y blanquísimas. Esta, la Capilla de las Flores, me pareció la más normal dentro del panorama.

Capilla de las Flores

Capilla de las Flores

En la Pequeña Capilla de Boda Blanca tiraron la casa por la ventana con este fondo natural.

Siéntanse como en plena naturaleza

Sí, señor. ¡Cataratas del Niáraga, a mí!

La entrada de esta capilla… Bueno, ahí lo dejo. No sería la primera que incorporara un caballo blanco y una carroza como decoración especial.

Un mundo ideal...

Inspirado en la Cenicienta fijo. Con algo de menos presupuesto.

Perdonadme pero el siguiente rincón de amor da más miedo que otra cosa. Y si retiran el cono naranja, a lo mejor alguien se lo piensa. Debería averiguar estadísticas de bodas en estos sitios, siento auténtica curiosidad ahora mismo.

Nidito de... de...

Nidito de… de…

Por favor, que no falte luminosidad barata ni cursilería antiestética, incluyendo un planísimo suelo verde para completar la escena, no se vaya a echar de menos un césped de verdad. Pero bueno, mejor que el asfalto es.

¿Quién

¿Quién no tiene ganas de casarse mirando esto?

Antes de entrar a la sección previa, obviamente el pasillo estaba acondicionado para la ocasión. Un coche rosa. Muy rosa. Un techo repleto de angelitos en un cielo estrellado, columnas, fondo verde e idílico, otro caballito por allí detrás. Ay, espera, que me sangra un ojo.

Se me enamora el alma, se me enamora.

Se me enamora el alma, se me enamora.

Culminaremos, cómo no, con una especie de… ¿Elvis? Esperando con una amplia sonrisa a los valientes.

bop

Si está Elvis en la puerta, nada puede salir mal

Espero que el post os haya entretenido (no se le pueden añadir más objetivos que este). ¡Seguiremos informando de yanquiladas! Feliz semana, y casaos con precaución 🙂

Las Vegas I: ¡visitando los hoteles!

Hotel Encore, Vegas, Nevada

Hotel Encore, Vegas, Nevada

Este ha sido un mes movidito. Tras una visita a mi Jerez natal del 1 al 11 de octubre, boda incluida de una amiga pasando de vuelta por Madrid; mi hermano mayor, Víctor, llegó de visita a California el día 14 y se quedó hasta el 22, lo que me permitió tanto redescubrir el encanto de San Diego, donde resido, como convencerme del todo de que Las Vegas es el destino más emblemático en el que he estado en California-Nevada por ahora. Veremos si baja de puesto el día que visite el Cañón del Colorado.

Sí, Las Vegas es un espacio diferente a todo lo que haya visto antes. Si el turismo en este país ya me parece que tiende hacia el espectáculo y las vistas naturales, dejando el carácter histórico para el resto de continentes, Las Vegas supone el máximo exponente del concepto, inventado por mí misma así a bote pronto, “ciudad-show”.

Así pues, dos noches pasamos mi hermano, al que podéis conocer visitando su canal de Youtube Víctor Amarillo, y yo en este majestuoso espejismo en medio del desierto creado para tragarse el dinero. Por suerte, ya que normalmente los visitantes se gastan la pasta en los casinos y eventos variados (conciertos, cabarés, salas de streaptease y un largo etcétera), el alojamiento se puede conseguir a un precio bastante asequible. Nosotros nos quedamos concretamente en el Rodeway Inn Convention Center, que pertenece a una cadena, por unos 20 dólares por noche y por persona. Desayuno incluido al reservar con booking.com. En otra página intermediaria no lo ofrecían, por eso lo recalco (guiño, guiño, amantes de las comidas incluidas).

La localización del hotel/motel se encuentra al norte de Las Vegas Blvd, popularmente llamada “The Strip”, la calle de Las Vegas con todo el meollo. Recomiendo total y absolutamente recorrerla por la noche para gozar al máximo del exterior de los hoteles. Lo he disfrutado aún más que en mi primera visita a Las Vegas el pasado diciembre porque yo he sido la que guiaba esta segunda vez, lo que te hace darte mucha más cuenta de cómo está todo montado y dónde está cada cosa. Sin más dilación, os enseño los hoteles más relevantes visualmente:

En primer lugar, aunque la imagen no le haga honor ninguno por desgracia, el Venetian. Maravilloso por fuera…

Venetian Hotel, Vegas

Hotel Venetian, Vegas.

…Y por dentro con su mini-Venecia. Sin duda alguna, la ambientación interior de este hotel es la mejor de la ciudad. No solo cuenta con la arquitectura correspondiente y con góndolas y gondoleros que hasta cantan sino que incluso nos cruzamos con unos actores disfrazados dedicándole una ópera al público.

Mini-Venecia, hotel Venetian, Vegas

Mini-Venecia, hotel Venetian, Vegas

Seguidamente, el Bellagio, con su espectáculo de agua, luces y música diario. Lo lanzan cada media hora de 15:00 a 20:00 y cada quince minutos de 20:00 a medianoche. ¡Como para perdérselo!

Hotel Bellagio, Vegas

Hotel Bellagio, Vegas (foto de Víctor Amarillo)

Fue un momento épico además porque dio la casualidad de que, cuando nos pasamos por allí, pusieron la canción I’m proud to be an American (“Me siento orgulloso de ser americano”), de Lee Greenwood. ¡Patriotismo a tope! Podéis escucharla haciendo click aquí.

A continuación, de izquierda a derecha, repetimos el Bellagio, esta vez de día; pasamos por el Caesar’s Palace (bueno, por uno de sus edificios, porque el conjunto es inmenso) y culminamos con el París en el otro extremo, que también tiene un mini-París dentro, aunque no le llega ni a la suela de los zapatos a la mini-Venecia. Todo hay que decirlo: la torre Eiffel, tanto esta versión como la auténtica, por la noche es preciosa pero por el día es un amasijo de metal sin nada de magia, sinceramente.

Bellagio, Caesar's Palace y París

Bellagio, Caesar’s Palace y París

Ahora, perspectiva nocturna más amplia del Caesar’s Palace. Sí, es así de enorme, todo lo que veis le pertenece. Y no he podido incluir el panteón que tiene por entrada por encontrarse más profundo, que si no…

Caesar's Palace, Vegas

Caesar’s Palace, Vegas

Para variar, una pizca de casino en el que se incita a los visitantes a “ganar un coche”, en el hotel Mirage. No mostraré más casinos porque, sinceramente, una vez entras en uno, ya los has visto todos. Y son efectivamente como en las películas, con sus mesas de cartas, sus ruletas y sus tropecientas tragaperras, delante de las cuales no faltan las típicas señoras mayores (realmente avanzadas de edad algunas) tentando a la suerte con cara solemne.

Casino del hotel Mirage, Vegas

Casino del hotel Mirage, Vegas

Luego, el hotel Treasure Island, en cuya entrada ofrece un par de barcos de tamaño considerable. Pongo uno de ellos como muestra.

Hotel Treasure Island, Vegas

Hotel Treasure Island, Vegas

El Excalibur, que me encanta con su rollo medieval.

Hotel Excalibur, Vegas

Hotel Excalibur, Vegas

El New York New York, con una fachada impresionante: la del fondo de la imagen con los edificios cada uno de su padre y de su madre pero pegados, y la estatua de la libertad a la izquierda. También dispone de una montaña rusa y de un diminuto Nueva York en su interior, en el que nos jactamos de toparnos de cabeza con el restaurante de estilo español “Gonzalez y Gonzalez” (nuestro primer apellido), toma castaña. No puedo decir cómo estará, no lo probamos, pero fue gracioso.

Hotel New York New York, Vegas

Hotel New York New York, Vegas

Finalmente, el Luxor, el hotel egipcio a cuya pirámide le precede una esfinge del copón que no llegué a fotografiar y por lo visto mi hermano tampoco. Nada que no resuelva Google para que adoptéis una rápida impresión. Obviamente recomiendo presenciar estas maravillas en persona, no hay color. Por cierto, visita obligada al interior de este hotel. La decoración es genial.

Hotel Luxor, Vegas

Hotel Luxor, Vegas

Que conste que me costó lo mío que me cupiera cada escena deseada en las fotografías, no es tan fácil como parece, ¡estos hoteles son mastodónticos! Así que, aunque yo me haya afanado en cuadrarlos, personalmente os animo al cien por cien a intentar disfrutar de ellos sin estar muy pendiente de la cámara.

Para terminar, cartel mítico  de “Bienvenido a Las Vegas” a la entrada de The Strip, al sur de la calle.

Mi hermano Víctor Amarillo y yo con el cartelón de Las Vegas

Mi hermano y yo con el cartelón de Las Vegas

Resumiendo, solo con recorrer Las Vegas Blvd o “The Strip” veréis todos estos hoteles por fuera, entre otros. Y debéis ver por dentro, sí o sí, el Venetian y el Luxor. A partir de ahí, el París, el New York y el Excalibur tienen ambientaciones más reducidas y el resto de los hoteles mencionados si acaso ofrecen algo de decoración en la entrada pero ninguna locura.

Por lo demás, y recalcando que este post se basa en mi punto de vista (no soy una guía turística), si os gustan las tiendas, también os toparéis con ellas por doquier. Y si os interesa algún tipo de evento o cantante que frecuente Las Vegas, consultad fechas y precios antes de visitar la ciudad para matar dos pájaros de un tiro. Bastantes famosos dan conciertos allí.

¡Ah! Y hay muchas opciones para comer. Escogimos el bufé del Bellagio para un almuerzo. Siendo lunes, costó unos 24 dólares, aunque creo que no varía mucho en fin de semana. Para cenar, pedían 34 dólares. Varios hoteles ofrecen bufés y los precios son parecidos. Es apañado y mola probar, la verdad.

En la segunda parte de mi relato sobre Las Vegas os traeré un mundo anecdótico como pocos: ¡¡las capillas de boda!! Nos vemos pronto ;).

El mapa de tu vida

He descubierto hace poco la sección de “my maps” ofrecida por Google en la cual cualquiera puede crear los mapas que le plazca. Peligro. Esta es una de las chorraditas en las que a mi mente le encanta sumergirse para tratar de organizar y controlar mi vida todo lo posible, aunque sea psicológicamente. De hecho, llevaba un tiempo con la tarea pendiente de comprarme un mapamundi físico para marcar todos los lugares en los que he estado. Sin embargo, una vez más, las nuevas tecnologías han venido a cargarse el romanticismo de la idea. Pero bueno, tampoco me importa mucho no taladrar la pared de un piso alquilado con un porrón de chinchetas, que ya se sabe que más de un dueño de una vivienda agradecería cualquier pequeña excusa para gastarse mi fianza en sus vicios.

El resultado emocional ha sido demoledor. Aplastante. Aturdidor. Vamos, que me he quedao muerta. No en sí por creer que he visitado muchos o pocos sitios, sino por la brutal cantidad de recuerdos que me han golpeado la cabeza con cada click. Espectacular. El cerebro es alucinante. Cómo se encarga de almacenar la información, procesarla, sepultarla, resucitarla, lanzártela en las narices sin venir a cuento. Y cómo se las ingenia para transformar los recuerdos, destacar aspectos positivos o negativos, trastornar por completo la perspectiva hacia una vivencia determinada a raíz de la fusión de todo esto: lo que nuestra mente destaca, lo que no y de qué manera; el paso del tiempo y la acumulación de más y más experiencias. Entonces, el reflejo de esta mezcolanza impacta directamente sobre nuestra personalidad y forma de pensar actual, dando lugar a nuevas percepciones o enfatizando las existentes, afeando algunas y embelleciendo otras.

Efectivamente: una locura lo que cargamos de la frente al cogote. Hay sitios cuyos nombres no habría recordado en mi vida de no haber sido por haberlos plasmado en este blog. Por ejemplo: “Hondarribia“. ¡No hay huevos de repetirlo diez veces sin trabarse! No obstante, un diminuto pueblo de revista fue aquel. Y situado al norte de España. Una muestra preciosa de los tesoros que nos rodean y que en muchas ocasiones despreciamos por llamarnos más la atención lo que está más lejos, no sé muy bien por qué.

Bueno, echemos un vistazo al susodicho mapa en cuestión.

El mapa de mi vida

El mapa de mi vida

En principio, nos encontramos con dos núcleos claramente diferenciados: Europa y California; la primera con muchísima más historia por el momento, ya que solo llevo poco más de medio año al otro lado del Atlántico, donde concretamente he parado en los siguientes destinos.

El mapa de mi vida en California

El mapa de mi vida en California

Los Ángeles, Las Vegas, Riverside, San Diego, donde resido actualmente; y una serie de zonas menores, la mayoría de playa. Recuerdos muy recientes y fáciles de desglosar. Volvamos a Europa para analizar en mayor profundidad tal cantidad de marcadores y remover los fantasmas del pasado.

El mapa de mi vida en Europa

El mapa de mi vida en Europa

No parecen para tanto acercándonos, en el primer mapamundi se pensaría que me he visto Europa entera, pero mucho me falta por conocer. Dos sub-núcleos esta vez: España y Reino Unido, a los que pasaré enseguida tras aclarar qué ocurrió por el resto del continente.

El mapa de mi vida por centro-Europa

El mapa de mi vida por centro-Europa

Un interrail de un mes el verano pasado, una escapada corta con uno de mis mejores amigos y unas tres visitas a amistades en el extranjero por variados motivos (nativo, erasmus, trabajo). Viajes tan distintos como especiales cada uno en su carácter único y personalizadamente anecdótico. Ah, y una escapada universitaria a Roma, que me pillaba demasiado al sur en el mapa para incluirlo visualmente.

El mapa de mi vida en Irlanda

Tres veranos adolescentes cerca de la capital irlandesa y una escapada, también veraniega, años más tarde a Cork para visitar a buenos colegas y escapar un poco del frenetismo londinense.

El mapa de mi vida en Reino Unido

Un año y ocho meses de mi vida divididos entre la cotidianeidad londinense y varias escapadas de un día a las ciudades más cercanas, un fin de semana en York, cuatro días entre Manchester y Liverpool con mis hermanos, un road-trip y un fin de semana en Edimburgo que, al contrario que Roma dos mapas más arriba y demasiado al sur, la encantadora capital de Escocia se me ha quedado demasiado al norte, así que me limitaré a mencionarla.

El mapa de mi vida en España

Finalmente, aparte de una escapada a Portugal para conocer por fin la capital y el maravilloso Oporto, aterrizamos en la auténtica protagonista de mi vida: España. Con sus visitas espontáneas por mi Andalucía natal, gran parte de mi vida antes de la universidad danzando por Jerez de la Frontera, una semana de vacaciones por el País Vasco y la Rioja, preciosos también, con un amigo; vacaciones fiesteras en Benidorm, Ibiza y Tenerife (imaginaros que esta isla está abajo a la izquierda en un cuadrito como cuando nos cuentan el tiempo en las noticias); dos caminos de Santiago, de los cuales me siento muy feliz de haber redactado uno en detalle; un par de festivales de música por Castellón, un viaje con el colegio a Barcelona, una visita a casa de una de mis mejores amigas en Tarragona, aventuras veraniegas en Salou y Zaragoza, visitas de un día a Toledo y a Segovia, un día en Mallorca, un día en Gibraltar, un campamento en Cuenca, con doce inocentes y tímidos años… Reconozco que era toda una mosquita muerta pero, ¡cómo han cambiado las cosas! Y, por mucha falta que me hiciera espabilarme, me alegro de haber sido una niña de verdad, no como las de hoy en día.

Parece fácil haber citado esta retaíla de experiencias. Pero yo continúo abrumada, porque cada palabra, cada ciudad conlleva una prueba, una aventura, un riesgo, un compromiso, dolor, sonrisas, personas, conversaciones, momentos. Mi mente salta tan rápido de unas imágenes, caras, paisajes, sentimientos a otros que no me da ni tiempo de asimilar el cúmulo de sensaciones que me provocan. Desde un chasquido de cócteles hasta una carrera bajo la lluvia, un paseo en barquita rodeados de medusas, un robo, las vistas desde un mirador granadino, mis pies destrozados frente a la catedral de Santiago, el mareo tras salir del Dragon Khan en PortAventura, una conversación profunda en medio de un Toledo dormido… Y muchísimas escenas más que se agolpan tratando de imponerse ante las demás, de jugar con mis percepciones veintiseañeras y de recordarme que, lo crea o no, he vivido. He vivido una barbaridad de cosas. Y, mientras ninguna desgracia mayor se interponga en mi camino (que nunca se sabe, no nos vayamos a creer ahora inmortales), me queda otra increíble barbaridad de cosas que vivir multiplicada por dos y pico, incluso por tres si me cuido lo bastante.

Os invito a sentaros unos minutos; a parar, hacer esta reflexión para con vosotros mismos y compartir conmigo esta gratitud existencial. Porque, ¿sabéis lo mejor? Aunque en este post una servidora se haya entretenido en recorrer el mundo, no considero necesario haberse movido mucho para contar con una cantidad mayor o menor de experiencias. Estas las creáis vosotros allá donde os lo permitáis, sin importar si habéis pisado el otro lado del mundo o si apenas soléis pasar de los límites de vuestro barrio. Podría hacer un segundo y tercero y muchos posts más enfocándome exclusivamente en determinados destinos, sus comercios, gentes, parques y reflexiones locales; pero creo que me entendéis y, por hoy, tengo mucho que asimilar, que el mapa con el que esperaba limitar mi vida me la ha desbordado por todas partes.

Liverpool (II): catedrales y frases en fachadas

Tras aquel Liverpool (I): un paseo por la ciudad y los Beatles, hoy me ha dado por poneros la segunda parte que quedó pendiente hace la friolera de dos años. ¿Por qué? Pues no tengo una explicación válida, la verdad. Desinterés, apatía, pereza, yo qué sé, para terminar acostumbrándome a la presencia de la carpetita “Liverpool” como adorno en el escritorio del portátil. Y, como soy una apasionada maniática de la “limpieza”, esa que a unos cuantos nos deleita poner en práctica cuando se trata de cosas como despejar dicho escritorio, ordenar carpetas de fotos, colocar papeles por categorías en un archivador, poner los alimentos en grupitos en el frigorífico y demás lindezas que os podéis imaginar, mientras miraba hoy mi pantalla del ordenador, me he cruzado con la mencionada carpeta de Liverpool y me he dicho: de hoy no pasa.

Así que básicamente os pondré las fotitos que me quedaban por enseñaros, aunque desgraciadamente las descripciones serán bastante más cortas de lo que podrían haber sido hace dos años y con el viaje recién cocidito. Pero bueno, creo que estas imágenes hablan bastante de por sí. Además, como me ocupé de aclarar en el post de la primera parte de este viaje, que comenzó en Manchester, mi intención no era ni es redactar unas publicaciones estupendas y turísticas sino comentar lo que me apetezca y lo que más me llamó la atención de estas tierras. Allá vamos, pues.

En primer lugar, la Catedral Metropolitana de Liverpool, a la que apodaría por aquel entonces “la iglesia hippie” debido a su original diseño…

Liverpool Metropolitan Cathedral

Liverpool Metropolitan Cathedral

… ¡E interior! De un azul intenso totalmente inesperado. Mis hermanos y yo tuvimos que parpadear un par de veces para dejar que la vista se adaptara al color y al impacto de un escenario y una estructura arquitectónica totalmente diferentes de las que hubiéramos visto anteriormente en este tipo de construcciones.

Interior de la Catedral Metropolitana de Liverpool, Reino Unido

Interior de la Catedral Metropolitana de Liverpool, Reino Unido

Luego, iríamos a ver la Catedral de Liverpool, más normalita por fuera, y por dentro en su mayor parte…

Liverpool Cathedral

Liverpool Cathedral

… Hasta que me quedé pasmada al encontrarme con el siguiente cuadro clavado en una de las paredes, y no sería el único de este rollo. ¡Qué modernos, los liverpulianos!

Arte presenten en la Catedral de Liverpool

Arte presenten en la Catedral de Liverpool

Total, dejamos a un lado las catedrales para contemplar una calle a contraluz. No tiene más misterio, me gustó la escena y aquí que la planto.

Liverpool, Reino Unido

Liverpool, Reino Unido

Otro elemento que me embaucó durante esta visita fue este cuadro de Peter Davies de nombre Super Star Fucker – Andy Warhol Text Painting, que me cuesta atreverme a traducir a pesar de parecer simple, nunca se sabe con el arte abstracto. Pongamos que efectivamente quiere decir “Cabrón Súper Estrella – Cuadro de textos Andy Warhol”. Que cada uno lo entienda como pueda. A mí me hipnotizó de una manera o de otra.

Super Star Fucker - Andy Warhol Text Painting, Walker Art Gallery, Liverpool, UK

Super Star Fucker – Andy Warhol Text Painting, Walker Art Gallery, Liverpool, UK

Explicación:

Super Star Fucker Andy Warhol

[…] Empezando con el nombre de Warhol en el centro, el resto crece como un diagrama de flujo. Davies evita repetir una sola frase, color o forma de estrella. Además de transmitir una sensación de caos travieso (no sé cómo traducir esto para que suene mejor), el autor ha explicado: “Quiero… combinar la sensualidad y belleza del formalismo con el humor y la dureza del conceptualismo.” […]. Está claro, ¿no?

Finalmente, algunas frases en fachadas de Liverpool. Unas de tinte romántico para empezar.

¿Crees en el amor a primera vista? Y, más arriba y en letra más reducida:

La persona media se enamora tres veces en la vida; ¿crees en el amor a primera vista?

A continuación, unas un tanto aterradoras.

Una media de millones de personas están solas en Inglaterra. ¿Te sientes solo?

6’8 millones de personas viven solas en Inglaterra. ¿Te sientes solo?

Finalmente, una para reflexionar.

La persona media cree que es más inteligente que la media.

La persona media cree que es más inteligente que la media.

Visitando San Diego, una de las mejores ciudades para vivir en EEUU

¡O eso oigo constantemente! Y he de admitir que este viaje me gustó bastante, con sus puntos de interés de escasa complejidad, principalmente basados en el propio paraje natural, pero cuya belleza intrínseca adereza con creces su carácter simple.

Tras mi visita a Los Ángeles aquel último fin de semana de septiembre de 2014, en menos de un mes se organizó otro fantástico par de días, esta vez para descubrir San Diego.

En primer lugar, os muestro la entrada a un pequeño México situado en el Old Town San Diego State Historic Park y en cuyo interior se entretiene uno merodeando entre bonitas tiendas con cientos de artículos y detallitos de todo tipo, restaurantes y música mexicana en vivo. Un lugar muy cuco.

Old Town San Diego State Historic Park

Old Town San Diego State Historic Park

Seguidamente, una de las zonas más famosas y atractivas de la ciudad: Seaport Village.

Seaport Village

Seaport Village

Recorriendo el paseo marítimo, acabas por entrar en un recinto repleto de otra tanda de restaurantes que te invitan a tomar más calorías de las necesarias pero que, al igual que el pequeño México, resulta bastante agradable de recorrer al hallarse los locales colocados y diseñados como si de una aldea semi-medieval se tratara (pero a lo moderno y americano). No cuento con imágenes de ello porque era difícil abarcar todo el conjunto, así que habréis de conformaros con la perspectiva de abajo desde el paseo, que tampoco está nada mal.

Seaport Village

Seaport Village

No podía faltar la siguiente elocuente estatua en esta sección, un homenaje a la famosa fotografía del beso que recibió una enfermera de un soldado americano en Times Square (Nueva York) el 14 de agosto de 1945, tras la victoria contra Japón. Parece ser que, ante el riesgo de violación de los derechos de autor del fotógrafo Alfred Einsenstaedt, el creador de la escultura, la cual se halla reproducida en otras ciudades, constató que se había basado en una imagen similar de dominio público tomada por Victor Jorgensen. Desconocía por completo que existiera más de una fotografía de aquel momento, ¡muy interesante!

Unconditional Surrender San Diego

Nombre dado a la estatua: Unconditional Surrender (“Entrega Incondicional”)

No se aprecia pero las figuritas miden la friolera de 7,62 metros (o 25 pies en USA, ya hablaré un día de estos de las medidas de estos americanos…). Altitas, ¿no?

A continuación, Sunset Cliffs (“Acantilados de la Puesta de Sol”), para el regocijo de la vista. Obviamente la estampa en directo no ofrecía tal iluminación pero creo que os haréis una idea del espectáculo.

Sunset Cliffs (

Sunset Cliffs (“Acantilados de la Puesta de Sol”)

Con tal denominación, observar la puesta de sol era tarea obligada, y valió la pena. Por los pelos que llegamos, en estas tierras anochece considerablemente pronto.

Sunset Cliffs, San Diego, California

Sunset Cliffs, San Diego, California

Pasamos a Mission Beach, zona con bastante ambiente y cuya mayor particularidad consistió en cruzarse con una ola artificial…

Wavehouse

…Situada dentro del recinto de un bar, llamado con acierto Wavehouse (“Casa de la Ola”).

Wavehouse, Mission Beach, San Diego

Wavehouse, Mission Beach, San Diego

Otra parte de la ciudad donde se puede pasear y cenar o tomar algo es Pacific Beach.

Proseguimos con otras vistas naturales, porque de esto es de lo que va principalmente San Diego. Bueno, he de confesar que tratamos de acceder a un gigantesco parque (Balboa Park) formado por varios museos y el zoológico pero fue imposible aparcar y tuvimos que dejarlo, o sea que haber más cosas, aunque no surgiera verlas, haylas.

Os presento La Jolla, una de las áreas más caras y bastante conocida por exponer en sus costas nada más y nada menos que un porrón de focas.

La Jolla

La Jolla

Vale, justo un porrón no pillamos en aquel preciso momento pero vamos, suele haberlas y sinceramente, para el pestazo que desprendían, no me importó gran cosa que solo viéramos tres. Os las pongo más cerca, que igual en la foto anterior ni las habéis distinguido a la derecha.

Foquitas a gusto al sol

Foquitas a gusto al sol

De lo que sí vimos una buena tanda fue de los siguientes simpáticos amigos. No aportan mucho al post pero, no sé muy bien por qué, me hacen gracia, así que los pongo.

La Jolla, San Diego, California

La Jolla, San Diego, California

No comimos en la Casa de José pero para que veáis cómo se halla California plagada de locales sudamericanos, y en especial de México.

Uno de tantos restaurantes mejicanos de San Diego

Uno de tantos restaurantes mejicanos de San Diego

Gaslamp Quarter, zona de discotecas, restaurantes y tiendas. Una de las noches se disfrutó por aquí y, aunque fue estupenda, tampoco tengo nada en especial que recalcar de su vida nocturna tras haber explotado previamente las de España y Londres. Soy de la opinión de que, con la compañía adecuada, te lo pasas bien en cualquier parte. Eso sí, evidentemente hablo pensando en este sitio en particular; la experiencia en Las Vegas fue otra historia, que no tardará en llegar.

Gaslamp Quarter, San Diego, California

Gaslamp Quarter, San Diego, California

La siguiente imagen… ¿Por qué la comparto? Pues sencillamente porque me gusta, la verdad, no tiene mayor trasfondo. Muy californiana, ella. Se encontraba próxima al estadio de fútbol de San Diego, adonde fueron varios compañeros a ver un partido.

San Diego

Por último, una de las visiones que más me ha marcado, si no la que más, en toda mi experiencia turística acumulada (que no es la leche pero tampoco moco de pavo): Fort Rosecrans National Cemetery, un imponente cementerio que me dejó boquiabierta en su inmensidad y en el impacto de la reflexión de la muerte fusionada con la vida, del blanco inmaculado de las tumbas rodeado del césped más verde y el cielo y el mar más azules.

Fort Rosecrans National Cemetery

Fort Rosecrans National Cemetery

Me faltan las palabras para describir la impresión que me provocó. Una sensación de amargura y de felicidad a la vez, de desamparo y de paz. Eso era, una sensación de paz plena y merecida, aunque pesarosa y sobrecogedora a mis ojos de agnóstica empedernida, de persona incapaz de creer en el más allá, en algún consuelo existencial postmortem. Era una esperanza resignada, una aceptación tragicómica. Un pálpito de paz espiritual y terrenal en un lugar donde casi se antojaba estar en paz.

Fort Rosecrans National Cemetery San Diego

Primera parada: Los Ángeles City

A mis amigos con los que vine desde Madrid, a los nuevos que hicimos durante los primeros días en California y a mí nos faltó tiempo para plantarnos en esta inmensa, gigantesca ciudad. Llegamos al país el 19 de septiembre de 2014 y el finde del 26-28 ya lo dedicamos a visitar Los Ángeles.

Lo primero que he de deciros es que el turismo por estos lares es absolutamente distinto. En lugar de empezar a caminar desde un punto determinado e ir recorriendo la ciudad, necesitas desesperadamente un coche para ir moviéndote de un punto a otro, como ya habréis leído (y si no, os lo recomiendo) en mi post Estados Unidos vs España. US is different! Te acabas acostumbrando: coche, bajo y veo lo que haya, coche, aparco (si puedo) y me doy un paseíto, coche, aquí no hay Dios que aparque, así que al siguiente destino, coche… Y así. Normalmente hay algún parking cerca, los hay por todas partes. Recomiendo dar alguna vuelta de más por la zona antes de decidirse, puesto que bien puedes dejar el coche en un parking de 15 dólares el día y encontrarte a pocos pasos otro a 10, por poner un ejemplo.

Sin más dilación, procedo a enseñaros lo que vimos. El orden no será exactamente en el que se sucedió pero, si se organiza en condiciones, todo esto se puede disfrutar sin prisa durante unas 48 horas, además de una noche de cena y discoteca de la que no cuento con recursos visuales pero no difiere gran cosa de las fiestas españolas, a excepción de que la música en el local en el que estuvimos fue fundamentalmente hip hop comercial, y que cerraba a las 2 de la mañana.

Así pues, comenzamos con una parada obligatoria: el Griffith Observatory, desde donde por un lado se goza de una impresionante perspectiva de la ciudad…

Griffith Observatory Los Angeles

La ciudad de Los Ángeles desde el Griffith Observatory

…Y por el otro lado, del mítico cartel de Hollywood.

Hollywood

Hollywood desde el Griffith Observatory

Aprovecharíamos para volver por la noche para contemplar de nuevo un Los Ángeles, esta vez, nocturno. Tendréis que comprobar por vosotros mismos lo embaucadora que resulta la imagen, ya que me parece un poco inútil que plante una fotografía súper oscura para que intentéis imaginarlo. Ya sabéis a dónde ir cuando vengáis.

Luego, Santa Mónica. Apañada, con su paseo a lo largo de la playa y algún que otro símbolo que te hace darte cuenta de que estás en Estados Unidos (porque sigo pensando que las playas de España no tienen nada que envidiarle a las californianas).

Santa Mónica Los Ángeles

Santa Monica Beach, California

En Santa Mónica podéis ver un muelle considerablemente metido hacia el mar en el que han construido una pequeña feria con una noria y demás atracciones típicas. Aquí, la entrada.

Entrada al muelle de Santa Mónica, Los Ángeles. Foto hecha por Victoria Chacón (http://www.purebch.com/)

Entrada al muelle de Santa Mónica, Los Ángeles. Foto hecha por Victoria Chacón (http://www.purebch.com/)

Me recordó enormemente al muelle de Brighton (Brighton Pier), en Inglaterra. Son parecidísimos, con la diferencia de que en el de yanquilandia nos cruzamos con repetidas menciones a la ruta 66.

Fin de la ruta 66 en Santa Mónica

Fin de la ruta 66 en Santa Mónica

A continuación, un sitio destacable: Venice Beach, donde presenciamos por un rato las acrobacias de un grupo de muchachos que reunieron a bastante público, y que recuerdo como uno de los lugares más bonitos que he visto por tierras americanas.

Venice Beach, California

Venice Beach, California

Imaginaos lo que os podéis encontrar por allí cuando, justo enfrente de donde estábamos desayunando, nos sorprendió aparcado el siguiente vehículo.

coche Venice Beach

El coche de los sábados

No sé si llegáis a apreciar lo que hay situado sobre el coche a la derecha. Os lo muestro con más detalle.

Así van las mascotas por Venice Beach

Así van las mascotas por Venice Beach

Como no parecía suficiente, a pocos pasos de lo anterior nos cruzamos con esto:

Kitty car

Kitty car hell yeah

¡¡Un coche plagado de Kitties!!

kitty car

Otra cosa que llama la atención en este país es que te topas constantemente con fantásticos y enormes graffities o pinturas. La siguiente me pareció alucinante. Os sonará.

Una pared cualquiera por Venice Beach

Una pared cualquiera por Venice Beach

Para acabar con Venice Beach, consta de un canal a lo largo del cual se ven casas muy cucas y varios pequeños puentes, cual canal veneciano.

Canal de Venice

Canal de Venice

Ahora, apuesto a que varios estábais esperando este momento: ¡por supuesto que fuimos al Paseo de la Fama! Que, aparte de sus estrelitas, que te hacen caminar mirando el suelo durante horas, y mogollón de tiendas, no tiene más. En eso consiste: en una invitación al consumismo y al espectáculo. Desde ese día, puedo decir que Batman me pidió el teléfono. Vamos, un tipo disfrazado de Batman, que ya me contaréis qué cara podía tener el colega debajo de la máscara. Pero bueno, la situación bien se ganó las risas de mis queridos amigos.

Walk of Fame

Walk of Fame

He aquí un gran artista y yo misma. No puedo negar que tenga fotos en plan amor infinito e incondicional con las estrellas de otros personajes como James Franco o Mark Wahlberg pero me he decantado por esta para el post. Queda más hipster.

Con Alfred Hitchcock

Con Alfred Hitchcock

Y ya vamos cerrando con un pedazo de centro comercial, que contenía dentro sus propias calles peatonales, un tranvía, música en vivo, etc., llamado The Groove, del que me limitaré a ofrecer una elevada y amplia perspectiva…

Vistas nocturnas a falta de otras

Vistas nocturnas a falta de otras

… La señal de Rodeo Drive, una calle que, como se puede observar por el cartelón de Louis Vuitton, no le faltaban comercios caros y glamour…

Rodeo Drive, foto hecha por Victoria Chacón (http://www.purebch.com/)

Rodeo Drive, foto hecha por Victoria Chacón (http://www.purebch.com/)

…Y el estupendo panel de Beverly Hills, área conocida por albergar una gran cantidad de mansiones de famosos adonde llegamos, nos hicimos la foto y, tal como nos vimos guapos, nos largamos, en vistas de que ponernos a conducir a lo paparazzi por las calles intentando ver caserones entre los muros de vegetación que cubren a muchos de ellos no nos convencía.

Beverly Hills, así como quien no quiere la cosa

Beverly Hills, así como quien no quiere la cosa

Saqué muchas conclusiones de este viaje. Fue el primero en este país y el más revelador en cuanto al choque turístico entre Estados Unidos y Europa. En esta, las ciudades se pasean ante los ojos impregnadas de historia. Aquí, el espectáculo visual y callejero manda, por llamarlo de alguna manera. This is America!

Pronto, ¡San Diego y Las Vegas!

Un saludo y hasta la próxima ^.^

¡Atención, amantes de Japón!

Seré directa y clara, que hoy en día la transparencia está en peligro de extinción y no veo la necesidad de andarme con rodeos: mi hermano se ha hecho un canal en Youtube con el objetivo de convertirse en uno de los Youtubers más seguidos del país. Vale que prácticamente acabe de crearlo pero, ¿por qué no? Nada como un proyecto ambicioso para dedicarse a ello en cuerpo y alma, independientemente de los resultados. No olvidemos que a menudo lo que mejor nos sale es lo que nos apasiona, y si algo provoca un tremendo hormigueo de ilusión a mi hermano es el tema que va a exponer para todos vosotros.

Victor Amarillo Japon YoutubeSí, lo habéis adivinado: afortunados seréis los fanáticos (o simplemente interesados, no hace falta volverse loco) de un país tan fascinante y particular como Japón, ya que el susodicho emprendedor virtual, de nombre artístico Víctor Amarillo, se muda a la Tierra del Sol Naciente para el 1 de enero de 2015. Como diríamos en Jerez de la Frontera (Cádiz, España), se va en ná y menos.

Bienvenidos sean los cambios de año para marcarse nuevas metas, ¿verdad? Así que os invito a suscribiros a su canal para seguir sus experiencias de todo tipo, que apuesto a que prometerán. También sois libres de seguirle a través de las redes sociales, aunque lo suyo sería darle al botón de suscribirse en el mismo Youtube para no perderse ningún video, ¡lo dejo caer! Os pongo los enlaces para que lo tengáis más fácil todavía, a golpe de click. Y, si justo a vosotros no os llama nada la atención este tema, ¿quién no tiene algún amigo al que le guste Japón?

Canal de Youtube – VA De Japón

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Si resulta que a alguno de vosotros también le gustaría verle en plan teatral (literalmente), también podéis seguir sus trabajos, sketches, monólogos y lo que se le ocurra colgar como actor en su canal de Youtube VA de Acting, otra de sus grandes aficiones.

¡Mucho ánimo con vuestros propósitos para el 2015! Si se quiere, se puede ;).

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Liverpool City (I): un paseo por la ciudad y los Beatles

Lo prometido es deuda, aquí viene el par de días pasados en Liverpool con mis hermanos tras los primeros dos visitando Manchester, donde en realidad nos quedamos las cinco noches debido al económico precio del hostal. En vistas de que con una horita en autobús bastaba para ir de una ciudad a otra, ese recorrido hicimos el sábado 30 y el domingo 31 de marzo.

Liverpool nos recibiría con una temperatura menos gélida que en Manchester, lo cual se agradeció enormemente. Fácil de recorrer a pie, ya que la mayoría de los sitios de interés se encuentran pegados unos a otros a lo largo de la línea costera, la primera mañana optaríamos por coger el ferry que nos pasearía durante una horita por el río haciendo una ruta circular. Antes de que os emocionéis, he de admitir que la siguiente perspectiva es lo mejor que capté: las vistas dejaban bastante que desear en general. Aunque algo más bonita, la ciudad de Liverpool cuenta con el mismo estilo arquitectónico que Manchester a lo industrial y grisáceo-triste-sucio, a excepción de un par de señoriales edificios litorales que ni siquiera llegamos a averiguar de qué iban.

Liverpool ferry

La ruta ofrecía la posibilidad de bajarse un par de veces o tres según los intereses de los pasajeros, con la posibilidad de volver a montarse en cualquier otro ferry que viniera posteriormente (habiendo pagado el recorrido entero, obviamente), por lo que aprovechamos una de las paradas para ver el Spaceport, un museo centrado en el sistema solar, muy interactivo y pensado en parte para los niños, con un planetario que nos relató la historia del universo a través de simpáticos muñequitos y con una (no sé cómo llamarlo más técnicamente) “nave espacial a tamaño real” con capacidad de movimiento (esto quiere decir que daba tumbos para reventar) y una secuencia en 3D que se nos hizo tela, pero tela, de larga. Más mareada que salí de aquel cacharro infernal…

A continuación, esta escalera se encontraba en el edificio en el que obtuvimos los tickets para el ferry, el cual resultó ser una tienda repleta de artículos mitad de los Beatles y mitad de Elvis Presley.

Beatles songs

Enfrente de dicha tienda se encontraba el Museo de Liverpool. ¿Qué tiene? Pues mirad, tal miscelánea de cosas que no podía ir más perdida tratando de prestar atención a cada una individualmente, una hazaña imposible. Ahí han metido absolutamente todo lo relacionado con la ciudad y su historia a presión, tanto que hasta nos saltamos una planta, no nos daban las ganas para más. Por allí me encontré con la pared esta y me gustó, con su cuasi-impoluto cielo azul y sus esperanzadores rallos de sol envueltos, a mis ojos, de un halo de misterio, de historia entre líneas (o entre ladrillos, ¡já!), como si de un romanticismo previamente reprimido y recién liberado para escapar, expandirse y volar muy alto se tratara.

pared cielo

A cinco minutos largos caminando desde el Museo de Liverpool,  toparíamos con el Albert Dock (que suena bastante mejor que “El Muelle de Alberto” pero, se siente, es lo mismo), un espacio caracterizado por una serie de museos estratégicamente posicionados formando un amplio rectángulo por cuyo interior fluye el agua felizmente. Decidimos saltarnos el Museo Marítimo y el Museo de los Esclavos porque, con todo el respeto, para ver barquitos y escenas desagradables preferíamos amortizar el tiempo de otra manera.

Albert Dock Liverpool

Así pues, nos metimos en el Tate Modern que, como su nombre indica… Rarito, requisito imprescindible de cualquier museo o galería de arte moderno. Nada que destacar. Donde realmente me entretendría, recrearía y pararía prácticamente en cada rincón donde se me apareciera un número de la audioguía sería en el museo propiamente de los Beatles, The Beatles Story, completa y satisfactoriamente ambientado e impregnado del recorrido vital de la banda entre escenarios, fotografías, textos y multitud de elementos varios. El comienzo, cómo se conocieron, lo que les costó ser escuchados y darse a conocer, éxitos, público (histéricas que se ponían las jovencitas), diferencias, separación, camino independiente de cada uno. Me ha costado elegir pero he optado por mostraros la reproducción del espacio en el que se presentarían por primera vez en Liverpool en el club The Cavern.

IMG_0448

A su vez, enunciados por doquier, como esta cita de George Harrison que procuraré traducir lo más acertadamente posible: se puede llegar alto, y más alto, y para llegar realmente alto – quiero decir tan alto que puedas caminar sobre el agua – ahí es adonde voy.

George Harrison quote

The Beatles Story sería la última visita del sábado 30, antes de perdernos bestialmente de vuelta a la estación de autobús para regresar a Mánchester y que nos saliera mal tratar de coger un autobús anterior al haber reservado los tickets por Internet. Resultado: tiempo de vida inútil y menos horas de sueño. ¡En fin!

Madrugón de nuevo el domingo 31 de marzo (6.30am, al igual que el sábado para llegar tempranito a Liverpool y verse todo lo visible). ¡A piñón, señores!

Foto-portada de disco de mis hermanos que no he podido contenerme a colgar, rodeados de un porrón de adorables maletas de piedra que nos encontramos esparcidas por una plaza cualquiera. Nótese el estado de congelación permanente que llevó mi hermano menor (a la izquierda) en el cuerpo durante todo el viaje. El pobre, es lo que tiene la falta de costumbre, tanto que mi hermano mayor no llevaría su propia bufanda desde el minuto “hostia, qué frío”.

Liverpool stone suitcases

Naturalmente, había que echar una ojeada al China Town de Liverpool, miniatura ultra cutre del de Londres. Vamos, que sólo se salva de curiosa la puerta porque la calle que la seguía exponía, si acaso, tres penosos restaurantes chinos. Vale que eran las 8 y pico de la mañana pero la perspectiva de los locales cerrados hacía el barrio aún más lamentable. Total, no lloremos, la entrada aún se dejaba mirar.

China Town Liverpool

Y, para terminar la primera Liverpudlian part, un bar carismático. Salta a la vista el porqué, ¿no?

Irish American Bar Liverpool

¡Hasta la próxima entrega! No os perdáis las catedrales (sí, a falta de una, dos, y una tremendamente hippie) de Liverpool y la sorprendente afición por plasmar frases profundas en fachadas :).

Manchester City: dos días intensos

¡Muy buenas!

Hoy he venido a hablar del viaje que hice con mis dos hermanos por Semana Santa. Cabe aclarar de antemano que, teniendo en cuenta la cantidad de blogueros que habrá escrito sobre esta ciudad y Liverpool, he decidido colgar las fotos que me apetezca, elementos que me hayan llamado la atención de alguna manera, en vez de centrarme concienzudamente en mostrar la parte turística. Solo afirmaré que podéis recorrerla felizmente caminando en su mayor parte y ayudados por un buen mapa, fácil de obtener en el centro turístico situado en Piccadilly Gardens. Lo único que se encuentra más alejado son los dos estadios.

Comenzamos pues: en Inglaterra, eran festivos el viernes 29 de marzo y el lunes 1 de abril, así que tras hacerme el apaño de pedirme libre el jueves 28, la tarde-noche del miércoles 27 me hallaba de camino a Mánchester. Dos apacibles horitas en tren (34 aceptables libras comprado un mes antes, poco más tarde se habría colocado en 67 pavos y a saber si más) y para el hotel, cómicamente llamado Walkabout. La comicidad del asunto se basa en que, al decirme mi hermano el nombre, pensé: “¡anda, mira, como dos o tres discotecas de Londres!”.

Walkabout ManchesterEfectivamente, al llegar al sitio (tras desubicarme y tardar más de media hora pero bueno, al menos me vi parte de la ciudad de noche), aquello consistía en una discoteca incrustada en el edificio que era nuestro hotel. Bueno, hostal (muy) cutre más bien. Total, es lo de menos, su función estaba cubierta: emplearlo en dormir y ducharnos.

De bienvenida, un hermoso cartel frente a los ascensores avisando de que, debido a la posición del local, podría haber ruido hasta las tres de la mañana y que “disculpen las molestias”. Más anchos que Pancho se quedaron. Esto no lo ponía al realizar la reserva, aunque afortunadamente mi querida madre triunfó al comprarme tapones para no escuchar los ronquidos de mi hermano. Ni ronquidos ni nada, sorda me quedé durante las cinco noches. He a la derecha la puerta del susodicho club, al hotel se accedía por unas escaleras situadas a un lado.

Los dos días en Mánchester, jueves 28 y viernes 29, se sucederían en modo visita de todo monumento mínimamente relevante: el ayuntamiento, la catedral, el barrio chino, los distintos museos, etc. La siguiente imagen pertenece a la Manchester Art Gallery (Galería de Arte de Mánchester). Curiosa, ¿no os parece?

Museum Modern Art Manchester

Como en todo viaje, la comida jugaría un papel importante. Debimos de consumir el cuádruple de la cantidad dignamente humana pero bueno, ya se sabe que en estas ocasiones el argumento “estamos de vacaciones” lo arregla todo. Sin embargo, puedo afirmar que no nos alimentamos mal en sí. Productos ricos en hidratos de carbono, desde luego, para darnos energías, y bastantes platos británicos. Primera cervecita de los tres hermanos juntos :).

cerveza hermanos

Lamento admitir que no me quedé con el nombre de este pub, en el que nos atendieron estupendamente. La agradabilísima camarera sesentona se sorprendería enormemente de que dedicáramos nuestras vacaciones a visitar Mánchester en vez de ir a España en busca del sol. Cosas de la vida, por suerte el tiempo no sería malo como tal, sólo hizo un frío infernal, especialmente en Mánchester más que en Liverpool. Seguidamente, un maravilloso cartel expuesto en lo alto de la barra. Más claro, agüita.

Be nice or go home

En nuestra visita al estadio del Manchester United, al cual se llega empleando el tranvía que cruza la ciudad y que me acojonaba constantemente al aproximarse sin dar muchas señales de su cercana y aniquiladora (en mi mente) presencia, nos cruzaríamos por el camino con un súper edificio… de Kellogg’s! Dedicado a mi padre, frecuente consumidor de ellos, si no actualmente, con anterioridad.

Kellogg's building Manchester

A unos 10-15 minutos a pie del estadio se encontraría el Imperial War Museum (Museo Imperial de la Guerra). No he visto el de Londres mas ya se sabe que cuando vas de visita a un sitio, te lo acabas viendo bastante más en profundidad que la ciudad en la que vives habitualmente. Miedo me da el día que tenga yo que enseñar Jerez a alguien. Pues me resultaría bastante interesante para el pesar que conllevaba su temática. Resulta que, cada media hora, las luces se apagan y los altavoces abren paso al relato de aquella tragedia, caracterizada por una retahíla de testimonios que nos dejarían con los pelos de punta, y acompañada por fotografías proyectadas en las paredes. Nos despejaríamos finalmente con las atractivas vistas desde lo alto del edificio.

Mánchester from Imperial War Museum

Mientras que el sábado 30 y el domingo 31 de marzo los dedicaríamos a ver Liverpool yendo y volviendo en autobús desde Mánchester (cosa que se decidió por el bajo precio del hostal y de los traslados de una ciudad a otra), aún tendríamos la mañana del lunes 1 de abril para visitar el Museum of Science and Industry (Museo de la Ciencia y de la Industria) en Mánchester.

Esta frase rodeada de tonos cálidos (los cambios que hemos visto a lo largo de los últimos 30 años son pequeños comparados con los que veremos en los próximos 30) ilustraría una gran verdad: apabullante el ritmo al que progresan las nuevas tecnologías e influyen en nuestra forma de vivir y ver la vida, ¿no es así?

cambios épocas changes generations

Un personaje majo el John Dalton para lo que afirmaría sobre sí mismo en relación con el compromiso: mi cabeza está demasiado llena de triángulos, procesos químicos y experimentos eléctricos como para pensar mucho en el matrimonio.

Dalton never married

Y un párrafo que me encandilaría: siento energía a través de todo mi cuerpo, mi aura, chakras, y mi consciencia en expansión; lo que llamo mi “Felt Sense” (llamémoslo en español “experiencia empírica”). Creo que proceso estas sensaciones, en parte, empleando algo del 90% de mi cerebro humano que la ciencia dice que “no usamos” porque no entiende la energía sutil, cómo detectarla, o medirla porque no es electricidad o química. No tiene sentido para mí pensar que tanto de nuestro cerebro es tejido inútil. La naturaleza y la creación no habría desperdiciado ese espacio.

aura chakras

Ahí queda eso.

En conclusión, sinceramente la ciudad es bastante fea en comparación con preciosos pueblos menores como Oxford o Bath, ya que ofrece un permanente tono gris sucio y pesaroso a lo largo de su arquitectura mientras que, por añadidura, la inmensa mayoría de los museos y monumentos se manifiestan como un calco desvirtuado de los de Londres, portando en muchas ocasiones hasta las mismas denominaciones. No obstante, como habéis podido comprobar, no faltaron elementos que se me quedaran grabados y provocaron ciertas emociones en mi espíritu que pertenecen y se identifican con la ciudad de Mánchester, así que doy fe de que, en general, mis hermanos y yo quedamos satisfechos de haberla visto en condiciones y tacharla de la (larga) lista de ciudades pendientes.

Muy pronto, Liverpool City.

Logroño y Navarra; nacedero del Urederra y pub alternativo de Viana

Llegada a Logroño la tarde del lunes 25 de abril tras haber visto San Juan de Luz y Hondarribia, con el cuerpo para tirarse a la cama sin pensarlo mucho, pero acabó surgiendo una salida a tomar algo que me permitió ver la ciudad por primera vez. ¡Y me gustó! Quizá me la esperaba más normal, menos llamativa, parecida a Jerez digamos, pero las callejuelas, el ambiente y los característicos edificios, que no eran como en el del País Vasco pero seguía siendo bastante atractivo y diferente del sur arquitectónicamente. Me encandilaron bastante.

El puente de piedra de Logroño. Pero no lo vería hasta el miércoles 27 en un agradable paseo en bici por esta zona. El martes salió un poco diferente, inesperado, espontáneo, y extraordinario. Acabamos reuniéndonos al mediodía con tres personas más para coger en coche rumbo al nacedero del Urederra, en Navarra, lo que se tradujo en una magnífica excursión a través del campo. Una explosión de maleza en todo su esplendor, árboles, piedras, subidas y bajadas (a la ida fundamentalmente subir y a la vuelta bajar, obviamente), cuyo resultado tanto final como a ratos intermedio, acompañados por la caída del río, fue increíble paisajísticamente.

Cometí el gravísimo error de no llevarme el móvil y, por tanto, no dispongo de imágenes de la aventura, ni nadie más llevaba cámara, y las de Google no me convencen en absoluto, así que tendréis que conformaros con la imaginación a través de mis palabras, que, aún así, se quedan en muy poco comparado con vivir la experiencia. Espero volver algún día.

Tras la expedición, decidimos acercarnos a Viana, situado en la misma provincia, y nuestro turismo allí se limitó a mirar un par de calles de las pocas que tendría y decantarnos por acomodarnos al exterior del bar más heviata que he visto en mi vida (del que tampoco dispongo de foto, claro, maldita sea…). Unas paredes con una decoración de impresión, y la música que le corresponde a esta clase de locales a buen volumen. Estuvo genial, muy agradable el rato tomando un calimocho y hala, vuelta para Logroño, de cerveceo (para no variar) y bocadillo de tortilla, más a gusto que en brazos.

Volvemos a la espléndida vuelta en bici del miércoles para enseñaros el puente de hierro. La temperatura era buenísima, el sol calentaba pero la brisa impedía caer en sudores corporales incómodos.

Islote frondosísimo ahí en medio del Ebro, que no sé si tendrá nombre. Así pues, recorrimos un poco esta zona del extremo norte de la ciudad. El parque del Ebro, el parque de la Ribera (siguiente imagen)… Mucho verde por todos lados, para no perder las buenas costumbres del norte que llevaba ya visitado a estas alturas.

Y, a continuación, un par de últimas alucinantes vistas, tomadas desde lo alto del Monte Cantabria, a cuya cima se tardará unos 10 minutos en llegar en coche desde Logroño y que constituye un sitio perfecto para relajarse, reflexionar y, en general, para dejar volar la mente. Nunca parece haber nadie allí arriba, si acaso alguna pareja de vez en cuando, pero realmente vale la pena si queréis ver toda la ciudad por encima.

De derecha…

…¡a izquierda!

La tarde transcurrió tranquila, atípica. Después de tomar un helado buenísimo cuyo nombre no recuerdo (quizá de amarenas pero igual me lo estoy inventando), acudí a una charla en contra de la energía nuclear que habría resultado muy interesante de no haber tenido tantísimo sueño (mortal, mucho me temía pegar alguna bestial cabezada allí en medio), pero a la hora del debate la cosa se animó bastante y escuché atenta las intervenciones de los asistentes.

Y poco más… Finalmente, vuelta por la Laurel, la calle gastronómica por excelencia de Logroño; cena a base de (más) cerveza, patatas bravas (con salsa muy picante) y calamares, y a descansar, que el jueves había que echar a buena hora, 10 de la mañana, cuatro horitas de autobús para Madrid. Cuatro clavadas, ¿eh? Patidifusa me quedé con la aplastante puntualidad.

Pues nada, aquí se acaba un relato de lo más significativo para mí. Fueron unos días estupendos que salieron de lo mejor, sin planear demasiado. La ruta de los dos primeros días y medio sí, que había que reservar los hoteles y organizar un poco el tránsito por la carretera, pero en general idóneo, soberbiamente ajustado y repartido el tiempo en cada lugar y con muchas imágenes que permanecerán en mis recuerdos más preciados.

Espero que hayáis disfrutado de estos posts y, si no habéis estado en el norte de España, que os animéis a visitarlo algún día. ¡Hasta la próxima!

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