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Los 20añeros y el alcohol

[Nota (15-5-2011): si leéis este post, os invito a proseguir con la segunda parte, una reflexión personal escrita concretamente ocho meses después, para que veáis cómo pueden cambiar las tornas en la vida, y en relativamente poco tiempo en este caso. La madurez es lo que tiene; va soltando sus pullas hasta que te demuestra dolorosamente (pero por tu bien) que lleva toda la razón]

A sugerencia de la señorita LP, he comenzado a escribir este post cuyo título ha sido aportado por ella, motivada por el deseo de que me ponga a hablar de ese tema y descojonarse un rato, como bien le gusta al leerme.

Pues bien… Es complicado. Bueno, en verdad no.

Yo antes pensaba que no hacía falta beber para pasarlo bien. Antes de los 19 años, que es cuando empecé, y menos mal, porque a este ritmo llego a empezar a los 16 como todos los de mi generación y no sé yo cuántas neuronas me quedarían.

Ahora… tampoco lo pienso, para nada, me parece tristísimo. Eso sí, no concibo un fin de semana sin beber, ¡oh! O un día a la semana, mejor dicho. Los primeros meses que bebí fueron fantásticos: no tenía resaca ninguna. No entendía por qué la gente se levantaba y pasaba un día pos-borrachera tan malo. Ya sí les comprendo, y no es nada agradable.

Una buena noche la de ayer… La mejor frase por excelencia fue: mi padrino también la tiene grande, gorda y dura.

Hablábamos de tripas/barrigas pero, ¿a que habéis pensado mal? Mentes perversas…

Cuando me he despertado… Bueno, empiezo por el principio. Ayer madrugué para ir a ver una exposición en el Reina Sofía, en Madrid, con mi amiga la vasca. Me despierto a las 9:30, me ducho, y a las 9:47 recibo un mensaje y pienso “al carajo, ya se ha rajado”. Efectivamente. La muy pava va y me dice: Marii tia que me he quedado dormida, podemos ir el lunes? Qué iba a hacer yo… Ok, vamos el lunes 😉.

Fotito bonita del Thyssen, para amenizar tanta letra. Deben de haberla retocado porque no recuerdo los colores tan intensos…

Así que me metí en internet y encontré otra exposición, en el Thyssen, de la que escribiré proximamente, y para allá que fui. Ya que había madrugado, no me iba a quedar en casa. Pues yendo por la Gran Vía me para una mujer y me pide un momento para hacerme una encuesta, “no es para vender nada”, pues venga, vale. Ya que me había sentido regular al decirle que no a aquella otra mujer (quinto párrafo), a esta no la rechacé, total, para lo que tenía que hacer. Era muy maja, y la pobre solo había conseguido hacerle la encuesta a una persona, y por lo visto llevaban cinco días. Entramos en el hotel de al lado y me empieza a llevar por unas escaleras y un pasillo y a medida que el recorrido se me iba haciendo más largo yo pensando: verás que ahora me raptan aquí…

Pero no, llegamos a una sala y me senté. Lo que se supone que era un minuto se convirtió en 10 pero bueno, tan simpática estaba la señora que me dio igual. Tenía que ver un anuncio de Sanex y responder a unas preguntas, un porronaco de preguntas, de las cuales la mitad se repetían como los garbanzos. Esa encuesta no se le podía hacer a gente que trabajara en el sector publicitario o relacionado pero como yo todavía soy estudiante (de periodismo + CAV, por las dudas) no contaba. Me grabó unas pocas respuestas y cuando paró la grabadora me dijo: se nota que sabes sobre esto, la gente no habla así. (Cara de satisfacción) ¡Já!

El caso es que esta mañana empiezo a oir zumbidos del móvil en silencio, y yo uf… En verdad me ha venido bien, eran las 13:13, porque ni siquiera me había puesto la alarma al acostarme y a las 15:30 tenía clase, o sea que capaz de haber dormido hasta esa hora o más tan tranquila. Contesto con toda la voz de resaca: seh…?

Mira, que es para comprobar si has hecho una encuesta… Aaah (tratando de mostrarme un poco menos cuajada: intento brutalmente frustrado), sí, sí, la hice ayer por la mañana. Joder, me tuvo que hacer como 5 preguntas para cerciorarse, coño, ¿pues no te he dicho ya que sí? A una pregunta que no me enteré le dije “sí” por decir algo y me dice: ¿sí te dedicas al sector publicitario?, y yo: ¡ah! ¡no, no! Claro, habría jodido a la mujer que hizo la encuesta.

Y de esto que me incorporo… Mamá, sé que vas a leer esto pero tengo que contarlo, una mañana chunga la tiene cualquiera y no te preocupes, que nunca me ha pasado y nunca (espero) me va a volver a ocurrir. Pues resulta que me encuentro una pota al lado de la cama. ¡UNA POTA! Sin gafas ni lentillas, visibilidad borrosa, distorsión involuntaria de la realidad y sensación corporal cual perro apaleado, digo: no me lo creo… Miro otra vez, ¡me cago en la puta, pero esto qué es!

Lo único positivo que le saqué es que al menos me hizo fregar un metro cuadrado de mi casa, que falta le hace… No se asusten, me acuerdo de toda la noche, menos de aquello. Y la culpa la tiene el vodka de LP, que yo no supe que era ese famoso absolut de 50 grados hasta el día siguiente, es decir, hoy, un día de resaca de las grandes. Qué ascazo, qué forma de martirizarse el cuerpo, qué fatiga y qué de tó.

Nunca más. Nunca más así. No voy a decir “no voy a volver a beber” porque eso es una gilipollez que dice todo el mundo y nunca lo cumplen, obviamente. Es como hartarse de comer un día hasta acabar con ardor de estómago y decir: “nunca más voy a volver a comer”, ¿ondevá? Deja de mentir.

Y todo esto venía a santo de… Sí, los 20añeros y el alcohol. Y la noche de ayer. Genial, me harté de reir con LP en casa y luego nos reunimos con otras en Los Patos (parquecillo de aquí al lado donde bebe la gente en este pueblo), y lo último fue ir esta chica y yo a uno de los bares de la calle principal a saludar al puerta, que es amigo de ella, y bailar un poco. También allí vimos gente y nos reímos otro tanto. Um… Creo que tuvieron más culpa los chupitos a los que nos invitaron que el vodka… O en todo caso, fue el remate de los tomates, hay que ser burra.

El alcohol es malo, pero supongo que como el Counter Strike para mi hermano. Pierdes tela de tiempo un tanto contraproducente dedicándole muchas horas de tu vida pero, como me dijo un amigo sobre los videojuegos, ¡qué bien te lo pasas mientras!

Creía que me iba a tirar el fin de semana de relax pero RM, con fiebre ahora por cierto, ¡pero da igual!, quiere salir mañana como sea de lo bien que se lo pasó el sábado pasado, así que nada, habrá que reponerse un poco antes de lo que pensaba xD. Pero esta noche en casita, viendo Chicas Malas en Neox (nada como una chorrada cinematográfica para animarse) y acostándome a buena hora, a ver si me harto de dormir de una vez por todas.

Hala, ¡que paséis un buen fin de semana!

En La Pineda; de la ciudad de Doble V a la playa de los guiris

Un balance más que positivo de la última semana, o más bien de los últimos 10 días, desde que cogiera el AVE Sevilla-Zaragoza el sábado 21 de agosto. Ya os conté aquel fin de semana maño, así que durante los días posteriores, aunque no tenía internet, me cuidé de ir escribiendo en el ordenador mis distintas experiencias para luego postrarlas por aquí lo mejor posible. Iré contando los días separadamente, como con el camino de Santiago, para no atiborrar el blog de tanta información a la vez, y pondré incluso los momentos exactos en los que escribí para hacerlo más cercano, actual y reciente. Allá voy pues, seleccionando las fotos que más concuerden :).

Martes 24/08/2010, 12:56

Ayer salimos por la mañana a Salou (Tarragona) y, después de desviarnos por error a Lérida, dar unas cuantas vueltas de más y tener que pagar otro peaje extra debido al fallo, llegamos a buena hora para almorzar unos macarrones y un filete de ternera preparados amablemente por la cuñada de mi amiga RM. Concretamente, estamos en La Pineda, una zona que forma parte del municipio de Vila-Seca y que me recuerda un poco a Chipiona (Cádiz) en su estructura de edificios, ordenados desde a pie de playa hacia más adentro y con sus balcones y toldos.

Desde el balcón se tienen unas vistas muy bonitas, entre el verde de los árboles, un par de hoteles, el edificio de enfrente y el mar de fondo, y en la terraza ya ni os cuento. Anoche se estaba genial tomando un cubata ahí arriba, en la oscuridad, observando el pueblo iluminadísimo, intuyendo la presencia del agua a lo lejos y viendo el rápido paseo de las nubes en torno a una fantástica luna llena.

Vista de la derecha desde la terraza. Para variar, la luna que sale en una foto no le llega ni a la suela del zapato a la de verdad pero bueno, me gusta la imagen.

Ya sin compañías familiares, por la tarde tiramos para la playa y echamos unas tres horas entre tomar el sol y pasearnos toda la orilla. En algunos tramos había bastante gente pero a la vuelta hacia las toallas ya se había retirado una buena parte, estaba atardeciendo.

Cena de embutidos, pan y un paté de jamón serrano que no estaba mal (aunque donde esté el foie-gras de hígado de cerdo recién abierto, que se quite todo), algo de tomate (gran descubrimiento para cenar de forma ligera) y el melocotón de turno para terminar. Ducha, arreglarse, estrenar la blusa-vestido nuevo y subir a la terraza a beber. Lo dicho: unas vistas maravillosas, charla, recuerdos, risas y música del radiocassete para animar aún más las expectativas. Las mínimas que se podían tener, vamos.

Vista de la izquierda desde la terraza.

Curiosamente, al cubata y medio no podía beber más, así que tiramos para la discoteca Pachá, la preferida de RM, situada a un par de manzanas, pasando antes por un trayecto algo más largo por los bares para ver el ambiente. Llegamos y la verdad es que lo disfruté mucho. La música era electrónica pero las canciones no resultaron tan machaconas como de costumbre, incluso algunas me gustaron bastante y me motivaron mucho, así que bailamos un buen rato. Lo que me sorprendió fue la cantidad de niños que había, entendiéndose por personas de entre 17 (o menos) y 20 años. Muchísimos, con unas caras tan juveniles que me hacían acordarme cada dos por tres de mi hermano pequeño (16 años… y 1,97 de estatura, pero los de la discoteca no eran ni mucho menos tan altos) y sentirme casi mayor :P. Pero vamos, genial, me hacía mucha gracia ver a la gente moverse lo mejor que podía y volverse eufórica en determinadas partes de las canciones.

Momento de shock y posterior reflexión: un chico escribió una invitación para bailar a mi amiga a través del móvil. Razón: era sordomudo. Y claro, no caí en lo más chocante de la situación hasta que ella me dijo que cómo es que bailaba sin escuchar la música. Y es verdad. Menuda bajona momentánea me entró de pensar en algo tan extraño como estar rodeado de gente y con la música altísima y, sin embargo, no enterarte de nada… Al día siguiente lo hablamos con otra amiga, NV, y bueno, nos aclaró que entre el movimiento de los demás y las vibraciones que perciben pues algo pueden hacer, claro, no se van a quedar sin salir, pero no deja de ser difícil de imaginar.

Interior de Pachá. Es bastante grande. Aunque no se distinga muy bien, a los lados hay unas tarimas donde se colocaban los gogós. Reconozco que a veces son una gran guía para mí en el intento de bailar el House porque vamos…

Y nada, alguna copa más, ver a la gente pasada por agua en la fiesta de la espuma en el exterior de la discoteca allá por las 4 de la mañana (una muchacha por poco se ahoga, menuda cara llevaba), un último paseo por la playa y para casa a descansar, que las 7:30 ya era buena hora. Lo chungo es que a las 11:30 ya estábamos con ojos de búho, así que tras un desayuno con Philadelphia como dios manda y la posterior sanísima compra de comida (no es irónico: que si melocotones, limones, pescado, ensaladas…), procederé a echarme una siesta. No es que tenga especial sueño ahora pero sé que lo notaría esta noche, que saldremos por Salou y se unirá NV, que es de aquí, de Tarragona :D. Hala, a descansar y para la playa otra vez, en proceso de coger un pelín de color (como mucho puedo esperar un tono miel) y repetir el paseo por la orilla cuales viejas.

Pd: he sentido la brutal urgencia de ir a la peluquería pero tal vez procure hacerme algo cuando me lave el pelo luego, solo que ya se me está abriendo al crecer y verme al espejo me da unas tremendas ganas de salir corriendo a escalonármelo. Qué coñazo, joder, así no hay forma de dejármelo hasta la cintura.

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