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Cual payaso triste que ríe, cual payaso alegre que llora

Y te pierdes. En esos versos, estrofas, melodías. En esa inmensidad casera, frustrante y relajante a la vez. Impenetrable y transparente, permitiéndote soñar hasta límites insospechados pero manteniéndote encerrado entre estas cuatro paredes. La inmensidad al exterior, la universalidad más amplia y menos apreciada, infinita, insatisfactoria.

Tiempo que se va (y sobra decir que no vuelve, jamás). Un suspiro, un beso, un abrazo, una mirada. Una persona, dos, diez, treinta, cien, cuatro millones. Un payaso en medio de la puerta del sol que hace reír. ¿A cuánta gente le dan miedo los payasos? ¿Con cuántos payasos tristes nos hemos encontrado? Hacer reír debe de ser de los dones más extraordinarios.

Te traquetea en los oídos la emoción. La expectativa, la fantasía, los sueños, los príncipes azules, las películas ñoñas. Te rozan los oídos dejándote con las ganas, la miel en los labios, una boca exuberante de placer, diversión y experiencia por repartir y recibir, escasa de medios y motivaciones. Enclaustrada por las circunstancias. Sedienta de aventuras, limitada por sí misma.

Viene una canción melancólica. Para incrementar aún más la nostalgia de los trenes que se van, de los vagones que no sabes si coger, de las puertas que se cierran frente a tu incertidumbre.

Yann Tiersen – Le Moulin

¿Qué pasará un buen día (o malo) dentro de un rostro arrugado que solo conserve el color de los ojos en pie? ¿Cuánta vida verá realmente viva mirando hacia atrás? ¿Cuánto disfrute? ¿Cuánta pena? ¿Cuánto tiempo auténticamente lleno y cuánto inevitablemente vacío? ¿Cuánto esfuerzo pudo haber en tantos ratos muertos como exige la existencia? ¿En qué momento se perdió el sentido de la dicha y la felicidad frente a los instantes que sí se advierten excepcionalmente excelsos, huidos en cuestión de segundos como pólvora malgastada?

¿Y hasta cuándo se puede soportar la presión, la ignorancia, la duda, el desasosiego, la tristeza, la añoranza?

Quizá nunca. Quizá mañana. Quizá ahora. Quizá a ratos. Por épocas, en rachas permanentes de “ahora sí, ahora no”. En temporadas amargas y dulces, en el dolor placentero, en la alegría llorosa, en los segundos que corren. En una llamada de teléfono.

O en una hamburguesa del McDonald’s. Capitalismo, autodestrucción, consumismo, sentimiento de pertenencia. Comunas hippies que se extinguen, se ocultan. Paraísos por descubrir. Algún día. Malditas palabras. La Finisterre que no llegué a ver.

Miles de millones de cuentas pendientes que se pierden…

Yann Tiersen – Les Jours Tristes

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