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Posts Tagged ‘alcohol’

Cual casa de putas

Relato ficticio. Autora: María González Amarillo.

Circe se mira al espejo. No se reconoce. Un rostro demacrado, machacado, reventado por el roce. Como si sus más terribles miedos estuvieran intentando salir a través de las mejillas, minando en su furia la piel, marcándola, rasgándola, enrojeciéndola. Unos ojos tristes y ensombrecidos color miel forman parte de este tenebroso cuadro, de esta nariz desconocida, de estos labios medio arrancados, de estos pómulos cuyas marcas no son las típicas de la almohada. Preciosa Circe, ¿qué te has hecho?

Una alegre noche, ¿eh? Una maravillosa velada truncada por los objetos de deseo. Te sentías bella, imponente, fabulosa. Nada podía contigo, arrasabas a tu paso. Tus ojos brillaban e invitaban al placer, tus labios relucían con su intenso carmín, tu amplia sonrisa cautivaba a todo el que se encontrara alrededor y tus movimientos de caderas se sabían perseguidos por miles de miradas.

Y volviste a cometer el mismo error. La piedra de siempre está a punto de desaparecer en forma de gravilla de tanto tropezarte, bonita. Te divertiste con uno, con otro, un tercero, otro más. ¿Dónde está tu límite? Bueno, aún así, no dejaba de ser una situación agradable, incluso cariñosa. Bailar, prestar besos, repartir amor por todo el espacio…

Hasta que le metiste en tu casa. Ya sabías por el camino que no era buena idea. ¡Ay, linda y joven Circe! Te dejaste llevar demasiado. Rebasaste la línea. Y solo tú tienes toda la culpa. Por suerte, solo te insistió un poco para que le hicieras una felación. Te negaste, por supuesto, ¡aquello era demasiado! Él te presionó un poco más. Empezaste a llorar. Eso no se lo esperaba. Te acordaste de que no era la primera vez que te sucedía. Hacía ya tanto tiempo, que se te había olvidado el asco que te daba ese tipo de situación. Te acordaste de todas las veces anteriores y te insultaste.

Pero, sobre todo, te acordaste de él. Del protagonista de tus sueños. Del que realmente se preocupa y vela por ti. Del que siempre te acuerdas cuando te sientes mal a raíz de cada uno de esos malditos polvos innecesarios. Del dueño de tu corazón y la melodía que impregna todo tu cuerpo de su ser.

Y, aún así, dejaste que aquel impostor te penetrara, en vez de echarlo inmediatamente de tu territorio, de tu único mini-cosmos personal. ¿No te gustó? Claro que sí, lo físico se disfruta por naturaleza. Mas, en realidad, lo que más ansiabas era que se acabara ya. Al menos, se había puesto un condón, no todos lo habían hecho. Tampoco le habrías dejado… ¿verdad, Circe? Mira, otro golpe de suerte: acabó rápido. Te alegraste enormemente por la existencia de la eyaculación precoz.

Entonces, tal cual se separó, te dijo: “bueno, guapa, pues lo siento pero me voy a tener que ir”. Hasta ese momento ni te habías planteado el querer que permaneciera contigo. De hecho, era lo último que deseabas pero, en cuanto soltó aquella blasfemia, como si tú le hubieras suplicado que se quedara, te jodió. Porque le había faltado tiempo para huir, para quitarse de en medio. ¿Para qué dar ni medio abrazo cuando ya se ha descargado el material?

Y en cinco minutos y dos besos, cerraste la puerta. Para no volver a verlo nunca más. Para sumirte en las tormentosas profundidades de la inconsciencia y la inmadurez. Para recordarte lo imbécil que has sido, en resumidas cuentas.

Sucia. Te sientes sucia. Corres a la ducha, te frotas hasta hacerte daño incluso, y no te importa porque te lo mereces por haberte faltado el respeto a ti misma una vez más. Vuelves a tu habitáculo contaminado de su esencia y ni miras las sábanas corrompidas mientras las arrancas para cambiarlas y romper todo lazo mental. Por fin puedes tumbarte tranquila. Respirar hondo, reflexionar, prometerte una vez más un “basta”, un “nunca más”, un intento por preservar la propia dignidad que se te había escapado en escasos minutos.

Y así fue como la hermosa e inocente Circe erró de nuevo. Volvió a permitir que usurparan su intimidad bajo los efectos del encanto y del alcohol. Y el intruso indebidamente invitado, tal y como había venido, se había ido de su pequeña madriguera, sin mirar atrás, sin procurar honrar su integridad manchada ni su humilde morada. Cual casa de putas.

Los 20añeros y el alcohol (II)

Hace unos cuantos meses, concretamente el 25 de septiembre de 2010, redacté un post relacionado con este tema, aunque en plan muy anecdótico y coloquial, en el que me enrollé como las persianas y empecé contando una encuesta que me habían hecho por la calle para terminar confesando un desastre casero a causa de una noche demasiado desfasada. Mi conclusión era que el alcohol será malo pero qué bien que se pasa.

Bueno, eso sigue siendo bastante cierto, pero doy gracias a… a mí misma por haber recapacitado en torno a ese asunto. Me alegro de que se trate cuestión de etapas, porque realmente se puede convertir en un problema grave. No ser dueño de tu propio cuerpo, no servir para nada productivo al día siguiente de haberte sobrepasado, no acordarte de lo que has hecho o arrepentirte… Veo a la gente perder el control, volverse extremadamente sociable y simpático, bailar, gritar, cambiar drásticamente de humor. ¿Quién habrá detrás de esas personas?

La verdad es que ahora no me siento del todo orgullosa de aquel post tan alegre y desenfadado que escribí pero bueno, como he dicho, creo que son etapas por las que hay que pasar o suceden involuntaria y espontáneamente, y negarlas u ocultarlas me parecería engañarse a sí mismo, aparte de una chorrada, no se pierde la dignidad por comentar borracheras pasadas. Además, inmortalizar por escrito o rememorar ciertas experiencias te permite comprobar posteriormente tus cambios, tus costumbres. Tu evolución, tu madurez.

Pero ya le tengo mucho más respeto al alcohol. Por suerte, al menos me ha bastado con la experiencia de un año aproximadamente para reflexionar a fondo e incluso cogerle cierto asquito. Y lo peor no es el cuerpo deshidratado o débil, sino lo que le afecta al cerebro, a las neuronas, a las facultades mentales. Pérdidas de memoria, lagunas brutales… ¿Vale la pena pillársela tan fuerte?

Por supuesto, lo sigo respetando muchísimo y viéndole todo el sentido del mundo como una parte más de la vida que es (lo que tampoco significa que yo vaya a dejar de hacerlo), pero no me he podido contener a darle algunas vueltas al daño que hace en sí. Los perjuicios científicamente probados. Desde luego, esto se parece a como cuando miras el prospecto de un medicamento y ves que al tomarlo te avisa de que algunos de los efectos secundarios se traducen en mareos, vómitos, dolor estomacal, sueño, fiebre, hemorragias, dolor de cabeza, joder, pues para eso mejor no tomarlo, ¿no? No, no hay que entenderlo así, pero no está de más informarse y estar prevenido. Aquí tenéis el artículo de la Wikipedia sobre los efectos del alcohol en el cuerpo, por si os interesa. Apunte: no es agradable, pero sí realista, como a mí me gusta.

Frase del día: el alzheimer me da auténtico pavor.

Pd: fin de semana de feria en Jerez, gran ocasión para llevar a cabo un estudio sociológico. Pero como ya los habrá a patadas probablemente y tampoco me apetece rallarme más de lo que llevo haciéndolo últimamente, me limitaré a ir de caseta en caseta (tras echarme una siesta) y disfrutando de mis amigos y de mi familia (y comiendo que da gusto, como siempre en casa), que el tiempo se pasa rápido y mañana ya estoy de vuelta en Madrid. ¡Que lo paséis bien!

Pequeñas criaturas

Que no le vayas con esa cara inocente, guiño de ojos, mano en garfio en señal de que se acerque.

Que no le hables de buen rollo cuando tu objetivo es metérsela.

Que no le invites a una copa, que no está en venta ni es una puta.

Que no le mientas para tratar de impresionar, que luego te reduces a una basura de recuerdo, una bazofia, un error.

Que no juegues con ella, que no es un jodido instrumento sexual.

Que no la sobes, no le insistas, no le toques, no la agobies, ella solo se quiere divertir.

Que no le lleves a tu casa para “dormir juntitos” cuando te la quieres follar.

Así se levantan niñas de 13 años en camas desconocidas, sábanas manchadas de sangre y ojos bañados en lágrimas. Y un cuerpo masculino durmiente dándoles la espalda, ocultando su rostro entre sombras, indiferente, impasible, saciado, importándole ya un carajo todo romanticismo.

Pequeñas criaturas inconscientes que salen con la idea de bailar y pasarlo genial con sus amiguitas pero al atravesar la puerta de mamá y papá se emborrachan, intentan andar en tacones de diez centímetros de altura con un resultado lamentable, desenfundan los vaqueros y guardan el fular en el bolso para desfilar con un vestidito despampanante y lanzan miraditas a todo ser con polla que les hace un mínimo de caso y que normalmente les pasará varios años de ventaja.

Vamos, que llevan el coño al aire y se pasan la lengua por los labios cual mini-putón berbenero y luego pretenden que las respeten.

Entonces… ¿quién tiene la culpa?

Los 20añeros y el alcohol

[Nota (15-5-2011): si leéis este post, os invito a proseguir con la segunda parte, una reflexión personal escrita concretamente ocho meses después, para que veáis cómo pueden cambiar las tornas en la vida, y en relativamente poco tiempo en este caso. La madurez es lo que tiene; va soltando sus pullas hasta que te demuestra dolorosamente (pero por tu bien) que lleva toda la razón]

A sugerencia de la señorita LP, he comenzado a escribir este post cuyo título ha sido aportado por ella, motivada por el deseo de que me ponga a hablar de ese tema y descojonarse un rato, como bien le gusta al leerme.

Pues bien… Es complicado. Bueno, en verdad no.

Yo antes pensaba que no hacía falta beber para pasarlo bien. Antes de los 19 años, que es cuando empecé, y menos mal, porque a este ritmo llego a empezar a los 16 como todos los de mi generación y no sé yo cuántas neuronas me quedarían.

Ahora… tampoco lo pienso, para nada, me parece tristísimo. Eso sí, no concibo un fin de semana sin beber, ¡oh! O un día a la semana, mejor dicho. Los primeros meses que bebí fueron fantásticos: no tenía resaca ninguna. No entendía por qué la gente se levantaba y pasaba un día pos-borrachera tan malo. Ya sí les comprendo, y no es nada agradable.

Una buena noche la de ayer… La mejor frase por excelencia fue: mi padrino también la tiene grande, gorda y dura.

Hablábamos de tripas/barrigas pero, ¿a que habéis pensado mal? Mentes perversas…

Cuando me he despertado… Bueno, empiezo por el principio. Ayer madrugué para ir a ver una exposición en el Reina Sofía, en Madrid, con mi amiga la vasca. Me despierto a las 9:30, me ducho, y a las 9:47 recibo un mensaje y pienso “al carajo, ya se ha rajado”. Efectivamente. La muy pava va y me dice: Marii tia que me he quedado dormida, podemos ir el lunes? Qué iba a hacer yo… Ok, vamos el lunes 😉.

Fotito bonita del Thyssen, para amenizar tanta letra. Deben de haberla retocado porque no recuerdo los colores tan intensos…

Así que me metí en internet y encontré otra exposición, en el Thyssen, de la que escribiré proximamente, y para allá que fui. Ya que había madrugado, no me iba a quedar en casa. Pues yendo por la Gran Vía me para una mujer y me pide un momento para hacerme una encuesta, “no es para vender nada”, pues venga, vale. Ya que me había sentido regular al decirle que no a aquella otra mujer (quinto párrafo), a esta no la rechacé, total, para lo que tenía que hacer. Era muy maja, y la pobre solo había conseguido hacerle la encuesta a una persona, y por lo visto llevaban cinco días. Entramos en el hotel de al lado y me empieza a llevar por unas escaleras y un pasillo y a medida que el recorrido se me iba haciendo más largo yo pensando: verás que ahora me raptan aquí…

Pero no, llegamos a una sala y me senté. Lo que se supone que era un minuto se convirtió en 10 pero bueno, tan simpática estaba la señora que me dio igual. Tenía que ver un anuncio de Sanex y responder a unas preguntas, un porronaco de preguntas, de las cuales la mitad se repetían como los garbanzos. Esa encuesta no se le podía hacer a gente que trabajara en el sector publicitario o relacionado pero como yo todavía soy estudiante (de periodismo + CAV, por las dudas) no contaba. Me grabó unas pocas respuestas y cuando paró la grabadora me dijo: se nota que sabes sobre esto, la gente no habla así. (Cara de satisfacción) ¡Já!

El caso es que esta mañana empiezo a oir zumbidos del móvil en silencio, y yo uf… En verdad me ha venido bien, eran las 13:13, porque ni siquiera me había puesto la alarma al acostarme y a las 15:30 tenía clase, o sea que capaz de haber dormido hasta esa hora o más tan tranquila. Contesto con toda la voz de resaca: seh…?

Mira, que es para comprobar si has hecho una encuesta… Aaah (tratando de mostrarme un poco menos cuajada: intento brutalmente frustrado), sí, sí, la hice ayer por la mañana. Joder, me tuvo que hacer como 5 preguntas para cerciorarse, coño, ¿pues no te he dicho ya que sí? A una pregunta que no me enteré le dije “sí” por decir algo y me dice: ¿sí te dedicas al sector publicitario?, y yo: ¡ah! ¡no, no! Claro, habría jodido a la mujer que hizo la encuesta.

Y de esto que me incorporo… Mamá, sé que vas a leer esto pero tengo que contarlo, una mañana chunga la tiene cualquiera y no te preocupes, que nunca me ha pasado y nunca (espero) me va a volver a ocurrir. Pues resulta que me encuentro una pota al lado de la cama. ¡UNA POTA! Sin gafas ni lentillas, visibilidad borrosa, distorsión involuntaria de la realidad y sensación corporal cual perro apaleado, digo: no me lo creo… Miro otra vez, ¡me cago en la puta, pero esto qué es!

Lo único positivo que le saqué es que al menos me hizo fregar un metro cuadrado de mi casa, que falta le hace… No se asusten, me acuerdo de toda la noche, menos de aquello. Y la culpa la tiene el vodka de LP, que yo no supe que era ese famoso absolut de 50 grados hasta el día siguiente, es decir, hoy, un día de resaca de las grandes. Qué ascazo, qué forma de martirizarse el cuerpo, qué fatiga y qué de tó.

Nunca más. Nunca más así. No voy a decir “no voy a volver a beber” porque eso es una gilipollez que dice todo el mundo y nunca lo cumplen, obviamente. Es como hartarse de comer un día hasta acabar con ardor de estómago y decir: “nunca más voy a volver a comer”, ¿ondevá? Deja de mentir.

Y todo esto venía a santo de… Sí, los 20añeros y el alcohol. Y la noche de ayer. Genial, me harté de reir con LP en casa y luego nos reunimos con otras en Los Patos (parquecillo de aquí al lado donde bebe la gente en este pueblo), y lo último fue ir esta chica y yo a uno de los bares de la calle principal a saludar al puerta, que es amigo de ella, y bailar un poco. También allí vimos gente y nos reímos otro tanto. Um… Creo que tuvieron más culpa los chupitos a los que nos invitaron que el vodka… O en todo caso, fue el remate de los tomates, hay que ser burra.

El alcohol es malo, pero supongo que como el Counter Strike para mi hermano. Pierdes tela de tiempo un tanto contraproducente dedicándole muchas horas de tu vida pero, como me dijo un amigo sobre los videojuegos, ¡qué bien te lo pasas mientras!

Creía que me iba a tirar el fin de semana de relax pero RM, con fiebre ahora por cierto, ¡pero da igual!, quiere salir mañana como sea de lo bien que se lo pasó el sábado pasado, así que nada, habrá que reponerse un poco antes de lo que pensaba xD. Pero esta noche en casita, viendo Chicas Malas en Neox (nada como una chorrada cinematográfica para animarse) y acostándome a buena hora, a ver si me harto de dormir de una vez por todas.

Hala, ¡que paséis un buen fin de semana!

El reencuentro (I); Festival Arenal Sound

Hace poco caí en que se me pasó contar aquel fin de semana largo entre Córdoba y Castellón, con motivo de la invitación de mi amiga cordobesa EG a su casa y al festival Arenal Sound. Por lo visto era el primero que se celebraba y regalaron un montón de entradas, así que un día después de volver del camino y apenas asimilándolo, ya estaba preparando mi viaje al día siguiente hacia Córdoba, donde pasaría la noche y conocería a nuestra otra acompañante para el camino de ida a la Comunidad Valenciana, BP. Allí nos encontraríamos con otras dos chicas. Cabe destacar que hacía como 4 años que no mantenía una conversación en persona con EG, así que, como es lógico, teníamos una gran cantidad de acontecimientos atrasados por contarnos :D.

Paréntesis: iba en el AVE a Córdoba y por un momento una mujer se puso a hablar por el móvil a plena voz. ¿Por qué la gente se cree en el tren que todos los demás pasajeros se quieren enterar de su conversación telefónica? Guapa, salte a la plataforma y deja de molestar, que mira que encima la tienes cerca. Cierra paréntesis.

Así que el viernes 30 de julio salimos temprano para Castellón en coche. Nos habíamos acostado a las 2. Primer pensamiento al tocarme la alarma: 8 de la mañana y sudando, bienvenida a Córdoba. Llegamos en cinco horas y poco, perfecto. Qué calor más horroroso hacía. La putada del siglo, que aún no acabo de comprender su sentido, fue que no dejaban introducir en el camping bebidas de más de medio litro, y las que se metieran habían de estar en botellas de plástico. Agua sí, claro, pero por lo demás nada, ¿qué me estás contando? Eso lo único que hace es obligarnos a ir hasta el coche a beber, caminando 100 metros más allá, con lo cual cumplen muy bien la función de dar por culo. Pues nada, después de comprar provisiones, procedimos a fundirnos las litronas en el aparcamiento y empezaron los conciertos que valían la pena. Se estaba muy a gusto en cuanto a la gente, bastante pero bien repartida entre el camping, la playa y los escenarios, sin agobios. Vimos Marlango, que yo no lo había escuchado nunca ni sabía que Leonor Watling era cantante. El tipo de música no es que me apasionara pero me gustó el estilo de la tía ahí arriba.

Luego cometí el pequeño error de tirar para el coche a beber Almirante (muerte, no lo compréis nunca, yo quería Brugal pero la economía mandaba) pensando que el siguiente grupo, The Cranberries, mitiquísimo de mis 16-17 años, tocaría canciones nuevas y desconocidas para mí, pero cuando escuché de lejos tres canciones de las viejas que me encantaban, tiramos raudas hacia allí, y escuché otras tantas súper emocionada, cantando lo que podía y viendo a Dolores O´Riordan, la vocalista, darlo todo sobre el escenario.

Creo que ha sido el concierto que más he disfrutado hasta ahora :). Cuando acabó, nos fuimos a la playa a charlar un rato y nos acostamos allá por las 3 de la mañana, no muy tarde y con un ruidazo de fondo de los escenarios acojonante. Y así todo el fin de semana, entre los conciertos, el House matutino del otro escenario y las eternas pruebas de sonido (si el tío no dijo “uno, dos, tres, cuatro, hola, eh, sí” cuatrocientos millones de veces, no lo dijo ninguna).

A las 9 de la mañana, desperezándome sudada cual cerdo en aquel infierno de tienda (y mira que había un techo de tela sobre el camping y que nos situamos de manera céntrica entre otras tiendas, pero se ve que el calor quería llegar a todos los rincones, el mamón), fui a desayunar algo con BP y luego tiramos para la playa. No lo he dicho: nos encontramos exactamente en la playa del Arenal, Burriana. De ahí vendrá el nombre del festival, claro, al cual asistimos solo al último fin de semana pero que en realidad dura 10 días. Quizá nos quedamos un poco cortas pero yo allí más de una semana acabo hasta los cojones, me parece a mí.

Total, entretenidas conversaciones en torno a la amistad, libros, películas y demás, baño, almuerzo, tinto (qué bueno está el Sandevid) y las chicas se pusieron a jugar al Jungle Speed, el juego este de las cartas con figuras en el que si coinciden en la forma con otra persona al levantar la carta, tienes que coger el palo antes que ella, así explicándolo mal y pronto. Yo, tumbada sobre la toalla medio sobada, pasé del tema y me puse al ratito a escribir, que no me veía muy allá de reflejos en aquel momento. Me uní después, cuando sacaron las cartas de verdad para jugar a Culo. Fui la presi durante un buen rato :D.

A las 18:00 se fueron a ver a Lori Meyers las tres chicas y nos quedamos charlando EG y yo, prosiguiendo con el maravilloso relato de nuestros últimos años. A las 20:00 tiramos para el escenario pensando que tocaba Maldita Nerea, pero este grupo no salía hasta las 22:00. Dimos una vuelta, nos compramos una chapita de Amelie y un timo-chupachús de hachís, no encontramos a las otras niñas y nos dirigimos a los puestos para cenar. En mi caso, adquirí un kebab; EG, una hamburguesa, y admiramos alguna que otra naturaleza masculina en la cola. Volvimos al concierto y escuché la última canción de Maldita Nerea, El secreto de las tortugas, está chula, es la única que conozco de ellos. Almirante, fotos, Iván Ferreiro (al final el pobre tuvo que cantar la canción de cuando estaba con Los Piratas que le pedía el público, que yo no conocía pero vamos, debió de tocarle los huevos porque dijo: ya no soy de Los Piratas, aunque acabó cediendo, ¡gajes del oficio!), conversaciones con chicos de por allí, monumentos humanos por doquier (nunca había visto tantos hombres atractivos juntos), paseo por la playa, puerto y calles del pueblo.

Ni guapa la foto, vamos, se ve que Iván estuvo en Borneo hace un tiempo. Me ha encantado la imagen, así que para qué buscar otra.

A las 8:55 de la mañana, con una cara de derrotada brutal que menos mal que no tenía ni espejo donde mirarme, entré por fin en un bar para tomar el colacao que precedería a unas pocas horas de sueño. Creo que todavía ni habían abierto, estaban llegando los camareros, pero supongo que les di la lástima suficiente como para atenderme xD. Sobre las 12 me despertaron para recogerlo todo y el resto del domingo consistió en volver a Córdoba, porque nos perdimos y tardamos 3 horas más por lo menos. Por el camino almorzamos en un pueblo fantasma. Ni Dios por las tres calles que había, aquel restaurante carísimo y algún quinqui en una esquina, fin. Me tiré todo el viaje con los ojos cerrados, no podía mantenerlos abiertos, qué mal. Excepto la última media hora, más animada ante la perspectiva de llegar de una puñetera vez, siendo ya las 21 de la noche. Hala, a hartarme de dormir.

Conclusiones

Hoy una amiga me ha dicho que durante este verano se está conociendo mejor a sí misma y ha llegado a algunas conclusiones. Creo que igual mantendremos una conversación la mar de interesante haciendo balance sobre estos tres meses cuando volvamos a vernos a mediados de septiembre en Madrid City.

Un amigo me acaba de decir por el messenger: tu o tienes miles de plane o tas senta en el sofa.

Y no puede tener más razón. Un diminuto resumen de mis vacaciones. Hombre, todas las tardes procuro moverme de alguna forma y normalmente sale algo, es decir, siempre queda dar un paseo caminando o, últimamente, en bici, acompañada de mi gran compañero, el iPod. Pero si no fuera por ello, o estoy que no paro durante los fines de semana, o me hallo hundiéndome cada vez más en el sofá a medida que pasan las horas desde que me levanto hasta que ya resulta algo más humano, meteorológicamente hablando, asomarse a la calle.

También hemos hablado de que en nada nos veremos graduándonos. ¡La graduación! No sé si me agobia más el hecho de que esté tan cerca o la perspectiva de estar rodeada de un montón de personajes en un día tan , supuestamente, especial y una fiesta tan, muy supuestamente, fantástica y maravillosa. Un montón de personajes que por un día se harán pasar por tus grandes compañeros aunque no te hayan mirado a la cara casi todas y cada una de las veces que han pasado por tu lado, por esos pasillos que hacen EVIDENTE y PERFECTAMENTE visible a cada una de las personas con las que te cruzas.

¡Pero bueno! Será divertido observar, por otra parte, los conjuntitos de la gente, que siempre dan de qué hablar. En realidad, no soy de criticar la ropa de los demás, para nada, de hecho soy muy poco observadora, me llama siempre más la atención lo que me gusta y el resto me da igual, no suelo pensar que quede mal, solo si acaso que no me lo pondría (80% de la vestimenta que se mueve sobre la faz de la tierra) o que es cuestión de gustos, permaneciendo indiferente ante tendencias y modas. Eso sí que me agobia, encontrar un vestido que me convenza, ya puedo empezar a buscar, con el trabajito que me cuesta. Aunque para el caso igual pillo el que me compré para la graduación de segundo de bachillerato, que solo me lo he puesto para aquella ocasión (de la que no tengo fotos) y para un bautizo, menuda lástima. En fin, tengo todo el curso por delante y no me faltan amigas amantes incondicionales de las compras así que ya se irá viendo todo.

Total, que yo venía a hablar de mis conclusiones hasta lo que llevo de verano.

1. Las redes sociales son unos artilugios repletos de mierda y de falserío hasta los topes, pero no renunciaría a ellas porque me convienen, me permiten mantener el contacto con la gente que me importa y, mira tú por dónde, me facilitan la expansión de mi blog (que me la pela si lo leen o no pero me gusta bastante publicar los post por el facebook). Hay que saber emplearlas bien y tener cuidado para no prestar gratuitamente más información de la necesaria.

2. El libre albedrío puede ser peligroso, sobre todo para quien es nuevo en ello y está experimentando, pero siempre resulta muy positivo comprobar que se aprende rápido y con más consecuencias positivas que de cualquier otro tipo para la integridad física y emocional. Aquí entra, natural y especialmente, las relaciones interpersonales, que conllevan a sensaciones muy completas, en esencia para la… iba a poner psique pero viendo en la RAE que se refiere al “alma humana” y consultando la wikipedia, que ofrece unas parrafadas del copón, me reservaré la investigación y el uso de esa palabra para otro momento, así que pongamos que me refería a la formación como persona. Arriesgarse, conocer, chocar, reconsiderar, dejarse llevar. Aprender de la vida y en la calle, en estado puro.

3. El alcohol. No es que me haya hinchado, en absoluto, más bien lo normal, pero llevo un tiempo reflexionando sobre esa postura de la vida. La conclusión, como para la mayoría de las cosas, es la misma: en pequeñas dosis, todo sabe mejor. Y cuando toca una de esas dosis, cuanta menos también mejor, o no, lo justo y necesario, el equilibrio, el pasártelo bien y acordarte, básicamente. Las lagunas mentales No Son Satisfactorias, aunque ya creo que forman parte inherente de mí porque tanta mala memoria a lo largo de toda mi vida o no es normal, o es así y punto. No es una excusa, si tengo un blog es precisamente, entre otras cosas, para no olvidarme de mi juventud.

Suficiente por ahora. Lo gracioso es que después de estas conclusiones tan estupendas, seguiré haciendo lo que me dé la gana :D.

Río La Miel

Noche de sábado sensacional, como siempre con la PTP y una considerable dosis de alcohol. Barbacoa por el cumpleaños de J (al carajo la “dieta” una vez más, mañana empiezo en serio a comer exactamente como mi madre porque a este paso me van a confundir con una foca marina, cuyons), seguida de una divertidísima sesión del juego de la botella (flipo: ya estoy practicando más ese juego a los 21 años que en toda mi adolescencia xD), no veas si estaban los muchachos ilusionados cada vez que les tocaba un colega, y mira que son todos hetero. ¡Ese es el espíritu, seguros de su sexualidad y sin tapujos!

Y para culminar, naturalmente había que dirigirse al Comedia. Típico rato de baile, durante el cual al parecer se hicieron un porrón de fotos y yo no me enteré de ninguna… De todas formas solo salgo en una pero vamos, ya de por sí debería acordarme del flash al menos. Se ve que en el culmen de mi estado semi-eufórico festivo no cabía lugar para apreciar cámara alguna, solo abría paso al movimiento rítmico en consonancia con el resto del universo, el resto dedicado en exclusiva y justo en esas horas precisas al mismo motivo, destino y finalidad: abandonarse en cuerpo y alma a la música, a la desvergüenza, a la danza, a los demás, al tiempo en stop solo para nosotros, a la noche que nos pertenece, al espacio que nos ha sido dado para llenarlo de zapatazos y de amor.

¿Hola? Vaya cursilada la última palabra. Pero quedaba bien. De novelita. Me ha gustado la parrafada. Sí, quédome satisfecha.

Y hoy, después de unas 3 horas de sueño, que las he sentido tan intensamente como si de tres segundos se hubieran tratado, me ha despertado la llamada que me llevaría a replantearme por unos largos, amargos  y resacosos minutos el levantarme o no para ir a visitar el Río La Miel, situado más allá del municipio de Los Barrios, en esta nuestra provincia gaditana. Una hora en coche y unos 40 minutos andando a través de la maleza, con el murmullo del agua corriendo y los chillidos permanentes de miles de millones de cigarras, para llegar por fin a un pequeño rincón de tierra donde dejar las cosas, junto a un amplio charco de frías y apacibles aguas sobre las cuales caía una torrentosa cascada. Me costó un poco al principio encaramarme para situarme bajo esta pero al final, aprovechando que nadie miraba, lo conseguí. Entonces ya les llamé victoriosa para que me vieran allí sentada, cual podio olímpico.

Y nada, allí hemos pasado la tarde. En cuanto tenga fotos os colgaré algunas para que lo veáis :).

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Bravo por este breve diálogo:

– Jai omá, qué caló, tengo un viaje de sed pero no me quiero levantar.

– Yo también, jajaja, de hecho, llevo un rato así.

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